Goyo Galilea

Viana

Me lo había prometido y lo cumplió: si me reeligen de alcalde voy a visitarte y a inaugurar la escuela y el pozo de Viana.  Le acompañó mi sobrina Laura por aquello de la comunicación en inglés.

Si algo no le gusta a Goyo es el arroz. ¡Ni en paella se lo come! Le dije que había llegado a su paraíso culinario particular. Aquí hay arroz un día sí, y el otro también. Así que no le quedó más remedio que comenzar a hurgar entre las latas. Y creo que fue en este momento cuando hizo el juramento interno de llenarme el contenedor de verduras de sus amigos de Mendavia.

Los niños huelen los globos y los caramelos. Saben perfectamente cuando hay nuevo hombre/mujer blanco a la vista y nos invaden el porche. Las tardes se llenaron de niños, de globos y de chupa-chuses. Laura recordó sus danzas de antaño, las danzas compartidas con Ana y Javier, sus hermanos. Y miraba sorprendida cómo habían crecido sus pequeños amigos.

La ceremonia de la inauguración de la escuela Viana fue simple y emotiva.

-No me dejes rodeado de los hijos del Profeta, me dijo el Obispo, pon a Goyo a mi lado.

Tanto Goyo como Biguzzi andan sobrados de comunicación no verbal, así que supongo que conversación no les faltaría.

Habló el alcalde de Viana diciéndoles que para él era un orgullo ser testigo de que con la ayuda de los vianeses un gran número de niños podría asistir a la escuela, y conseguir un futuro más digno.

En la semana que Laura y Goyo pasaron conmigo vinieron a regalarme dos niños. Y a los dos se los quería llevar Goyo para su mujer Petri. No se lo podía creer y, a su regreso, no cesaba de contarlo a sus paisanos.

Nos llenó el Biriwa Chiefdom de pañuelicos rojos y de pines de navarra. Incluso me tuve que inventar una tradición ancestral española porque en Kadagbana II se quitó la camisa, así sin más, y se la regaló al Chief.

-En mi tierra es una tradición muy hermosa que cuando un Chief visita a otro, le regala algo propio, algo que le ha pertenecido y que incluso ha vestido. Es como hacer partícipe al amigo de la propia dignidad. Es por eso que el Sr. Alcalde de Viana, quiere darle al Chief de Kadagbana II su propia camisa, la que ha sudado subiendo las colinas que separan ambas ciudades, como signo de hermandad y de amistad.

Casi se me salta la risa, porque la camisa del Chief estaba tan, pero tan sucia, que, como dice Goyo, parecía que tenía los botones soldados.

No llevan prácticamente equipaje. Se van con lo puesto. Los dos lo dieron todo: zapatos, camisas, calcetines, calzoncillos… Tanto así, que mi sobrina le tuvo que esconder algo para que lo dejasen subir al avión.

-No te preocupes, ya le diré a la Petri que se perdió la maleta en el avión, decía Goyo.

Y es que hasta la maleta regaló.

Cada vez que conduzco por estos caminos tan infernales sonrío recordando al Sr. Alcalde:

-Si alguien se queja de un camino vecinal en Viana, te lo mando para aquí para que disfrute del meneo de estos baches.

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