Coco Portillo

Coco, el peregrino que llamo yo, ha roto bastantes pares de zapatos recorriendo Europa. Es abogado, pero no creo que Dios me de la oportunidad de verlo sentado en una oficina en toda mi vida. A él le va la aventura solidaria, y está preparado para ella. Dice que aprendió todo de mí. Yo también aprendí de él. Y es que hizo un trabajo de campo invaluable, visitando las aldeas más recónditas, que ahora facilita mi responsabilidad como manager de educación de las escuelas del Biriwa. Come como yo, todo lo que no le come a él. Y sabe platicar en la noche, junto a la hoguera, con los lugareños de la aldea, compartiendo un galón de mampa (vino de palmera), sin miedo a los mosquitos. Ha decidido volar solo y comenzar su propio proyecto en Wara Wara Bafolea. Suerte, campeón.

 

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