Apuntes de vida diaria (7)

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He ido a Lungi, al aeropuerto, a recoger a Javier. Me va a acompañar hasta el 11 de Diciembre, día en que nos volveremos juntos para España. Hace días que anuncié su venida para que se apuntasen los que tuviesen hernias y poder operarlos. En dos días se me presentaron 120 personas. Eso sí, si pido que vengan voluntarios a ayudar, nadie aparece por aquí. Así que, como no tenemos demasiada malla, he decidido operar primero a los habitantes de las aldeas que realmente están comprometidos en su desarrollo. Pueden ser musulmanes, protestantes, o católicos, me da exactamente igual. Lo que no les perdono es el que se sienten debajo de un mango rascándose sus partes nobles todo el día.

Nos hemos reunido en Makeni, en el Hospital Holy Spirit, con el Dr. Tanski para ver qué días podíamos usar el quirófano y nos ha dado total libertad para hacerlo cuando lo creamos conveniente. Además, Isatu Koroma, la enfermera a la que Paco, de Valladolid, pagó los estudios, le ayudará en las operaciones. ¡Menuda bendición! Comenzaremos operando hernias el próximo lunes en Makeni. Y Javier ha decidido operar en la misión los casos de hidrocele y tumores benignos. Hoy sábado se estrenará con el huevo de nuestro chófer, al que no le cabe el miedo en el cuerpo.

Los dramas se repiten hasta la saciedad, como si de un tiovivo se tratase, y pueden poner en peligro el equilibrio psicológico que necesitas para simplemente sobrevivir,  para no permanecer atenazado por el eco de los mil por qué martilleando tu cerebro día y noche. Hay que estar siempre alerta para ser duro, muy duro, ante el sufrimiento propio y ajeno, pero sin perder nunca la ternura. Buscando, como cantaba León Felipe, que no hagan callo las cosas ni en el alma, ni en el cuerpo. Atreviéndose a vivir con el corazón y con el alma en carne viva el día a día. Y es que la historia de Ezequiel Kargbo, ha vuelto a repetirse. Otro muchacho se nos ha caído de la palmera y se ha partido la espina dorsal. Esta vez de la aldea de Mayongboh. Desde que se cayó hace ya más de un mes, está tirado boca abajo en la choza, lleno de llagas, sin nadie que le atienda. Las moscas han acampado a sus anchas dejando larvas de gusanos que hieden. Javier me dice que sospecha que al niño nadie le da de comer, porque se ve muy desnutrido, y que quiere venir al menos cada dos días a curar sus heridas. Es el primer bofetón que África le ha dado en la cara, y ha acusado el golpe. Supongo que no lo hacen por maldad, me dice, sino por ignorancia. El caso es que el niño permanece tirado en el suelo hasta que la infección se lo coma y muera.

IMG_6030Cuando le he presentado el doctor a Samuel, no se podía creer que siendo tan joven pudiese operar. Me ha dicho que parecía un pikin (niño en criol) mochilero de esos que vienen a escalar montañas. Supongo que será por las rastras y la pinta que tiene. Nos hemos reído con ganas, porque la verdad es que tampoco yo tengo demasiada pinta de cura.

Uno no termina de acostumbrarse a que le engañen, y duele. Musa, el encargado de mis albañiles, le dijo a Coco que yo le había echado del trabajo y que por favor le permitiese trabajar con él para alimentar a su familia. Y Coco, que tiene buen corazón, le pidió construir una escuela. Yo estaba desesperado porque nuestros proyectos se atrasaban y Musa siempre tenía excusas para irse a Kabala, hasta que en una visita de Coco, descubrimos la verdad. Y duele, sobre todo, porque cuando murió su mujer le ayudé con los gastos del funeral que aquí no son pocos. Y porque le presté dinero, sabiendo que nunca me lo devolvería, para arreglar su casa. Y porque siempre que ha estado enfermo, he acudido en su auxilio pagando las cuentas en el hospital. Durante 8 años le he enseñado todo lo que se, y te traicionan con una naturalidad increíble. Solo un “apologize” (lo siento), y ya está.

Ahora, es el operador de la moto sierra el que ha desaparecido después de pagarle por unos tablones que cortó en el bosque. Hemos ido a recogerlos para techar la escuela de Kasengbeh, y los tablones no existen. Le he pedido a Talabán, el policía, que me acompañe a buscarlo para traerlo y hacerle pagar la madera que cobró en adelanto. Aquí no es sorprendente lo que se ha hecho, que ha sido mucho, sino en qué condiciones y con qué recursos humanos se ha hecho.

cobra negraLos senegaleses han comenzado a correr como locos arreglando la carretera a Kabala. Supongo que porque el Presidente ha destituido al Ministro de Trabajo, el pájaro que visitó Viana de Navarra, por corrupción. Y creo que si no se los ha cargado ya, está a punto de cargarse a otros 4 ministros por el mismo motivo. Ojalá que sirva para algo.

En la sobremesa me preguntaba Javier sobre la guerra y si había algún problema de convivencia con ex rebeldes. Le he dicho que no, que nadie quería ni siquiera hablar del tema. Y le he contado mi experiencia personal. Le di trabajo como pintor en los proyectos a Lamín, rebelde de la zona de Bíncolo, al que llamaban en la guerra Cokey, que significa en limba algo así como el gallo más fuerte del corral. En este caso jefe encargado de un grupo de rebeldes. Y le llamaban así por lo cabrón y malo que era. Todos saben que hizo barbaridad y media. Incluso Medo le comentó varias veces, medio en broma medio en serio, que si en aquel tiempo se llega a acercar a Kamabai, le descerraja un tiro. Y sin embargo, la convivencia fue natural y pacífica. El conocía perfectamente lo que yo sufrí en manos de sus compañeros, pero nunca tocamos el tema. Lo tuve que echar del trabajo no por su pertenencia al otro bando, sino porque se robó los altavoces con el que poníamos las películas a los niños.

Mamba verde 1Parece que la lluvia nos va dejando poquito a poco, así que tocará aguantar el calor y cuidar con el calzado para evitar el picotazo de alguna mamba viajera. Sabéis que es al inicio y al finalizar la lluvia cuando las serpientes cambian de hábitat y se ven con mucha más frecuencia. De hecho, las muertes por picadura de serpiente se dan mucho más frecuentemente en esta época.

Wilson, nuestro trabajador, está triste y solo puedo acompañarle en su tristeza. Esperaba ilusionado que su pareja diese a luz, pero el niño, otro más, murió en el parto en el dispensario de Kamabai. No dio tiempo de nada. Se lo ha llevado a Maboli, su aldea, envuelto en una pequeña sábana blanca. Y así llegará vestido a la eternidad.

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