Desde el puente de los sueños: La gran mentira

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La lista de los derechos humanos universales está recogida en los treinta artículos que ratificó la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (Resolución 217 A (III) del 10 de diciembre de 1948), en París, tras la Segunda Guerra Mundial, y que dio vida a uno de los documentos más importantes de la historia de la humanidad: la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Hoy, en El Paso, Texas, no siento que esa Declaración de Derechos sea una gran conquista de la humanidad, sino su gran mentira.

 “En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país”. Leer ese derecho tambalea mi credibilidad. Ni os podéis imaginar la cantidad de personas del Processing Center que se han desahogado conmigo, mientras esperan inquietos la corte en la que un Juez Federal decidirá si su historia es creíble o no. Pero cada vez son menos las historias creíbles y más las deportaciones. Terminan resignados a pesar de que ellos saben muy bien que el regreso a su País de origen supone volver al miedo y a la inseguridad. Es cuando constato que su fe es más grande que la mía. “Diosito sabe”, me dicen.

Traigo a mi memoria los versos de una canción que cantábamos en nuestra infancia:

Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralará, vamos a contar mentiras.

Por el mar corren las liebres, por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas, tralará…

Llevamos mucho tiempo escuchando afirmaciones sencillamente falsas sobre la inmigración en Estados Unidos: claras y llanas mentiras que, en ocasiones, también son insultos. Como esa vez en que se dijo que “ha venido a este país lo peor de cada país”, los llamados “bad men”: sicarios, proxenetas, ladrones, alcohólicos…  Miente que algo queda.

Ir de compras a Ciudad Juárez significa hacer de 3 a 5 horas de fila para poder regresar a El Paso. Eso, siempre y cuando no hayan cerrado el Puente Fronterizo por causa de los continuos intentos de los migrantes de tomarlo por asalto para cruzar al País de las oportunidades. Estos días, como los Centros de detención están colapsados, tuvieron que improvisar una especie de Campamento de Refugiados debajo del mismísimo Puente Santa Fe. Y, como declaraba uno de los migrantes a un medio de comunicación, en el suelo, con aislantes metalizados, con niños, con dificultades para el aseo…, los días se hacen interminables.

Y si para un adulto no es nada fácil aguantar tal situación, imaginaros lo que significará para un niño. Un niño, eso sí, cargado de derechos tales como: derecho a la educación, a vivir en familia, al descanso y al esparcimiento, a la vida, a la supervivencia, al desarrollo…

 El Papa, en Marruecos, insistía en que la migración es una “herida que clama al cielo, y que nuestra respuesta no puede ser la indiferencia y el silencio. Nadie puede ser indiferente ante este dolor. Los muros y el alarmismo no impedirán que la gente ejerza su legítimo derecho a buscar una vida mejor en otro lugar”.

Hay quien piensa que tiene a Dios de su parte, pero se opone al Dios misericordioso. Y cuando trata de implantar la justicia de Dios, simplemente planta un muro en la cara del mismo Dios y lo expulsa de su casa. Esa es la triste verdad de quienes en nombre de Jesús han matado y siguen indiferentes al dolor de tantos y tantos hermanos… ¡Qué bello es el mensaje que nos anuncia que hay misericordia y no juicio, que hay compasión y no condena, que hay amnistía y no cárcel!

2 Respuestas a “Desde el puente de los sueños: La gran mentira

  1. Desde la lejanía geográfica de esta realidad, pero muy cercana en el corazón, te envío todo mi apoyo, José Luis, y me congratulo de tu lucha y de la de tantas personas que buscan legítimamente un futuro, y la liberación de sus vidas.

    Lo mejor sería que pudieran vivir en sus casas, junto a sus familias, y en su tierra. Los emigrantes es lo que anhelan, pero sus sueños se ven truncados, porque no les dejan vivir ni realizarse como seres humanos. Entonces, no les queda otra salida, que huir en busca de amparo.

    ¡Que el Señor me los bendiga a todos, a pesar del sufrimiento!. Yo estoy con todos ellos, y contigo, querido P.Garayoa.

    Un cálido y humano abrazo.

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  2. Yo se que me dejo ganar por la intolerancia y me sale de adentro el “ser irracional” que le desea el mAL A TODOS AQUELLOS POLITICOS NEFASTOS POR SU FALTA DE EMPATIA y por su avaricia inveterada…
    Soy conciente que no me voy a ir al cielo cuando muera….pero al menos,mientras viva,podre maldecirlos largamente a todos aquellos que permiten que sus pares vivan de esa manera.
    Me parece escuchar las palabras de Pirata,pidiendome que vuelva al orden….que sea un poco mas tolerante…y que en definitiva,dios tiene y tendra siempre la ultima palabra….

    pero a veces no me alcanza.

    Abrazo grande,Pirata….desde Rosario,Santa Fe,Argenzuela.

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