Desde el puente de los sueños (3)

Aletio dia del autismo

Hoy he recibido otro regalo, esta vez de Aletio. Me ha dejado sin palabras y me he permitido la libertad de utilizarlo como una entrada de mi blog. Parece que lo escribió hace un tiempo, pero hoy ha decidido compartírmelo y me ha dado permiso para que yo a su vez lo comparta con vosotros. Gracias, Aletio, eres increiblemente buena persona y tus sentimientos honran a quien te dió la vida.

Tu compromiso ahora es aquí, en el puente de los sueños, como tu describes tu misión. Les toca a mi gente, mis raíces, mis entrañas.

Agradecemos profundamente lo que con alma nos entregas. A veces, con la tuya desgarrada por el dolor de alguna partida, o por la impotencia de las injusticias. Pero en tus misiones, no ha habido ni una sola en la que no hayas pensado siempre primero en los demás para hacerles el bien.

Yo podría abrir mil cuentas en Facebook y no me alcanzarían para contar todo lo que has hecho por mí. Simplemente, el llegar a mi vida para aceptarme en la tuya y compartirme a los tuyos a dado más luz a mis días.

Papá yo sé que tú conoces lo más profundo de mis sentimientos, que percibes siempre que te escucho atento y te comprendo. ¡Ay papá que regalo me ha hecho Dios con tu presencia en mis días!

El pasado no siempre debe de ser pasado, porque hay obras, acciones, que se deben recordar siempre. Estoy seguro que en Sierra leona piensan y extrañan a Grampa todos los días.

La misa de mi papá en Inglés fue muy emotiva. Creí que eso del sentimentalismo le sucedía más a las mujeres por eso del desajuste hormonal del que me habla mi Ellie. Olvidó decirme que los que nacemos y nos criamos con padres de corazón inflado más que al límite, heredamos la vulnerabilidad y lloramos cuando el corazón se pone nostálgico. Hoy nos sucedió a mi padre y a mi así.

Papá está recién llegado después de 10 años en los que día a día desgarraba su piel, su alma y su corazón por un pueblo en el que el olvido era su pan de cada día, por toda una vida. Ahí donde los pequeños corrían descalzos detrás de una lata, o una pelota, y un número 10 dibujado en su espalda, sintiéndose su ídolo favorito.

Diez años dónde veía a los bebés, niños, adultos y muy ancianos morir por desnutrición, malaria, picaduras de serpientes y, por último, por el ebola.

Donde las niñas eran vendidas, en ocasiones por su propia sangre, para el servicio y placer de seres sin corazón. A ese tipo de personas a los que no se les puede llamar hombres.
Diez años de ser testigo de la falta de educación y, como consecuencia, la explotación y abuso de los aldeanos por no saber leer y escribir.

Pero como sucede en la vida: No todo será gris, no todo permanece azul brillante por siempre.

Papá, como cabeza, fue instrumento, junto con otros seres generosos en tiempo, trabajo, esfuerzo y ayuda económica, para enseñar, compartir un poco, y cambiar vidas. Para ayudar a alcanzar sueños. Porque, aunque no se lo crean, los negritos de Sierra Leona de papá sueñan todos, al igual que ustedes, que nosotros, que tú ó que yo. Lo que sucede es que pocos préstamos atención e interés para darnos cuenta qué es realmente lo que sucede.

Después de 10 años de misión realizada con el alma, vida y corazón, papá salió de África sin dejarle la vida resuelta a nadie, pero si enseñándole a muchos que si se quiere, y se educa, y se aprende, luchando y trabajando duro, se logra vivir mejor.

Dejó, entre muchas cosas, 50 pozos de agua excavados, un invernadero dónde han aprendido a cultivar lo que más tarde venden para subsistir. Construyeron escuelas: pre-escolar, primarias en aldeas remotas, secundaria… De haber seguido ahí un par de años más, sé que me hubiera tocado visitarlo para la inauguración de una Universidad. Si el médico no le hubiera dicho que ya no debía regresar más, que 22 malarias eran suficientes, y que no podía poner más en peligro su vida, José Luis Garayoa estaría hoy en Kamabai, África, y no en El Paso, Texas. Y yo no me hubiera emocionado hoy en su misa, cuando le vi llorar y sentí su nostalgia por su África querida. ¡África en su corazón!

Hoy camina en tierra firme, en el País de las oportunidades, en la primera potencia mundial. Y papá aún no se acostumbra.

Está en el País de la abundancia, tanta que se tira a la basura la comida que se preparó y no se sirvió en los desayunos ó almuerzos escolares. En el País donde si no te gusta algo que compraste, lo puedes regresar a los 20 días, si conservaste tu recibo, recibiendo el importe de lo que pagaste. Si no lo tienes, te darán una tarjeta con el valor de tu compra para que la uses cuando tú quieras.

Está en este lado del océano, en pleno desierto, donde se siente más el calor de los rayos del sol, que ese calorcito humano que le regalaban sus negritos cada vez que sonreían. Porque, eso sí, no tendrán ni un par de zapatos que ponerse, pero su sonrisa no se la niegan a nadie.

Hoy más que siempre papá, estoy contigo. Hoy día siento tu nostalgia. Hoy, como siempre y como cada día desde que llegaste a mi vida, agradezco a Dios la tuya, y le pido para que pronto te acostumbres a este ritmo y estilo de vida. Pero, sobre todo, pido por tus negritos de Sierra Leona , África.

Te quiero papá y te admiro más que al límite.

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Una respuesta a “Desde el puente de los sueños (3)

  1. Tal hijo para tal padre, Alejandro siempre emociona, ahora y antes. Corazón gigante, amor sin fin. Me alegra infinito saber de él, saber que de nuevo estáis juntos compartiendo vida. Os quiero, abrazos enormes

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