Gabriel

Domingo 3 de abril del 2011

GabrielHoy es uno de esos días que uno querría borrar del calendario. Gabriel ha muerto, uno más, y se ha llevado con él jirones de nuestro corazón. Todos lo queríamos, todos nos desvelamos y cambiamos sus pañales. Ahora está roncando conmigo al unísono en el Cielo. Juan Jesús me decía que roncaba como yo cuando nos dormíamos.

Pero dejadme que os cuente la historia.

En nuestra casa la agenda la hace Dios, y es Dios quien se encarga de sorprendernos cada día. Aunque a decir verdad, después de casi 6 años en Sierra Leona, a mi ya no me sorprende casi nada.

-Grandpaaaaaaaaaaaaaa

-Coming (voy)

Me encuentro con dos hombres, uno de ellos con un niño en los brazos.

-Hemos venido a traerte a este niño. La madre murió en el parto, tengo 5 hijos que alimentar y no puedo con uno más. Y en la aldea nadie se quiere hacer cargo.

No los culpo. La situación del País no es que invite precisamente a sumar bocas que alimentar en la baffa. Especialmente ahora, en tiempo seco, en que hay muy poquito que llevarse a la boca.

-¿Qué tiempo tiene? ¿Y por qué me lo traes a mí?

-Nació el lunes (hoy es jueves) y este amigo me dijo que ayudabas a otro niño, Abu, en Mahera junction.

Me lo dejaron en los brazos y se fueron, llorando, pero se fueron.

Les comenté a Russel y a Juan Jesús la buena nueva: Dios se ha hecho de nuevo niño y quiere morar en nuestra comunidad. Pero este niño no es de madera como el que besamos en Navidad, este niño usa pañales, llora, y hay que cambiarlo constantemente. La verdad es que un poquito sorprendidos nos quedamos todos, pero nos organizamos para cuidarlo por turnos cada noche. Además, teníamos la dicha de contar entre nosotros a María Pando, maestra voluntaria americana, para ejercer las labores de madre. Ella fue quien lo cuidó la primera noche y la que nos instruyó en el arte de cambiar pañales.

Russel, decía riéndose que era el primer niño que iba a cambiar en su vida.

Le pusimos por nombre Gabriel (el nombre del hijo menor de María) y por apellido Garayoa, ya que a mí me lo habían regalado. YMaria y Gabriel decidimos darle como fecha de nacimiento el 10 de marzo, puesto que el ombligo estaba seco y nos parecía que el niño tendría más de 3 días de nacido.

Gabriel cambió la vida y los horarios de la comunidad. La casa se llenó de pañales, risas, llantos y biberones. Y de mil anécdotas que contarnos acerca de cómo había dormido el niño. Juan Jesús improvisó una cuna en una gran cazuela de cocina y se fue con Russel de compras a Makeni. Volvieron con leche y pañales.

Comenzamos a verlo débil y que no comía. El sábado 2 de abril decidí llevarlo al hospital Magbenteh de Makeni con la doctora holandesa Erdi. Lo dejaron internado para alimentarlo con sonda directamente al estómago. El domingo, después de celebrar misa en Bumbankakendekah fui con María a ver al niño. Vimos cómo todos nos miraban al entrar en la habitación y sospechamos que algo había pasado. Gabriel acababa de morir.

-Lo siento, Padre, me dijo la doctora Erdi, que Dios les bendiga por lo que hacen por los niños. No pude hacer nada.

Y me dio un abrazo. Lloré de rabia, también María, ante la sorpresa de los demás pacientes. Les sorprendía ver llorar a dos blancos por un niño negro. Le pregunté a la doctora qué debía de hacer y si debía firmar algo. Me dijo que la costumbre era que los familiares se encargaban del cuerpo, pero que Gabriel solo nos tenía a nosotros, y que me lo podía llevar. María lo tomó en los brazos, y nos volvimos a Kamabai.

Llamé a Juan Jesús para que avisase a mis trabajadores que me ayudasen a cavar la sepultura. Decidimos enterrarlo cerquita de nosotros, debajo de un árbol de mango. Llamé a Medo, a Adama, a Samuel para que nos acompañasen en la ceremonia. Y juntos con Russel, Juan Jesús, María, Musa, Baipa, Abu, Yeabu y un servidor lo enterramos. El viernes le tocó cuidarlo a Russel y creyó que el niño se le moría. Lo bautizó con el nombre de Gabriel y ese será su nombre para la eternidad.

Deciros que Gabriel nos ha unido más si cabe, que nos ha hecho sentirnos familia, que nos ha reafirmado en el compromiso de seguir luchando por ganarle el pulso a las estadísticas. Que ha hecho brotar lo mejor de nosotros mismos: la ternura. Y que sabemos que el dolor no es el final del camino, que existe la luz y la Resurrección. Y que Gabriel está ahora juntito a su madre y a Papá Dios. Y que nos va a cuidar con el mismo cariño con el que le cuidamos.Entierro

Hoy es lunes 7 de abril. El papá de Gabriel se ha presentado con un gallo y miel silvestre para agradecernos el cuidar a su hijo. Al darle la noticia ha llorado.

-Dios nos lo dio y Dios lo ha llamado. Gracias por acogerlo como a un hijo.

Le he dado un abrazo y se ha ido a luchar por la supervivencia de sus otros 5 hijos.

Hemos repartido leche y pañales. Todo lo que nos recordaba al niño, porque estoy seguro que todos tenemos el corazón roto. Un poquito más María, porque fue una verdadera madre. Y sé que ningún niño en este País ha recibido tanta ternura y tantos besos como Gabriel gracias a ella.

La vida sigue. Parió la cabra dos cabritillos hermosos. El pequeño fritambo corretea feliz pidiendo su biberón. A Mandi le ha estallado la primavera en las venas. Y sé que Dios volverá a sorprendernos de nuevo.

Un abrazo de esta familia agustino recoleta en el corazón de la miseria y, por tanto, cerquita del corazón de Dios.

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