Recordando: Julio 2006

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Sábado, 1 de julio del 2006

Estamos construyendo una casa para nuestras gallinas. Creo que se van a sentir como auténticas reinas, y que la producción de huevos aumentará considerablemente.

La gente sigue asistiendo a los partidos del mundial a pesar de que el coreano subió el precio a 1.000 leones a partir de los cuartos de final. Incluso se alegró de la eliminación de Corea y de España, porque así todos pagan y nada es gratis. Ya me imaginaba yo que la oferta de gratuidad la hizo en algún momento de euforia transitoria.

He estado repasando los correos recibidos, y de nuevo tengo que agradecer el apoyo, interés, y cariño de tanta gente por nuestra misión. Voy a intentar ponerme al día y responder a todos, aunque el blog nació como una especie de diario-carta para compartir con amigos y familia al mismo tiempo los avatares de nuestra vida diaria.

Me dice el Padre Santiago Sánchez que la comisión 0.7% de su pueblo, Cortes, de Navarra, está pensando en financiarnos algún pozo de agua. Ojala cundiese el ejemplo e inundásemos la misión con algo tan básico y tan necesario como el acceso a una fuente de agua limpia.

Roberto me comenta que Gonzalo y Gloria, un matrimonio de nuestra parroquia de Santa Rita de Madrid, quieren apadrinar a Amie. Lo que pasa es que me llamó hace unos días Rafael Mediavilla diciendo que la señora Pina, de la fraternidad seglar de Lodosa, le había pedido que nadie le quitase a la chiquilla.

 ¿Sabéis lo que os digo?: que así da gusto. Podéis seguir peleándoos por hacer el bien, pero no os preocupéis que tengo historias para todos.

¿A que uno siente bien rico cuando se va a la cama sabiendo que con un poquito de lo suyo hizo más feliz a otra persona? Hacer el bien nos ennoblece y enriquece interiormente, qué duda cabe.

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Domingo, 2 de julio del 2006

Casimiro ha salido a Freetown para recoger a nuestros compañeros. Nos sigue pareciendo increíble el poder contar con dos refuerzos más. Pero lo cierto es que me han dicho desde Madrid que ya tienen el boleto y los visados listos para volar el lunes. Ya les tenemos listas las habitaciones, e incluso hemos limpiado especialmente la casa.

Todo el día ha estado diluviando, así que me he tenido que quedar recogidito en mi casa.

Por la noche, ha venido Benedict, el abogado de la diócesis, para aconsejarme qué decir y qué no decir en la corte del martes. Supongo que ya se ha dado cuenta de que a mi hablar, lo que se dice hablar, no es que me guste mucho.

Lunes, 3 de julio del 2006

Día tranquilo y sin sobresaltos. Casimiro me ha llamado varias veces para saber si todos estaban trabajando a su gusto.

Os comenté hace tiempo que el tercer gran amor del coreano eran las langostas. Pues bien, me cuenta que se ha ido tempranito a la playa y ha comprado dos docenas por 100.000 leones (34 dólares). También mantequilla, para que se las cocine como la última vez.

Las langostas le han hecho cambiar de planes, y me dice que mejor se viene esta noche, que si los compañeros están un poquito cansados pueden descansar en el camino. Todo, menos perder los crustáceos.

Le he llamado a las 7:30 de la tarde y me ha contestado desde el helicóptero. Han llegado bien, y no tuvieron problemas con el equipaje. Ni os podéis imaginar la ilusión que me hace el que lleguen Manuel y Vicente. Y eso, a pesar de la teoría del coreano de que disminuirá el trabajo, pero aumentarán los problemas de convivencia.

Martes, 4 de julio del 2006

 ¡Que contento estoyyyy!

El día no es que haya empezado como para tirar cohetes que digamos. Me fui tempranito para Makeni porque el juicio contra el seminarista comenzaba a las 9 de la mañana. Nos metieron en una habitación todos juntos, demandantes con demandados, policías, abogados, y ladrones. Algunos de ellos, esposados. El calor era sofocante por la humedad, y nos dieron las 10:30 antes de que el Señor Juez tuviese a bien aparecer por el lugar.

Me invitaron al estrado y me pidieron repetir eso de juro decir la verdad, solo la verdad, y nada más que la verdad… con la Biblia o el Corán en las manos. Yo elegí la Biblia, naturalmente. Y tras besarla y ponerla contra la frente (es lo que me pidieron), comencé mi declaración.

El Juez tomaba nota de cada una de las palabras que yo decía, así que me costó una eternidad dar mi versión de los hechos. Solo con mi nombre se pegó diez minutos. Me lo hizo deletrear 20 veces. Mientras, el ayudante del juez, comía cacahuetes y hacía gracias a alguna de las muchachas presentes. No os riáis que es tan cierto como que ahora mismo está diluviando de nuevo.

Hice mi declaración mirando al seminarista, pero éste nunca quiso cruzar la mirada conmigo. Creo que se sorprendió al comprobar que yo había guardado todos y cada uno de los recibos y cartas que él me enviaba. Y cuando vio la fotografía que había tomado en su habitación con las cosas robadas, no tuvo nada que decir. El juez pidió custodia judicial para el acusado, mientras termina el proceso judicial, y yo me volví a casa con un sabor agridulce. La verdad es que no me resultó nada agradable el tener que declarar contra una persona, con la posibilidad de enviarla a la cárcel, aunque tenga toda la razón del mundo. Hubiese preferido que nada de esto sucediese, pero en fin, lo hecho, hecho está.

Volví a Kamabai ansioso por encontrarme con Manuel y Vicente Ramón. Me quedé dormido a la una de la madrugada esperándolos, pero llegaron muy tarde, y cuando salí para Makeni, no se habían levantado todavía. A Manuel ya lo conocía porque, aunque brevemente por causa de la guerra, trabajamos juntos en 1998. Fue un reencuentro muy especial y emotivo. Con Vicente Ramón no coincidí antes, pero a simple vista me parece que el chaval es majísimo.

Vienen bien rollizos, pero ya se les pasará como se nos pasó a todos. Es cuestión de tiempo y de subir cuestas. Eso si, nuestro refrigerador parece ahora un refrigerador primer mundista cualquiera: chocolate, mantequilla, foie gras, chorizo, jamón, salchichón, diferentes clases de queso, vino… Joderrrrrrrrr, hasta da un poquico de vergüenza abrirlo.

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Casimiro me ha pedido cocinar las langostas, y le he dado el capricho: tres para cada uno en salsa de brandy, espárragos, y mantequilla. ¡Uhmmmmmmmm! Naturalmente que nos hemos tomado unas fotos de lo que hemos querido llamar nuestro primer capitulo local.

Os prometo que escribiendo se me pone la piel de gallina solo de recordar lo felices y a gusto que hemos cenado en comunidad, y la rapidez con la que nos hemos sentido hermanos, faenando en el mismo barco, y navegando tras el mismo sueño. ¿Será que el carisma recoleto nos da un instinto especial para reconocer a los miembros de nuestra propia familia? No se, el caso es que en unos instantes, tres diferentes razas (Filipinas, Corea, España), tres diferentes culturas, latían y sentían al unísono.

Para postre, chocolate con almendras. Pero con muchas almendras, casi tantas como chocolate. ¡Delicioso! Hacía tiempo, 9 meses y 5 días para ser exactos, que no lo probaba. Y me gusta más que a los críos.

patentes

Luego las patentes. Leo los sobres: José Luis Garayoa y Sang Won Lee. Pregunto quien carajo es ese, y el coreano se ríe. Yo creyendo que había estado viviendo con Casimiro, y resulta que solo es su nombre cristiano, que con quien realmente estaba viviendo era con Sang Won Lee. ¡Dios santo! Así que, ya sabéis, donde en el blog dice Casimiro, hay que poner Sang Won. Me suena a nombre de espía norcoreano, como en las películas.

Guardábamos la botella de brandy Constitución que me envió Antonio para una ocasión especial, y ningún día mejor que el de hoy para descorcharla. Además, debemos brindar por nuestro superior, el Padre Manuel Lipardo. Le da hasta un poco de apuro leernos el documento de su nombramiento, e incluso nos ofrece vivir decidiendo en democracia.

Con un par de copillas constitucionales, le confieso que, después de vivir 5 meses en la anarquía total y absoluta, lo que el coreano, perdón Sang Won, y yo necesitamos es un tiempo de dictadura, ja, ja, ja.

La sobremesa, larga, larga…, como hacía tiempo no la teníamos. Nos olvidamos incluso de que Italia y Alemania se estaban jugando el pase a la final. Llegamos a ver los dos últimos minutos de la prórroga, y a Italia, con la suerte de cara, venciendo una vez más.

¡Que contento estoyyyyyyyyy!

motosierra

Miércoles, 5 de julio del 2006

Sang Won, por fin, se ha dignado usar el brrrrrmmmmm, brrrrrrrrrrrrmmmm. Le ha costado decidirse 3 meses y 10 días. Y eso que había mareado a media España para que le llevasen a comprar su motosierra. No lo reconoce, pero estoy seguro de que en el fondo le tenía un poquillo de miedo al artilugio.

Por la tarde hemos tenido nuestra primera reunión formal para estudiar la mejor manera de atender la parroquia, y de comenzar a hacernos cargo de Kamalu. El Provincial le dijo a Manuel que decidiésemos aquí lo más conveniente, así que nos hemos puesto manos a la obra inmediatamente.

En principio, Manuel, Vicente, y yo nos encargaríamos de Kamabai. Me han pedido que sea el manager general de las escuelas, y no me ha quedado más remedio que aceptar. Eso significa que, aparte de atender mi zona, me tocará visitar las escuelas de toda la parroquia y estudiar sus necesidades.

Casimiro irá todos los fines de semana, y las veces que crea conveniente, a Kamalu como encargado de la nueva parroquia. Los fines de semana le acompañaremos uno de nosotros. El es el responsable de ir estudiando las necesidades de la nueva fundación, y de supervisar las obras de la nueva casa. Es lo que le vamos a proponer al Obispo.

¿Qué queréis que os diga? Se me ha hecho un nudo en el estómago, pero no puedo ser egoísta. Creo que éste sería el momento oportuno para clonarlo.

-¿Qué voy a hacer sin ti?

-Sobrevivirás, me ha respondido.

Lo que tenemos claro es que vamos a trabajar los cuatro lo más unidos posible.

Al deshacer las maletas se dieron cuenta de que habían olvidado la caja con los conectores para las baterías de las placas solares en el aeropuerto. A Casimiro y a mi casi nos da un patatús. A través de los Padres Javerianos de Lungi, conseguí el nombre y teléfono del encargado de cosas perdidas e, increíblemente, me dijo que tenían guardada la caja, pero que únicamente la podían entregar al pasajero al que pertenecía, o sea, Manuel. No nos queda más remedio que volver el lunes hasta Lungi a recogerla.

¿Y cómo nos vamos a enojar si teníamos tantas ganas de que viniesen?

Jueves, 6 de julio del 2006

He llamado al Obispo para ver cuando podía atendernos, y nos ha dicho que podíamos ir a visitarlo esta misma mañana. Han ido Casimiro, Manuel y Vicente. Los ha recibido muy amable, pero se han pegado la sorpresa de que el Obispo ha cambiado todos los planes antes acordados. Ya no va a construir la casa de dos pisos que conjuntamente diseñamos, únicamente piensa reformar sencillamente la que existe. Dice que no tiene dinero, y les insinuó que el Padre José Luis podría buscar financiación en España. ¡Si tendrá cara dura!

Cuando me lo han contado no les podía creer. Supongo que cuando vino a visitarnos se fijó en que estábamos remodelando la propiedad, y cree que andamos nadando en la abundancia.

Nos hemos reunido por la tarde, le hemos dado vueltas al asunto, y hemos decidido ir mañana a conocer Kamalu y a ver el estado real de la casa.

¡Ah!, se me olvidaba la anécdota del día: Casimiro se dejó las llaves dentro del Toyota en el Pastoral Center. ¡Con lo malo que le supo cuando me sucedió a mi! Como yo estaba ocupado con los trabajadores, he tenido que enviar a Medo con las de repuesto en transporte público. Y os podéis imaginar las bromas cuando han vuelto. Parece que el coreano también nos está envejeciendo a pasos agigantados.

Viernes, 7 de julio del 2006

 tony

Uno de enero, dos de febrero,

Tres de marzo, cuatro de abril,

Cinco de mayo, seis de junio,

Siete de juliooooooooooooooo,

Sannnnnnnn Ferrrrrrr-minnnnnnnnn

Todo navarrico que se precie de serlo, siente un cosquilleo especial en este día. Estemos donde estemos, siempre recordamos al Santo y a la tierra con cariño y nostalgia.

En tiempos mozos me gustaba correr el encierro en la cuesta de Santo Domingo. Cantar ante la hornacina, con el periódico en alto, eso de: A San Fermín pedimos por ser nuestro Patrón, nos guíe en el encierro, dándonos su bendición, me ponía chinita la piel, y la adrenalina por las nubes. Incluso me tocó iniciar como corredor del encierro, a mi buen amigo Iñigo Sinova, por aquel entonces monitor de mi grupo scout Cruz del Sur en Valladolid.

Hoy pido a San Fermín, por ser nuestro Patrón, nos guíe en esta tierra, dándonos su bendición. Y se que el Santo moreno estará listo, como siempre, con su capote milagroso, para echarnos una mano en el peligro. Por eso, permitidme gritar desde este hermoso rincón africano que es Sierra Leona un ¡Viva San Fermínnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn! lleno de alegría y emoción.

A la hora del encierro hemos salido para Kamalu. Desde el check point de Makeni son 75 kilómetros, y nos ha costado hacerlos dos horas y media exactas. Y no creo que se pueda correr más, ni en tiempo seco, sin destrozar el coche o los pasajeros por la cantidad de baches que hay. En total, desde Kamabai, 6 horas entre ida y vuelta. Yo no suelo cansarme conduciendo, y esta vez terminé agotado.

Casimiro ha ido todo el trayecto controlando el teléfono celular: una barra, dos barras, tres barras… Y en Kamalu, cobertura perfecta. Algo es algo, vaya.

Nos hemos llevado una decepción tremenda viendo en qué condiciones se encuentra la casa, y nos parece increíble que el Obispo diga que es habitable. No reúne ni la más mínima condición de habitabilidad: no tiene generador, ni bomba de agua; no funcionan los servicios, ni tiene mosquiteros… En fin, dormir una noche allí es jugar a la ruleta rusa con la malaria…, y con los escorpiones.

Nos hemos vuelto a Kamabai sin poder beber siquiera un baso de agua, y sin probar bocado.

En el camino de regreso nos hemos puesto de acuerdo en decirle al Obispo que ni sueñe con que vamos a atender la parroquia si antes no cumple lo prometido y nos arregla la casa. Estoy seguro que si comenzamos a ir los fines de semana, el arreglo de la vivienda se puede eternizar. Y si no permitiría que durmiese allí ni mi peor enemigo, menos Casimiro, mi coreano preferido. Ni siquiera su clon.

Vamos a pedir una cita la próxima semana para dejarle clara nuestra postura: en Kamabai tenemos trabajo suficiente para los cuatro, queremos consolidar la parroquia, y no nos pensamos mover de aquí hasta que él no mueva ficha. De todas formas, y después de nuestra visita, comprendo por qué nadie quiere ir a Kamalu.

Por la noche, celebración por todo lo alto. Le hemos dado un buen repaso a la botella Constitución y a las existencias de queso, jamón y chocolate. Todo sea por honrar como es debido a San Fermín.

Sábado, 8 de julio del 2006

Seguimos disfrutando de la vida comunitaria. Yo creo que necesitábamos vivir estos momentos como el aire que respiramos. Incluso veo al coreano más sonriente y relajado. Llevábamos un tiempo que por cualquier cosita mordíamos.

En la cena nos ha comentado Casimiro que celebraba el aniversario de su Profesión Solemne, y hemos vuelto a brindar por haber enriquecido Dios a la Orden con semejante ejemplar.

Domingo, 9 de julio del 2006

He concelebrado la misa con Manuel y Vicente Ramón en el Santuario. Creo que incluso se han emocionado un poquillo con el recibimiento de la gente. Después de la misa hemos ido a reunirnos con Casimiro en Bumbam Kakendeka, para bendecir el pozo de agua y hacer la inauguración oficial.

Les he pedido un minuto de silencio en memoria de la esposa de Antonio, y me sigue llamando la atención el recogimiento con el que rezan, incluso los más pequeños.

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Después de la bendición, la comida compartida. Vicente Ramón se ha inculturizado en un plis, plas. Vierais con qué fruición le metía la mano a la paella africana con salsa de cacahuete y pollo. Incluso se relamía los dedos. Manuel, Casimiro y un servidor, hemos optado por la cuchara tradicional.

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El Chief le ha dedicado unas palabras de agradecimiento a Antonio, y me han dado para él un chivo fuerte, chaparrillo como el coreano, pero con unos atributos que para qué os cuento. Ya me imagino aterrizando en Barajas con el chivo de la mano. Hemos decidido guardarlo para comerlo cuando venga nuestro amigo a visitarnos.

Hoy, Casimiro se está frotando las manos porque espera que medio Kamabai se venga a ver la final de fútbol.

Insisto, supongo que surgirá algún pequeño problema de convivencia, pero qué bien estamos los cuatro juntitos.

Mañana, salimos temprano para ir a recoger la caja que olvidaron en Lungi. El primer ferry sale de Freetown a las 7:00 a.m., y vamos a intentar llegar a tiempo de cruzar en él.

Toca la puerta Casimiro.

-José, José, duerme pronto para que conduzcas sin problemas.

 Encantador, ¿no os parece?

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 Lunes, 10 de julio del 2006

Pues si, a las 3:30 de la madrugada salíamos puntuales rumbo a Freetown. Todos se durmieron en el camino, y yo me tuve que armar de paciencia y prudencia para llegar con bien. Es normal que te encuentres camiones tirados en mitad de una curva, y sin ningún tipo de señalización que te avise del peligro. O locos conduciendo sin luces. En fin, os puedo asegurar que conducir a esas horas es toda una aventura.

Dejamos a Casimiro en el negocio de su amigo libanés para contratar los materiales que necesitábamos, y yo me fui con Manuel y Vicente Ramón a coger el primer ferry para Lungi.

El encargado de los objetos perdidos, Sami, no se encontraba en el aeropuerto, pero gracias a Dios que sí tenían la caja con los conectores. Me dijeron que debía pasar por aduana, y para allí que nos fuimos.

-¿Que contiene la caja?

-Materiales para conseguir más potencia en nuestras baterías.

Y no mentí. ¿Qué son los chorizos y el lomo que mi cuñado Jesús había metido en los huecos de la caja, sino un buen potenciómetro para los momentos de debilidad?

Me pusieron una marca con la misma tiza azul de sastre que usaron la primera vez, y logramos llegar a tiempo de embarcar en el ferry de las 11:00 a. m. rumbo a Freetown.

De ahí al café Internet para enseñarle a Manuel nuestro centro de comunicaciones.

Sigo recibiendo mensajes sorpresa que a veces me sonrojan. Alguien de Argentina se topó por casualidad en la red el blog de un misionero en Africa y escribió a la Curia General pidiendo mi correo electrónico.

Esto es lo que recibí:

Cuando encontré este poema en un diario barrial, me acordé de vos, creo que sos de ese tipo de gente, que despierta cosas así en los demás, al autor no lo conozco, no se su procedencia, o si es de uno de los vecinos, o si es un escritor conocido, o desconocido, pero me gustó y te lo quise enviar para animarte en tu lucha. ¡Animo!, son muchas las personas que siguen con interés vuestra vida sencilla y entregada.

Hay gente que con sólo decir una palabra

enciende la ilusión y los rosales;

que con sólo sonreír entre los ojos

nos invita a viajar por otras zonas,

nos hace recorrer toda la magia.

 Hay gente que con sólo dar la mano

rompe la soledad, pone la mesa,

sirve el puchero, coloca las guirnaldas;

que con sólo empuñar una guitarra

hace una sinfonía de entrecasa.

Hay gente que con sólo abrir la boca

llega a todos los límites del alma,

alimenta una flor, inventa sueños,

hace cantar el vino en las tinajas

y se queda después como  si nada.

 Y uno se va de novio con la vida

desterrando una muerte solitaria,

pues sabe que a la vuelta de la esquina

hay gente que es así,

tan necesaria.

No se ni qué decir, y hace tiempo aprendí que si uno no tiene nada mejor que decir que el silencio…,  pues es mejor callar. Sin más, gracias.

Casimiro compró calamares y pescado, y nos fuimos a la casa del obispo a instalarnos para pasar allí la noche. Suelen tener dos habitaciones libres, así que dos de nosotros debemos dormir en los sillones de la sala, crucificados por los mosquitos. Además, tenían problemas con el agua, y la verdad es que no pudimos ni lavarnos a gusto. Y, o nos decidimos a comprar una casa en Freetown, o no nos va a quedar más remedio que gastar el dinero en la Guest House cada vez que viajemos a la capital. Si nos establecemos dos comunidades en el país, será cuestión de planteárselo en serio porque ahorraríamos mucho dinero.

Le he llamado a mi hermana Isa para que me dijese cómo cocinar los calamares, pero decidimos guardarlos para Kamabai y cenar una deliciosa sopa de pescado.

Martes, 11 de julio del 2006

Casimiro se vendrá mas tarde en taxi con un técnico para revisar nuestro generador. Con Manuel y Vicente Ramón, he dado una vuelta por la playa intentando comprar langostas, pero era muy temprano y los pescadores no habían vuelto de faenar. He conducido por el corazón de Freetown para que mis compañeros le fuesen tomando el pulso a la ciudad.

Manuel, Manuel, la cámara por favor, no pude menos de gritarle dando un frenazo.

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Y es que la escena me parecía increíble: en la calle Siaka Stevens, un tío con cinco cabras agarrando un taxi.

Los conductores se impacientaban, pero yo no me quería perder esa fotografía por todo el oro del mundo.

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Sénkele y Kutháine me han molido a cabezazos reclamándome la leche de los dos días. Pobrecillas, con qué ganas tiraban del biberón.

Me había dicho mi hermana que lo más difícil de los calamares era el limpiarlos bien. ¡Virgen Santa!, me he pegado 2 horas y media pelándolos. También las paticas. ¡Y como no tienen…! De todas las formas, y aunque no esté del todo bien que yo lo diga, me quedaron de rechupete.

Casimiro ha llegado a las 8:00 p.m. y con la mesa puesta. Le han encantado.

-José, José (cuando me llama dos veces es que me va a pedir algo), tenemos que comprar más cuando vayamos a Freetown porque eran muy baratos.

Si, mi rey, yo te cocino calamares todas las veces que quieras con la condición de que los limpies tú, le he contestado.

Miércoles, 12 de julio del 2006

Termina la escuela, y nos han pedido un saco de arroz para hacerles un almuerzo a los chiquillos. Vicente les ha celebrado una misa a las 9 de la mañana, y han asistido bastantes menos que a la comida. Por ahora, el hambre de arroz aprieta más otras hambres. Y los entiendo: es difícil rezar con el estómago vació.

El técnico de Freetown nos ha dejado el generador como nuevo, al menos eso es lo que él nos dice. Este sí parece que sabía lo que se hacía, no como el bueno del electricista.

Seguimos reuniéndonos para planificar y programar las actividades por prioridades. Así da gusto. Mañana vamos a comunicarle al Obispo lo que hemos decidido acerca de Kamalu, y me sospecho que no le va a hacer ninguna gracia.

Jueves, 13 de julio del 2006

Lo que os dije: al Obispo no le ha hecho ninguna gracia nuestra decisión. Nos ha comentado que piensa arreglar la casa de inmediato, y le hemos ofrecido nuestra ayuda en cuanto eso sea una realidad. Por el momento vamos a centrar todo nuestro trabajo en Kamabai.

Estaba un poquito triste porque Sénkele no aparecía por la casa hace dos días. Supuse que había decidido irse al bosque y comenzar a vivir su propia aventura. Me dijeron que debíamos construir una casa y encerrarlas, pero no me agrada la idea en absoluto.

No puedes atar aquello que amas, ni siquiera a un animal, debes dejarlo libre. Crear dependencias en la otra persona es una forma muy sutil de quitarle la libertad. Cuando una relación se ha construido desde el respeto a la libertad mutua, ese amor nunca abandona. Conozco demasiados casos en los que la mujer permanece al lado del hombre no por amor, sino porque depende absolutamente de él: cultura, casa, sueldo…

Cuando la vi aparecer por el portón, me dio una alegría tremenda…, y una gran lección. Venía con una herida en la ceja, y me daba cabezazos para que se la curara. ¡Y yo pensando que nos había abandonado!

Es curioso, cuando Sénkele está en el bosque, fuera de nuestra propiedad, nadie se le puede acercar excepto Casimiro y yo, porque corre despavorida. Solo cuando viene a casa se relaja y se siente segura, y todo el que lo desea puede tocarla y acariciarla.

Casimiro se ha largado a Kabake para discutir con el proveedor de madera, porque últimamente nos la estaba entregando de muy mala calidad. Ha vuelto con un puntito simpático, después de beberse un galón de mampa con el sujeto y arreglar sus diferencias.

Se me ha presentado en la habitación con una cerveza en la mano.

Toma, José, ¿qué haces tan temprano encerrado? (eran las 10 de la noche), baja, debemos convivir.

 Lo mismo hizo con Manuel y Vicente. El caso es que por expreso deseo de Sang Won, nos liamos a recenar salchichón a las 11 de la noche. Por lo visto, y por esta vez, el mampa le despertó el sentido comunitario. La verdad es que fue una velada simpática.

Viernes, 14 de julio del 2006

 Me ha pedido Casimiro que cuidase un rato de los trabajadores, le he mirado a la cara, y me lo he llevado inmediatamente al hospital para que le hiciesen un análisis de sangre. Manuel me ha preguntado por qué sabía que el coreano estaba enfermo.

Mira, Manuel, los síntomas de la malaria son claros: dolor de cabeza, vómitos, escalofríos… Pero si Casimiro te pide que controles algo que solo le gusta controlar a él, entonces es que realmente no se encuentra bien. Es su primer síntoma, antes incluso que el dolor de cabeza. Lo conozco como si lo hubiese parido.

Mientras esperábamos los resultados del análisis se me ha quedado dormido tumbado en una de las bancas de madera, y con la botella de agua como almohada. La verdad que un poquillo de ternura si que me ha dado. Le he dejado dormir y me he ido al laboratorio.

-¿Cómo está mi compañero?

-Se sacó el premio gordo, Padre: malaria y tifoidea al mismo tiempo.

 ¡Dios santo, otra vez! Estaba muy contento porque desde que volvió de España no se había enfermado, pero el mosquito le aterrizó de nuevo en la cruda realidad de esta tierra.

Lleva 13 meses únicamente en el país, y ya ha padecido 7 malarias, 5 tifoideas, y un unknown virus. ¿Hasta cuando puede aguantar un organismo tanto ataque del falciparum? No quiero ni pensar en la posibilidad de que tuviese que abandonar Sierra Leona por causa de la enfermedad. Pero lo cierto es que la malaria nos destroza y va minando poquito a poco nuestras defensas.

Decía en una ocasión el Dalai  Lama que el gran amor y los grandes logros requerían grandes riesgos. Y si nosotros hemos elegido voluntariamente ser testigos del gran amor que Dios tiene hacia los pobres, no nos queda más remedio que asumir con alegría los riesgos que ello conlleva.

Hasta se me han escapado unas lagrimillas pidiéndole a Dios que nos eche una mano, que lo único que queremos es servir a este pueblo. No sabemos qué hacer, solo pedimos fuerzas y salud para seguir adelante. ¿Seguís rezando, hermanicas? Hacedlo, por favor.

Sábado, 15 de julio del 2006

Hay momentos grises en los que uno necesita reencontrarse con aquello que puso un poquito de música, poesía, color y calor en su vida. Y es entonces cuando vuelves a escuchar aquella canción…, a leer el poema…, a ver el álbum familiar… En fin, vuelves a beber de las fuentes que moldearon golpe a golpe, verso a verso, tu vida, para recobrar fuerzas, retomar la ilusión, y seguir luchando.

La vida se va encargando de tallar en las tablas de tu alma tu propio credo interior. Un día, como por casualidad, encuentras un poema perdido que haces tuyo, que sientes tuyo…, y que relees con frecuencia.

Hoy, quiero compartir con vosotros ese poema, mi poema…

Creo en quien soy y, por lo tanto,

en quien, a pesar de las derrotas,

no tengo intenciones de dejar de ser.

 Creo en mi sueño,

en el magnífico sueño que seguiré

construyendo hasta que no me queden

más fuerzas para creer.

 Creo en mis ganas de dar y creo

en un mundo maravilloso que espera

recibir mi gota de cariño.

Creo en la amistad, en los besos,

en la lluvia,

en las sonrisas y en los secretos.

 Creo en la vida,

y en la magia con la que toca

todas las cosas.

 Creo en el destino y en el futuro

de recompensa para quienes afrontan

el desafío de ser fieles a si mismos.

 Creo en mí.

Sobre todo creo en mí cuando caigo,

cuando no tengo fuerzas,

cuando el viento sopla

y mis velas ceden.

 Creo en los sentimientos

que pueden hacer de cada día

un sol distinto y

 Por supuesto:

 Creo en el amor y en ese modo

indescriptible de estar parado

ante la vida.

En esa manera intrépida

de hacer transcurrir el tiempo.

En esa forma tan peligrosa y a la vez

tan excitante de tener

el corazón abierto.

 Y una canción…

Para cantar he nacido,

soy copla que el viento lleva.

A veces canto en el árbol,

que se deshoja de pena.

 A veces bebo del fuego,

palabras de primavera.

 Mi sangre canta por dentro,

 como la lluvia por fuera.

La noche canta y convierte,

 sus pájaros en estrellas.

Pero cuando canta el pueblo,

musicaliza mis venas.

 Yo nunca miro a la rosa,

 por su color de quimera.

La miro porque ella tiene,

la sangre de los que sueñan.

Porque en sus gajos florecen,

 las manos del que la siembra.

 Por eso canto a las cosas,

que me va dando la vida,

al tallo con sus espinas,

 y al hombre,

 con sus penas…

Creer no es tener toda la luz. A veces, es tener la justita para aguantar la oscuridad, escribía Romano Guardini. Y definía la fe como la capacidad de soportar las dudas. Quizás no sea ésta una definición muy teológica (nada que ver con aquella de virtus supernaturalis, etc, etc, etc…), pero qué duda cabe que es más vivencial.

Llueve, Casimiro está realmente enfermo y solo puedo contemplar con impotencia el dolor del hermano. Estoy realmente cansado. Hoy me queda la justita luz. Me aferro, de nuevo, a los versos de Jorge Debravo:

En el punto más negro de la noche…,

comienza a amanecer.

 Domingo, 16 de julio del 2006

Nuestro Obispo sabe chino: ha invitado a Manuel a concelebrar con él la misa de Kamalu. He dejado a mi compañero en su casa a las 7: 00 de la mañana, y lo he recogido a las 7:30 de la tarde en Binkolo, lo que significa que ha sufrido doce horas y media de acoso episcopal.

Han ido con ellos los técnicos de la compañía Alcon para ver qué reparaciones necesita la casa y ponerse de inmediato manos a la obra. Parece que el Obispo nos quiere allí pronto. Dicen que en un mes estará lista. Yo, como Santo Tomás, hasta que no lo vea, no lo creo.

En el camino de regreso a casa, me ha contado Manuel que el Obispo lo ha presentado a la comunidad con todos los honores. Incluso los musulmanes asistieron a la misa, interesados en el desarrollo de la zona. Lo que me suponía, vamos. En Kamakwie nos han ofrecido un terreno para construir una escuela Secundaria. Y la luna nos hubiesen ofrecido, con tal de que vayamos.

Hablando en términos taurinos, creo que el Obispo cortó esta vez dos orejas y rabo, y que, después de sabios y templados capotazos episcopales, logró llevar el toro a su terreno. Esto me suena a nueva fundación. Tiempo al tiempo.

Lunes, 17 de julio del 2006

Hemos comenzado a organizar nuestra vida comunitaria y a establecer un horario de oración y comidas. Hasta ahora, lo hacíamos un poco anárquicamente, pero no era forma de vivir. Así está mucho mejor.

Desde hace un par de días no me siento nada de bien, pero me parece imposible que sea el mosquito otra vez. Cuando se lo he comentado a Manuel, me ha dicho que, en  1998, él agarró dos malarias seguidas en el transcurso de un mes. ¡Vaya por Dios! Ya me imagino al falciparum diciendo: te toca en Septiembre, pero como estarás disfrutando en España fuera de mi alcance, ven para aquí que te pego otro buen meneo y así no estropeas tu record particular de una cada tres meses. En fin, si seguimos así, nos van a nombrar a Casimiro y a mí hijos adoptivos del hospital, o a dedicar uno de los pasillos.

Hacia tiempo que no veía al bueno de Félix. Hoy se ha dado una vuelta para recordarme que el próximo sábado tenemos reunión en Kadagbana II, y que debemos encontrar una solución para las celebraciones dominicales en las aldeas: no hay quien pueda leer las lecturas. Nos parece bien una campaña de alfabetización tipo Nicaragua, pero ¿de donde sacamos los maestros voluntarios? ¿Algún maestro bilingüe se anima?

Jueves, 20 de julio del 2006

He pasado unos días que para qué os cuento: diarreas, vómitos… Hasta las ganas de escribir se me quitaron.

No me ha quedado más remedio que volver al hospital para que me analizasen la sangre. Tengo el unknown virus, o sea, el gato desconocido. Incluso me han dejado que mirase por el microscopio.

La verdad es que prefiero malo conocido, malaria o tifoidea, que luchar contra un enemigo sin identificar. Aunque tengo la sensación de que es simplemente una infección intestinal. El doctor Levi me ha ofrecido internarme tres días y ponerme la medicina directamente en el suero, o tomarme 120 pastillas de tres colores. Elegí lo segundo.

Lo bueno es que con la llegada de Manuel y de Vicente es más fácil hacer un mínimo reposo.

Seguimos con los trabajos de la casa. Los soldadores están trabajando bajo un aguacero impresionante. ¿Quién decía que era peligroso? ¡Ah!, y con un pedazo de cristal oscuro como toda protección.

Manuel nos ha representado en una liturgia de oración ínter confesional por la paz. Se han unido en oración para que las elecciones a Paramount Chief discurran sin problemas. Abu Kargbo, el Pastor Wendlesyano, le ha regalado 5 plátanos. ¡Todo un detalle de ecumenismo!

 Viernes, 21 de julio del 2006

Llevamos unos cuantos días bañándonos como en el antiguo Oeste: a cubetazos. Uno aprende a economizar el agua cuando tiene que sudar para conseguirla. Con un poco de práctica, terminas siendo capaz de enjabonarte y aclararte con un solo cubo.

Manuel y Vicente Ramón están poniendo todo su entusiasmo en la reparación del Centro Pastoral. Casimiro y yo, mientras tanto, estamos terminando una casa para nuestros chivos. Con dos machos y media docena de hembras, tenemos el futuro asegurado en cuanto a carne se refiere. La alimentación no es problema, porque se comen todo lo que encuentran a su paso.

Hemos cenado dos huevos cada uno (y ahora somos cuatro de comunidad) made in Kamabai. Y todavía quedan algunos en el refrigerador. Como veis, nuestras gallinicas están bien cuidadas y contentas.

Al abrir la despensa para agarrar un bote de espinacas, lo que agarré fue una rata tremenda que nos había parido 10 ratoncicos entre los botes. Le he preguntado a Casimiro si los incluía en el menú, y os aseguro que por un momento lo ha dudado. Al fin y al cabo carne es carne, y en Corea se deben comer todo lo que se mueve.

El land rover amarillo ha comenzado a darnos muchos problemas y estamos pensando seriamente en devolvérselo al Obispo. No queremos que nos pase como con el blanco: gastamos un dineral para nada. Vamos a tener que buscar financiación para un nuevo Toyota porque las arcas de la diócesis están bajo mínimos, y el tener un solo carro limita mucho nuestro trabajo. Por ahora es un sueño, pero soñar es libre y nosotros siempre soñamos. Luego, Dios y nuestros bienhechores dirán.

Sábado, 22 de julio del 2006

Sigo en el dique seco, con sensación de vómitos todo el día. Había quedado en recoger a Félix en Kayonkro a las 8 de la mañana para asistir a la reunión de Kadagbana II. Incluso invité a Vicente Ramón a acompañarme para que fuese conociendo poco a poco nuestras aldeas, pero me ha sido imposible asistir. En las condiciones en las que me encuentro hubiese reventado en el camino.

Como el viernes no dormí ni una sola hora, hoy me la he pasado el día dormitando. Espero en Dios que los antibióticos comiencen a hacer efecto pronto.

Domingo, 23 de julio del 2006

Ha venido a visitarme el Hermano Manuel Viejo con los doctores y enfermeras que están trabajando como voluntarios en el hospital de Mabesseneh. Fernando Aguiló sigue enviando desde Barcelona personas de buen corazón que ayudan a paliar un poco el dolor y la enfermedad de nuestro pueblo.

Me han acompañado a celebrar la misa de Kayonkro. Como no pude asistir a la reunión de líderes, le había prometido a Félix celebrar la Eucaristía con ellos. Es curioso, lo que para nosotros termina siendo normal y parte de nuestra vida, para los que nos visitan de lejos resulta algo extraordinario y emotivo. Y me estoy refiriendo a la intensidad con la que nuestra gente participa en la celebración dominical. A más de uno de los doctores le brillaron especialmente los ojos ese día. Y todos ellos bombardearon la aldea con fotografías, intentando gravar en el papel lo que solo se puede gravar en el alma: la homilía compartida, las ofrendas, la paz, la sonrisa, los niños, la baffa… Pero, sobre todo, ese mirarte a los ojos y tocarse el corazón en el momento de darte la mano.

Les pregunté a los de la aldea si sabían algo de cabras y ovejas. Rieron ante tan absurda pregunta. Les pedí que explicasen a los visitantes qué hacían con sus cabras, porque en Barcelona no es que abundasen por las calles.

Nos encargamos de darles de comer, de protegerlas, de buscarlas por la noche si se han perdido… Son como parte de nuestra familia.

¡Qué hermosooooooooo! Las cabras son también parte de la familia. ¡Cualquiera atropella ahora a una por la carretera!

-Pues como vosotros cuidáis y amáis a vuestras cabras, así nos cuida y ama Dios. Como vosotros conocéis a vuestras cabras, así nos conoce Dios. Y como vosotros aceptáis a las cabras como parte de vuestra familia, así nos acepta como sus hijos, Dios.

Como veis, no es necesaria una teología de altos vuelos para predicar a nuestra gente. Aunque, a decir verdad, tampoco es que Jesús se complicase demasiado la vida en preparar sus homilías. El hablaba de las semillas, de los pájaros, del rebaño, de prostitutas y ladrones, de su Padre…, y todos le entendían.

Cuando regresamos a Kamabai nos encontramos la mesa puesta. Los doctores tuvieron la amabilidad de traer la comida preparada, incluso tortilla de patata, y nosotros enriquecimos tan delicioso banquete con chorizo, jamón, queso, vino… Después, la sobremesa tipo nuestra tierra, y, por supuesto, la cabezada-siesta. Hasta un poco de pena me dio que se marchasen tan pronto.

Un día hermoso, la verdad. Cuando uno anda medio perdido por las montañas, se agradece en el alma este tipo de visitas. Gracias, Manuel, y que se repita.

Lunes, 24 de julio del 2006

Ya hemos descubierto el problema del land rover amarillo: Casimiro lo estaba conduciendo con el freno de mano puesto. Increíble, pero cierto. Volvió de Bandankoro enojado diciendo que el coche olía a quemado y que se le paraba constantemente en las cuestas cuando metía la primera. Vino el mecánico Tamba, lo revisó, y dijo que todo estaba bien. Por si las moscas, yo mismo me fui manejando a Kassasi para probarlo. El camino a Kassasi, en tiempo de lluvia, no tiene que envidiar en nada a cualquiera de las etapas del Paris-Dakar. El coche respondió como la seda, y se lo entregué al coreano.

Vuelta a Bandankoro a traer un viaje de madera, y nuevo cabreo de Casimiro: esta vez conmigo. La verdad es que huele a quemado y sale humo por todas partes. Le digo que vayamos juntos a probarlo y que me deje a mí manejarlo. Nada más arrancar me mira perplejo.

-¿Qué haces?, José.

-¿Cómo que qué hago? Quitar el freno de mano. No me digas que has conducido 50 kilómetros con él puesto.

-Hoy, y ayer también.

¡Virgen Santa!, lo raro es que no haya incendiado el land rover. Luego, sonríe tan encantadoramente que uno desiste de matarlo.

Se terminaron los cubetazos de agua. Nos han instalado la nueva bomba y todo ha vuelto a la normalidad. Y solo por 500 dólares.

Manuel se ha empeñado en poner en marcha alguno de los ordenadores que recibimos para dar clases a los chavales, pero ya se va convenciendo de que es inútil.

-¿Si no sirven por qué nos los mandaron?

-Mira, Manuel, mejor déjalo ahí porque ya he hablado largo y tendido sobre el tema en este blog. Mi primer impulso fue devolvérselos en otro contenedor cobrándoles a ellos el transporte, pero el coreano y yo decidimos enterrarlos, y punto. Así que cuando quieras podemos comenzar a cavar la fosa tecnológica.

Sigo pachucho, pero me queda el consuelo de que los catalanes me dieron el mismo diagnostico que en el hospital: virasis aguda. Y el consejo, terminarme los antibióticos y beber mucha agua. ¡Con lo que a mí me gusta!

Miércoles, 26 de julio del 2006

Casimiro se ha pasado la noche vomitando de nuevo. Hace solamente doce días le habían diagnosticado malaria y tifoidea. Le recomendaron reposo, pero ya os comenté que si no está de acuerdo es lo mismo hablarle a la pared.

José, José, llévame al hospital, por favor.

 En el camino, a la altura de Bínkolo, he tenido que parar por causa de los vómitos. Pero ya le he dicho que ni pena me daba por cabezón e irresponsable.

Cuando nos ha visto el doctor no se lo podía creer:

Es la tercera vez que venís a visitarme en 10 días, nos ha dicho.

Esta vez, el bueno de Sang Won, o sea, el coreano, no se ha librado de que lo internasen y lo llenasen de agujas y sueros. Espero que me lo den antes del domingo porque pensaba acompañarme al aeropuerto a recibir a mis sobrinos.

Por la noche han ido Manuel y Vicente Ramón a visitarlo y a llevarle algo para cenar. Me cuentan que no ha perdido para nada el apetito. ¡Buena señal!

Poco dura la alegría en la casa del pobre. El inversor de la energía solar se nos ha estropeado por causa de una tormenta eléctrica. Así que hemos tenido que volver a los orígenes: al generador, al bote colgado del árbol de aguacates…

He llamado a mi cuñado, Jesús, para ver si mis sobrinos pueden traernos uno nuevo. De todas formas necesitaremos dos si nos instalamos en Kamalu.

Me siento un poco mejor, pero esta vez en vez de un virus parece que agarré a la familia entera. Si tomo las pastillas, el ir al servicio se convierte en una pesadilla. Y si no las tomo, se me va la vida por la cámara de los comunes.

Decía mi compañero Santi en su libro que mi reloj biológico no tenía nada que envidiar a un rolex: un par de veces al día y con una exactitud envidiable me ponía en cuclillas. ¡Que tiempos aquellos! Ahora, se adelanta y se atrasa cuando le pega su real gana, y recibo sus campanadas con más alegría que los madrileños las del año nuevo en la Puerta del Sol.

 Jueves, 27 de julio del 2006

Hoy he hecho de Casimiro. Pero para que lo hiciese bien me ha enviado varios textos desde el hospital: vete a Kabake a recoger a unos muchachos y llévalos a Bandankoro. Revisa que el camino de la poza, en Bumban, esté en condiciones. Recoge por la tarde a los muchachos y los llevas a su aldea. Quiero cenar pollo frito.

He aprovechado para cantarle las cuarenta a su proveedor de madera, y para decirle que su negocio se acabó. El bueno del coreano sigue creyendo en los Reyes Magos y en que este tío nos está ayudando, pero, gracias a la experiencia acumulada en la Ciudad de los Niños cuando estuve a cargo de los talleres vocacionales, se diferenciar perfectamente la madera buena, de la basura.

Después de varias conversaciones con mis sobrinos, tengo la sensación de que la imagen que se tiene de Sierra Leona por el mundo, no se corresponde en absoluto con la realidad. Es cierto que aquí se vivieron atrocidades (¿donde no se han vivido?), pero aquel tiempo ya pasó a la historia. Alguien debiera actualizar la página de Internet donde se recomienda, en caso de viajar a Sierra Leona, no salir de Freetown. Incluso en otro lugar se advierte a los profesionales que los dos lugares en los que ciertos trabajos están mejor remunerados son Sierra Leona por su peligrosidad, y Groenlandia, por el frío.

Me fascina que vengan a visitarme para que tengan la oportunidad de ser testigos de la ilusión y la esperanza con las que este pueblo afronta su futuro. No podemos ocultar la pobreza porque se palpa en todas y cada una de nuestras aldeas, pero nuestros niños dejan volar su imaginación para construir los más inverosímiles y hermosos coches de juguete, hechos de madera y tapones de botella. Juguetes con los que se divierten. Juguetes con los que no se aburren como tanto niño europeo con el armario repleto de las últimas novedades lúdicas del Corte Inglés. Juguetes no bélicos. Juguetes ecológicos.

Seguro que no se llevarán la maleta llena de artesanías: no las hay. Pero lo que ya nunca podrán olvidar es la sonrisa de los niños de nuestras aldeas. De eso estoy completamente seguro.

Viernes, 28 de julio del 2006

He ido a llevarle el desayuno a Casimiro y, a pesar de que estoy bien enojado con él, el verlo tan desvalido me ha desarmado. Me dice que las inyecciones que le están poniendo son muy heavy (fuertes), y se ha descompuesto un poco cuando le ponían una.

He hablado con el doctor y no se explica cómo el análisis de sangre ha dado otra vez positivo en malaria y tifoidea. Y me ha comentado que si se trata de un nuevo contagio en solamente 12 días, habría que plantearse la conveniencia de que Casimiro abandonase el país por un largo periodo de tiempo. Me he quedado desinflado.

Cuando lo he comentado en casa, Vicente Ramón me ha dicho que no ve a Casimiro bien, y que es posible que el doctor tenga razón. A mi, el solo pensar en la posibilidad me entristece hasta el infinito. ¿Qué queréis que os diga? Después de aguantarlo un año, no concibo la misión sin el coreano.

Sábado, 29 de julio del 2006

Bien temprano nos ha llamado Casimiro para que fuésemos a recogerlo al hospital. Ha mareado al doctor para que le dejase salir a pasar el fin de semana en su casa diciéndole que ninguna medicina mejor que el hogar y los compañeros (¡abrase visto caradura!). Y lo ha conseguido, pero trayéndose un arco iris de pastillas en bolsitas.

Han venido a visitarnos las Hermanas Clarisas de Lunsar con un grupo de voluntarios españoles e italianos. Después de la eucaristía, les he acompañado a la poza de Bumban. El entorno es realmente hermoso, y les ha encantado. Medo, caminaba al frente espantando a alguna posible cobra interesada en los visitantes.

Se ve que son gente muy maja. Me han mareado a preguntas:

-¿Puedo preguntarte algo muy personal?

-¡Dale!

-¿Si pudieses elegir, donde te gustaría morir? ¿De qué país te sientes ciudadano?

No son preguntas fáciles de responder, la verdad. Hace tiempo leí que no merece la pena vivir más que por lo que uno es capaz de morir. ¡Y es verdad! La capacidad de dar la vida por alguien o por algo es lo que marca la intensidad de nuestro amor. Lo único que os puedo decir es que si estamos trabajando aquí, en Sierra Leona, es porque en un momento dado seriamos capaz de morir por ella.

Me encanta la poesía de León Felipe, y algunas de sus ideas. Soy un gusano que sueña, acostumbraba a decir, pero se que el viento y la luz pueden convertir al gusano en mariposa. Y obsesionado con ese viento (Espíritu, me atrevería a decir yo en cristiano) que lo zarandeaba de aquí para allá, nos deleitó con una de mis poesías preferidas: Romero. En ella nos aconseja realizar los oficios con respeto, y a nunca rezar como el sacristán los rezos. Debemos ser romero, romero siempre de pueblo en pueblo, sin dejar que hagan callo las cosas ni en el alma, ni en el cuerpo.

El callo insensibiliza, nos hace perder sensibilidad, esa tan necesaria para vivir entre la gente y para la gente. Por eso aconsejaba al poeta no cantar las glorias de un solo pueblo, ni las flores de un solo huerto. Más bien, insistía, que sean todas las flores y todos los pueblos vuestros.

Hoy me toca compartir mi vida en Sierra Leona, y a ella me debo. Antes fue Chihuahua, en México; luego  la Ciudad de los Niños de Costa Rica; más tarde España, y Las Cruces, y El Paso… Lo importante es poner el corazón y el alma en lo que uno está haciendo…, y, sobre todo, hacerlo con respeto. Sabiendo caminar siempre al lado del pobre sin olvidar que es un hombre, y junto al rico sin creer que es un Dios.

El almuerzo, como siempre, exquisito. ¡Ja!, y repitieron el viaje con las mismas empanadas que nos encantaron tiempo atrás.

Cuando les contaba alguna de mis aventuras, me he llevado la sorpresa de que una de las Hermanas, Silvia Rivera, era costarricense, de Aguacaliente de Cartago, un pueblecito pegado a la Ciudad de los Niños. ¡Dios santo qué mayor me estoy haciendo! Hemos echado cuentas, y resulta que yo llegué a la Ciudad de los Niños el año en que ella nació, y me fui cuando ella tenía 10 añicos.

Pensábamos que hoy elegirían definitivamente al Paramount Chief de Kamabai, pero no hay forma de que se pongan de acuerdo. No se como le llamarán los limbas, pero lo que aquí se dio no tiene nada que envidiar a la Intifada Palestina. Se han liado a pedradas mandingos y limbas que para qué os cuento. Y la policía, bien, gracias. Ya os comenté cual era el problema hace poco tiempo. Los mandingos no tienen derecho a dirigir en el Biriwa Chiefdom porque es mayoritariamente limba, pero resulta que el Presidente y Vicepresidente de la Nación son mandingos y apoyan descaradamente a los de su tribu. Y como los limbas no piensan ceder…, pues que sea lo que Dios quiera.

Domingo, 30 de julio del 2006

Si la vida de Casimiro es todo un poema, el árbol genealógico de Vicente Ramón no se le queda atrás. Cuando le he preguntado el por qué de su nacionalidad española, me lo ha soltado de carrerilla y nos hemos reído un rato. Le he pedido permiso para publicarlo y me lo ha dado.

Su bisabuelo era italiano y emigró a España, a Comillas, donde se enamoró de su bisabuela. El fruto de ese amor, su abuelo, fue a Filipinas a trabajar en una empresa española de tabaco. Allí quedo prendado de una españolita con la que se casó y vivió unos años en Filipinas. Tuvieron varios hijos, entre ellos, su padre. Cuando su padre cumplió 17 años, sus abuelos volvieron a España con la intención de que el muchacho conociese y se enamorase de alguna española. Parece que el retoño les salió un poco aventurero y prefirió alistarse en el ejército y pedir voluntario para Marruecos. La abuela, decidió que lo mejor era volverse a Filipinas para intentar que el muchacho desistiese de ideas tan bélicas y aventureras. El caso es que su padre decidió entonces casarse con una filipina en contra de la voluntad de sus abuelos. Y fruto de esa unión es el jovenzazo que ahora comparte conmigo sudor y trabajos en Sierra Leona: Vicente Ramón.

Esa es la razón por la que, a pesar de no dominar nuestro idioma, Vicente Ramón tiene pasaporte español. Lo que sí habla perfectamente es el portugués, ya que trabajó como voluntario tres años en nuestra misión de Lábrea, Brasil.

He hablado con mis sobrinos y estaban haciendo las maletas. Me ha hecho mucha gracia el despedirme con un hasta mañana. Espero que la huelga del aeropuerto El Prat, de Barcelona, no les afecte y hagan el viaje sin contratiempos.

Salgo con Casimiro para Freetown a las 7:00 de la mañana. Queremos hacer unas compras antes de pasar en el Ferry a recogerlos. Aprovecharé también para mandaros estas notas.

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Lunes, 31 de julio del 2006

Tempranito ha llegado Simón, el líder de Kanikay, para avisarnos de que habían robado la bomba del pozo. He salido disparado para Kapetebubu para avisarles de lo que había pasado y para que cuidasen la suya, pero ya era tarde. Los ladrones también se la habían robado. Me he llevado un disgusto tremendo y se me salían las lágrimas de rabia, coraje e impotencia. Además, se que la venderán por partes en Freetown por una miseria.

 Con la noticia todavía sin digerir, me he ido con Casimiro para Freetown porque esta noche llegan Laura, Ana y Javier a pasar dos semanas conmigo. Hemos matado el tiempo en el café Internet, pero estoy nervioso. Les he llamado un montón de veces para saber que todo iba bien, y me he tranquilizado un poco cuando me dijeron que ya se habían reunido en Londres.

Los Padres javerianos nos habían ofrecido gentilmente pasar en su casa la noche, pero al confirmarnos que hay un ferry de regreso a Freetown después del último vuelo, nos hemos decidido a cruzar y dormir en Korea Guest House.

El avión ha llegado con una hora y media de retraso. Me he logrado meter a la sala de recogida de equipaje: estaba ansioso por abrazarlos y ayudarles a que pasasen todo sin problemas.

Cinco aduanales nos invitan sonrientes a que les llevemos el equipaje.

-¿Me das algo para una bebida?, me pregunta una oficial con todo el descaro del mundo.

Le pongo en la mano 5 dólares y le digo que se lo repartan entre los cinco.

Mis sobrinos se sorprenden un poco, pero el caso es que salimos con las maletas marcadas con la ya famosa tiza azul y sin necesidad de abrir ninguna.

Nos sigue una procesión de gente intentando conseguir algo de dinero: policías, maleteros, taxistas, mendigos…

Deja la maleta, yo lo hago.-Soy policía y debo velar por la seguridad del equipaje de los pasajeros.

Sonrío, mientras le doy otro dólar a tan gentil agente.

La verdad es que estoy de un generoso subido, y todo por la alegría de ver a mis sobrinos sanos y salvos en mi tierra.

El ferry se llena tres carros antes que el nuestro. Como les avisamos a los javerianos que no nos esperasen, y ya son las 11:30 p. m., no nos queda más remedio que ir a dormir al hotel del aeropuerto. La habitación, más cara que en la Costa Azul: 115 dólares. Alquilamos solo dos, una para Casimiro y para mi, y otra para Laura, Ana y Javier.

Cerveza, conversación…, me parece increíble el verlos allí y el poder compartir con ellos todo lo que vivo y siento entre mi gente.

 

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