Apuntes de vida diaria (10): ¿Color esperanza?

Color esperanza

Sé que hay en tus ojos con solo mirar,

que estás cansado de andar y de andar,

y caminar girando siempre en un lugar.

 Sé que lo imposible se puede lograr,

que la tristeza algún día se irá,

y así será, la vida cambia y cambiará.

 Saber que se puede, querer que se pueda,

quitarse los miedos, sacarlos afuera,

pintarse la cara color esperanza,

tentar al futuro con el corazón.

Diego Torres

IMG_6146Volviendo de curar a Bundu, Javier me ha hecho una pregunta cruel:

¿Qué es mejor, darle un cóctel con un batido y con las pastillas que tienes en la enfermería para que duerma en paz, o seguir haciendo el paripé cuando los dos sabemos que se va a morir como un perro y con unos dolores que no se los desearía ni a mi mayor enemigo?

Me he quedado helado. Porque los dos nos vamos el 11 de diciembre y en cuanto nos vayamos nadie lo va a curar, ni siquiera volverlo a limpiar. Y la sepsis lo va a matar. No han cumplido la parte del trato que les correspondía de sentarlo en el porche. Pero hoy Bundu me ha dicho hola, Grandpa, y me ha partido el corazón.

Le pregunto a Javier si él sería capaz de hacerlo y, después de describirme minuciosamente cómo va a morir, me ha respondido a lo gallego, con otra pregunta:

¿Y tú, vas a ser capaz de dejarlo morir así?

¿Cómo hacer para lograr lo imposible? ¿Qué hacer para que la tristeza se vaya  algún día? ¿Cómo puedo pintarme color esperanza la cara en una aldea perdida en el  West África, que casi nadie sabría ubicar en un mapa, donde yace un muchacho de 18 años esperando la muerte?

IMG_6147Para colmo se nos están agotando los materiales de cura, especialmente las cremas. Y sigue teniendo el fémur en carne viva.

 No le des más vueltas, Grandpa, me dice Javier.

Pero sé que tampoco él puede dormir. Le he sugerido que le hiciésemos la misma pregunta a Yamasita, Medo y Talabán, porque ellos tienen su misma cultura y nos pueden orientar bien.

Los tres nos han insistido en que en África las cosas son diferentes. Que entienden nuestro dolor, pero que si les propusiésemos a los padres la posibilidad de dormirle, se escandalizarían a pesar de permitir que se llegase a esta situación por falta de cuidados. Además, un día no muy lejano, alguien les hablaría de un brujo poderoso que ha curado casos semejantes. Aunque sea mentira. Y ellos contarían,  borrachos de mampa para calmar su dolor, que Grandpa les aconsejó matarlo.

Nos han pedido que hagamos lo que podamos hasta el final y que nos olvidemos. En la mente de la gente, dicen, quedará el recuerdo de que Javier y Grandpa lo curaron con cariño hasta el día de su partida. Y que gracias a ellos el muchacho comenzó a mejorar, pero que desgraciadamente tenían que volver a su tierra. Y nunca nos harán responsables de la muerte del muchacho.

Así que hemos decidido seguir curando hasta que no tengamos con qué. Y que sea lo que Dios quiera. O, mejor, que sea lo que la situación de injusticia en la que vive mi gente quiera. Porque estoy seguro de que Dios nada tiene que ver con la muerte de Bundu, a lo más, lo acogerá con ternura infinita en su seno, y para siempre.

Nos hemos ido a Makeni para dar de alta en el Hospital Holy Spirit a los que operó de hernia. Resulta que alguien se había quedado con los calmantes que Javier les había recetado a los pacientes operados. Únicamente les habían dado una de las pastillas de las tres que debían de tomar. Además, me han pedido 200 mil leones por cada operación, siendo así que hasta la anestesia ha llevado Javier. He montado un escándalo en la oficina de enfermeras y les he comunicado que no voy a pagar ni un león hasta que vuelva el Dr. Turay, al que le pienso enviar un correo electrónico para contarle lo sucedido.

En el banco era imposible entrar por la cantidad de gente intentando cobrar algún dinero. Javier se ha empeñado en usar su tarjeta visa, y le ofrezco cambiar yo el dinero que necesite porque aquí no hay cajero que funcione, como tampoco funcionan las farolas, ni el único semáforo de Freetown, ni nada… Pero ha visto uno en ECOBANK y, como es tan cabezón, ha insistido en realizar la operación regodeándose con una sonrisa pícara al ver que el cajero funcionaba. Al final, he sido yo el que se ha partido de risa. Cierto que se encendían las luces, todas, pero ha salido el ticket con la transacción sin finalizar porque el cajero no disponía de efectivo. La solución era hacer cola para que una cajera viniese a meter el dinero que quería sacar. En fin, this is África, boy  (esto es África, chaval).

Pepa y Yamasita regresan a España el domingo en Air Maroc. A nosotros ya nos falta poquito, pero ya me dan ansias de poner un poquito de distancia con el dolor.

Mañana nos iremos a las 5 de la madrugada a Mile 91 a realizar tres operaciones de hidrocele en la clínica de las Hermanas Clarisas. Me da vergüenza confesar que vendí a Javier no por un plato de lentejas, que hubiese resultado más bíblico, sino por una cesta de cruasanes rellenos de chocolate. Y me ha comentado la Hermana Elisa, la superiora, que ya los estaban haciendo. !Qué vergüenza, no tengo remedio! Le digo a Javier que cuando los rebeldes me secuestraron me llevaron a aquella zona y que estoy seguro de que voy a sentir algo especial al ver dónde estuve tirado unos días. Es la primera vez que vuelvo allí y tengo cierta curiosidad.

 

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