Día internacional del niño africano, o la gran mentira

16 de junio de 2013 a la(s) 22:55

Leña HawaCada día, eso quiere decir 365 días al año, también hoy, niños sucios, descalzos, cargados de derechos internacionales y de leña pasan por delante de mi puerta. Los derechos no son un papel. Los derechos tienen nombre y se llaman Ballay, Issah y Binta. Y caminan sudorosas por el camino de Kawereh cargadas como mulas, con paso apresurado, porque si no les pegarán con el palo. Tienen 7, 6 y 5 años respectivamente.

If we dont bring fire wood they will flog us (si no llevamos la leña para cocinar, nos azotarán), me dicen las niñas. Y se sorprenden de que quiera fotografiarlas. Supongo que pensarán que por qué a los voluntarios les gusta tanto sacarles fotos. Aunque, al menos, como dicen ellas, nos dan dulces, galletas y juguetes.

BallayEl lunes, o sea mañana, porque su gran día cayó en domingo, tendrán algo especial: una película. Y en la película seguramente verán a otros niños que sí que tienen derechos, a niños en casas increíbles, limpios y sin hambre.

Hace tiempo que no veo al papá de Ballay y Binta. Tampoco había visto a la madre hasta hace una semana. Volvió de Makeni con otro niño en brazos, y se largó de nuevo dejando a sus hijos en casa de Pa Bangura, un santo maestro retirado y ciego.

Después de 8 años de lucha diaria es frustrante ver lo despacito que se avanza. En día de fiesta, primero comen los hombres. Y si sobra, las mujeres. Luego, si todavía queda, los niños. Y no se pierde un grano de arroz porque esqueléticas gallinas revolotean histéricas alrededor de los comensales picoteando el grano perdido. Así ha sido y así será por mucho que les digamos que la lógica del amor invita a lo contrario, a que coman primero los niños.

Recuerdo el día que Rodri, un voluntario que compartió nuestra vida durante un año, gritó creo que por primera vez en su vida. Fue enla aldea de Kawereh para defender los derechos de dos niñas a la educación. Y escribió sobre ello. Sobre Yeabu y Semptu, las niñas a las que su madre vendió a una señora para que trabajase en la finca, y que ésta a su vez vendió a un viejo sinvergüenza en matrimonio.

Y es que, a los 9 y 13 años, las niñas no eran muy útiles para las labores del campo y por eso pensó que todavía quedaba la posibilidad de que se convirtieran en la segunda, tercera o cuarta esposa de un hombre mayor y que, así, ella ganaría para comprar nuevas cabras.

Le encendió la sangre el saber que el viejo había prohibido que la niña fuese a la escuela. ¡Y explotó! Puso a las niñas en la escuela y se emocionaba cada vez que las niñas pasaban con su cuaderno y su uniforme rumbo a un futuro mejor.

Pero la historia de Yeabu y Semptu no ha tenido un final feliz, casi ninguna historia lo tiene en estos lares. Yeabu quedó embarazada uno de esos días en que la obligaban a dormir con el viejo, y cambió el uniforme y el cuaderno por la leña en la cabeza. Y ahora debe de caminar con el niño pegado a su espalda, amarrado con la lapa (falda africana), y con el fardo de leña en la cabeza.

Desde que pisaron Kawereh, Yeabu y Semptu sólo han conocido una cosa: trabajar en el campo. De sol a sol. En interminables jornadas que comienzan a las cinco, cuando recogen la leña para, después, caminar las dos millas y media, ahora con la criatura a la espalda, que las separa del centro de Kamabai y venderla. Luego les queda una larga jornada de trabajo inhumano en el campo y en la casa.

LeñaHoy también es su día, porque no importa que haya sido abusada y vendida. No importa que haya parido, Yeabu es una niña de 15 años.

Yayah llegó llorando a nuestra casa. Cada vez que veo aparecer a una mujer con un niño en los brazos tiemblo, porque no se ya ni de cuantos niños me he hecho responsable. Es cuando uno bendice a quien nos envía la leche y las papillas desde España. El único pecado de Yayah ha sido que en la lotería de la vida le tocó nacer en Sierra Leona. Su madre vino con el pecho destrozado y le sacó las lágrimas a Celia, enfermera voluntaria de Valladolid.

José Luis, si es solo una niña…., si es solo una niña, repetía la buena mujer con lágrimas en los ojos.

Envié a la muchacha al Hospital Holy Spirit de Makeni para que la curasen, haciéndonos nosotros responsables de todos los gastos. Le dieron media docena de antibióticos y la devolvieron a casa con un pecho que supura y huele a podrido. Le he pedido que venga todos los días y la curaremos como vimos curar a Celia. Y pediremos a Dios que no le quite la mamá a Yayah ,que ya sonríe tomando biberón.

Algunos me decís cuando nos visitáis que nuestros niños tienen una sonrisa envidiable, que mejor dejarles como están, que no conocen otra cosa. Supongo que no os gustaría ver a vuestros niños viviendo en la choza en la que los míos viven, ni con la atención médica que los míos tienen, ni descalzos, ni con la calidad de maestros de nuestras aldeas. Sin luz, sin agua corriente, sin esperanza…, a pesar de su sonrisa. Celia curando

No conocen otra cosa porque a quien nos roba nuestro oro, nuestro coltán, nuestros diamantes, no le interesa que las conozcan. Prefieren dejarlos con sus sociedades secretas, con sus firmas con el pulgar, con sus miedos a brujas y curanderos…, y con su sonrisa encantadora.

No se ya cuántas veces en 8 años me han amenazado con envenenarme, con matarme con witch gun (pistola bruja) si no me callo. Pero aquí y ahora, el silencio indiferente no sería más que una forma de ser cómplice de esta gran injusticia.IMG_5649

Ha venido Samah a refrescarme el alma. Asomarte a sus ojos te llena de ternura y esperanza. Es una sobreviviente gracias al cariño de su familia adoptiva y de su nueva mamá, Fátmata. Le he dado galletas para todos los niños de su barrio y me ha dado un beso que me ha sabido a gloria.

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