Natán, El Profeta

Natan y Musu

Hay personas que pasan por tu vida sin afectarla lo más mínimo. Otras, en cambio, que dejan en ella una huella imborrable para toda la vida. Natán pertenece a los segundos.  Aprendí en Teología que profeta es aquella persona que hace de su vida un constante testimonio de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Es decir, aquel que, rico en ternura, en clemencia y leal, no vuelve la espalda al necesitado.  Y eso es precisamente lo que mi “amigo”, lo llamo así porque su amistad me honra, ha hecho durante 5 años en nuestra Misión. Y no solo ha ayudado profesionalmente a nuestra gente, sino que también nos ha hecho compañía a los que hemos hecho del servicio al pobre el sentido de nuestra vida. Compañero es quien parte y comparte el pan a tu lado. El pan y las penas. Las alegrías y los sueños.

Cura y cuida, pero el cuidado se extiende en el tiempo y aumenta año tras año el tamaño de su maleta con nuevos zapatos, y mochilas, y material escolar… Y es que los niños se le cuelan en el corazón en cuanto le sonríen.  Apunta meticulosamente, que meticuloso lo es mucho, los regalos que debe de traer para cada uno. Y me sorprende la facilidad que tiene para acertar con el número de pie o con la talla del vestido. Y deja arroz de propina para alegrar el estómago de sus niños al menos para unos meses. Hay quien le dice “Chico Martini”, y razones no le faltan.

El Dios en quien yo creo habita el corazón de Natán, aunque a él no le guste demasiado hablar del tema porque se confiesa agnóstico. Pero yo le pido a mi Dios que me envíe agnósticos de ese calibre cuantas veces quiera.

Esta entrada le pertenece porque suyas son las palabras.  Os dejo con sus sentimientos, los de su última visita, que ha querido compartir con todos.

Antes de viajar por quinta vez a Sierra Leona, ya sabía que la situación del ébola era complicada, aunque todavía no habían aconsejado expresamente el no viajar allí desde el Ministerio de Asuntos Exteriores de España. Me costaba encontrar información clara al respecto, por lo visto a nadie le importaba demasiado hasta que no afectó a un occidental… Es triste decirlo, pero así lo considero y así lo viví yo.

Este año iba a ser mi último año en Sierra Leona. Tras haber estado ya allí en otras cuatro ocasiones, tenía la intención firme de ir de nuevo, a pesar de ese contratiempo. Creo en la “compensación universal”, es decir, en devolver un poco en esa parte del mundo lo que se hace por nosotros aquí.IMG_20140808_002402

A una persona muy cercana le diagnosticaron una grave enfermedad a mediados de abril, y desde que lo supimos hemos tenido mucha suerte de contar con el sistema sanitario y los medios que tenemos en esta parte del mundo.

Desde ese momento no paraba de pensar —y lo sé a ciencia cierta porque lo he visto ya muchas veces— en el pronóstico y la falta de tratamiento que supondría padecer lo mismo en países como Sierra Leona.

En esta parte del mundo, mucha gente se llega a morir de cosas que a unas horas de avión, en nuestra sociedad del bienestar, no ocurrirían…Eso sí es una pena, que esto pase en el mundo. Parece que haya vidas de primera y de segunda…

Nosotros hemos nacido en la parte “afortunada”, por lo menos nuestra atención de calidad en salud está garantizada, quizás sea más fácil valorarla cuando no se tiene.

Esa idea de la “compensación universal” es la razón de volver este año 2014 a atender personas en Sierra Leona durante este periodo vacacional. En nuestra sociedad nos cuidan, nos dan la posibilidad de sobrevivir y curarnos de ciertas dolencias que en Sierra Leona y tantos otros lugares del mundo serían impensables de tratar…

Preparé mi viaje con mucho tiempo (como siempre), y mi estancia en Kamabai ha durado unas tres semanas. Llevé 50 kilos de material sanitario en las maletas facturadas. Según llegaba el momento de viajar decidí incluir también en el equipaje material de protección individual, porque no sabía claramente lo que me iba a encontrar al llegar allí o sobre todo si la situación empeoraba…

Los misioneros me habían advertido que las cosas no iban a poder ser como otros años, en los que abríamos el pequeño dispensario y atendíamos a la población local, hasta 100 personas en un día. Esta vez no era juicioso abrir el dispensario a toda la población y que estuviesen en la choza habilitada como “sala de espera” decenas de personas llegadas de las aldeas.Curando a Joe

Entre ellos podría haber algún caso de Ébola y no contábamos con los medios necesarios para tratarlos y aislarlos. Se había extendido la idea de que el sistema sanitario del país no atendía adecuadamente a los casos, ni disponían de los medios necesarios, por eso era muy probable que se descontrolase la situación. Se decidió, al no haber otra alternativa, mantener cerrado el dispensario al público.

Sin embargo no dejamos de atender casos concretos que, para mí, ya compensan con creces el esfuerzo de la estancia. A veces es una excusa el pensar: “como no puedo arreglar todo, es mejor que no haga nada”; me quedo con los pequeños cambios que pueden ser insignificantes a nivel global, pero que pueden ser “un mundo” y proporcionar otra oportunidad a nivel personal. ¿Eso, no es mucho ya?

Natan y Joe Bay KamaraAl final, son caras, historias, miradas y nombres propios… Como Joe, un niño de 18 meses que se quemó todo el brazo izquierdo con aceite hirviendo, al que realizábamos curas diarias que duraban casi una hora… ¿Cómo no atenderle?

Algunas personas han publicado sobre si hacíamos heroicidades allí. Yo lo veo de otra manera: de hecho creo que cualquier persona (sin ser sanitario) con esa situación delante y contando con medios y destrezas para ello, lo haría… Ni héroes, ni nada, sólo personas… Está claro que un niño quemado no es un enfermo de Ébola… Es imposible mirar para otro lado…

Cuando comenzamos a atenderlo tenía una quemadura importante en extensión y profundidad de catorce días de evolución. La familia le llevaba a curarse al dispensario local, donde le realizaban costosas e insuficientes curas que no podían costear.

Aunque por ley la atención sanitaria es gratuita en el país hasta los 5 años de edad, a la hora de la verdad esta familia tenía que pagar unos 50.000 Leones (unos 8 euros) cada vez que le curaban. Si sumamos día a día por cada cura necesaria, es una suma imposible de pagar para la mayoría de la población local.Natan y Javier

Eso sin tener en cuenta lo insuficiente de los medios que usaban para atenderle: nos dijeron que una cura como la que nosotros aplicábamos no valdría menos de 150.000 Leones.

Hablaría de muchos otros casos similares que han llegado a nosotros este año… Actuando con precaución y sentido común, hemos podido aportar un pequeño grano de arena a la situación de esas personas sin arriesgarnos innecesariamente.

Las complicaciones del momento han sido muy significativas frente a otros años. Muchas personas, ante cualquier signo de fiebre, no buscaban atención sanitaria por temor a ser llevados al centro de internamiento en Kenema, lo cual iba a significar con muchas probabilidades muerte segura…

Natan y Javier 1Cuántas muertes a causa de malarias no atendidas y otras tantas enfermedades que no son Ébola… En los últimos seis meses, en los que el brote de Ebola se ha llevado la vida de casi mil niños y adultos, sólo en el África subsahariana han muerto aproximadamente 298.000 niños de neumonía, 193.000 de diarrea, 288.000 personas de malaria.

La sanidad en Sierra Leona era y es nefasta. No tienen medios para hacer frente a las enfermedades comunes; menos aún para una emergencia de esta magnitud y envergadura. Ellos solos no pueden hacer frente a esto. No creo bajo ningún concepto que la probabilidad de supervivencia de un caso de ébola sea la misma allí que en cualquier país desarrollado.

Y es que… ¿Qué clase de atención sanitaria se da a un paciente aislado que tiene que escaparse literalmente del hospital (como hemos visto en las noticias) para conseguir algo de comer en un mercado? ¿Alguien cree que en estas condiciones se le va a estar proporcionando la atención sanitaria adecuada y necesaria para salvarle?

Está claro que debemos preocuparnos por el brote de Ebola, pero no por los motivos que se han propagado en las noticias o en los blogs. Deberíamos preocuparnos por el ébola, pero no por la amenaza que puede suponer para Occidente, sino por lo que dice sobre el estado actual del sistema sanitario en África y sobre muchos otros recursos limitados en todo el mundo.

La verdadera tragedia del brote de Ebola es que la mayoría de africanos no tiene acceso a los medicamentos, instalaciones y profesionales de los que disponemos en Occidente desde hace décadas, y que podrían haber evitado el descontrol de la epidemia. Además, se podrían haber empleado las mismas medidas para reducir la mortalidad causada por otras enfermedades que en la actualidad están matando cada día a mil veces más personas que el ébola.

Pinche cocinaLos misioneros, con sus virtudes y defectos, siguen al pie del cañón dando su salud, su energía y su vida por los demás. Podrían llevar una vida más fácil pero han querido, han decidido y han elegido continuar arriesgándose por seguir cerca de lo que ellos consideran su “rebaño” y por mantener y cuidar todo lo que han conseguido con tantos años de esfuerzo y dedicación.

Les han ofrecido la posibilidad de marcharse (yo lo sé, he estado allí cuando lo han hecho), y alejarse de la zona cero; podrían pensar que “ya he hecho bastante”, que “ya es suficiente”… Pero no quieren marcharse, se resisten a ello a pesar del peligro que eso encierra… No quieren dejar la misión sola.

Ahí es donde yo veo la diferencia entre una ONG y estas personas que creen en su misión y vocación. Para ellos es su modo de vida y fluye dentro de ellos, no es algo accesorio que se quiten o pongan. Vaya para ellos mi máxima admiración y respeto.

A modo de conclusión, recuerdo este texto de Eduardo Galeano: “Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable”.

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Una respuesta a “Natán, El Profeta

  1. Fray Jose Luis. Le mando mis saludos desde Costa Rica. Oro mucho porque Dios me los proteja de todo mal en su misión, a los misioneros, a los voluntarios y a las personas necesitadas. Yo no soy una persona muy importante ni influyente, pero creo mucho en la oración, sobre todo en la oración que pide que se haga la Voluntad del Señor. Y eso es lo que pido, porque yo sé que lo que Dios quiere es lo mejor para todos. Espero que por medio de mi oración y de su ejemplo y misión, Dios toque los corazones de las personas que pueden realmente cambiar la situación en países como Sierra Leona y que los impulse a actuar por amor. Le agradezco que nos comparta sus viviencias. Cada vez que escribe algo en su blog, detengo lo que estoy haciendo para saber de ud, de sus hermanos misioneros y de los hermanos africanos a los que están ayudando. Que Dios me los proteja, les fortalezca y que la Virgen me los cubra con su manto.

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