Cuando la vida duele (3): Hna. Elisa Padilla, Misionera Clarisa

Elisa Padilla

La Hermana Elisa es una de las mujeres más increíbles que he conocido en toda mi vida. Javier Atienza, el que trabaja ahora en Emergency Hospital, me decía el otro día, después de que Elisa llamase al Ministro de Finanzas pidiéndole una ambulancia para Manuel: “estoy seguro, Grandpa, que esta monja tiene el whatsapp de Dios”. Su particular “manos libres” es un teléfono del año cataplúm sujetado con la toca para poder seguir trabajando. No hay pena o necesidad que no pase por ella y que no le conmueva las entrañas. Y encuentra soluciones imposibles con la misma naturalidad que el mago saca un conejo de su chistera. Me atrevo a asegurar que en Sierra Leona si Elisa no existiese habría que inventarla.

Me dijo una burrada por teléfono. También Santa Teresa las decía (“He de seguir a Cristo, aunque reviente en el camino”). Me dijo que si no conseguía ambulancia era capaz de cargarse a Manuel a la espalda. Y corazón le sobra para intentarlo. Y hoy me llamó para ponerme la puntilla y sacarme las lágrimas. Me dijo que me quería enviar un correo para desahogarse conmigo. Le he pedido permiso para compartirlo y me lo ha dado.

José Luis,

Quiero compartir contigo unas reflexiones.

“Mandame Señor caminar sobre las aguas para saber que eres Tu quien está en medio de esta tormenta”.

Si, José Luis, así es precisamente como me siento en estos momentos: la barca a flote, y sin fuerza para remar, sin distinguir la presencia de Jesús que sin lugar a dudas está a mi lado. Dicen que el compartir es la mejor medicina por eso quiero enviarte estas líneas sabiendo que comprenderás.

La dura prueba por la que Manuel pasa por estos momentos, se ha llevado parte de mí. Tu bien sabes la amistad profunda que nos une a pesar de que muchas veces nuestros apostolados, tan diferentes uno del otro no nos permitían vernos tan a menudo. Bastaba un sms, un momento a los pies del sagrario, un compartir alguna reflexión en internet, o simplemente el saber que estábamos bajo un mismo cielo.

Todo ha pasado tan rápido que me cuesta creer que Manuel se encuentre a tantas millas de distancia de aquí, y ¡en qué situación!

IMG_6897La semana pasada le llame para saludarlo. Todos sabíamos que hacía poco en el hospital habían terminado la cuarentena y aunque ya lo habían  abierto, los pacientes eran pocos. México celebraba la independencia y que mejor que un “gachupin” cocinara la paella para todos los que nos reuniríamos en casa ese día. Al contestar el teléfono, su voz no era clara, “¿qué tienes, Manuel?”, le pregunte. Había estado con un poco de malaria y estaba en tratamiento, pero la fiebre no cedía. Al día siguiente me comento haberse mareado en el quirófano, por lo que estaba descansando.

Una llamada telefónica el jueves por la tarde me dejo sin aliento:

 “Manuel no está bien, ¿puedes conseguir una ambulancia para que le hagan la prueba del ebola?”

Sentí como si me hubiera quedado suspendida en el aire. Decía para mis adentros, “no puede ser, Señor, sé que lo amas tanto como a mí. No permitas que se haya contagiado. Sé que es solo una pesadilla de la que despertaremos”…

Esa misma noche llegaron por él y fue trasladado al hospital de Lakka. El resto lo hemos vivido juntos. ¿Recuerdas, José Luis, la llamada telefónica que confirmó el diagnostico? No hubo necesidad de muchas palabras. “El resultado fue positivo. Manuel se ha contagiado de ebola”. Una frase que resonaba como eco dentro de mí. Traté de llamarlo como había hecho esa mañana pero su teléfono estaba ya apagado.

Corrí entonces al Sagrario: ¡“Sálvalo, Señor! ¡Sálvalo Madre mía!” Me decía muchas veces que no podía ser verdad. He vivido la epidemia del ebola desde que comenzó en el país. Hemos perdido gente con la que trabajábamos en nuestros apostolados. Oímos a diario cuantos mueren por el contagio y como unos se recuperan…Pero no me había tocado en carne propia. ¡Qué distintamente se ven las cosas! ¡Cómo vivimos esos momentos mientras era transportado en la ambulancia y esperábamos el despegar del avión que lo llevaría a España! No sé cuántas veces nos llamamos por teléfono pero me pareció una eternidad.

La enfermedad de Manuel es una fuerte sacudida. Ha puesto a prueba mi fe; una fe que yo consideraba a prueba de fuego y que descansa en la sólida roca del amor misericordioso; una fe que me sacude y grita que no puedo ser sensible solamente al dolor de quien es mi hermano y amigo, sino que debe alcanzar a cada persona que sufre. Manuel – Dios con nosotros- está presente en cada persona que encontramos en el camino.

Estos días mis labios y mi corazón no han dejado de rezar porque se recupere. Al mismo tiempo que pido al Señor me permita sentirme cerca de cada hermano que sufre, de estar presente con la mano extendida a quien pide ayuda aunque solo pueda darle una palabra, una mirada, un gesto que transmita el amor de Dios por nosotros.

José Luis, mientras esperamos oír la noticia de la recuperación de Manuel sigamos siendo el apoyo de tantos que aquí nos necesitan. No esperemos a que los que enferman sean los que amamos de un modo especial, por la amistad que nos une, para movilizar todos los medios disponibles y venir en su ayuda, sino que sepamos ver en cada uno de los que están cerca de nosotros a ese Jesús que nos tiende su mano.

Con afecto,

Elisa Padilla, m.c.

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7 Respuestas a “Cuando la vida duele (3): Hna. Elisa Padilla, Misionera Clarisa

  1. No puedes decir mucho cuando el amor desinteresado y sin límites se hace presente a través de seres extraordinarios, de carne y hueso, que aunque se tambalean y tiemblan cuando la impotencia les alcanza, miran al cielo o al Sagrario en silencio y le gritan a Dios que pare ya.
    Que siga presente con todos ustedes. Pero no claudican, no abandonan.
    África necesita antídoto contra el ebola. El mundo necesita antídoto contra la indiferencia, contra el egoísmo y el desamor.
    Gracias Hermana Elisa Padilla, gracias por existir y gracias por resistir.
    Aguanta, aguanta, porque tú corazón inflado te permitirá despertar, con muchos de los que amas, de esta pesadilla. Te van besos y abrazos. Siempre rezo en las mañanas con mi Ellie, y pido por mi papá, por Rene, por Medo, Manuel, Javier y todo África. Hoy tú ya estás en mi corazón incluida.
    Aguanta para cuando todo esto pase y yo pueda salir de aqui, ir a conocerte y darte un beso y un abrazo.
    Recibe mi agradecimiento y cariño.
    Alejandro Garayoa Muro

  2. Gracias mil Hermana Elisa. Te tendré presente en mis oraciones y creo que tu testimonio va dando la vuelta al mundo. El Amor no tiene fronteras, así lo entendió Nuestra Beata Madre Maria Inés. Estamos contigo. Desde este Sagrario de Gardena, Ca.
    HNa Ruth MCSS

  3. A mi querida hermana:
    Desde aca ofrezco a Dios los malestares de mi enfermedad, la misa y comunión por tí y por tu gente. La familia estamos unidos en oración rogando a Dios te sostenga en tu tribulación. Un abrazo

  4. De las mejores cosas que me han pasado en la vida fué trabajar con la hermana Patricia, con la hermana Adriana y con la hermana Alma en Milla 91 y conocer a la hermana Elisa, al hermano Manuel, al Padrer Garalloa… y a tantos otras personas que estan dando su vida por los demás. Todos ellos hacen que entienda: “Quien no se lanza mar adentro nada sabe del azul intenso, de la vida que bulle dentro, de la alegría de sentirse sin amarras, guiado solo por Dios. Bienaventurada la barca que no se queda en la orilla”
    Dios está con vosotros.

  5. Tuve la dicha de conocer al Hno. Manuel y de recibir su ayuda para mí y para los enfremos de la parroquia del Rosario en Mange Bureh.
    Ya desde que trabajaba ahí, sentía la gran estatura de los misioneros y misioneras que habían resistido a la guerra, entre ellas la Hna. Elisa.
    Aprendí mucho y todavía queda mucho por aprender.
    Los Misioneros de Cristo estamos presentes por medio del P. José Radilla, ahora en Novenario por la Virgen del Rosario en Mange Bureh.
    Pero tenemos que hacer más, el Espíritu nos lo exige.
    Gracias Hermana Elisa, Dios te conceda mucha fortaleza, y que viva en tí el carisma misionero de la Beata Me. María Inés.

  6. Gracias Eli por tu testimonio , tu entrga. Tienes las oraciones de toda la Fmilia Inesiana. Te sigo queriendo. Lo que se da no se ouede quitar. Con mis oraciones. Cristo y Maria Sma. caminan de delante de ti. Yadira M.C.

  7. Pingback: El WhatsApp de Dios | STOLPERSTEIN

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