Los brujos blancos

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Esta no es una entrada escrita por mí, la ha escrito Javier Atienza después de saborear en la distancia lo vivido entre nosotros. Agradezco el que haya querido compartir sentimientos íntimos y personales. Es un honor el poder contar con una persona de su calidad humana como uno de mis amigos. Fueron días intensos compartiendo el dolor y la necesidad de seres tan humanos como nosotros, a pesar de la diferente raza y religión. Y es en los momentos duros de la vida donde se fraguan las auténticas amistades. Amistades como la nuestra, Javier.

Era 4 de diciembre, volvíamos desde Mile 91 hacia Kamabai, y Grandpa me recordó el compromiso de compartir mi experiencia. Cruzábamos un paraíso terrenal, que para muchos podría convertirse en un gigantesco infierno de color verde. Ya habían pasado tres semanas desde mi llegada y tenía que empezar a pensar en escribir mis experiencias como voluntario. Al día de hoy, aún estoy digiriendo la experiencia que supone un mes en Sierra Leona, y aún me sorprendo cuando escucho de mis propios labios las brutalidades que suceden diariamente en este país de África occidental.

 Aeropuerto internacional de Lungui: Caos, calor, griterío y, como me habían avisado,  la policía y personal de aduanas intentando cobrarse el sueldo que apenas reciben del estado. Con la cantidad de medicamentos sueltos que llevaba, si me abrían la maleta el poder cerrarla se hubiera convertido en todo un problema. Así que una pequeña mordida de veinte euros era más que asumible. A la salida ya me estaban esperando José Luis y Medo.

IMG_6149 Tranquilo…. Cosas que posiblemente sean sencillas en tu hospital, aquí son toda una proeza.

¡Y qué razón tenía!

 Al poco de llegar, ya me di cuenta de que todo lo que pudiera aportar no era más que una gota en el océano. …Pero sin esa gota el océano sería más pequeño, me decía haciendo referencia a la madre Teresa de Calcuta. Demasiados pacientes para tan pocos medios y tan poco tiempo. Aunque, para ser sincero, no lo lograría arreglar ni aunque me quedara allá a vivir, trabajara las veinticuatro horas y me suministraran todo el material que necesitara. El problema era fundamentalmente la educación. El que para muchos, un médico es visto como otro brujo, y eso implica el conflicto con otros brujos. El que imperase la ley de la selva, la ley del más fuerte, y al débil y al enfermo se les abandone a su suerte. El problema era que la vida no vale absolutamente nada, y se miente y se roba de una forma tan  sistemática como la corrupción de todo el país. El problema es que la ignorancia mata más que la malaria…

 IMG_6180Bundu tiene 18 años. Se precipitó desde un árbol, y la consecuencia fue una lesión medular que le impedirá caminar y controlar sus esfínteres de por vida. Aunque su verdadero problema es el  haber nacido en Sierra Leona. Su familia gastó todos sus ahorros en el dispensario y en el brujo local. Como era de esperar, para nada. Su desgracia llegó a los oídos de los Agustinos Recoletos de la Misión, porque el muchacho solía asistir a la catequesis y hacía días que no lo hacía.

Fuimos a la aldea y entré en una cabaña oscura de barro y paja. Bundu estaba boca abajo, hundido en su propia mierda. Esperaba la muerte durante tres meses, mientras los gusanos se lo comían en vida. Respiraba porque la respiración es mecánica. Si de él dependiese ya hubiese dejado de hacerlo.

 La primera cura fue dantesca. Tras eliminar las heces, emergió el olor de la carne podrida. Detrás de la carne podrida apareció el sacro y la parte superior del fémur izquierdo. Debió ser tan nauseabundo que sólo José Luis, Grandpa, volvió a acompañarme cada día para hacer las curas. Y es que se necesita un estómago a prueba de bombas para no vomitar.

 Al día siguiente operé en Hospital Holy Spirit de Makeni. Las enfermeras robaron los calmantes de los pacientes recién operados, porque decían que eran powerfull (muy buenos) y los venderían bien. José Luis montó en cólera con la encargada y amenazó con escribir al Dr. Turay, Director del Hospital.

 Llevar la cirugía mayor ambulatoria me convirtió en brujo blanco. Cuando los operados en otros hospitales tenían que permanecer dos semanas hospitalizados, los operados por mi volvían a casa en unas pocas horas por su propio pie.

 IMG_6153Llevar el evangelio convirtió a José Luis, Grandpa, en el mayor brujo de todo el Biriwa Chiefdom. Cuando la población sucumbía a los teatrales hechizos de los supernatural man, él no sólo no se inmutaba, sino que además no se callaba y los retaba en el mercado del pueblo a demostrar sus poderes. Y se ofrecía a recibir en su cuerpo todos los disparos de las witch weapon (pistolas brujas) de los 10 mejores brujos del lugar. Nunca aceptaron su reto, porque la condición era que luego Granpa les dispararía a ellos una sola vez con la pistola de su amigo policía, Talabán.

 Por supuesto, la explicación más lógica para aquella pobre gente sin cultura era que el Grandpa era un hechicero de cagarse…, porque era capaz de retar a todos y no le temía a nada ni a nadie.

 Hay mil y una historias de Sierra Leona, terribles y hermosas a la vez, aunque por norma general predomina lo primero. La guerra, la miseria moral, económica, política y social. La barbarie y la ternura. La brutalidad de un pueblo sin conciencia de pueblo ni de bien común. Sin embargo, Sierra Leona representa para mí la llamada de un embrujo que te incita a volver a África

 No hay que dar un pescado, sino la caña para que pesquen su propio pescado. El problema es que aquí estamos en ese estado previo en el que  hay que explicarles el por qué tienen que pescar, me decía José Luis.

 IMG_6190Coincidiendo con otros voluntarios, más que miedo, la sensación general era la de desesperación. Pero hasta el punto de preguntarte qué demonios hacemos ahí. ¿Tirar la toalla? ¿Marcharme yo y marcharnos todos? Donde antes había pobreza, ahora no hay más que miseria. Donde había luchas tribales, dejamos guerras civiles. Donde había lanzas y flechas, dejamos armas automáticas obsoletas. Donde había diamantes cristalinos, hemos dejado diamantes de sangre. Con lo difícil que es a veces hasta echarles una mano, ¿por qué no nos vamos todos y los dejamos en paz?

 Muchas noches me preguntaba qué me llevaba a estar en medio de la selva. Quizás el deseo de conocer y practicar un tipo de medicina más real y más humana. O de conocer otro estilo de vida, para no acabar de creerme el que vivimos en Europa. ¿Qué justificación política o ideológica me llevaba a dejar mi pequeña ciudadela de felicidad en A Coruña para adentrarme en uno de los países más pobres de África?

Por fortuna para la humanidad  el impulso que guía a una persona a ayudar a otra persona es comparable al que guía unos labios hacia otros labios. Y eso no requiere de justificación alguna.

 Si una cosa es clara, es que el objetivo de mi visita no era evangelizar. En Sierra Leona estamos aún en ese estado previo en el que hay que enseñarles a ayudarse a sí mismos. Podría hablarles de amar la libertad por encima de todas las cosas. De dudar absolutamente de todo. De la igualdad de todos los hombres en dignidad por encima de las clases. De la estupidez de las banderas y de que las fronteras no deberían ser más que una raya pintada en un mapa. De que con la ley de la selva, sólo sobrevivirán los más fuertes, y en la sociedad actual, los más hijos de puta. Pero que si lo compartimos todo, lograremos sobrevivir todos…

IMG_6045 Pero esas palabras, por sí solas, son tan bonitas como vacuas. Al igual que el evangelio si no se vive en primera persona. Y es ahí donde creo aportar mi pequeño grano de arena a la misión. Unas pocas cirugías durante mis vacaciones son insignificantes para las cifras globales de todo un país, pero forman parte de un ejemplo de generosidad y de desarrollo. Lo mismo sucede con las escuelas, con los pozos, con la denuncia de la desigualdad, de la brutalidad de la ablación y de la corrupción…,  y con tantas cosas que realiza la misión.

 A pesar de no compartir las mismas inquietudes religiosas, es un orgullo que mis actos formen parte de esa buena nueva que predica José Luis. La buena nueva de que es posible siempre la esperanza. La única forma de llevar el Evangelio.

 Y no debemos irnos dejándolos sin ese granito de esperanza de que todo puede cambiar,  porque ni China, ni Occidente se van a marchar. Y si no ayudamos a estas gentes a ayudarse a ellos mismos, se ahogarán en guerras absurdas y en su propia corrupción.

Y si no nos ayudamos a nosotros mismos y  nuestros países no vuelven a ser soberanos, también nosotros  nos ahoguemos en nuestros propios mercados y corrupción.

 Era 4 de diciembre y volvíamos desde Mile 91 hacia Kamabai. Al pasar por Camp Charlie pedí a José Luis que parásemos. Le explicamos el motivo de nuestra visita al vigilante y nos dejó pasar.

IMG_6195 Todo sigue igual, nos dijo José Luis.

 Un depósito de agua destartalado y tres árboles solitarios.

 Era justo aquí, lo recuerdo perfectamente, nos dijo mientras se encaminaba hacía uno de los árboles.

Se le empezaron a enrojecer los ojos hasta rodarle las lágrimas por las mejillas.

Sí, justo aquí…

 Nos hicimos unas fotos donde estuvo secuestrado. Era 4 de diciembre, y acompañado por Medo, su mano derecha,  y por el nuevo brujo blanco, tras 15 años, volvía por primera vez al punto exacto donde en el mejor de los casos iba a ser fusilado.

¡Menudo sitio para volver a nacer!, pensaba para mis adentros… Y abandonamos el lugar donde probablemente el Brujo más grande del Biriwa se sintió el hombre más pequeño e indefenso del mundo.

 Volví a nacer para regresar, nos dijo subiéndonos al Toyota.

Y tú, Javier, también vas a volver.

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