Desde el puente de los sueños: “…Y los sueños, sueños son”

Alejandro Sanz

Me ha costado aterrizar mentalmente en mi día a día en la frontera. Poquito a poco voy tomando el pulso a los sobresaltos diarios y me doy cuenta de que el tema migratorio sigue siendo “el pan nuestro de cada día”.

Pedro Calderón de la Barca, en su obra La vida es sueño (1635), nos recuerda que la vida, toda la vida, no deja de ser una ilusión, un sueño, una quimera, y que los sueños, sueños son.

Alejandro Sanz, cantautor español, nos recordaba el otro día, 14 de septiembre, en su concierto en Don Haskins Center de El Paso, Texas, que “todos tenemos sueños y cada uno de nosotros deberíamos tener el derecho de poder soñar libremente”. Ha lanzado una cruzada personal, con venta de camisetas incluida, en favor de los “dreamers” (soñadores), que se comercializa en sus conciertos. Y cuyos beneficios se destinan íntegramente a asociaciones que trabajan desinteresadamente por esos muchachos que habitan en un cuasi limbo legal. Qué pena que sean poquitos los migrantes que se pueden permitir el lujo de comprar una entrada por 300$ para poder disfrutar de su arte. Pero hay que agradecer su esfuerzo por defender los derechos de los que se atreven a soñar, aunque en ello les vaya la vida. Y es que son tantos los niños a los que se les impide la posibilidad de labrarse un futuro digno… Que no conocen otra tierra que Estados Unidos, ni tampoco otra bandera, ni otro himno, ni otra cultura… Aquí crecieron y, aunque sus rasgos digan lo contrario, se sienten americanos. Luego, las leyes querrán convencerlos de otra cosa. Y estrellarán sus ansias de estudiar contra las puertas de la universidad, simplemente porque son “indocumentados”, “ilegales”, “sin papeles”. Y es que es prácticamente imposible que un “ilegal” pueda pagar sus estudios universitarios.

Mientras, la Iglesia, tan vilipendiada a veces, se esfuerza a pie de calle en aliviar las penas de los más pobres que llegan a nuestra frontera. Nunca he visto realizada tan palpablemente la regla de San Benedicto “ora et labora” (reza y trabaja) como en esta tierra. Rezamos por ellos y lo hacemos inter confesionalmente. Luego nos unimos en el trabajo.

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Norma Pimentel le llaman la monja de los inmigrantes. Norma es de Brownsville, Texas, hija de inmigrantes mejicanos. Así que su pasión por los que cruzan la frontera es algo genético. Si le preguntas cuántos reconocimientos ha tenido, se ríe y te dice que el mayor reconocimiento es el ver a una familia “reunificada”. Está a cargo de las Caridades Católicas de la Diócesis de El Paso, Texas, pero pasa más tiempo en la calle que en la oficina.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos en sus artículos 13 y 14 reivindica muy claramente el derecho de las personas a moverse libremente y a buscar asilo si sus vidas corren peligro. Diversos tratados internacionales, firmados por casi todos los países del mundo, reconocen que el migrante es un sujeto de derechos y que la persona que migra no renuncia a sus derechos cuando sale de su lugar de origen. Y ese es precisamente el motivo que nos anima a seguir en la brecha defendiendo los derechos de los que tocan a nuestra puerta.

Solo me queda deciros que nunca supe nada de los tres jóvenes centroamericanos a los que acogí en mi parroquia. Cuando miro su fotografía le pido a Dios con todas mis fuerzas que los cuide. Y si “los desaparecieron”, que los tenga en su gloria.

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