Feliz Navidad

Estoy  con mi familia disfrutando de su cariño y cuidados. Os debo un par de entradas que publicaré en unos días, pero no quería que os faltase mi felicitación en un tiempo tan especial. Un tiempo en el que “el misterio de Dios escondido en lo secreto de los siglos eternos” se nos hace niño y nos imvita a la ternura y al abrazo. Gracias a los que rezasteis por mi y por mi pueblo.

Navidad 2014

Cuando la vida duele (8): Sonreír en los tiempos del Ebola.

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Miradles a la cara y asomaros a sus ojos. Adama, Ibrahim y Sheku son niños, simplemente niños, y podrían jugar en estos momentos en cualquiera de nuestros parques. Fijaros en su sonrisa por favor, porque sonreír en los tiempos del Ebola es un milagro. Regresé a casa llorando solo de pensar en que el virus se la podía robar en cualquier momento. No saben y nunca sabrán de turrones, ni de árboles de Navidad. Tampoco de Reyes Magos, Olentzero, o Papá Noel. No sueñan con que la Lotería de Navidad cambie sus vidas, por muy bonito que sea el anuncio con el que este año nos la quieren vender. En la lotería de la vida, a ellos les tocó nacer en Kamasikie y con lograr sobrevivir tienen ya suficiente. Me da vergüenza no abrazarlos, sonreírles y tener que oír Grandpa a dos metros de distancia. La suficiente para que no me contagien el virus terrible que envenena su sangre. Hoy la ternura casi vence al miedo, pero Desmond al ver mis intenciones me gritó que por favor no lo hiciese, que no ganaba nada contagiándome yo. Sigue leyendo

Cuando la vida duele (7): El triunfo de Teresa

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La mejor noticia de la semana ha sido sin duda la curación de Teresa Romero. Además, el primer test de sangre sin la presencia del virus fue en el día de las misiones. ¡Qué mejor regalo! Es una de esas veces en que te sientes lleno y feliz por dentro, y agradecido a Dios después de haberle mareado tanto pidiendo su curación. Yo no sé si ésta ha sido fruto del favipiravir, de la sangre de Paciencia, o de la oración de tanta gente buena. Incluso estoy seguro de que si algo se podía mover en el cielo, Manuel no ha parado de hacerlo. Pero aquí, ya nos metemos en el terreno de la fe y debo de ser respetuoso con la opinión de todos. No obstante,  tengo derecho a expresar mi opinión y sigo creyendo que la fe es capaz de mover montañas. Incluso la del Ebola, por muy mortal que el virus sea. Sigue leyendo

Cuando la vida duele (6): Día de las Misiones en el horizonte.

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Cercano un día tan especial para nosotros los misioneros, te recuerdo más que nunca Manuel. Supongo que al cielo también llegarán las noticias y te habrás enterado del lío que has montado en España. No sé si te queda algún milagro en tu poder, porque aquí los hiciste a manos llenas, pero intenta por todos los medios interceder para que Teresa, la mujer que te estuvo cuidando, venza al virus y vuelva a abrazar a los suyos. Me debes el abrazo que las prisas me privaron de darte. Nos lo daremos cuando Dios quiera. Ahora tú sabes más que yo de la vida eterna y sabrás también si será posible compartir de nuevo la charla, el chorizo, el pan y el vino. Me encantaría. Aquí, en Sierra Leona, te echamos de menos. Oye, y dile a Dios de mi parte, que si algún mérito he hecho en mi vida, que me los pague todos salvando a Teresa. Vamos a rezar juntos, tú arriba y yo abajo, para que recobre la salud antes del Día de las Misiones, el día 19, y así lo podamos celebrar por todo lo alto.

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Cuando la vida duele (5): “Vuelta a la normalidad”

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Se ha echado el telón, vuelta a la normalidad. Se apagaron los focos, las entrevistas, las llamadas…. Alguien de los medios me decía: “la actualidad avanza y le dedican menos tiempo”. Como si lo importante fuese el virus y no las personas que se infectan y mueren. No importa que el sábado pasado hayamos batido el record de muertes por Ebola en un día, 121. Ya no somos noticia de actualidad. Además, de por sí, estamos acostumbrados a vivir en la línea de los récords: mayor índice proporcional de SIDA en África, mayor mortalidad en el parto, altísima tasa de mortalidad infantil… Analfabetismo, falta de infraestructura sanitaria (hasta ahora parece que se enteran algunos), malaria, tifus, cólera, desnutrición… Pero en estos récords no dan medallas. Si las diesen tendríamos el oro asegurado. Siempre he pensado que uno tiene la conciencia a salvo mientras las frías estadísticas no le miren a la cara, mientras la miseria y el dolor no te claven los ojos buscando una respuesta en los tuyos. ¡Nuestra normalidad de cada día! Sigue leyendo