Recordando: Enero 2007

joseluismedo

Lunes, 1 de enero del 2007

Había oído hablar del Harmatán, pero hasta esta noche no he sabido cómo se las gastaba el tal viento del desierto: aullaba con más fuerza que una manada de lobos hambrientos. El año pasado apenas sopló, pero éste se está desquitando con creces.

Nuestro pueblo no está acostumbrado al frío, y se visten como para ir a esquiar a Candanchú. Para nosotros, el frescor es agradable.

Nos han visitado los Padres Domingo y Anthony, javerianos, de Fadugu. Han venido con un equipo de chavales para jugar un partido contra los nuestros. Al final, les hemos obsequiado a los dos equipos con un buen plato de arroz con carne.

Y, como la especialidad culinaria de Kamabai es el gallo, he matado otros tres para comerlos en la casa con los Padres javerianos y los dos seminaristas que les acompañaban. En cuanto me ven por el gallinero corren despavoridos. No me extraña, en una semana me he cargado a 7. Pero es que ya me estoy impacientando, como las Hermanas de Kenia. Quise hacer una ensalada fría con espárragos, aceitunas negras y huevos duros para el día de Noche Vieja, y en toda la semana únicamente conseguí dos huevos. No sé si es culpa de los gallos, o de las gallinas, pero yo he comenzado por matar lo más inútil: el macho. Veremos los resultados.

Hoy, toda la gente se va de excursión a la playa. Bueno, es un decir, porque el agua que baja por el río Masumuné, en limba lugar de peces, no llega ni para que se santigüen todos. Pero disfrutan de un día de campo familiar con pocos bocadillos y mucho baile. Nada que ver con la romería de la Virgen de Cuevas de Viana, por ejemplo. La orilla del río está llena de vendedores. Una naranja, 100 leones. Tres naranjas, 200 leones. Y te las dan ya peladas para que las chupes sin problemas.

cobra1

Martes, 2 de enero del 2007

-¡Snake, snake!, oigo gritar a los niños mientras escribo estas notas.

He bajado con la cámara de fotos, y Pa Saidu, nuestro velador, estaba moliendo a palos a una serpiente de tamaño considerable.

-Black cobra, Father, me dice.

Por fin, hemos conseguido atrapar a una de las tantas serpientes que nos esquilman el gallinero. Era realmente negra y con cuadros tipo falda escocesa en el pecho. Cuando estaba lo suficientemente atontada, que no muerta, le he sacado unas fotografías a Vicente con ella. Gracias a Dios que Manuel se había ido a Lunsar a comprar una pieza para la bomba de agua, porque, como le gusta la belleza, seguro que no nos deja matarla.

He revisado las cestas de los huevos: 7 en total. Parece que el gallo que dejé de Paramount Chief en el gallinero, uno rojo y negro precioso que me regalaron en Kabakuna, aprendió la lección y se puso a trabajar inmediatamente. Casimiro, en mi ausencia, mató al gallo Kamanameh, y yo le he devuelto la moneda matando al suyo: uno horrible, con las plumas tiesas, que había dejado a cargo de las gallinas. Lo siento, pero esta vez me pudo el instinto, y caí en la tentación de hacerle pagar al coreano gallo por gallo y diente por diente.

Espero que las cobras que visitan de noche el gallinero no descubran que quien les está arruinando la cacería es el Grampa, y vengan a visitarme a la habitación para vengarse.

Foday ha venido a platicarme cómo le va la vida por Makeni. Ha estado trabajando estas vacaciones para conseguir comprar un chivo que debe regalar a un doctor. Ante mi sorpresa, me ha explicado cómo funciona el orden de admisión en ciertas carreras universitarias. Deben aprobar un examen para ser admitidos, pero, en caso de aprobar, su nombre puede desaparecer de las listas dejando paso a otro con mayor grado de generosidad. O sea, que, además de inteligente, debes de ser generoso.

-En Sierra Leona, desgraciadamente, todo es corrupción, Padre. He tenido que prometer un chivo y aceite de palmera para poder ser admitido.

O sea que, el tal doctorcito, llega a juntar en poco tiempo un rebaño más numeroso que el de nuestro padre Abrahán y Lot juntos. Sin comentarios, porque empieza a hervirme la sangre.

Ahora resulta que tengo una prima monja de clausura. Bueno, prima lejana, como dice ella, porque los primos carnales eran mi abuelo Andrés y su madre. Supongo que eso hará que un pedacillo de sus oraciones me proteja especialmente, que para eso somos familia, lejana si, pero familia al fin.

Me acaba de llegar a Kamabai una carta desde el Monasterio de Jesús y María que las Hermanas Agustinas Recoletas tienen en Orón, Miranda de Ebro (Burgos). He disfrutado leyéndola. Dice que allí tienen los bolsillos llenos y las caras largas. Si es así…, me quedo con nuestra pobreza y con nuestra alegría. También, que tienen gallinas que ponen huevos de hasta 180 gramos. Mira, María Jesús, prima del corazón, eso si que me da santa envidia, si es que la envidia puede ser alguna vez santa. Aquí, necesitamos una docena para poder decir que hemos desayunado un huevo como Dios manda.

Estaba seguro de que rezabais por nosotros. Somos débiles, vasijas de barro que diría San Pablo, y por tanto quebradizos ante tanta dificultad. Así que si todavía tiramos del carro, y lo hacemos con alegría, de algún sitio nos tenía que venir la fuerza. Seguid pidiendo por nosotros, lo necesitamos. Pero pedid especialmente por nuestro pueblo, porque está pasando hambre, así, literalmente, hambre, para que Dios les dé su pan, o su arroz, ¿por qué no?, de cada día. Gracias desde ya, porque sé que lo vais a hacer.

Jueves, 4 de enero del 2007

Decidimos ir un par de días a Freetown para desconectar un poco de los problemas. Aquí es imposible porque cada minuto tocan la puerta. Creo que necesitábamos un viaje así. Al menos yo he disfrutado como un chiquillo: interminables conversaciones a la orilla de la playa, bromas, risas, anécdotas… Nos propusimos no hablar ni una sola palabra de trabajo, ni de proyectos. Para ello, realizamos las compras el primer día. Logré cambiar los billetes de euros a 3,800 leones. Hice los contactos en la calle ante el susto de Manuel, pero ya me tocó hacerlo multitud de veces en Costa Rica en tiempos de la guerra nicaragüense. Naturalmente, el chaval abrió los ojos como platos cuando le dije que necesitaba cambiar 7,000 euros. Fuimos a la oficina de un hombre de negocios, e intercambiamos las monedas.

-¿No está prohibido por ley cambiar en la calle? ¿Y si pertenecen a alguna mafia?

-No te preocupes, Manuel, estoy seguro que el que me los va a comprar tiene mucho que ver con la ley, lo tranquilicé.

Nos hospedamos en Korea Guest House en honor a Casimiro, y cenamos sin prisas en Roy, a la orilla del mar.

El viernes, Vicente nos propuso hacer un poco de turismo y visitar The Number II River. Ana, una ingeniera filipina que trabaja para Celtel, le había insistido en que merecía la pena el viaje. Está a una hora de Freetown por un camino infernal. Tanto, que más de una vez tuvimos intención de volvernos para atrás. Gracias a Dios no lo hicimos. El lugar es un paraíso natural, no demasiado estropeado todavía por la mano del hombre. La arena de la playa, blanquísima, me recordaba a la arena de White Sands, en New México. Nos dicen que los fines de semana viene infinidad de gente, pero que los días laborables se puede disfrutar de una paz y de una tranquilidad envidiable. Incluso puedes pasar la noche en una rústica cabaña por 50 dólares. Lo mismo que pagamos en Freetown.

Nos hemos cortado el pelo comunitariamente, aunque el precio no ha variado lo más mínimo. Nada que ver con las ofertas tres por uno de las grandes superficies USA: cada corte de pelo 10 dólares. Más caro que en Pamplona. Eso, o permites que un africano te afeite la cabeza con una media cuchilla (las parten por la mitad para que les dure más)  reciclada y rehusada mil veces.

Por la noche, nos hemos animado a ir un rato a Paddy’s. Después de un par de cervezas hemos tomado conciencia de que estamos envejeciendo y que, a nuestra edad y a ciertas horas, donde mejor se está es en la cama. Incluso el más joven, Vicente, se estaba durmiendo en una silla, a pesar de sonar la música a tope.

Los Reyes Magos no pasean en caravana por las calles, ni se ven niños esperando ansiosos sus regalos. Parece que Sierra Leona no entraba en su itinerario este año. Inútil poner los zapatos, pues. Espero en Dios que un día no muy lejano los Reyes Magos, o Santa Claus, o Papa Noel, o los tres al mismo tiempo, llenen este país de regalos para niños y grandes. Bien merecido se lo tienen.

El sábado, temprano, hemos salido para Kamabai con un pescado fresco delicioso que nos ha regalado el dueño de la Guest House.

Domingo, 8 de enero del 2007

Hoy ha sido uno de esos días hermosos en los que Dios te permite vislumbrar la cosecha de lo sembrado. Les he caído en Bumbankakendehka de sorpresa, y me he encontrado a toda la aldea trabajando en los terrenos de la nueva Iglesia. Hombres, mujeres y niños, incluso los más pequeñitos, acarreaban arena del río sobre la cabeza en los recipientes más inverosímiles. Los jóvenes se encargaban de allanar el terreno, y las personas mayores traían agua para beber. Nunca en mi vida había visto una cosa igual, y eso que ya he roto zapatos en diversos países.

Me ha sorprendido ver a algunos de los jóvenes musulmanes trabajando y así se lo he hecho ver al Chief.

-Cuando usted hizo el pozo de agua no nos preguntó si éramos cristianos o musulmanes, simplemente nos ayudó a tener mejor vida. Ahora nuestros niños vivirán más años y con más salud. Musulmanes y cristianos podemos beber agua limpia, es justo pues,  que trabajemos todos juntos para construir una casa de oración.

Y me soltó el Chief la parrafada en limba, pidiendo que me la tradujesen, porque, según él, así podía expresar mejor la gratitud que sentía su corazón.

Me tiré de los pelos por no haber llevado conmigo la cámara de video, pero al menos tomé un montón de fotografías para poder mostrar allí donde vaya lo qué significa trabajar y vivir en comunidad. Y, además, hacerlo con una alegría desbordante y contagiosa.

Martes, 9 de enero del 2007

He terminado el día realmente rendido porque no he parado de dar vueltas. Primero, a Makeni para llevar a Steve Koroma al hospital, y enviar a la esposa de Pa Saidu a revisión a Lunsar. He aprovechado para comprar materiales y cemento para comenzar inmediatamente las obras de varias capillas y la escuela de Kamayusufu. También he comprado tela azul y blanca para que Teinte, nuestro especial y particular sastre, nos haga uniformes para los estudiantes.

Un gentío danzaba en el centro de la aldea de Binkolo. Me ha llamado la atención el que un grupo numeroso de muchachas, lo hiciesen pintadas totalmente de blanco. Le he preguntado a Steve si se trataba de la Sociedad Bondo de mujeres, y me ha dicho que si. Que era la última danza después de permanecer un mes en el bosque sagrado, y que se pintaban para que no las reconociesen. Luego, deben volver al bosque por tres días para recibir las últimas instrucciones. El ultimo día, todos los familiares podrán ir a visitarlas y a ofrecerles regalos. Naturalmente, que solo las mujeres pueden visitarlas. Los hombres tienen prohibida la entrada al bosque sagrado de la Sociedad Bondo.

Le he preguntado si estaba de acuerdo con el rito de la iniciación, y me ha contestado que si, que es una tradición nacional y que debe respetarla. Al ver mi cara de sorpresa, ha quedado en tener conmigo una conversación larga y tendida cuando se recupere. Me sorprende que una persona culta y preparada como él, esté de acuerdo con la ablación.

Medo me ha acompañado a Bumbamdain. Me gusta el diseño de la iglesita y quiero hacer una parecida en Bumbankakendehka. He aprovechado el viaje para saludar a los líderes de Kagbongbo, Kamakuna (de donde es mi gallo), Kawereh, Kamahera, Kamatonko, Kamaron, Kamoi, y Kamafondoh. Como veis, más paradas que la villavesa de Pamplona.

De ahí, a Kapeteh Kayaluban para comprar madera para las bancas de la escuela de Kanikay. En el camino se me ha cruzado una cobra enorme y bien negra, pero no he podido matarla con el Toyota. Estábamos muy cerca del poblado y me hubiese quedado más tranquilo si le paso las cuatro ruedas por encima: un riesgo menos para la gente.

Después de descargar la madera en la misión, hemos seguido para Bumbankakendehka para marcar el terreno de la iglesia y que comiencen a excavar los cimientos.

Para postre, han venido los de Bandankoro ofreciéndonos mejor terreno que los de Kamayusufu para que construyamos allí la escuela. Quieren una reunión urgente, pero les he dicho que ya di mi palabra al Chief de Kamayusufu y que no pensaba cambiar de opinión. Además, a ellos ya les ayudamos con un pozo de agua.

Jueves, 11 de enero del 2007

Le hemos comprado una máquina nueva de coser a Teinte y está como chiquillo con zapatos nuevos. Es una de esas máquinas antiguas de pedal del tiempo de mi abuela, y made in China para más señas. Hemos pagado 200,000 leones, 52.63 euros al cambio, así que no perdemos demasiado cuando se rompa. Y le he dicho al bueno del sastre, que nos la puede ir pagando poco a poco, cosiendo uniformes para los estudiantes.

Me informa Rodri de que los del proyecto de la escuela de artes y oficios están entusiasmados. Están organizando el envío de un contenedor con todas las herramientas, generadores y máquinas necesarias para comenzar a funcionar. Incluso han elegido un nombre que suena a faena redonda, que es la que ellos han hecho por este país: ¡Ole! Así de castizo. Para vosotros, desde ya, dos orejas y rabo, con vuelta al ruedo incluida.

Manuel se ha pasado la tarde distribuyendo los sacos de cemento y la madera por Kamahera, Kamoi y Mile 14. Yo he aprovechado para limpiar la habitación porque desde que llegué, no lo había hecho. Hasta vergüenza me daba la cantidad de basura que he sacado, pero aquí, o te la limpias tú, o te comen las arañas y los four o’clok.

Estas gallinas nuestras son la repera. Uno les construye algo así como un palacio, con canastas y todo, y ellas se largan a poner los huevos donde les pega su real gana. Da la sensación de que quieren que, ya que les robas el fruto de sus sudores, al menos dobles el espinazo. Vicente ha descubierto entre la leña un nido con 8 hermosos huevos. Los mismos que nos hemos cenado, revueltos con dos latas de champiñones chinos, cebolla y ajo bien picadicos.

Sábado, 13 de enero del 2007

Día de compras en Makeni. A primera hora de la mañana ya tenía 35 estudiantes esperando subirse en el Toyota. Les he hecho ver que era imposible ir todos el mismo día y han decidido ir solo las mujeres.

Si ya es de por si complicado ir de compras con una mujer, os podéis imaginar la locura que será ir con 18. Además, las zapaterías no son como las que yo estoy acostumbrado a ver. En Pamplona por ejemplo, puedes pedir diferente modelo, color y número de zapato en cada tienda. Aquí hay que recorrer todo el pueblo para encontrar algo medio decente.

Después de 4 horas de caminar de un lado para otro, se han dado por satisfechas. De nuevo para casa con el Toyota lleno de canciones, de risas, de zapatos nuevos, de calcetines, de cinturones, de gorros… El precio: 185 euros. No está mal para vestir a 18, ¿no os parece? Claro que supongo que los artículos serán de usar y tirar.

Por la tarde me han visitado una delegación de Kamangbangbanranthan y de Kadagbana II. Los primeros me traían una gallina, y los segundos un gallo con un poquito de arroz. Miedo me da. Cuando estas gentes te regalan un gallo, al ratito te piden un gallinero. Después de un prolongado silencio, algo muy típico por estas tierras, se han decidido a hablar.

-Grampa, veníamos a recordarle lo de los pozos de agua y la escuela.

¿No os lo dije?

Malsamayarecibimiento1

Domingo, 14 de enero del 2007

He recogido a Samuel Hassan bien temprano y nos hemos ido a Kanikay para dejar allí aparcado el Toyota. A las 7:30 de la mañana ya estábamos caminando hacia Kassassie IV. Hacía ya tiempo que los del poblado suplicaban a Samuel que uno de los padres fuese a visitarlos y, como el coreano anda por su tierra, me decidí a hacerlo yo.  Al pasar por Kagbokosa y Kamananeh, recordé mi primera aventura con Casimiro, y la nochecita que pasamos por culpa del funeral de un miembro de la Bondo Society. Pa Gbereney, el Chief, me saludó con cariño y me invitó a dormir otra vez en la aldea. Prometí hacerlo en otra ocasión.

A estas horas de la mañana, el camino se hace más llevadero ya que todavía no aprieta mucho el calor. Los guías apuran el paso y llegamos pronto a Malsamaya. Me llevo la primera sorpresa del día: todos los de la aldea han salido a la escuelita, al borde del camino, para darme la bienvenida. Pa Siaka Kallon me ofrece un mono. Gracias a Dios, esta vez el mono estaba vivo y no en mi plato. Nos hemos mirado a los ojos el mono y yo, y él como que se quería venir conmigo pensando, supongo, que la comida estaría más segura en casa del hombre blanco. Me lo he imaginado por un momento en mi habitación, tirando de los cables del ordenador y saltando de un lado para el otro, y he desistido de aceptar el regalo. Le he dicho al Chief, que mejor me tomaba una fotografía con el mono, y así podría recordar toda mi vida tan original regalo. Se ha quedado tan contento con la explicación…, y con el animalico en su hombro.

Hacía más de un año que no visitábamos la aldea y me han suplicado que vuelva a celebrarles una misa y a pasar un día entero con ellos. Nueva promesa, a pesar de saber perfectamente que nos es prácticamente imposible atender bien a todos.

Vamos dejando atrás aldeas nuevas para mí: Kabonka, Kamaheimiya… En cada una de ellas hay que visitar al Chief y platicar un ratito con él. Tanto Pa Yemeh, Chief de Kabonka, como Pa Foday, Chief de Kamaheimiya, se muestran sorprendidos y agradecidos por la visita. Naturalmente, no puedes partir sin vaciar primero un galón de mampa.

Pregunto a Samuel cuanto falta porque las piernas comienzan a pesar. Gracias a Dios, los arrozales pueden cruzarse sin problemas. Solo he tenido que mojarme los pies un par de veces porque algunos de los puentes estaban caídos.

-Kassassie IV está allí, Padre, en lo alto de aquella colina.

No me explico el por qué les ha dado a todos por construir el poblado en lo alto de las montañas. Me dicen que es más seguro, sobre todo en tiempo de la guerra.

En un recodo del camino me piden parar.

-Padre, el poblado está al otro lado de la curva, y debemos entrar presentables porque es un día de fiesta para todos, me dicen.

Les tomo una fotografía sorprendido, y ellos ríen sin parar. Están realmente felices: es su primera misa en la aldea. Nunca antes un sacerdote les había visitado y sentado a su mesa. Y para ellos el compartir el arroz es algo sagrado.

Yo también estoy contento, aunque reventado. Han sido 15 kilómetros de infarto, y sé que todavía me queda la vuelta. Espero que a nadie se le ocurra construir un Kassassie V en la colina de enfrente. Tendría que enviarles a mi Ángel de la Guarda para que volase un rato.

He cargado con un litro de agua solamente, así que les he pedido unos cocos para beber y no deshidratarme. Prefiero reservar el agua para la vuelta, cuando el calor apriete de verdad.

KassassieIVchief

Pa Sarah-Yo, el Chief, me ha dado la bienvenida en nombre de toda la aldea. Bueno, la bienvenida y una lista interminable de necesidades. Es musulmán, pero, si le dejo, incluso concelebra conmigo. Se ha sentado a mi lado y ha participado de la eucaristía con una devoción envidiable. La misa, dos horas: lo habitual. El Credo, cantado, faltaría más. Y las piernas se te tiemblan antes de llegar a creer en la Iglesia santa, católica y apostólica. Pero en fin, como os dije antes, es su primera misa y no quieren que termine demasiado pronto.

En el ofertorio me han inundado de plátanos y nueces de kola. He repartido los plátanos a los chiquillos, y reservado las nueces de kola para Samuel. Dicen que son buenas para el estómago cuando tienes gusanos, y el bueno de Samuel está infectado.

Para comer, arroz con venado. No os preocupéis, que no os voy a repetir aquello de que sabía igual que el mono de Kamayeh, etc, etc…

Incluso se han traído un set (aparato de sonido) en la cabeza, desde no sé dónde, para organizar el baile. Me dicen que han venido de las aldeas vecinas al saber que el Padre iba a visitarlos.

Después de comer hemos tenido una charla distendida. Me cuesta imaginar cómo o de qué viven en un lugar tan apartado, y los mareo a preguntas.

Dejadme que os cuente lo que me dijeron.

El año pasado subieron los taxes (impuestos) de 500 leones a 5,000 leones. Es lo que todo sierraleonés mayor de 18 años debe pagar a las autoridades competentes. En este caso, quien recoge los impuestos es el Chief, y me sospecho que el dinero no viajará mucho más lejos de su bolsillo. Siempre que viajan a Makeni o a Freetown deben presentar el recibo de pago en todos los check-points (controles) con los que la policía ha sembrado las carreteras  nacionales. Dicen que con esos impuestos pueden pagar los servicios públicos (¿cuáles?, me pregunto yo). Si se han olvidado del comprobante de pago, la policía se encarga de quitarles una parte de la mercancía que llevaban para vender en la ciudad, o dinero en efectivo si es que lo tienen.

Me dicen que las personas jóvenes pueden subir a las palmeras y conseguir aceite para vender y pagar los impuestos, pero que los mayores de la aldea ya no pueden realizar esos trabajos y que les resulta difícil cumplir con las autoridades. En la medida de lo posible, intentan ayudarse unos a otros.

Les he ofrecido sembrar masanke con la condición de que el Chief proporcionase un terreno comunitario. Este tipo de palmera produce mucho más fruto que las nativas y, por lo tanto, pueden conseguir más aceite para vender. Están encantados con la idea.

Hemos comenzado el camino de regreso a Kanikay a las tres de la tarde para que no se nos hiciese de noche en el camino. Si me es difícil pasar los puentes de día, ya me imagino cómo me las vería de noche.

En Kagbokosa me han regalado unas toronjas que me han sabido a gloria. Ya no me quedaba ni una gota de agua y ayudaron a calmar un poco la sed. Llegamos a Kanikay con luz. La madre de Samuel ha preparado arroz con plassas para que repusiésemos fuerzas. He probado dos cucharadas por hacer aprecio, pero lo que realmente tengo es ganas de darme una buena ducha y beberme un par de litros de agua.

Estoy cansado, pero con una salud de hierro, gracias a Dios. El mosquito sigue sin tumbarme. Ellos se han quedado felices con su primera misa, y yo también. Y los 30 kilómetros de ejercicio dominical no me han venido nada de mal.

Martes, 16 de enero del 2007

El Toyota no para ni un minuto porque tanto Manuel como yo andamos locos con los proyectos. Menos mal que Vicente nos cubre las espaldas en la casa.

He ido a comprar madera con Medo y Bobo, y hemos conseguido una buena rebaja.

Por la tarde, después del horario escolar, otra vez de compras a Makeni. Esta vez con los muchachos. Con estos da gusto: zapato que les entra en el pie, zapato que se compran. En hora y media ya estábamos de regreso para casa.

Esta noche sentí algo en la espalda y me desperté sobresaltado. A Vicente le encantan las películas de terror y nos puso una de vampiros y apariciones después de cenar. Me he reído al recordar la película y he vuelto a cerrar los ojos. Al rato, la misma sensación, pero esta vez en la cara. He encendido la luz, benditos paneles solares, y me he topado con un murciélago de considerable tamaño volando por mi habitación. No había forma de que se saliese, así que de un zapatazo he resuelto el problema. Pensando que Manuel y Vicente no me iban a creer, lo he guardado para enseñárselo en la mañana.

Cuando se lo conté, no paraban de reírse. Les dije que lo curioso era que esa misma semana había limpiado perfectamente la habitación y que no encontré semejante bicho, y que creía que ellos tenían mucho que ver con la aparición. Les avisé que mirasen todos los días debajo de la cama antes de dormir, por si acaso.

Vicente me ha explicado que tienen el pecho amarillo porque duermen boca abajo y se les derrama la orina. Y que en Filipinas hay unos más grandes que la gente caza para comer. A la cama no te irás sin saber una cosa más. Después de la clase sobre la causa del pecho amarillo, yo no me como un bicho de esos por todo el oro del mundo.

Viernes, 19 de enero del 2007

El líder de Kassassie I ha venido a la misión con una muchacha que perdía gran cantidad de sangre por la matriz. Gracias a Dios, Manuel regresaba de Kamayusufu con el Toyota y he podido salir disparado para el hospital.

He oído al Doctor Turay regañarle muy seriamente a la muchacha. Quiso interrumpir el embarazo y se ocasionó una infección interna tremenda. El enojo del doctor se debía a que no era la primera vez. Me ha dicho que la necesitaba una semana en observación, pero que no había camas en el hospital y que debía hospedarse con algún pariente en la ciudad.

La muchacha no dice nada, solo me mira avergonzada.

Hemos encontrado una familia de la misma aldea que la puede hospedar unos días. Les he dejado algo de dinero para comida, y me he vuelto para casa triste.

Por la tarde han venido los técnicos de los pozos a informarme que ya habían encontrado agua en Kamangbangbanranthan a 8 metros de profundidad. Los habitantes de la aldea no se lo podían creer…, y yo tampoco. Ahora hay que esperar un par de semanas, y volver a excavar para encontrar la segunda veta de agua.

jovenes

Sábado, 20 de enero del 2007

Reunión de líderes en Kadagbana II, lo que significa que me espera una buena paliza caminando. Me acompañan Medo y los técnicos de los pozos de agua. He aprovechado para acercar 10 sacos de cemento a Kamathoro. Mientras subo la colina sigo sin explicare cómo carajo lo piensan hacer ellos con 50 kilos en la cabeza. Les he pedido que antes de hacerlo me avisen para sacar unas fotografías y filmarlos. Va a ser un documento fotográfico único.

En Kaworno se me cae el alma a los pies. El fuego ha arrasado la aldea y lo han perdido todo. Están viviendo bajo los árboles de mango y no tienen nada que comer. Les pregunto cómo puedo ayudarles. Me dicen que pueden construir las chozas, pero que no pueden recuperar el arroz y que tienen hambre. Samba Kamara, el Chief, no puede ocultar las lágrimas mientras me cuenta lo sucedido. Les digo que la próxima semana dejaré unos sacos de arroz en Kayonkro para que los recojan los jóvenes de la aldea y los traigan al poblado. Me comentan que fueron a pedir ayuda a la próxima aldea, pero que también el fuego les afectó.

En Kakuthuhu me encuentro con el mismo panorama: gente sin casa y sin comida. Te cuentan cómo sucedió y se te quedan mirando a los ojos suplicando ayuda. Masilika Conteh, el Chief, los ha organizado para que recojan naranjas por los alrededores y vayan a venderlas a Kamabai. Así podrán comprar un poquito de arroz para los niños. Me siento en una piedra desolado y Medo me pone una mano en el hombro.

-Padre, para ellos es importante que estés aquí. Ellos saben que no puedes construir toda la aldea, pero confían en que vas a hacer lo imposible por ayudarles.

Hoy me pesa más el alma que los kilómetros. Les ofrezco arroz y me abrazan agradecidos. El fuego ha arrasado con todo, menos con la sonrisa de los niños.

En Kadagbana II me esperan los líderes de las aldeas vecinas. Intento convencerles de que es conveniente hacer una especie de cortafuegos alrededor de las aldeas para protegerlas del fuego.

El líder de Kamangbangbaranthan me enseña una fotografía de su hermana Yalamusa, una muchacha joven y guapa que acaba de morir esta misma mañana. Me pide que recemos una oración por ella. Le pregunto el motivo de la muerte y me dice que un dolor aquí, y se toca el pecho. Sabrá Dios de qué y por qué se nos muere tanta gente joven.

Veo que Medo, que se come todo lo que no le come a él, no toca la carne del arroz. Le pregunto qué le pasa y me dice que no le gusta la big rat (rata grande).

-¿Qué? ¿Lo que hay en el arroz no es un Cutting grass?

-No Cutting grass, Father, rat, big rat.

Vaya, que, según parece, cuando la rata está ya bien crecida, también se la devoran. Pienso que si Medo no mete la mano, lo más prudente es que yo tampoco lo haga y que picotee por las orillitas algo de arroz.

Toda la comunidad esperaba mi regreso en Kaworno. Me han regalado un gallo y unas toronjas en agradecimiento. Le digo a Félix que no tengo corazón para aceptarlo y me dice que debo hacerlo, que son felices en poder darme algo. Debajo de un árbol hay una mujer realmente enferma. Me piden medicinas, pero no llevo nada, y además no tengo ni idea de qué pueda tratarse. Sería maravilloso entender un poquito más de medicina. El problema es que también lo sería el tener conocimientos de mecánica automotriz, electricidad, paneles solares, carpintería, soldadura… En fin, que por estas tierras todo lo que se aprenda y se sepa es poco. Y uno ya va estando viejo para meter más cosas en la cabeza.

Los 5 kilómetros restantes hasta el lugar donde aparcamos el Toyota no dejo de darle vueltas a la cabeza. Me siento impotente ante tanto problema, y solo me queda rezar.

Televisan al Atlético de Madrid contra Osasuna. He puesto la bandera en la sala e invitado a Jorge, el mexicano de Binkolo, a verlo con nosotros. Hemos batido el record: cuatro tarjetas rojas en un partido. Y perdido 1-0.

Alguno se preguntará que cómo puedo sentarme a ver un partido de fútbol tan tranquilo después de todo lo vivido en el día. La respuesta es obvia: si no lo hiciésemos, si no intentásemos desconectar al menos un poquito de tanta miseria, nos terminaríamos volviendo locos en un par de meses. En este caso sí que el fútbol es una especie de opio del pueblo. Al menos para mí.

Domingo, 21 de enero del 2007

Misa en Kassassie II, zona del coreano. A este paso le voy a terminar de evangelizar todas sus aldeas. Querían que examinase a los catecúmenos antes de bautizarlos el día de su fiesta. De regalo, una gallina y un suculento almuerzo de arroz con no sé qué.

Quiero poner en orden estas notas porque mañana tempranito salgo con Medo y uno de los técnicos de los pozos para Freetown. Voy a comprar por mi cuenta, sin amigos intermediarios, un par de bombas de agua y una motosierra. Después de todo, la que se trajo Casimiro de España era muy pequeña.

Lunes, 22 de enero del 2007

Voy a Freetown para comprar unas bombas de agua y una motosierra. Me acompañan Medo y Mo, el técnico de los pozos. Vamos directamente al negocio donde se provee de bombas el anterior jefe de Mo, en el cruce que lleva hacia el ferry de Lungi. Nos recibe un tío amabilísimo, nativo del lugar, que se convierte en mi gran amigo (¡otro más!) en un par de minutos.

-Ha dado con la persona adecuada, Padre.

Le cuento acerca de Dainkeh, el técnico de Port Loko que me atracó en el precio el año pasado.

-Dainkeh me compraba a mí las bombas y se las vendía a usted, me dice. Soy su jefe.

Además trabaja con bombas robadas.

Y va y me deja de sopetón las bombas hindúes Mark-II a 2 millones de leones, cuando el año pasado había pagado por ellas 3 millones setecientos mil leones. Conoce a media diócesis de Makeni y habla con desparpajo de todos y cada uno de los sacerdotes. Aun con todo, me parece tan bonito lo que me dice, que quedo en llamarle el martes para concretar la entrega. Es como si tuviese una mosca detrás de la oreja.

Voy a Internet para enviaros estas notas y alguna fotografía. De ahí a Korea Guest House. Son amables y además nos regalan pescado cuando nos vamos. Siempre me preguntan por el coreano.

En Roys, lo de siempre: pescado barracuda y patatas fritas. A Medo y a Mo les gusta todo lo que me gusta a mí, y piden lo mismo.

Martes, 23 de enero del 2007

Voy a cambiar dinero con los amigos de Mayah Kamara, y me respetan el precio anterior: 3.800 leones por cada euro. Lo que pasa es que solo aceptan billetes grandes, no inferiores a 100 euros. Manías de los libaneses.

Las Hermanas Clarisas me han pedido el favor de cambiarles 10 mil dólares, así que voy a IPC Travel, el negocio de nuestro cónsul honorario, el Sr. Daher Yazbeck. Me pregunta el administrador que si la transacción realizada la quiero en leones o en dólares. Me agarra de sorpresa y tengo que llamar a la Hermana para preguntarle.

-En dólares, naturalmente. Él te los da sin problemas, y tú los puedes cambiar luego en la calle a mejor precio.

Vaya con la hermanica. Y yo que me creía el más listo. Menuda lección de economía que me ha dado, y gratis, que no es muy común por estas tierras.

Hice lo mismo, y el administrador ni parpadeó al poner en mis manos el fajo de 10 mil dólares en billetes nuevecitos de a 100. Manuel, tiembla con estas cosas, pero si lo hacen las religiosas Clarisas, ¿por qué no los Agustinos Recoletos?, me pregunto yo.

Encontramos la motosierra en la tienda de un hindú, en la calle ECOWAS. Aparcar por ahí, en el corazón comercial de la ciudad, es un milagro, y debes pelearte hasta con tu sombra si encuentras un espacio libre. El manager me dice que la motosierra es original, y que debo pagar 200 mil leones más.

Y vosotros os preguntareis, ¿y qué significa original? Pues que aquí, la mayoría de las cosas no son ni made in China siquiera. Las hacen en Nigeria y les plantan un sello de la Comunidad Económica Europea, de USA, de China, o de donde tú quieras. Así que para ellos original es una palabra mágica. Ya lo he experimentado con los clavos, por ejemplo. Hace falta ser muy, pero que muy buen carpintero para clavar totalmente uno sin que se te parta por la mitad.

Como la tienda era hindú, se me ocurrió preguntarles si tenían bombas Mark-II originales (por si acaso). Me dijo que era el único lugar de Freetown donde las podía encontrar. Pedí a Mo que les echase un vistazo, y parece que le gustó la que vio.

-¿Cuantas necesita?

Solté un órdago con chulería Navarra.

-Unas 50, pero vamos a comenzar por 5 pozos. ¿Cuál es tu mejor precio?

– 1 millón 800 mil leones.

-¿Pero te crees que soy imbécil? Por ese precio las pido a la India. Te he dicho que me des el mejor, o me dedico a importarlas yo.

-Ok, 1 millón 500 mil, no puedo rebajarte más.

O sea, 500 mil leones menos de lo que me pedía mi nuevo gran amigo un par de kilómetros antes. Como lo cortés no quita lo valiente, le llamé para avisarle que las había encontrado iguales y más baratas, y que no pensaba comprárselas a él.

El hindú me dice que tiene las bombas en otro almacén, y para allí que me voy con Medo y el bueno de Mo. Menudo cabreo agarramos cuando vimos las bombas que nos quería vender: todas viejas y oxidadas. Nada que ver con la que le había enseñado a mi técnico en la tienda.

Vuelvo hecho una fiera y le pido al manager que me entregue el dinero de vuelta. Me dice el caradura que estoy en Sierra Leona y que no puedo exigir las cosas como en Europa, que se pueden reparar y que él tiene las piezas. Le dije todo lo que me sabía en español, mexicano, costarricense, kriol…, y un par de tacos en limba fruto de mis últimas adquisiciones lingüísticas. Le pregunto si hay algún otro negocio donde las vendan nuevas, y me responde que él es el único, que a ver qué hago. Y se ríe.

Son las 4 de la tarde y no hemos probado bocado, lo que hace que el genio se avive con más facilidad que de costumbre. Me siento desesperado en el Toyota, chorreando sudor a mares, y sin saber qué hacer. ¿Llamar de nuevo a mi gran amigo y que se ría de mí? Mi humildad no da para tanto, lo siento.

Estoy rumiando mi frustración cuando Medo me llama realmente contento. A escasos 100 metros, han encontrado otra tienda, hindú por supuesto, que tiene las bombas nuevas y al mismo precio. Y lo mejor es que no tenemos que movernos del lugar. Mo me ha convencido que sabe lo que se hace, porque ha revisado con una paciencia infinita todas y cada una de las partes de las 5 bombas. Hemos cargado con el tesoro, y no he resistido la tentación de soltarle cuatro bocinazos rítmicos al manager que las vendía en exclusiva.

Salimos tarde para Kamabai. No hemos querido parar a comer por no perder tiempo y viajar de noche con las bombas. Además, tengo que entregarles a las Hermanas el dinero en Lunsar.

Llegamos cansados, pero sin novedad. He tenido que conducir muy despacio porque el peso era grande, y el viaje se nos ha hecho eterno.

Materiales 2

Miércoles, 24 de enero del 2007

He salido con Medo para Kayonkro para dejar los 6 sacos de arroz que prometí a las aldeas que habían sufrido el incendio. De allí, a Kamayusufu, para discutir con los trabajadores el presupuesto de la escuela. Después de algún tira y afloja, hemos quedado en que nos hacen el trabajo de albañilería por 5 millones y medio (1 euro, 3,800 leones). Me parece razonable, y ellos están encantados. Les he prometido que si son buenos, no les va a faltar trabajo.

Al regresar a casa, tenía 22 muchachas esperándome para ir de compras a Makeni. Me vuelven loco, es verdad, pero también lo es que disfruto oyéndolas regatear hasta la saciedad por sus zapatos nuevos. Los de 45 mil, terminan costando 30 mil, y así sucesivamente. Las más presumidillas buscan hebillas y tacones para poderlos usar en las fiestas. Otras, se inclinan por la comodidad. Eso si, todos deben de ser negros.

Luego los cintos y los gorros. Supongo que los gorrillos coquetos son herencia inglesa. Son más caros que los zapatos, y no hay escuela Secundaria que no los use. La formación en secundaria dura 6 años: los tres primeros corresponderían a la etapa Junior Secundary, y los tres últimos a la Senior Secundary. Las Junior usan una especie de boina, y las Senior, el mencionado gorrito. Los muchachos, a pelo. Ya os mandaré alguna foto.

La asistencia a clase pondría de los nervios al Jefe de estudios más benevolente de cualquiera de nuestros colegios. El nivel académico, realmente bajo. Al ver sus casas me pregunto cómo pueden estudiar: sin luz, sin enciclopedias, sin Internet, sin materiales… En fin, que quien sigue adelante, merece un monumento a la constancia y al esfuerzo. Además, el asistir a clase no les exime de sus obligaciones diarias como acarrear leña, o agua (con frecuencia está a un par de kilómetros) sobre la cabeza. Ni de cuidar a sus hermanos más pequeños, o cocinar… Es por eso por lo que las cabezas de nuestros muchachos y muchachas están bastante vacías de conocimientos, pero, eso sí, perfectamente decoradas.

La gente de Kamabai está realmente inquieta. Yo no me lo creo del todo, pero se dice que el Presidente de la República viene el próximo viernes para presentar como Paramount Chief del Biriwa Chiefdom, al mandingo que él propuso. Como las elecciones generales son este año, con su visita se aseguraría los votos de toda la comunidad mandinga de la zona. Los limbas nunca lo han votado, ni lo votarán. Los más revoltosos piden pelear. Otros, animan a la gente a que se vaya a los poblados para que el Presidente encuentre una ciudad desierta.

Esperemos en Dios que todo termine en paz. Ya os contaré.

Jueves, 25 de enero del 2007

Nuevo viaje a Kamayusufu para dar el visto bueno al presupuesto, y comenzar los cimientos de la nueva escuela. Me ha dado una alegría enorme el ver a toda la comunidad trabajando. Incluso el Chief, Abu Fofana, el del abrigo, picaba con apasionamiento, mientras las mujeres acarreaban piedras sobre la cabeza.

A diferencia de Kanikay, no ha habido ceremonia tradicional para poner la primera piedra, ni se ha matado un gallo, ni sembrado un árbol de plátanos. Y sin embargo, veo mucha más unidad y entusiasmo entre sus gentes.

Hemos marcado el terreno, y la verdad es que la vista es hermosa. Al estar la escuela apartada de la carretera, los niños no correrán ningún peligro.

Han discutido un poco sobre qué día de la semana sería bueno descansar. Como sabéis, los musulmanes dedican el viernes a su descanso semanal, y los católicos lo hacemos el domingo. Como les costaba ponerse de acuerdo, he mediado para decirles que los musulmanes podían trabajar los domingos y descansar los viernes, y los católicos trabajar los viernes y descansar los domingos. Les ha parecido una idea genial. Además, así adelantamos el trabajo y terminamos la escuela más rápidamente.

El Chief, entusiasmado, me quiere cambiar el nombre: Grampa Kamara por José Luís Garayoa. Le digo que lo de Grampa, vale, pero que el apellido ni hablar de peluquín. Yo me se de alguien a quien se lo cambiaron hace muchos años: Pedro por Simón, y terminó crucificado cabeza abajo. Aquí, no son muy dados a crucificar, pero te hacen carne para albóndigas con un machete por un quítame de allí esas pajas.

Como siempre, los más pobres, los más agradecidos. Nos han traído otra gallina y unas naranjas para darnos las gracias por ayudar a los jóvenes en la escuela. No tienen nada, pero no puedes negarte a recibirla. Vienen caminando unas cuantas millas con el bendito animal en los brazos, y a uno se le humedecen los ojos al escuchar sus bendiciones en musulmán, o en cristiano, según se tercie.

En estos momentos somos actualidad nacional, aunque no aparezcan por aquí los de la BBC o CNN. La gente sigue comentando la venida del Presidente. Parece que es cierto que viene mañana porque el ejército y la policía de Freetown han tomado literalmente Kamabai. Algunas familias han decidido marcharse a las aldeas del interior en señal de protesta. Otras se niegan a limpiar los frentes de las casas como les han pedido las autoridades. El Ministro de Educación ha obligado a todos los maestros a firmar en un cuaderno que ofrecerán luego al Presidente. Es una manera de forzarlos a permanecer en la ciudad, porque quien no firme no recibirá sueldo.

Por la noche, ha venido la policía a solicitarnos permiso para coger agua de nuestro pozo. Nos dicen que no esperan muchos problemas. Van a impedir el acceso a Kamabai montando un cordón a un kilómetro del poblado. Naturalmente, nosotros nos podemos mover sin problemas, pero sin subir a gente en el Toyota.

Viernes, 26 de enero del 2007: Visita Presidencial

Pues era verdad, el Presidente se ha presentado en Kamabai exactamente a las 10:40 de la mañana. He contado los coches que cruzaban delante de la misión a toda velocidad: 17 en total, y todos nuevos.

Las calles están desiertas. Gracias a Dios el pueblo eligió el camino de la indiferencia y la desobediencia a los consejos de las autoridades. Ni alumnos con banderitas, ni banda de música, ni nada… La comitiva ha ido directamente a la Escuela Secundaria donde el Presidente daría una charla a los profesores. Allí ha nombrado al nuevo Paramount Chief (Gobernador) del Biriwa Chiefdom: el Sr. Issah Sheriff, mandingo de la zona de Karena y que trabaja como doctor en Freetown.

Me ha contado alguno de los profesores presentes que fueron ellos mismos los que pidieron a los alumnos que no asistiesen ese día a la escuela y que se fuesen a trabajar al campo. A ellos no les quedó más remedio que hacer de tripas corazón y aguantar el discurso, aunque sin aplausos. Incluso me dicen que el Ministro de Educación amenazó al Director con removerlo de su puesto si no asistía, y con dar la Escuela Secundaria a la Misión Católica. Lo que nos faltaba.

Nosotros no hemos salido de la casa. El Director, padre de Liza Sesay, una de las muchachas a las que les estáis pagando los estudios, me había invitado para que tomase unas fotos del acto. Le dije que nadie me había dado vela en ese entierro (y nunca mejor empleada la expresión), y que prefería no asistir. Sé que, en el fondo de su corazón, me lo agradeció.

A las 12:40 del mediodía, los 17 coches cruzaban de nuevo Masaramankay a toda velocidad rumbo a Makeni. En uno de ellos, el Presidente. Vete tú a saber en cual porque nunca se asomó a la ventanilla para saludar. También es cierto que no había nadie a quien hacerlo. No ha dejado tras de si el don de la paz, precisamente. Dios quiera que las cosas no vayan a mayores.

Sábado, 27 de enero del 2007

Reunión de líderes en Karakana. El camino es infernal, pero tenía curiosidad por conocer esa zona. Aloisius y Jonathan comentan los evangelios de los 4 domingos siguientes. Es hermoso oír de sus propios labios lo qué significa orar por el enemigo y bendecir a quien te persigue. Todos, yo incluido, tenemos frescas en la memoria escenas terroríficas de la guerra rebelde. Y, sin embargo, dicen, eso también hay que perdonar, porque eran gente ignorante y utilizada por intereses comerciales internacionales.

Vuelvo a casa fortalecido en el alma, que no en el cuerpo. La carne era otra vez big rat, y no me he querido aventurar a comerla.

Tortazo tecnico

El técnico de los pozos se ha pegado un porrazo con la bicicleta y ha quedado hecho un poema.

Sigo buscando novia para nuestro chivo, pero no hay forma: nadie quiere vender. Y el pobre está desesperado. Cada vez que regreso a casa me mira como diciendo: me lo prometiste.

Domingo, 28 de enero del 2007

Visita a Bumbamkakendehka para ver los materiales que la gente lleva recogidos. Por la tarde, de compras a Makeni.

Siguen trayéndonos gallinas en agradecimiento por las becas de estudio. Gallinas que no dejan de ser para ellos un pequeño tesoro.

Me dicen que han encontrado agua en Kadagbana II, a 8 metros 55 centímetros de profundidad. Les doy los teléfonos que les compré en Freetown, porque quieren presumírselos a las novias. Aquí, el tener un teléfono móvil es un signo de poder adquisitivo. No tienen tarjeta, ni falta que les hace, porque tampoco tienen dinero para recargarlas, pero llevan su teléfono orgullosamente colgado del cuello. Mo tiene la mujer en Mamamah, pero es normal tener novias en los lugares de trabajo, según él.

La comunidad ha crecido. Me han traído a Mandi (agua en limba), una cría de bataha preciosa. Alguien mató a la madre, y la cría estaba condenada a una muerte segura. Me apiadé de ella nada más asomarme a sus ojos grandes y asustadizos, aunque se que luego me destrozará el corazón cuando se vaya. Le salvé la vida por 4 euros. Vuelta al biberón. Lloraba desconsolada por la noche, así que he tenido que levantarme y subirla a la habitación. Cuando sentía mi mano en su cabeza, callaba.

Dr. Cisco2

Lunes, 29 de enero del 2007

He ido con Mariama al dentista. Encontrar su clínica nos ha costado dar mil vueltas por Makeni. El doctor, un tal Cisco, me pide que entre al consultorio para que sea testigo de su trabajo técnico. Me da permiso para tomar unas fotografías.

-Hay que extraer cuatro muelas, dice.

Le pregunto si no puede empastar alguna, y me contesta que él trabaja for ever (para siempre, vamos), nada de arreglos provisionales. Y se las arrancó de cuajo, a pesar de los alaridos de dolor de la pobre muchacha.

-¿No le pones más anestesia?

-No es bueno mucha, y además es muy cara. Y solo cobro 10 mil leones por cada muela porque no pueden pagar más.

Lógico, ¿no? Si la gente no puede pagar, al menos hay que ahorrar en anestesia. De todas formas, si a algo está acostumbrado este pueblo es a sufrir.

La clínica del famoso, porque lo es, Doctor Cilco está en las antípodas de la clínica de mis amigos de Buccal Valladolid. Yo no sé si Gonzalo y Luís elegían a las enfermeras por competentes o por guapas, pero daba gusto entrar allí. Y lo mejor era descubrir que, además de guapas, hacían su trabajo como los propios ángeles. En tres horas de operación, no sentí ni el más mínimo asomo de dolor. Y eso que yo tengo fobia a los dentistas, no importa que sean expertos cirujanos masilo faciales.

El bueno de Cisco podría inscribir su clínica en el libro Guiness para competir en el apartado suciedad. Después de cada extracción, un simple remojón de las tenazas en una palangana de agua turbia, y a por la siguiente muela. Y así, paciente tras paciente. Luego, reventaba una de esas pastillas de antibiótico tipo capsula de plástico y le descargaba la mitad (solo la mitad, supongo que por lo caro del medicamento) en el hueco.

-Para prevenir la infección, decía.

Me dice Javi Marcilla que el contenedor va sobre ruedas y que prácticamente está lleno. Ya me dan ansias de que nos llegue, a pesar de saber que tendré que pasar un vía crucis antes de sacarlo del puerto. Espero que me sirva la experiencia con el primero.

Martes, 30 de enero del 2007

Vuelta a Kamayusufu. La gente está trabajando bien y con ganas. Prácticamente han terminado de excavar los cimientos y están haciendo blocks de cemento.

Cuatro mujeres de Kassassie I, madres de estudiantes, aparecen en la misión con cuatro gallinas. A este paso vamos a exportar, o regalar alguna a nuestras hermanas de Kenia.

Hace tiempo que no tenemos problema para surtirnos de huevos, y las tortillas de patata saben a gloria.

Nuevo viaje de compras a Makeni, Los comerciantes me reconocen y me persiguen con el muestrario por la calle.

nuevosbautizados

Miércoles, 31 de enero del 2007

Fiesta en Kassassie II por San Juan Bosco. He bautizado a 11 personas, seis de ellas contemporáneas de nuestro padre Abraham. Supongo que de todas formas se hubiesen ido al cielo. Tres muchachas y dos chavales, listos como una ardilla, completaban el grupo de catecúmenos. Me respondían con desparpajo a las preguntas. Y sonreí cuando una de las ancianas me dijo que en el bautismo iban a renacer de nuevo.

Les recogí el set en Kamasikie y, como Manuel esperaba el Toyota, no les pude acompañar en la comida. Me la deben.

Dainkeh, el señor de los pozos de agua de Port Loko, junto con toda su cuadrilla han llegado hasta Kassassie II para hablar conmigo. Me dicen que ya están listos. Les he dicho que hice un cursillo intensivo en España (mentira piadosa) y que estaba excavando pozos por mi mismo con la ayuda de las aldeas. Y que a mí me robaban una vez, pero no dos. Se han marchado echando humo.

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