Recordando: Junio 2006

cuatitos

Jueves, 1 de junio del 2006

Por la mañana han venido de Makeni para mostrarme la técnica y diferentes trabajos de Gara, ese teñido africano tan especial y hermoso. Y es que como sabéis es una de las cosas que quiero enseñar en el proyecto RENACER, caso de aceptarlo el Gobierno de Navarra.

Por la tarde, viaje a Kayonkro para llevar materiales para el edificio de Kadagbana II. Los caminos se están volviendo impracticables por la lluvia, y el pobre land rover amarillo se las ve y se las desea peleándose con el fango.

He tenido que tomar otra decisión de las que no apetece tomar: expulsar a cuatro de nuestros trabajadores. Les dije que hoy era su último día de trabajo con nosotros. Han venido a suplicar una última oportunidad y a que les perdonase, pero esta vez me mostré inflexible. No más llamadas de atención, y para perdones el confesionario. Yo tengo la responsabilidad de cuidar el dinero de nuestros donantes, les he dicho. Y justicia es pagar el salario justo, pero recibir a cambio un trabajo justo. Hay un montón de gente que nos pide trabajo y que estarán felices de recibir una oportunidad. Y ellos también tienen familia que alimentar e infinidad de problemas.

Bunda ha venido a interceder por ellos, pero le he pedido que me diese una sola razón para darles trabajo a ellos y no a otros. ¿Son buenos trabajadores? ¿Nos ayudan alguna vez como voluntarios? ¿O solo son tus amigos y tu familia?

He ido a Kanikay y le he ofrecido el trabajo a Simón y a su hermano. Además de ser buenos carpinteros y albañiles, son de los que hacen cualquier cosa por nosotros y por su comunidad. Esta vez no se me quedó ese regustillo amargo de otras veces, porque estoy seguro de que hice lo correcto.

Viernes, 2 de junio del 2006

 Día importante en Kamabai porque se decide quienes se presentan a las elecciones para Paramount Chief. Me han explicado que cada uno de los candidatos debe demostrar que sus antepasados hasta la tercera generación han nacido en el Biriwa Chiefdom, y que reúnen las condiciones necesarias para acceder al puesto. Hay una tensión tremenda entre mandingos y limbas. Se han venido 50 policías de Makeni para intentar poner algo de orden, y el Jefe ha cumplido su palabra de pedirme comida para todos.

Al subirles la comida, me he visto envuelto en un tiroteo, y he recordado los momentos vividos en el 98, cuando la guerra rebelde del RUF: carreras desesperadas, gritos… Increíble, pero cierto, el Jefe de la policía le ha dicho a su chofer en kriol: lo go! (¡vámonos!), y se ha largado para ponerse a salvo, hasta que le han avisado por radio de que los disparos los estaban haciendo los propios policías intentando calmar a la gente. Incluso bombas lacrimógenas lanzaron. Luego me comentaron que lo que pasaba era que los mandingos se estaban peleando duro con los limbas.

Yo entiendo un poco a los limbas en esta ocasión. Es como si los de Cádiz quisiesen que el Lendakari vasco fuese de su ciudad. Si estamos viviendo en el Biriwa Limba Chiefdom, lo lógico es que sea un limba quien dirija los destinos de la gente.

Gracias a Dios no hubo que lamentar víctimas y las aguas volvieron a su cauce.

Sábado, 3 de junio del 2006

Tempranito se han seguido oyendo algunos disparos, pero se han calmado pronto y la policía se ha vuelto para Makeni.

Ha venido el técnico a instalar el receptor del satélite y Casimiro ha preferido quedarse con él. Ya sabéis cómo son los coreanos para estos chismes electrónicos. Yo me he ido a comer con las hermanas clarisas de Lunsar el chivo que les llevamos el lunes pasado. Nos hemos juntado varios mejicanos, un par de italianos, y yo como representante de la madre patria. ¡Ah!, también el Padre Suma se vino a la fiesta: ya sabe decir buenos días en español y se creyó con derecho a participar. La comida, como siempre, deliciosa. Nos hicieron unos tacos de esos que te tienes que chupar desde el codo porque se te escurre la salsa. ¡Uhmmmmm! Corrió la cerveza, el tequila, y el pacharán Zoco. Nos la pasamos tan bien, que prometimos repetirlo como terapia mental.

Al regresar a casa me he encontrado al coreano feliz: habían logrado conectar el satélite y ya podemos abrir al público un lugar donde pasar un rato los domingos. Además con la energía solar no tendremos que encender el generador.

Le he traído unos tacos de chivo con tortillas de harina y se los está devorando en estos mismísimos momentos. Este no me come a mí porque no me dejo.

Os cuento que recibí un correo electrónico que “el seminarista” había enviado al Padre Raúl Buhay, y que éste remitió a su vez a la casa provincial de San Nicolás. No entiendo muy bien por qué Raúl no nos lo envió a Casimiro y a mí que somos los realmente interesados, pero en fin…, doctores tiene la Iglesia. En dicho correo se nos acusa de haber destruido su vocación y manchado su buen nombre en la diócesis. También de haberle dejado toda la responsabilidad de la parroquia a partir de la marcha de Edgar.

Mira por donde, yo voy a usar el blog para dar la respuesta con la auténtica versión de los hechos.

En el correo nada se dice del dinero que me pidió para pagar la hospitalización de su hermano, cosa que averigüé más tarde, y consta en los archivos del hospital, que era mentira. Tampoco se menciona el dinero que nos pidió de más (200 dólares, una fortuna por estos lugares), para pagar la licencia de conducir. Luego descubrimos que se los gastó en unos zapatos que me dijo (otra mentira gorda) le había regalado el obispo. Ni se mencionan la cantidad de camisetas y zapatos que descubrí en su habitación y que vendía para “sus gastos”. Así, que amigos míos, si quieren alguna explicación y ver alguna evidencia, no hay más que acudir directamente a la fuente apropiada. Este tío no se llevó el Santísimo porque no debe amarlo tanto como dice que lo ama.

Es mentira que se ofreció voluntario para ir a la cárcel en solidaridad con los estudiantes, a los que no les dio cosas pequeñas, como dice él, sino cajas enteras de materiales. Y es mentira también que la comunidad presionó a la policía para que lo soltasen. Lo soltaron porque yo no quise firmar la denuncia en agradecimiento a sus antiguos servicios, y para intentar darle una oportunidad de cambio. Cuando fui al seminario le pedí la verdad y mintió de nuevo implicando a tres mujeres inocentes en el robo. A los Padres Paul, Macca y Francis les reconoció que nos había mentido siempre. Y lo que me hizo explotar de nuevo y ponerlo en manos del abogado de la diócesis, es el que se hubiese robado el arroz de los pobres. El Provincial de los javerianos, Padre Brioni, y el Señor Obispo Biguzzi, están en total acuerdo conmigo, e incluso les molestó que no lo encarcelase la primera vez.

Y colorín, colorado, el cuento del seminarista se ha acabado. El que quiera más detalles que pregunte con confianza: estamos siempre abiertos a la comunicación directa y sin intermediarios.

Voy a ver qué hace Casimiro, no le haga daño tanto chivo.

Domingo, 4 de junio del 2006

He celebrado la misa en Kathantha bien tempranito, a las 6:30 de la mañana, para poder ir también a celebrar la misa de 9:30 a.m. de Kamankay.

Me ha sorprendido ver a la gente portando cruces de madera y les he preguntado por qué las llevaban a la Iglesia. Esto es lo que me dijeron:

Hoy celebramos que Jesús nos envía su Espíritu para que no nos sintamos solos. La cruz nos recuerda su presencia en medio de nuestra aldea. La ponemos en nuestros campos antes de sembrar el arroz para que Papá Dios proteja nuestra cosecha y nuestra familia. Cuando vamos temprano a trabajar, siempre rezamos un momento a Dios.

 Como son muchos los campos, preferimos traerle las cruces a la Iglesia para que las bendiga todas.

Curioso, hay lugares en los que, por respeto a las libertades, quitan de la vista todo símbolo religioso que recuerde la presencia de Dios en medio de su pueblo. Aquí, por el contrario, clavan la cruz en el corazón de la vida, en el corazón del arrozal, para que Dios multiplique lo granos al ciento por uno. Y, cuando agotados de trabajar vuelven a la Baffa, duermen tranquilos porque Dios cuida su parcela. Y esto es bíblicamente bien cierto: en el corazón de Dios hay un lugar muy especial para sus hijos más pobres. Tan especial tan especial que, entre sus múltiples ocupaciones, todavía le sobra tiempo para velar por su arroz. Hermoso, ¿verdad?

Por la tarde he ido a Kayonkro para recoger a Félix. Venía de Kadagbana II con una motosierra en la cabeza después de cortar toda la madera para el techo del edificio multiuso. De allí, a Kabake a dejar unos trabajadores.

Casimiro se ha ido a Freetown para comprar unos cables que le faltan para proyectar en pantalla grande los partidos de fútbol. Está como niño con zapatos nuevos, y ya le dan ansias de que empiece el mundial.

Estoy cansadillo, y veo a Casimiro cansado también, pero estamos contentos. Además, el mosquito nos está respetando y no nos ha dado últimamente ningún revolcón a ninguno de los dos. Ni os imagináis la cantidad de ellos que hay por las aguas, el calor y la humedad. No hay centímetro en mi cuerpo serrano sin picadura, por eso es casi milagroso que no nos enfermemos con más frecuencia.

Lunes, 5 de junio del 2006

 No te preocupes, José, me dijo Casimiro, los dos tanques del land rover están llenos de diesel y no necesitas llenarlos en una semana.

 Poquito antes de Bandankoro se me para el land rover con todos los trabajadores de Kanikay dentro. No me lo puedo creer: el tanque debajo del asiento del conductor está vacío y la palanca del combustible está vuelta hacia ese lado. Gracias a Dios que el otro estaba lleno, pero aun así me acuerdo de tres generaciones de la genealogía del coreano. Perdemos hora y media purgando el aire para poderlo arrancar. Últimamente se le olvidan las cosas tanto o más que a mí.

Ha vuelto cansado de Freetown, y se ha puesto a ver si funcionaban en el salón todos los artilugios que había comprado. Le he dicho que descansase, pero ni caso. ¿Le habéis hablado alguna vez a la pared? Pues es exactamente lo mismo hablar con el coreano cuando se le mete algo en la cabeza. Al final, se ha ido a la cama cansado y frustrado porque no le funcionaba el invento. Eso si, estoy seguro que mañana se pasará todo el día erre que erre hasta que lo consiga. Ya veremos.

Martes, 6 de junio del 2006

Lo consiguió, se ha pegado todo el día poniendo y quitando cables, pero la gente de Kamabai va a poder disfrutar del mundial de fútbol sin tener que desplazarse a Makeni.

Hoy les está poniendo la tele gratis y se nos ha inundado el salón de personas sorprendidas por la novedad. Pero lo tiene claro mi amigo el coreano: la inauguración del mundial gratis. Después, el precio variará dependiendo de la importancia de los partidos. Y, naturalmente, las semifinales y la final serán más caras. Aun así, les estamos ahorrando dinero.

Por ahora, la ganancia será mínima al tener que usar el generador, pero con la luz solar pensamos recuperar rápidamente la inversión.

Me ha dicho sonriendo que venden otro satélite para Internet. Le he contestado que creía que por ahora era suficiente, que lo de Internet me daba un poquillo más de vergüenza porque era para uso exclusivo nuestro, y que además íbamos a tener que usar de nuevo el hueco de la escalera porque se nos iba a inundar la misión de voluntarios.

Jueves, 8 de junio del 2006

Me ha llamado el obispo para que estudie un proyecto que una asociación de Freetown ha enviado a Manos Unidas. Necesitan la firma del obispo, y éste no firma si no nos hacemos nosotros cargo del proyecto y del dinero. Está cansado de que particulares sin escrúpulos se aprovechen le las donaciones del extranjero. Además, aunque lejos, los puentes que quieren construir están en nuestra parroquia, en la zona de Kasomia. Y es cierto que facilitarían enormemente la comunicación y la salida al mercado de los productos de no menos de 40 aldeas. No voy a tener más remedio que ir a visitar las aldeas caminando. Le he prometido que en este mes le doy una respuesta.

El coreano está sorprendido porque salgo mañana temprano a pasar un par de días en las aldeas de Kamagbangbanranthan y Kadala. El está todo entusiasmado con el negocio del mundial, y a mi me da un poquito de miedo que perdamos el norte.

No quisiera que ese nuevo miembro de la comunidad, la señora televisión, interfiriera para nada en nuestros trabajos y en nuestra agenda. Vivíamos muy bien sin ella, le he dicho, y espero que de verdad lo que nos interese sea el dar un poco de entretenimiento al pueblo: ahora mismo hay 200 personas viéndola.

A mi me esperan a dormir en Kamagbangbanranthan, y sería injusto no visitarlos por ver la inauguración del mundial y el Alemania-Costa Rica. Naturalmente que me gustaría verlo, y más después de vivir en Costa Rica 10 años, le he comentado, pero lo primero es lo primero.

Me voy a descansar temprano porque me espera una paliza y, supongo, que un par de noches sin dormir cómodamente. Os contaré a la vuelta. Es la primera vez que visito esas aldeas y me esperan con ilusión.

Viernes, 9 de junio del 2006

Al hacer la mochila me he emocionado un poquillo al meter en ella la capa para la lluvia. Me la regaló Rose Cortez, catequista de Little Flower, y pertenecía a su hijo. El muchacho perdió la vida en un accidente en la flor de la vida, y era guarda costas de la marina USA. Supongo que para Rose no fue fácil desprenderse de ese tesoro que cobijó a su hijo y que ahora me protege a mi de la lluvia. Es uno de esos regalos en los que uno recibe también el corazón de quien lo hace. Gracias, Rose, espero devolvértela algún día, empapada de lluvia africana, después de hacer por aquí mi tarea y pagar mi deuda de gratitud a este pueblo.

Recojo a Félix en Kamathoro, y veo cerca de su choza una mujer con elefantiasis. Me dice que se llama Yeanoh y que hace tres años que sufre la enfermedad. Discuto con Félix preguntándole cómo nadie de la comunidad cristiana ha hecho algo por ella, y si lo tenemos que hacer todo desde la misión. Me enciende la sangre ver la indiferencia y la pasividad que demuestran hacia enfermedades que, supongo, pueden curarse. Le he prometido a la mujer llevarla la próxima semana al hospital, y a Félix le he pedido que mueva a la comunidad para ver en qué forma se van a comprometer con el caso.

Dejamos el land rover amarillo en la aldea de Katadumbu, con el town chief (especie de alcalde) Dunkay Sesay. A partir de ahí, comienza la caminata hacia nuestro destino.

Al pasar por Kadukor, aprovecho para saludar a la gente y animarla a seguir participando en las celebraciones de Kayonkro. Es una comunidad pequeñita, pero con gente realmente buena.

Ahí, en Kadukor, se empina el camino, y hay que fajarse los riñones para llegar a lo alto de la montaña. Madre santa qué cuesta tan larga, casi, casi, como el nombre de la aldea: Kamagbangbanranthan. Me dicen que es el nombre de aldea más largo de todo el Biriwa Chiefdom. Supongo que la cuesta también.

Nos recibe un enjambre de chiquillos gritando fada, fada (padre en kriol). Y tienes que contestarles mil veces, porque si no les contestas te pueden están gritando todo el día.

Momoh Conteh está ahora en el ejército, pero hasta hace poquito era el líder de la comunidad. Se enteró de que íbamos a visitarlos, y se vino desde Makeni para acompañarnos. Nos ha instalado en una choza pequeña, pero acogedora. Veo que solo hay una estera sobre la cama de piedra, y le digo a Félix que nos va a tocar pasar la noche en plan luna de miel. Desisto de poner el mosquitero: si solo, siento que estoy en una cárcel, ya me imagino con Félix pegadito a mí.

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Por la noche toda la comunidad se reúne alrededor de nuestra baffa y nos deleitan con los tambores y las canciones limbas. Disfruto oyendo cantar, sobre todo a los niños. Nos dan arroz con pollo (igual de flaquitos que los nuestros) y mampa. La gente no tiene prisa por retirarse a dormir. Me dan las gracias y repiten mil veces que es la primera vez en la historia de la aldea que un sacerdote se digna compartir su baffa para pasar la noche con ellos. Se les ve tan felices y agradecidos que me da hasta vergüenza el haber pensado por un momento en cancelar la gira por la inauguración del mundial de fútbol. Gracias a Dios solo fue una ligera tentación rápidamente superada. Después de todo, la inauguración no te deja nada, y esto: el recibimiento, las canciones, las sonrisas…, te deja todo, y bien adentro. Es una de esas noches mágicas difíciles de olvidar, de retratar, y de describir con palabras. Una de esas noches en las que me encantaría tener cerca a mi familia y a mis amigos para compartirla juntos.

Me pregunta Félix si no estoy cansado y le respondo que no me seduce demasiado la idea de largarme a la cama con él, y que prefiero disfrutar de la velada. Al final no queda más remedio que retirarse a dormir porque tenemos la oración y la reunión con todos los de la aldea a las 7:00 de la mañana.

Verlo en calzoncillos es todo un poema. Las idas y venidas en bicicleta no le han dejado ni un átomo de grasa. Primero, se quita los zapatos del 40 rezumando humedad, y debajo aparecen unos calcetines con más agujeros que tela. Le prometo comprarle unos zapatos buenos en España cuando vaya en Septiembre. Le pido que se ponga él en el rincón porque, como yo soy mayor, seguro que me tendré que levantar un par de  veces a cambiar el agua. ¡Qué nochecita! No he dormido ni 10 minutos. Se ha levantado cinco veces, ¡cinco!, y me ha saltado por encima para irse al baño, bueno, al campo, a hacer del uno.

Yo creo que este hombre sueña que pedalea en su bicicleta de Kayonkro a Makeni, porque no paró de mover las piernas en toda la noche. Cuando se lo contaba se partía de risa. Y le he propuesto llevarlo a mirarse la próstata, o no duermo en toda mi vida una sola noche más con él.

Sábado, 10 de junio del 2006

Se nota que no viene el coreano. En mi mochila no hay segundas opciones: huevos duros, sopa, café…, así que me tengo que conformar con desayunarme un trago de agua.

Han venido todos a rezar: musulmanes y cristianos. Después de la oración, los problemas. El principal, creo, es que no hay ninguna escuela cercana a la que poder enviar los niños. Y, en una aldea con 175 habitantes, más de 100 son niños. ¿Qué hacer?

Les digo que podríamos intentar, después de las lluvias, el construir una pequeña escuelita. Les prometo intentar buscar financiación en España. Pero eso no es lo más difícil, lo realmente difícil es encontrar un maestro que la atienda. Félix les explica que es casi imposible que el gobierno conceda una plaza de maestro a la aldea. Tendríamos que pensar en un profesor comunitario, pero tampoco hay quien sepa leer y escribir.

Uno se cruza de brazos impotente. Veo jugar a los niños, niños como los vuestros…, y me da una rabia infinita el saber que estos están condenados a la incultura y a la miseria, mientras allá, en el primer mundo, los muchachos pierden tanta oportunidad de aprender.

Félix se me acerca y me pone una mano en el hombro adivinando mis pensamientos:

No estés triste, Padre, me dice, tú estas haciendo todo lo que puedes y ellos son felices a su modo.

El pasado 8 de Junio, hace solo dos días, Yandi tuvo dos gemelitos preciosos: niño y niña. No nacieron en la cueva de Belén, pero casi. Su baffa es tan humilde como aquella. Por no tener no tienen ni la mula, ni el buey. A lo sumo un par de gallinas esqueléticas. Su esposo, Guibrila, me ha pedido que vaya a su casa a bendecirlos y a ponerles nombre. Para ellos es un privilegio que sea el Padre quien elija los nombres porque creen que los niños estarán siempre especialmente protegidos. Sonrío con los gemelillos en los brazos y les llamo Alex y Claudia. Me piden que apunte los nombres en un papel para que no se les olvide.

Nos despedimos de Kamagbangbanranthan con la promesa de una pronta visita, y ponemos rumbo a Kadala con la compañía de Momoh y cuatro jóvenes que nos ayudan a llevar la mochila. Allí nos esperan para la bendición de una escuelita.

Momoh grita:

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Stop, snake (parad, una serpiente).

Le pido que no la mate para sacarle una foto. Me acerco con la cámara y me río porque es tan pequeña que parece una lombriz. Félix me da una buena regañada por acercarme tanto. Me explica que, en Africa, las más pequeñas son las más peligrosas, y que saltan como un resorte para morderte. Y que ni se me ocurra pararme con la cámara delante de una cobra porque lanzan el veneno a los ojos.

Prometo hacer caso, pero por esta vez conseguí las dos cosas: la foto, y la regañada.

Le he preguntado el nombre de la serpiente para escribirlo en el blog y me ha dicho que solo las grandes tienen nombre, que las pequeñas son tantas y tan diferentes que las llaman con el nombre genérico de snake.

En Kadala nos está esperando la aldea en pleno. Vamos directos a la escuela y debo aguantar estoicamente dos horas de discursos. Y cuando digo dos horas, quiero decir dos horas enteritas. La verdad es que tienen de qué presumir: con ayuda de nativos del lugar que hoy viven en Freetown, se han aventado casi toda la escuela. Claro que la bendición tenía truco. Después de los discursos han comenzado las peticiones: terminar la escuela (falta la mitad), una carretera que les permita comunicarse con Makeni…, y por pedir me hubiesen pedido la luna si no les paro. De todas formas es admirable el esfuerzo que han puesto en la obra.

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Félix me presenta orgulloso a su abuela, Kadiatu Conteh. Es de Kadala, pero ha venido desde Freetown para la ocasión. No me lo podía creer. Le digo que si no la veo allí, ni aunque me lo juren ante la Biblia creo que esa mujer haya subido la cuesta que yo subí. Y volando no ha llegado, claro. Se ríe y me explica que ha usado una ruta más larga pero más fácil. La ruta de Kamasikie que ellos quieren abrir al tráfico.

La tal abuela es la Yalimamy de la zona: una especie de Jefa o Paramount Chief de las mujeres. Me come a besos, pero también me pide la carretera. Y, como sabe más que los ratones colorados, me dice que es para que yo no me canse cuando venga a visitarlos.

Hereka y Sandama, los que ayudaron para la construcción desde Freetown, me dicen que el problema grave es cómo conseguir un maestro que se venga a enseñar a Kadala. En Freetown les dan buenas palabras, pero nada más. En definitivas cuentas, el mismo problema que en Kamagbangbanranthan.

He aprovechado para explicarles cómo usar la piedra negra en caso de picadura de serpiente o escorpión, y les he dejado una en la aldea.

A eso de las 7:00 de la tarde, como milagrosamente no está lloviendo, Félix y yo decidimos que es mejor volver andando hasta el land rover, aunque tengamos que caminar un rato de noche. Hay una luna espléndida y queremos aprovecharla. Supongo que él prefiere más dormir con su mujer que conmigo, y yo, os lo prometo, no dormiría otra noche con Félix ni por todo el oro del mundo. Así que los dos contentos.

Todo el camino de regreso le he estado dando vueltas a lo mismo: el futuro de los niños de nuestras aldeas del interior. Recuerdo mis tiempos de profesor en el Colegio San Agustín de Valladolid y las mil batallas de cada día para intentar que los alumnos aprovechasen el tiempo. ¿Cómo convencerles de que son unos privilegiados? ¿Por qué ellos pueden permitirse el lujo de desaprovechar la dedicación de los profesores, y aquí suspiramos por uno que al menos sepa leer y escribir para enseñar a los pequeños?

Si de mi dependiera y hubiese forma humana de hacerlo factible, cambiaría los viajes de fin de etapa a Roma por una visita a nuestras aldeas. Seguro que más de uno cambiaba de actitud y era más agradecido con las oportunidades que la vida, por su cara bonita, le ha regalado. Y digo por su cara bonita, porque inmediatamente me viene a la mente una simple pregunta: ¿por qué ellos si y estos no?

La respuesta la da clara el último informe de UNICEF del que os hablé en mi anterior correo: nuestros chavales tuvieron la mala suerte en la lotería de la vida de nacer en Sierra Leona. Nada más. Ni son más feos, ni menos inteligentes, ni menos trabajadores…, simple y llanamente nacieron aquí.

Por eso vuelvo triste, porque aquí tenemos auténtica hambre y necesidad de lo que en el primer mundo sobra y desaprovechan. Y estoy hablando en estos momentos no de comida, sino de educación. Y Dios nos va a juzgar por ello y no por tanta tontería que nos inventamos los hombres.

Hemos llegado empapados de sudor por la humedad, pero sin problemas. Dejo a Félix con su familia en Kamathoro, y yo me voy para mi casita a descansar y darme un buen baño. Por no lavarme, esta vez no me lavé ni los dientes. Después de beberme dos litros de agua, me duermo en la silla oyendo al coreano contarme los partidos y  sus ganancias del mundial. Y se enoja porque no le pongo atención.

No os lo regalo porque creo que ya lo regalé una vez.

Domingo, 11 de junio del 2006

Poquito antes de salir a los poblados, recibí una llamada del obispo que me sorprendió:

 Padre, solo quería asegurarme de que uno de ustedes irá a celebrar a Bumban la misa de funeral del próximo domingo. Ha muerto un personaje importante y tendrán bastante gente de Freetown.

 Le toca a Casimiro celebrar en las aldeas y está negro porque le han cambiado tres veces la hora de la misa. Por fin, me dice, han decidido que el funeral sea a la 1:00 de la tarde. Se ha ido en moto después de darme mil recomendaciones de cómo poner la televisión a la gente.

Yo he celebrado la misa de Kamabai, he invitado al Padre Jorge Jiménez a venirse a ver el partido de México, y nos hemos tomado una cervecita bien fría para celebrar la victoria azteca.

El coreano ha vuelto a las 5:00 de la tarde bien enojado. Me cuenta que el difunto era un alto comisario de la policía nacional, y que, por asistir, asistió a la misa hasta el Vicepresidente de la Nación (ahora me explico el interés del obispo). Le he preguntado si se sacó una foto con él, y me dice que no le dieron ni de comer. Además tuvo que aguantar mil discursos y despedidas antes de poder enterrarlo. Y eso a Casimiro no le gusta pero que nada.

El próximo te toca a ti, refunfuña.

Martes, 13 de junio del 2006

 El doctor Turay me ha dicho que no tienen ningún remedio contra la elefantiasis y me ha dejado de piedra. Ni os imagináis la cantidad de casos que tenemos y que, por lo visto, están condenados a padecer esa deformación siempre. Me he puesto de tarea averiguar más sobre la enfermedad y su curación en mi Nos ha llamado Raul Buhay de Filipinas diciéndonos que la próxima semana vienen para acá los padres Manuel y Vicente. Llevamos tanto tiempo esperando refuerzos que no nos lo podemos ni creer. Su venida nos permitirá organizar mejor el trabajo, y cumplir la promesa hecha al obispo hace ya mucho tiempo de atender la parroquia de Kamalu. Mientras viene alguno más, uno de nosotros podrá viajar allí los fines de semana.

En el Sínodo Diocesano nos dijeron que los miembros del Consejo Pastoral debían ser personas que hubiesen recibido los sacramentos de la iniciación cristiana. Y que si estaban casados, debían estarlo por la iglesia y tener una sola mujer. Esto, porque alguno argumenta que solo tiene una mujer por la iglesia, aunque luego tenga otra por el rito tradicional. Pues resulta que en nuestro Consejo Pastoral solo Pa Bangura y Bunda cumplen con los requisitos. Así que llevo unos días intentando averiguar personas con cierta madurez cristiana que puedan formar parte de dicho Consejo.

Es como buscar una aguja en un pajar. Por ahora solo he encontrado una maestra de preescolar, Fatu, que ha aceptado con gusto ayudarnos. Estaba hablando con ella cuando ha llegado su madre, ha visto que la hija había comprado un saco de 25 kilos de arroz (el precio 34.000 leones, o sea, 11.53 dólares), y lo ha besado emocionada diciendo: Gracias Papa Dios. He salido impresionado de la fe de esa mujer. Me dice que a veces pasan hambre, pero que Dios siempre realiza el milagro de concederles algo de comer cuando nada tienen.

He hablado también con los cuatro trabajadores que expulsé hace 10 días. Al final, a uno siempre le traiciona el corazón. Sabía que la estaban pasando realmente mal, y, sin embargo, seguían saludándonos amablemente sin guardar ningún tipo de rencor. Eso es lo que terminó por decidirme a darles otra oportunidad después de hablar seriamente con ellos. Me abrazaron emocionados. Comienzan a trabajar mañana.

Y para redondear el día, Corea le ha ganado a Togo y Casimiro anda pavoneándose por ahí sonriéndoles a los africanos.

Viernes, 16 de junio del 2006

 La lluvia nos tiene amarrados a puerto estos días. Me he conformado con seguir el mundial de fútbol como casi todo fiel cristiano (aquí en horario de  1, 4 y 7 de la tarde), juguetear con Senkele y Kuthaineh, y preparar las habitaciones de nuestros compañeros Manuel y Vicente.

Como la escuela Little Flower ya está techada, me he traído a todos los trabajadores para terminar cuanto antes las reformas de la misión. Quiero darle un susto al Chief de Kanikay para que vea que hablamos en serio cuando pedimos su cooperación.

Hoy se celebra el African Child Day. Hace unos años hubo una matanza de niños en South Africa, y desde entonces en todos los países africanos se conmemora ese triste día dándoles un lugar preponderante a los pequeños. No hay escuela, y todos los niños se lanzan a la calle parándote en cualquier lugar para pedirte unas monedas. Incluso se instalan por un día en la casa presidencial haciendo las veces de gobernantes. La verdad es que no sabe uno en qué manos estaríamos mejor, en la de los críos o en la de los que mandan de verdad.

En Kamabai van a intentar por segunda vez decidir qué candidatos se aceptan como aspirantes a Paramount Chief y quienes no. Esta vez se vinieron policías de Port Loko, Freetown, Makeni…, en fin, de medio país. No querían que se repitiesen los incidentes de la vez anterior. Nos han pedido el favor de darles de comer, y hemos tenido que alimentar a 180 personas, entre ellas al que nos llevó detenidos a comisaría a Casimiro y a mí. El hombre estaba todo apenado. Esta vez les pedí ayuda y me enviaron 7 mujeres policías para cortar las hojas de cassava.

Casimiro prefirió que yo me encargase de organizar la comida y de las compras. Me extrañó porque a él le encanta hacerlo y no permite que nadie se entrometa. Resulta que se ha pasado toda la santa mañana metiendo las narices y revisando a ver si gastaba muchas cebollas, viendo cuantos pescados había comprado, contando las cucharas porque se pierden… Le he pedido que nos dejase en paz, pero es inútil: lo del coreano es genético.

Siguen sin ponerse de acuerdo, aunque esta vez no hubo disparos. Se corre el rumor de que el gobierno apoya descaradamente a los mandingos, y eso hace que los limbas estén que trinan.

Sábado, 17 de junio del 2006

 La policía ha venido a darnos las gracias y, de paso, a invitarse para la próxima vez. Nos dice el Jefe Mustapha Kamara que no va a ser fácil elegir al nuevo Paramount Chief. Gracias a Dios que al menos esta vez discutieron civilizadamente.

Le he dado a Amie el último antibiótico que me quedaba. Tiene un grano enorme infectado en el cuello, y se estaba poniendo unos emplastes de yerbas que le había recetado el curandero.

He ido a Bumbankakendehka porque me avisaron de que el pozo de agua no funcionaba bien. Y tenían razón. He llamado al técnico Dainkeh diciéndole que ni se parase a cobrar el resto del dinero mientras los 6 pozos no funcionasen perfectamente.

¡Milagroooooo!, el coreano acaba de entrar a mi habitación y me ha dicho que ha escrito una carta anunciando que todos los partidos de Corea y España los pueden ver gratis, incluso si juegan la final. Yo creí que Casimiro no tenía corazón en asuntos de negocios, pero mira por donde me equivoqué. Claro que si esto no es un milagro, el coreano se me ha enfermado gravemente.

Y como estamos contentos por la llegada de refuerzos, nos acabamos de beber una copita de pacharán Etxeko a vuestra salud.

 Sangála (buenas noches), que dicen los limbas.

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Domingo, 18 de junio del 2006

Otro de esos días para enmarcar. He ido a celebrar la misa a Kamankay porque habíamos quedado en bendecir e inaugurar hoy el pozo de agua.

El Chief celebró el rito del Kola nut, y yo bendije el agua y rocié al pueblo en abundancia. También guardamos un minuto de silencio en memoria de la esposa de Antonio, y me impresionó el respeto y el cariño con que rezaron por ella.

El Chief ha querido darle las gracias a Antonio, y lo ha hecho en limba ante la cámara. Dijo algo muy hermoso:

Gracias a tu corazón generoso, nuestra vida en la aldea es ahora un poquito más fácil. Y será un honor y un privilegio el poder recibirte algún día en nuestra casa.

Le dije que lo iban a ver en España, y por poco no termina de hablar. Y eso que es musulmán y nos estaba predicando en una iglesia católica. Ya os dije antes que la convivencia entre musulmanes y cristianos es total y absolutamente pacífica.

Cada miembro del poblado colaboró un poquito para poder tener una comida comunitaria: arroz y plassas, pero en abundancia. A mí, a pesar de negarme a comer especial, me pusieron también unos pedazicos de pollo y mampa. Estaban tan contentos…

He comenzado a usar la cámara de video para poder llevar algo de material a España, así que tendréis oportunidad de disfrutar de la bendición en vivo y a todo color.

Por la noche, Casimiro cumplió su promesa de dejar ver gratis el Francia-Corea y se nos vino encima todo Kamabai. Al final, empate in extremis, pero empate a fin de cuentas. Como comprenderéis, el coreano sigue sonriendo a todo el que le quiere ver la cara.

Martes, 20 de junio del 2006

Casimiro se ha levantado hecho un guiñapo y me ha pedido llevarlo al hospital para hacerse un análisis de sangre. Le he advertido en el camino que más vale que tenga malaria, porque si tiene tifoidea le corto las orejas. No hay forma de que se cuide lo más mínimo. Contra la malaria, poco podemos hacer, todo es cuestión de suerte. Pero contra la tifoidea si que podemos y debemos cuidarnos un poco más.

Al final, ni la una ni la otra gracias a Dios. Eso si, le he confesado al doctor Levi la última gracia del coreano. Os la cuento porque se que me vais a dar la razón.

Pues resulta que una gallina abandonó el nido después de unos días de incubar los huevos. Los iba a tirar, pero Casimiro me dijo que los hirviese porque eran deliciosos. Me explicó que en Filipinas los llamaban balot pinoy, o algo por el estilo. Para no haceros el cuento largo, solo os diré que los dichosos balot tienen el pollico a medio hacer, que el coreano se metió entre pecho y espalda 8 de esos huevos, y que a pesar de sus constantes exclamaciones de ¡ay que rico!, ¡delicioso!…, no quise ni probarlos. ¿Resultado? Yo me levanté perfectamente, y Casimiro vomitando el gallinero que había engullido.

Me ha mandado un texto el Provincial Rafael Mediavilla diciéndome que Manuel y Vicente ya están en Roma esperando la carta de invitación del Obispo Biguzzi para conseguir el visado. ¡¡Bien!! Voy a intentar enviarla mañana mismo desde Makeni, aunque resulta difícil conseguir conectarse a Internet a no ser en Freetown.

¡Que lástima!, se nos acabaron los mangos. Ahora comienzan a aparecer por los caminos las vendedoras de plátanos. Tampoco están mal, aunque a mi me encantan los mangos.

Estamos teniendo muchos problemas de comunicación con Celtel. No sabemos por qué la señal es mucho más débil y hemos tenido que volver a recurrir al cel site tradicional, o sea, a colgar el bote con el teléfono dentro en el árbol de aguacates. A propósito, los aguacates del arbolito, grandes y deliciosos. Os mando tres para que los probéis.

Miércoles, 21 de junio del 2006

Por la mañana me he ido con los técnicos a solucionar el problema del pozo de Bumbankakendehka. Han cambiado unas piezas, y hemos podido bombear agua sin problemas ante el regocijo de todos los críos de la aldea. Les he pagado los 10 millones faltantes, y todos tan contentos. Quedaron en avisarme del día de la inauguración oficial en cuanto se organicen para la fiesta.

Por la tarde, a Radio María para enviar la carta de invitación del Obispo para Vicente. Allí me he encontrado con el mismísimo Señor Obispo intentando hacer lo mismo. Resulta que Manuel Lipardo le había llamado tres veces, y enviado un correo electrónico con los datos solicitándola. Y nosotros volviéndonos locos intentando conseguir los datos del pasaporte del viajero. ¿Por qué nos tenemos que enterar de todo los últimos, si en definitiva vamos a tener que ir nosotros al aeropuerto a recogerlos? Espero que al menos alguien nos comunique con tiempo el día que vuelan para organizarnos.

Casimiro está un poquito mejor, aunque no quiere ni oír hablar de huevos de ninguna clase. No os preocupéis que se le pasará pronto el susto y comenzará a comer porquería en un par de días.

Hoy ha sido un día histórico en nuestra casa: por primera vez hemos puesto la televisión al público, usado los ordenadores, e iluminado la casa con energía solar. Permitidme que agradezca de forma especial todo el esfuerzo y cariño que mi cuñado Jesús puso en ayudarnos vía telefónica en la instalación. Desde que nació la idea, ha sido el que más se ha movido para conseguir todo lo necesario para llevarla a cabo. A Kata, el electricista, le hemos puesto el video de la instalación más de 20 veces. Tantas, que ya incluso chapurrea palabras en español. Pero mereció la pena. Aun no están instalados los paneles y solo usamos la energía generada con el acido de las pilas, pero en un par de días todo estará listo.

Todavía recuerdo a mi amigo Rene diciendo:

Qué felicidad el día que podamos cenar con luz sin el ruidazo del generador.

Ya te puedes venir a cenar cuando quieras, amigo mío. Tú mejor que nadie sabes qué remanso de paz envuelve Masaramankay después de una tarde de lluvia torrencial. Y ahora, ni el generador nos puede robar el embrujo de los atardeceres africanos.

Jueves, 22 de junio del 2006

 Estos días Casimiro y yo nos sentimos como enjaulados, a ninguno de los dos nos gusta estar anclados en puerto. Preferimos salir a las aldeas que permanecer en la casa, pero la lluvia no nos deja en paz.

Por esos milagros de la técnica y del Skype, nos hemos comunicado a tres bandas Rafael Mediavilla en España, Miguel Miró en Roma, y un servidor, debajo del árbol de aguacate, en Kamabai, Sierra Leona. Se ha cortado la conversación tres o cuatro veces, pero logramos conversar un rato. Me han dicho que Manuel y Vicente llegan en Brussels Airlines, el día 3 de julio a las 5 de la tarde. ¡Qué alegría oírlo!

El Provincial me ha dicho que en unos días más me dará alguna sorpresa. Supongo que se referirá a los cambios que, junto con el Espíritu Santo y el Consejo Provincial, piensa hacer. Ya sabéis que los Capítulos Provinciales son como pequeños movimientos telúricos de las capas más profundas y asentadas de las Ordenes Religiosas. O sea, que fraile que se duerme y se acomoda, lo zarandean bonito. Algo así más o menos, vaya.

También me ha preguntado Mediavilla si creía que en nuestra labor en Sierra Leona primaba más el trabajo social que el específicamente misionero.

Al principio la pregunta me sorprendió, pero, después de darle vueltas en la cabeza, me he dado cuenta de que quizás yo tenga un poquito de culpa, al escribir el bendito blog, de dar una versión tergiversada de nuestro trabajo misionero. Tanto pozo de agua, tanta escuela, tanto land rover con trabajadores de aquí para allá, tanta caminata… ¿para qué o en función de qué?

Es difícil, pero dejadme que os intente explicar lo que pienso al respecto después de únicamente 9 meses, lo que dura un embarazo, en este maravilloso país.

Creo que lo más importante en nuestra vida es convertirnos en una interrogante para los que viven a nuestro lado. Me lo preguntaba el bueno de Félix Conteh en una de nuestras correrías apostólicas:

-¿Por qué haces esto, Padre?

 ¿Aventura? ¿Solidaridad? ¿Deseo de anunciar la buena nueva de Jesús a los pobres?

 La respuesta a esa pregunta es la que pondrá marco a tu vida.

Y cuantas veces me hacen la pregunta, doy la misma respuesta: sonrío y les digo que soy feliz compartiendo mi vida con ellos. Y que he venido aquí para decirles que su vida, a pesar de la pobreza en que la viven, también es importante para Dios. Pero creo firmemente que el mejor camino para decirles que Dios les ama es dando agua al que tiene sed, arroz al que tiene hambre, vestido al que está desnudo, escuela al que no sabe leer… Y el agua brota si perforas pozos, y el arroz y el vestido, nos guste o no, vienen en los contenedores. Cuando ven que su dolor te duele, que su salud te preocupa, y que darías la vida por ellos…, entonces, y solo entonces, te escuchan y te siguen.

Os voy a poner un ejemplo muy sencillo e ingenuo. Cuando Sénkele y Kutháineh llegaron a la misión eran salvajes y huidizas: todo les daba miedo y estremecía. Y es que el fritambo es un animal que difícilmente puede vivir en cautividad. Nunca las atamos, simplemente dormí con ellas, les di mañana y tarde su biberón de leche, las acaricié, les hablé con cariño… No hice nada especial, simplemente les hice ver que las amaba y que me encantaba cuidarlas. Hoy, corretean libres por todos los alrededores, pero todas las mañanas vienen a por su biberón, y todas las tardes a saludarnos y a jugar un rato. Podrían no volver y largarse a la selva porque nada ni nadie las detiene, pero vuelven a su casa. Conocen mi voz y hasta mi olor de tanto lamerme las manos…., y vienen si las llamo porque se sienten seguras a mi lado.

Las personas nos diferenciamos muy poquito de los animales: seguimos por instinto a quien nos ama y se preocupa por nuestras necesidades y por nuestros problemas. Por eso seguían a Jesús, especialmente los más necesitados.

Después de ese primer paso de acercamiento humano y solidario, viene todo lo demás: evangelización, catequesis, sacramentos, celebraciones… Pero, creedme, nadie acudiría a nuestra llamada si en un momento determinado no somos capaces de correr al hospital en la noche, o de cantar con ellos viendo brotar el agua.

A nivel práctico tenemos problemas de difícil solución inmediata. El grado de analfabetismo es tal, que poquitos de nuestros líderes pueden leer o escribir. Tenemos cajas de Biblias que nos encantaría repartir por las aldeas, pero ¿a quien? Es por eso que os comenté una vez que en cada reunión de líderes debemos explicar, muy sencillamente, los cuatro evangelios del mes. ¿Os podéis imaginar lo qué les predicarán ellos el domingo en la celebración? Y para nosotros es materialmente imposible acudir al mismo tiempo a las más de 200 aldeas de la parroquia.

Alguien, en el Sínodo Diocesano, dijo que debíamos comenzar a ponernos serios y a exigir a nuestros líderes el matrimonio con una sola mujer y por la iglesia. ¡Qué bien! Yo le dije que estaba completamente de acuerdo en ir trabajando en esa línea de futuro, pero que si lo exigía en estos momentos, tendría que importar líderes de otras parroquias (que dudo que sean diferentes a los míos) porque en mi zona no había ni un solo líder que cumpliese los requisitos. Ni en las aldeas quien pudiese sustituirlos. Y todos son unas buenísimas personas y, me atrevo a decir, unos buenísimos cristianos. Al menos, eso asegura nuestro Obispo. Y en esto si le doy la razón.

Intentamos que los catecúmenos conozcan lo más básico de nuestra fe, pero en Africa se da una mixtura con creencias tradicionales difícil de erradicar. Y esas verdades tribales y tradicionales son grabadas a sangre y fuego en sus conciencias en los ritos de iniciación a los que todo joven debe acudir normalmente antes de entrar en la adolescencia.

Alguien dijo que la fe solo se propagaba por contagio. Y que un buen cristiano es más contagioso que un mal sarampión. Así que no nos queda más remedio que la cercanía: el biberón, la caricia, la ternura, la disponibilidad… Y seguro que Dios se encargará de hacer el resto. Qué obsesión tenemos, a veces, de querer hacerlo todo nosotros.

En definitiva, ¿soy trabajador social, o misionero? ¿Tú qué piensas?

hielo

Viernes, 23 de junio del 2006

Me he pasado toda la mañana jugando con los niños de preescolar. Les he tomado fotografías y os voy a inundar con ellas para ver si comienza la gente a apadrinar el futuro de estas criaturas. Con lo obtenido con el apadrinamiento trataríamos de proveer materiales y alimento para todos ellos.

Hoy terminamos, por fin, la instalación de las placas solares y ya están trabajando a pleno rendimiento. La verdad es que a Kata, nuestro electricista, no le va a dar nunca un infarto por el stress. Casimiro se desespera con su ritmo de trabajo y, aunque tiene pavor a las alturas, se ha subido al tejado con las instrucciones del video que nos envió mi cuñado, para estar seguro de que todo se conectaba perfectamente.

Me parece increíble, hacía 9 meses que no veía el hielo, y ahora podemos incluso congelar carne y pescado que compremos en Freetown.

También se me facilita el poder escribir el blog sin depender del generador, y ponerme al día en los proyectos que me pedís. Muchas noches llegaba rendido, pero era la única hora en la que me podía comunicar con vosotros escribiendo estas líneas.

Ha venido Jorge Jiménez, el Padre javeriano mexicano, a cenar con nosotros, pero el coreano está mustio porque su equipo ha perdido y se largan a su casa. Le digo que lo siento: me hubiese gustado una lucha fratricida entre Corea y España.

Ja, son las 12:30 de la noche y yo escribiendo tan tranquilo en el ordenador, y sin ruidos. ¡Que bendiciónnnnnnnnnn!

Sábado, 24 de junio del 2006

Me da la sensación de que tengo malaria o tifoidea: dolor de cabeza, escalofríos… Lo de siempre, vamos. Cierro los ojos y es como si estuviesen quemando los fuegos artificiales de sanfermines dentro de mi cerebro. Es inútil intentar dormir. Yo que me quejo tanto del coreano por no cuidarse, tengo que reconocer que esta vez he dado motivos suficientes para tener cualquiera de las dos. Y, curiosamente, siempre me vienen los síntomas en fin de semana, así que hasta el lunes no podré ir a hacerme el análisis de sangre y tomar la medicina en caso de resultar positivo.

Hoy ha sido un día de visitas. Ha venido el Señor Obispo, las Hermanas de la Madre Teresa de Calcuta… Todos interesados en los paneles solares. También los josefinos y unos misioneros mexicanos quieren venir a verlos. Parece que hemos convertido a Kamabai en la pionera de la tecnología punta.

Recuerdo con qué sorpresa y curiosidad recibían mis compañeros filipinos, cuando iban a estudiar teología a España, la primera nevada. Algo así nos ha sucedido en Kamabai con el hielo. Yo hacía 9 meses que no lo veía, pero los lugareños lo veían y tocaban por primera vez en toda su vida. No pude menos de tomar una fotografía de nuestras primeras botellas de agua congeladas con energía solar.

¿Qué os apostáis a que Casimiro busca la manera de sacar partido del invento y comienza a vender hielo?

Domingo, 25 de junio del 2006

Domingo para olvidar. Como diría el coreano, me la he pasado todo el día “on-off” en el servicio con nauseas y vómitos. Tengo que meter la cabeza en agua para bajar la fiebre, y los escalofríos no se me quitan ni arropándome bien. No he sido capaz ni de celebrar la eucaristía.

He querido echarle un pulso al mosquito intentando comer bien, pero es inútil: también te roba el apetito. Además, cuanto más comes, más devuelves.

Félix ha venido a saludarme y se ha apenado cuando me ha visto enfermo. Me dice que los mosquitos me pican a mí, porque soy blanco y me ven por la noche. A él no le pican porque al ser negro no lo ven. Hasta me ha hecho reír con sus ocurrencias. Pero lo cierto es que más pegaditos no pudimos dormir, y él está como si nada.

Tampoco tengo ánimos para escribir: hoy, más que un blog, esto parecería un lamento.

Lunes, 26 de junio del 2006

 No he podido dormir nada. Tempranito he ido al hospital para que me analizasen la sangre. Una hora de espera, y lo que me temía: malaria falciparum, acompañada del bendito unknown virus.

-Puedes estar contento, me ha dicho el doctor, esta vez creí que tenías también tifoidea.

 Me ha vuelto a explicar lo del virus desconocido.

Mira, Padre, si en la noche oye usted  a un gato en una habitación, no lo puede ver por causa de la oscuridad, pero sabe que está allí por los maullidos. Lo mismo nos pasa a nosotros. No sabemos ni el color, ni la clase del gato-virus, pero sabemos que lo tienes en la sangre.

 Sin palabras. Espero que en Madrid descubran al gato que llevo dentro.

Me ha mandado a admisión para internarme, pero después de muchos ruegos me dejó volver a Kamabai.

En mi vía crucis particular ésta seria la tercera caída. Es curioso, el mosquito me ha contagiado de malaria cada tres meses: 8 de diciembre, 20 de marzo, y 26 de junio. Y siempre, después de un estado de euforia por sentirme fuerte y con buena salud. Tendré que imitar más a San Pablo y menos a los de mi Autonomía, y presumir un poquito más de mis debilidades y menos de mi fortaleza.

Lo único positivo de repetir la enfermedad es que terminas reconociendo los síntomas en cuanto se presentan. Ya desde el sábado estaba prácticamente seguro que tenía malaria sin falta del análisis de sangre.

Alguno me preguntaba por qué nos enfermábamos tanto. No penséis que los Agustinos Recoletos somos más débiles que los Javerianos, o las Clarisas, ni hablar. Ya os comenté hace tiempo que vivimos en una zona de alto riesgo, y que nuestra misión es visitar con la mayor frecuencia posible las aldeas, durmiendo, si es necesario, en ellas. Allí es donde más desprotegidos estamos, pero es precisamente allí donde vive, sufre y trabaja nuestra gente. ¡Y les hace tanto bien el vernos compartir su vida…!

Se, por ejemplo, que esta malaria, dado que el periodo de incubación oscila de 7 á 14 días, es made in Kamangbangbanranthan. Pero no me arrepiento en absoluto de aquella visita.

El doctor me ha pedido salir un tiempo a una zona sin riesgo de contagio para hacerme un buen chequeo médico y estar seguro de que la malaria no ha afectado al cerebro. Dice que con tres malarias y por dos veces el famoso virus desconocido, ya está bien. Le he dicho que iré a España a finales de Agosto y le ha parecido bien.

Os voy a confesar un secreto. Cuando salí de mi tierra, en Septiembre del 2005, me prometí a mi mismo no volver en dos años. Así se lo dije a mis superiores y a mi familia. Quería demostrar, por orgullo quizás, que podía resistir más que otros. Africa me ha enseñado a reconocer mis limitaciones. A reconocer, en definitiva, que sigue siendo Dios quien realiza su obra a través de simples y enfermizos mortales como nosotros.

Al ir a dormir he sonreído viendo cómo Casimiro subía a su habitación el spray anti mosquitos. La verdad es que en estos momentos soy una bomba de relojería y que si un mosquito le pica a él después de picarme a mí…, menudo regalazo le hago. Y con el revolcón que me han pegado a mí, ya tenemos bastante.

Miércoles, 28 de junio del 2006

Me he pasado estos días recogidito en mi casa descansando. Poquito a poco la medicina está haciendo su efecto y venciendo al falciparum una vez más. Si mañana amanezco mejor, iré a Freetown a cambiar dinero, comprar alguna cosilla y enviaros estas notas. Y es que el próximo lunes no podré acompañar a Casimiro a recoger a nuestros compañeros Manuel y Vicente, porque el martes muy tempranito tengo que asistir a corte en relación al juicio contra el seminarista.

Ya os contaré en qué termina la cosa.

******************************

Jueves, 29 de junio del 2006

Amanecí un poquito mejor y me animé a ir a Freetown para surtir la despensa y cambiar algo de dinero antes de que llegasen los dos nuevos compañeros.

Aproveché también para comprar el boleto de avión para mi viaje a España. Resulta que en el Capitulo Provincial se aprobó que las vacaciones a la patria fuesen anuales. Vuelo el 24 de Agosto, pero me siento extrañísimo con el boleto en la mochila. Siempre que iba al aeropuerto era para despedir a algún compañero: Don, Rene, Edgar, Casimiro… Y ahora me van a tener que decir adiós a mí. No me lo puedo creer. Se me ha pasado el tiempo volando, pero Dios sabe que necesito dar una buena revisada al motor. Ilusión sobra, pero el coche es modelo del 52, y se nota.

Me invitó a comer Raquel, una paisana que ha estado supervisando el proceso de paz durante dos años, y que se vuelve hoy mismo para España. También invitó a las Hermanas Clarisas, aunque éstas se tuvieron que escapar de la bendición-inauguración de la nueva iglesia del Seminario Mayor de Freetown.

Virgen Santa, decían, después de dos horas justito había comenzado la homilía.

Después me enteré que había asistido el mismísimo Cardenal y que, con discursos incluidos, se pegaron en la iglesia cuatro horitas exactas. ¡Y yo que había tenido la tentación de asistir! De buena me libré, aunque supongo que me hubiese escapado con las Clarisas.

Viernes, 30 de junio del 2006

De regreso a Kamabai he parado en el hospital de Mabesseneh para saludar al Hermano Manuel Viejo. Están trabajando como voluntarios en el hospital, dos doctores, dos farmacéuticos y dos enfermeras españolas, pertenecientes a la ONG Juan Ciudad de los hermanos de San Juan de Dios. Hemos recordado al hermano Fernando Aguiló, y me comentan que desde Barcelona sigue luchando por Sierra Leona a pesar de las limitaciones físicas propias de su enfermedad.

Intentaré ponerme en contacto con él cuando esté en España para recordar viejos tiempos.

Al llegar a Kamabai me he enterado de que por fin se han puesto de acuerdo en la elección de los candidatos que se presentarán a las elecciones de Paramount Chief. Esta vez, Casimiro no quiso darles de comer a los policías. Les dijo que yo era el encargado, que estaba en Freetown, y además enfermo.

 

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