Apuntes de vida diaria (12): Amanece

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Me ha sido imposible actualizar el blog por problemas con nuestra conexión vía satélite a Internet, parece que bloquea algo que no logramos entender. Ya en Madrid, y aunque con un poquito de retraso, os cuento lo que pasó en estos días de silencio forzoso.

IMG_6166El viaje de Bundu a Mile 91 fue todo un acontecimiento para la aldea de Mayongboh. Nadie quiso perderse la despedida, y tanto musulmanes como cristianos rezaron para desearle suerte. Yo me preguntaba interiormente si Dios sería capaz de escuchar la oración de quienes habían permitido que un muchacho se pudriese en una habitación sin mover un solo dedo para aliviar su situación. En fin, supongo que Dios lo entenderá mejor que yo, e incluso les perdonará, cosa que por el momento yo me siento incapaz de hacer. Si hubiese estado en mi mano, seguro que el fuego de Sodoma y Gomorra hubiese sido una simple hoguerita de San Juan en comparación con el que yo hubiese enviado a Mayongboh.

Javier curó a Bundu y lo preparó para el viaje de 3 horas al hospital. Me hubiese gustado meterme en el alma de Bundu para leer sus sentimientos al verse sentado en el Toyota Prado. Nos acompañó Medo para así poder ir charlando amigablemente con la madre y con el hijo en su propio dialecto.

IMG_6168Llamamos a la Hermana Adriana para decirle que necesitábamos un café y nos dijo que ya nos estaban esperando con impaciencia. ¡Cómo puede cambiar la vida una sonrisa! Con una sonrisa acogieron al muchacho, con una sonrisa curaron sus heridas en una cama de sábanas limpias, cortaron sus uñas, lo lavaron por primera vez en una ducha… Y Bundu se durmió. Creo sinceramente que se durmió como se duerme un perro agradecido cuando le acaricias la cabeza por vez primera.

Javier revisó a los que operó días antes. La Hermana Patricia nos pidió ayuda  para meter un codo en su sitio a un hombre como un armario de fuerte y de grande. Lo tumbamos en el suelo, le pisamos el hombro y el doctorcito tiró hacia arriba con todas sus fuerzas. Hizo crack, dio el hombre un alarido, y entró en su sitio. Si no entra, todavía estamos corriendo para que no nos mate, pero Dios se apiadó de nosotros y sí que entró.

Al despedirnos le pregunté a Bundu si se quería volver con nosotros a la aldea.

-No, at all (de ninguna manera) respondió.

IMG_6185Gracias a vuestra generosidad, les dejé a las hermanas un dinero para que cubriesen los gastos en mi ausencia. Según como sea el proceso de recuperación, y dependiendo de las ayudas, iremos viendo los pasos a seguir para que el muchacho pueda sobrevivir con un pequeño negocito. Pero lo primero y más importante es que sane de sus heridas y evaluar exactamente el alcance de su lesión.

Como el caso de Bundu hay miles, lo sé. Y sé también que el ayudar a alguien concreto es como una lotería. ¿Por qué Bundu sí y Ezequiel no? Quisiera llegar a todos, pero no puedo. Y aceptar mi limitación es ser sabio. Soy, somos, una gota de agua en el Océano, pero, como decía la Hermana Teresa de Calcuta, sin esa gota el Océano sería más pequeño.

De regreso volvimos a pasar por Camp Charlie y Javier me preguntó por qué no entrábamos. Un escalofrío recorrió mi médula espinal, pero acepté el reencuentro con mi pasado. Javier quiso saber el árbol donde nos iban a fusilar y se lo indiqué sin titubeos:

-Allí, al lado de los contenedores de agua, allí volví a nacer cuando alguien paró en el último instante la ejecución.

IMG_6195Nos sacamos una foto y de repente rompí a llorar. Me abrazó y lo tranquilicé, le dije que las lágrimas salían solas no sé por qué.

Dejar a Bundu con las Hermanas Clarisas supuso una liberación. No quiero que me malinterpretéis. No se trataba de querer quitarnos un peso de encima para cargarlo en las espaldas de otra persona. Simplemente sentíamos una alegría profunda al saber que Bundu iba a ser valorado y querido a pesar de su condición. Y que si moría, moriría en medio de la ternura y la sonrisa de unos ángeles nacidos para curar y cuidar, que diría nuestro enfermero Natán Redondo.

IMG_6183Hemos vuelto a casa casi en silencio, pero no un silencio vacío. Cada uno de nosotros rumiaba sus emociones, que no habían sido pocas en estos días.

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Una respuesta a “Apuntes de vida diaria (12): Amanece

  1. Jose Luis a Ezequiel tambien le ayudaste en lo que pudiste…le llevaste hasta una silla de ruedas que sabe Dios donde la conseguiste ahi! Lo de Bundu ha pasado cuando ya ninguno albergabamos
    la mas minima esperanza de poder hacer algo; pero… sorpresas te da la vida! y tu lo sabes bien!

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