La puta malaria: después de padecerla 17 veces me siento con el derecho constitucional de llamarla por su nombre.

Me parecía increible ver pasar los días en el calendario y no sentir el menor síntoma de la malaria. Y como siempre, el mosquito dijo aquí estoy yo, y me puso a temblar como un junco y a vomitar la primera papilla que tomé en mis años de infancia. No había nada en el estómago, pero le es igual, te pone contra la taza del lavabo bramando como si se te fuese la vida en cada bramido. Y digo bramido porque lo raro es que no me oyeseis desde España.

Todo comenzó nada más volver de la oración de la mañana el sábado 3 de septiembre. Me derrumbé y comenzó la tortura de siempre, fiebre altísima con delirios y alucinaciones. Total y absoluta falta de apetito, y constantes vómitos. Lo sentía por Juan Jesús. Era la primera vez que era testigo presencial de un ataque y se que se asustó un poquillo. Pero, bueno, así estará preparado para cuando le toque vivir su bautismo malárico, porque tocarle, le va a tocar.

Manuel tuvo que ir a recoger a Rubén, el ingeniero informático al aeropuerto, cuando habíamos programado que saliese a recibirle yo. Además los proyectos están retrasados por culpa de los contenedores y era el momento menos oportuno para hacerme a un lado. Pero, en Sierra Leona, el hombre propone…. y el mosquito dispone. Y solo queda decir amen y encomendarte al Artesunate y a la Amodiaquine.

El problema es que mi organismo ya no aguanta más tal veneno y comenzó con el mismo proceso alérgico que me ocasionó su ingesta en la 16 malaria. Pierna derecha rojísima e inflamadísima. Carlos y Gullermo, los Zipi-Zape de la medicina que tantos “milagros” están realizando por Kamabai, se pusieron manos a la obra y enseguida etiquetaron mi síndrome. Lo más importante es que en caso de nuevo contagio debo de encontrar otro tratamiento. Cosa nada fácil sabiendo que en Sierra Leona, el mosquito es resistente a la Quinina. Pero bueno, es un tema que trataré detenidamente con mi buen amigo el doctor Turay.

Hoy, 8 de septiembre, he amanecido con menos fiebre y un poquito más animado. Creo que mis trabajadores hasta extrañaban mis gritos y mis “dont touch my balls my paddy”. En fin, hasta humor he tenido de dar 10 bicicletas donadas por el Alcalde de Viana, Navarra, para muchachas que vienen a estudiar de aldeas lejanas. Y me ha enternecido ver cómo a Guillermo y a Carlos les traían un par de gallos sus ahijados (Guille y Maribel) para que se los llevasen a España.

Espero en Dios aguantar sin otro contagio hasta el 12 de Diciembre y que la Virgen Morenita de Guadalupe me ayude a ello.

Me quedo con el cariño de mis hermanos y los desvelos de Juan Jesús por ver que todo estaba bien. Siempre listo con sus sopas por si me volvía el apetito. Es en el dolor cuando la distancia con los que amas la sientes más grande, quizás porque los necesitas más. El tener compañeros de la calidad humana de Juan, de Manuel y de  Rafael al lado, hacen que no te sientas solo. A todos ellos gracias. Y a los voluntarios, pese a aprovechar la enfermedad del mejor para jugar un campeonato internacional de tenis de mesa (felicidades Marco, pero el reto está echado en cuanto la pierna me permita sostenerme en pie).

Ahora sí, como dicen en Pamplona, mi tierra, ya falta menos para la malaria 18. !A por ella, con un par!

Os quiero a todos y a cada uno.

José Luis

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