Recordando: Agosto 2006

Martes, 1 de agosto del 2006

Hemos desayunado tempranito y procurando llenar el estómago. A fin de cuentas el desayuno va incluido en el precio de la habitación.

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Cruzamos a Freetown en el ferry de las 8:00 de la mañana. A esas horas, el ferry se llena de gente y de color: vendedoras de cacahuetes, de mangos (los últimos de la temporada), tarjetas Celtel, pescado, mecheros, cargadores de teléfono, galletas… Nos miran entre sorprendidos y curiosos, con ese descaro con el que te miran a la cara por esta tierra. Al principio te sientes un poco incomodo, pero luego, al cabo de un año, te acostumbras y les devuelves sonriente la mirada.

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Vamos al centro, a cambiar dinero con Bassan. Me acompaña Laura, y se sorprende ante la montaña de dinero que recibo a cambio de un pequeño cheque. Incluso me saca una fotografía. El libanés, amable como nunca, me ofrece café y acompaña a la puerta por primera vez en su vida.

Casimiro está pidiendo presupuesto para arreglar una moto yamaha, roja, que hace tiempo medio nos regalaron unos filipinos de UNAMSIL.

Se ha empeñado en conseguir langostas, pero el mar está picado y no pueden pescar. Se ha tenido que conformar con calamares y barracuda. También se encaprichó y compró una tortuga viva. ¿Os imagináis?, del mar a la montaña. Menudo viaje le espera a la pobrecilla.

Comemos en Roy, al lado de la playa. El plato de barracuda con patatas fritas les ha gustado. Luego salimos rumbo a Kamabai por Mountain Cut (la calle donde me robaron el celular), Kissy Road… Llueve con intensidad. Con la misma intensidad con la que mis sobrinos están recibiendo un sin fin de sensaciones nuevas. Me agrada verlos tan sorprendidos. Y me agrada, sobre todo, el oír a Javier decir: mejor si no vengo, ¡qué pasada!

Hemos parado un momentito en el hospital de Mabesseneh para saludar al Hermano Manuel y a los doctores voluntarios catalanes. Les he enseñado la habitación en la que me secuestraron en el 98. También ellos sufrieron lo suyo en aquellos días.

En Makeni se une Joy, voluntaria filipina, a la expedición. Queremos hacer una cena de bienvenida para todos ellos. Cas se encarga del menú: barracuda. Por esta noche, le hemos preparado a Javier una cama en mi habitación.

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Miércoles, 2 de agosto del 2006

Han conocido a Kuthaineh y, naturalmente, se han ofrecido para darle el biberón. La que hace unos días que no vuelve es Senkele. Medo me tranquiliza diciéndome que si no la ha matado algún animal, un día volverá. No sé, el caso es que estoy triste por su ausencia.

He llevado a Laura, Ana y Javier de compras al mercado de Kamabai: harina, cebolla, granut, pescado seco…

-¿No pensará comer usted este pescado, Padre?, me pregunta extrañada la vendedora.

Y Laura,

-Tío, ¿las moscas van incluidas en el precio o son gratis?

 Tranquilizo a todos diciéndoles que el pescado es para los trabajadores, y respiran con alivio. Es una mentira piadosa, pero prefiero que no se les revuelva el estómago tan de mañana. La pura verdad es que llevamos tres meses comiendo ese bendito pescado todos los días. Y no mentí, también lo comen nuestros trabajadores, lo que pasa es que no les dije que nosotros comíamos lo mismo que ellos.

Los he llevado a dar una vuelta por Kassasi II porque el entorno es realmente hermoso. El jefe me pide small kola nut (una propina, vamos) por sacar fotos, y yo le canto las cuarenta en bastos por caradura. Al final, graban sin problemas, e incluso les enseñan una casa y una baffa.

En la comida, se descubre mi mentirilla: el pescado seco es ahora parte de la salsa de plassas para el arroz. Ninguno de los tres se inmuta. Lo miran, abren los ojos con un poquillo de susto, susurran en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… ¡y p’a dentro! Estos son mis sobrinos, ¡si Señor! No puedo evitar que se me caiga la baba de orgullo.

Vamos con Fatu y Elizabeth a una estilista para que le hagan trenzas africanas a Ana. Una de las niñas, pariente de la peluquera, va a ser iniciada y por ello lleva un peinado especial. Ella no lo sabe, pero por la noche se la llevarán al bosque y de madrugada sufrirá la ablación del clítoris. Nos dicen que está contenta porque le han dicho que estrenará un vestido nuevo. La criatura tiene solo 7 años.

Fatu y Elizabeth conversan con mis sobrinas sobre el rito. Fatu fue iniciada a los 18 años, y Elizabeth a los 6. Dice Elizabeth que en su familia han decidido cortar la tradición y no iniciar a las mujeres.

Aparecen Kadiatu y Yenkeni (las iniciadoras), con un galón de mampa entre pecho y espalda, cantando y bailando. Creo que Ana y Laura incluso cruzaron las piernas. Javier dice que dan hasta un poco de miedo, pero es a él a quien le bailan y sonríen. Ya me imagino cómo tendrán el pulso para usar la cuchilla de afeitar por la mañana.

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Laura ha conocido a Ballay y estoy seguro que se la llevaría en la maleta para España sin dudarlo un minuto. También a Feren, que ha acudido a casa de Pa Bangura para encontrarse con ella.

Al volver a casa, los niños están esperando con un balón. Juegan entre charcos, descalzos. Los más afortunados, con chancletas chinas de plástico reciclado de mil colores. Laura, Ana y Javier disfrutan tanto o más que los chavales.

Javier le ha regalado una camiseta de Osasuna a Foday, el ayudante de Medo. Han conversado un rato, y le ha ofrecido pagarle la universidad. Ese era el sueño dorado de Foday, algo inalcanzable por causa del costo de la matricula: un millón de leones (338.90 dólares). Ahora lo va a hacer realidad gracias a mi sobrino y a un par de sus amigos de Viana (Navarra). ¡Ole por vosotros, chavales!, eso es solidaridad y lo demás cuento.

Para cenar, croquetas. A pesar de los ingredientes: pescado reciclado del día anterior, leche en polvo, escasez de huevos…, se nota que llevan en los genes el arte culinario de mi hermana Isa. Simplemente, deliciosas. También eso de nos tocan a 6 para cada uno, es de mi hermana. Y es que cuando cocina en Viana gambas, fritos, croquetas…, a uno se le olvida contar, e incluso el mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo.

Jueves, 3 de agosto del 2006

He ido a Bumbamkakendeka para avisarles del robo de las bombas. Gracias a Dios, a ellos no se la habían robado. Mis sobrinos siguen repartiendo chupa-chups y sugus (caramelos) a todo chiquillo que se les acerca. Lo que pasa es que calcularon mal y les da un poco de rabia. Y es que en nuestro bendito país dinero no tendremos, pero pikines (niños) hay a cientos. De cada baffa pueden salir tranquilamente un par de docenas. Desde luego, en todos los pueblos hay más niños que caramelos.

Les llama la atención el que la gente del poblado se descalce al entrar al pozo para no llenar los alrededores de barro. Todo un detalle.

De ahí, a Kakola. Me han enviado una carta pidiendo ayuda porque a una familia se le había quemado la casa, y he querido conocer los hechos in situ. Me agrada el que mis sobrinos tengan la oportunidad de conocer de primera mano cómo trabajamos. La traducción es a tres bandas: del inglés al kriol, y del kriol al limba. Me da un poquito de miedo porque en cada traducción terminan inventándose lo que les apetece oír. Y luego ponen en tu boca promesas que nunca hiciste.

Pregunté qué ayuda le había brindado la comunidad a la familia, y me contestaron que ninguna. Simplemente les ayudaron a salvar alguna cosa del incendio. Ahora, los siete viven amontonados en una pequeña baffa junto a la casa incendiada.

Les he propuesto volver en una semana, reunirme con la comunidad, y decidir la mejor forma de ayudar a la mujer y a su familia. Es el momento de demostrar qué tan unidos están y hasta qué punto saben vivir en cristiano como auténticos hermanos. Les he insistido en lo de siempre: voy a multiplicar por diez lo que vosotros deis. Si no aportáis nada, multiplicado por diez, es igual a nada.

Dios santo, Javier ha llamado a su novia Rebeca y se ha emocionado. De todas formas, me encanta ver que la gente exprese sus sentimientos. Es una hermosa manera de saber que uno está vivo.

Abusando del arte culinario de los sobrinos, les he propuesto ir a Makeni a comprar huevos y patatas de las de verdad, para hacer una tortilla española como Dios manda. De paso, decidimos comprar tela para hacerse unos trajes típicos africanos. He llamado a Frances y me ha recomendado vendedora y sastre. Menudo follón se ha organizado en la tienda y en la sastrería. Nos han perseguido todos los tullidos y ciegos de la ciudad extendiendo la mano. Terminan por hacer que te sientas incomodo.

Llueve otra vez, lo que convierte las callejuelas del mercado en algo intransitable por la suciedad y el lodo. Lo importante es que, por recomendación de Ana, todos llevábamos chancletas y, por lo tanto, los pies bien frescos. También, que conseguimos patatas: 5 unidades por 2.000 leones, la mitad del sueldo básico.

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¿Os acordáis de cuando el coreano me dijo que pidiese bra (sujetadores)? Pues mis sobrinos lo leyeron en el blog y, ni cortos ni perezosos, se me presentaron con media maleta de ellos, y la otra media con la parte de abajo. El reparto no tiene desperdicio. Les han dado unos a Fatu y Elizabeth, les han pedido que corran la voz, y ahora todas las mozas, y no tan mozas, del lugar comienzan a llegar poquito a poco a ver la lencería. ¡Jesús!, incluso el coreano les manda clientas.

Como anécdota, deciros que también acudió Yenkeni (una de las iniciadoras), y Laura no quería encerrarse a solas con ella. Incluso le permitió sin rechistar que agarrase todos los que quisiese con tal de que se fuese cuanto antes.

Por la noche, arroz enriquecido por el coreano con cebolla y chorizo, y unas sabrosas tortillas de patata. ¡Qué delicia!

Feren le ha enviado una carta a Laura diciéndole que no come hace tres días, y que le de dinero para comprarse un vestido y unos zapatos para ir a misa. Y que no le crea a la gente mala que dice cosas desagradables de ella. En fin, una carta un tanto extraña que  nos ha sorprendido a todos. Incluso a mí. Les he dicho a las mensajeras que Laura le iba a pagar los estudios únicamente, y que lo haría a través mía, nunca dándole el dinero en mano. Comienzo a dudar si las reales intenciones de Feren son estudiar, o conseguir alguien que le proporcione dinero fácil. Ya veremos.

Llamada a los papás para decirles que todo está bien, y nuevo brote emotivo de Javier. Y lo entiendo perfectamente. Lo que pasa es que se acumula tanta imagen, tantas caras, tantas sensaciones nuevas, que uno no encuentra palabras para compartir lo de dentro con los que ama, y solo aciertas a dejar salir el sentimiento. Por eso se repite tanto el esto hay que vivirlo, no se puede contar, es distinto a verlo en la tele, etc, etc, etc.

Viernes, 4 de agosto del 2006

Foday nos ha dado la noticia de que Medo ha cazado una bathaha a las 5 de la mañana. Me había prometido conseguir carne para celebrar mi cumpleaños, y ha cumplido su promesa. Después de destazarla y de las fotos de rigor, hemos preparado los bocadillos de jamón y de salchichón y salimos de viaje.

Día de excursión al salto del agua de Bumbam. Nos acompañan Elizabeth, Fatu y Medo. Es Medo quien abre la marcha para espantar alguna cobra despistada. Tiene un instinto y una vista especial para descubrirlas en mitad de la espesura.

Laura, Ana y Javier, van vestidos especialmente para la ocasión en modelos Coronel Tapioca, botas incluidas. Fatu y Elizabeth en faldas y chancletas. Medo, con sandalias y un chándal. Mis sobrinos se preguntan si vamos a la misma excursión. Yo, por si acaso, he metido en mi mochila la piedra negra.

Al dejar la carretera y entrar en Kathanta, le he dejado conducir a Javier para que experimente la sensación de conducir nuestro land rover amarillo.

Se bañan en la poza a pesar de que las lluvias han aumentado la corriente. Ana se hace una pequeña herida en el codo por la fuerza del agua. Medo es el único que nada contra corriente como un pez, a pesar de no tener más carnes que el clérigo Cerbatana.

Las mujeres hablan de sus cosas, mientras los hombres asistimos mudos a la conversación. Elizabeth no se metió al agua por estar en los días menstruales. Como Laura también estaba pasando por el periodo, le preguntó si conocía lo qué era un tampón. Ante la respuesta negativa, enseñó uno a las muchachas, y les explicó las ventajas y lo higiénico del invento. Fatu y Elizabeth escuchaban alucinadas. Medo, con los ojos abiertos como platos. Y es que, en la cultura africana, es un tema que no se habla delante de los hombres.

Laura quiso completar la clase con una demostración práctica, sacó un tampón, lo metió en el agua…, y Medo se fue literalmente para atrás de la impresión. No paraba de reírse entre sorprendido y desconcertado.

Un poquito más abajo de la poza hay una cueva de roca viva que puede protegernos en caso de lluvia, y para allí que nos vamos con nuestros bocadillos. Yo he devorado el mío. También Laura, Ana, Javier y Medo, el suyo. Fatu y Elizabeth han preferido guardar la mitad para más tarde.

Han llegado dos muchachos y Fatu y Elizabeth me han pedido permiso para darles la mitad de su bocadillo. Mis sobrinos me preguntan si los conocen de algo y les respondo que de nada. Les sorprende el gesto espontáneo de generosidad. Les digo que los muchachos tienen hambre. Y se nota a simple vista porque se han tragado literalmente el bocadillo de salchichón Mari Pili.

Me dicen mis sobrinos si no tendremos que aprender nosotros más de ellos que ellos de nosotros. Al menos en cuanto al compartir se refiere.

Ana, le ha ofrecido a Fatu ayudarle pagando la escuela, y la muchacha está toda agradecida. Me parece el mejor camino para ayudar a este pueblo a conseguir un futuro mejor.

De regreso conduce Laura. Todos quieren sentir entre sus manos mi tractor amarillo. El land rover se para un par de veces desconcertado al sentir manos y pies diferentes, pero termina por llevarnos dócilmente a la misión.

Hacen colada: agua del pozo y una pastilla de jabón. Trabajan los tres en equipo lavando, aclarando y tendiendo. Poco a poco su ropa va cogiendo color y olor africano. Aquí no hay suavizantes.

En cuanto los críos ven aparecer el coche, inundan el porche para jugar. Hoy toca golosinas y globos. Les encanta inflarlos y verlos volar soltando pedorretas. Luego, canciones infantiles limbas y españolas con baile incluido. Y volteretas. Y jugar a dibujar en una pizarra de 75 centavos de euro. Se pueden pasar horas y, de hecho, se las pasan.

Una niña dibuja un kuthodo con su correspondiente husuli (recipiente de madera donde machacan las hojas de cassava y el granut). Le digo a Laura que tome nota de lo claro que esa criatura tiene su futuro.

Ha venido la policía para avisarme de que un mandingo le ha cortado pies y manos a un limba sin llegar a amputarle. Están exaltados por motivo de las elecciones y quieren que, en la medida de lo posible, les ayudemos a calmar los ánimos. A Javier no le ha hecho demasiada gracia y me dice que incluso se le ha puesto mal cuerpo.

He preparado el hígado y el corazón de la bathaha encebollados para cenar. No están mal, aunque ni Laura, ni Ana son muy amigas de comer vísceras. Casimiro ha completado el menú con unos pinchos morunos con adobo coreano.

En la cena intento tranquilizarles porque la policía les ha dejado un tanto preocupados. Les digo que a la menor señal de peligro me los llevaría a Freetown. Laura sonríe y me suelta la lección del día:

El peligro, igual que el amor, no se puede cuantificar, ni medir: es intangible. Tú tienes el listón del peligro muy alto, debes estar quemándote los pies para ver el fuego.

-¿Por qué lo dices?, le pregunto.

-Hombre, en caso contrario, no estarías aquí después de un secuestro.

 ¡A callar tocan!

Mis sobrinas se han propuesto darle a Casimiro todos los besos que la vida le ha quitado, pero el coreano, cada vez que lo besan en la frente, cabecea como el chivo negro. Estoy absolutamente seguro que luego los echará en falta.

Sábado, 5 de agosto del 2006

En el desayuno, Javier estaba comentando que le encantaría ver bichos, cuando una araña tremenda ha salido despavorida de su taza al sentir el agua hirviendo. Lo que gritó asustado no pasaría la más benévola censura, así que mejor desisto de escribirlo.

Hemos salido temprano para Werelada. Allí dejaremos el land rover y cruzaremos el río Mabole para visitar Makehe, y de paso sacar video del pozo que financiaron los niños de la Iglesia de Santa Rita de Madrid. Pero también en Africa tiene vigencia aquello de que el hombre propone y Dios dispone. La barca-tronco hacía agua y a alguien se le ocurrió la brillante idea de tapar los agujeros con cemento. Ahora está inservible y, aunque insisto un par de veces, no nos recomiendan pasar.

-¿Y de tres en tres?

-It’s really dangerous, Fada (es peligroso, Padre)

A pesar de la opinión de Laura acerca de mi baremo de peligro, desisto de insistir más. Reconozco que me hacía ilusión que visitasen la aldea, y a ellos mucho más, pero hay serpientes y cocodrilos en el agua, y tampoco es plan el ofrecernos a ellos como un fácil  desayuno.

Tras la decepción, decidimos cambiar de planes e ir a visitar a los Padres Javerianos de Kabala y de paso comprar unas verduras. También entramos en Kanikay para que vean la escuela que estamos construyendo con la ayuda de mis antiguos parroquianos de Little Flower.

El P. Carlo nos atiende amablemente y comparte con mis sobrinos su experiencia en el tiempo de la guerra. Sobre todo, la fidelidad de la gente que lo escondió de los rebeldes en el bush, sin querer revelar a nadie, ni al mismísimo obispo, su paradero.

 De vuelta a la misión, llamamos a mi hermana Mari. Se alegra de recibir noticias de Sierra Leona. También a Paul, a quien le he pegado un buen susto diciendo que los rebeldes habían secuestrado a Ana y que me pedían 3.000 libras para liberarla. El buen hombre me pidió que las pagase sin problemas, que luego me las repondría. Ahora si me ha convencido de que están listos para el matrimonio.

Más juegos de la sillita de la reina (hacen cola y repiten un montón de veces), volteretas, y carreras. Laura, Ana y Javier disfrutan como auténticos críos, y a mi me enorgullece la facilidad con la que se han metido a los niños en el bolsillo, y la adaptación de la que hacen gala cada vez que deben comer o beber algo: nunca una mala cara, aunque la procesión y los escrúpulos vayan por dentro. Todavía diría cosas más bonitas si no fuesen tan familia, pero me las callo porque estoy seguro de que alguno pensará que me ciega el corazón.

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Domingo, 6 de agosto del 2006 

Voy con mis sobrinos a celebrar misa a Bumbamkakendeka.  La misa es a las 9:00 de la mañana, pero no hay prisa: la gente se va acercando poquito a poco al reclamo de los kunahs (tambores). Laura, Ana y Javier han estrenado las rapel (típica camisa africana) que compraron en Freetown. Y están guapos, ¡qué caray! Y si lo dudáis, podéis comprobarlo en las fotos que os envío.

Ha venido a misa el chief. Es musulmán y padre del líder cristiano. Alguien le pide que se quite el gorrito, y lo hace con respeto. Me sorprende la unidad y armonía que reina en la aldea entre musulmanes y cristianos. ¡Ya podrían aprender algunos locos de los que andan sueltos por el mundo!

La homilía, sencilla. Les hago una simple pregunta:

Decidme diferentes formas en las que puedo demostrar mi amor al prójimo

 Y las respuestas, como siempre, enriquecedoras:

Compartiendo el arroz, trabajando en la parcela del que está enfermo, no hablando mal de los demás…

 Al final de la misa, el chief ha querido agradecer a mis sobrinos su visita y les ha dicho algo muy hermoso:

A partir de ahora ya formáis parte de la vida y de la historia de esta aldea. Sois parte de nuestra comunidad.

¿Lo mejor? Que yo sé que  no es ningún cumplido, y que lo dicen de verdad y con el corazón.

 Antes de la misa les presté 2.000 leones a cada uno de los sobrinos para que los echasen en la limosna. Les ha hecho gracia el que una mujer cambiase un billete de un platillo a otro. Les he dado la explicación y todavía se han sorprendido más. Es costumbre en las comunidades decir al final de la eucaristía la limosna recogida, pero lo hacen diferenciando lo que dieron las mujeres de lo que dieron los hombres. Luego, aplauden todos. Hoy con más ganas, porque en total recogieron 7.500 leones, de los cuales 6.000 salieron del bolsillo familiar. Y algún espabilao todavía pensará que estamos aquí por dinero.

Lo que me sospechaba, sucedió. Intento por todos los medios el evitar comer y beber en las aldeas mientras ellos estén por aquí, pero es inútil: puede más la generosidad de la gente. Nos habían preparado para comer la ya famosa paella africana. Esta vez con pollo incluido. Los invitados, con cuchara, y los nativos, con la mano. Les he pedido que comiesen siempre de la orilla más cercana a ellos, pero estos sobrinos míos son todo terreno (¡que orgulloso estoyyyy!). Incluso unos lamparazos de mampa se han metido compartiendo un par de tazas de plástico. Eso sí, me han dicho que no comían pedazos de pollo para dejárselo a ellos.

Yo me levanté un segundo a tirar un par de fotos y en un plis plas me volaron el sitio y la cuchara. El que fue a Sevilla, perdió su silla, nunca mejor dicho.

Al despedirnos, nuevos agradecimientos y, para mi sorpresa, un gallo y una gallina como regalo. Es la primera gallina que me regalan en un año y sé lo que eso significa para ellos, por eso me emociona el detalle. Los recibe en nombre de todos, Javier.

De regreso a casa, hemos parado en la iglesia de Kamabai y Vicente, que estaba celebrando la misa, les ha dado la bienvenida. No contentos con ello, me han pedido que saliesen al altar y que los presentase uno a uno. No les hace demasiada gracia, pero les he dicho que se sentirían ofendidos si no lo hiciesen.

Casimiro nos ha recibido con una carne como para chuparse los dedos. Le han dado su ración de besos, pero tiene más concha que la tortuga que se trajo de Freetown. Sigue inmutable ante tanto exceso de afectividad. Le he dicho que, en caso de visitar mi tierra, esto le puede servir de entrenamiento.

Qué curioso, todo es novedad: los críos para mis sobrinos y mis sobrinos para los críos. Pero cómo se divierten jugando juntos.

Laura le ha dado a Vicente unos rosarios que le dio Mari Gracia. Le dije que era el más apropiado para recibirlos. La entrega, de titular.

-¿Sabes cómo funciona ésto?

 Vicente le ha mirado sorprendido.

Creo que sí, ha contestado.

 Lunes, 7 de agosto del 2006

Hoy es mi cumpleaños y no he tenido paciencia para esperar a que mis sobrinos se levantasen y me felicitasen dándome a mí también la ración de besos correspondiente a día tan especial. He ido tempranito a despertarlos para que me cantasen las mañanitas.

Hace un par de días me decían preocupados que, entre el jaleo de los preparativos del viaje, se les había olvidado el comprarme un detallito de regalo. Ni se imaginan el regalazo que me han hecho con su visita. Nunca imaginé el poder celebrar mi cumpleaños con mi familia en Sierra Leona. Y menos, después de haber sido el país tan tristemente famoso durante la guerra. Además, aquí no necesito absolutamente nada. Sigo sin estrenar los zapatos tan caros que absurdamente me compré en la zapatería Tiberio de Pamplona.

Hemos cocinado la bathaha que Medo cazó el otro día, y lo he invitado a comer junto con Fatu y Elizabeth. Han hecho muy buenas migas con mis sobrinos y creo que se sienten a gusto entre nosotros. Fatu y Elizabeth se han servido un plato de arroz con plassas para comérselo afuera. He tenido que explicarles que la invitación era para sentarse en la mesa con nosotros, no para vernos comer. Y que la amistad no entiende de razas, ni colores de piel. Han agradecido el gesto, aunque al principio se sintiesen un poquillo avergonzadas. Medo en eso no tiene ningún problema.

El chivas+ el pacharán+la cerveza le han soltado el cuerpo a Javier y se ha lanzado al ruedo a bailar música africana con todos los chavales. En mitad de la fiesta han aparecido 5 policías armados hasta los dientes. Al enterarse de que era mi cumpleaños, el comandante los ha puesto a cantarme el happy birthday, y se han tomado una cerveza con nosotros. La escena ha sido de película.

He llamado al Padre Jorge Jiménez diciéndole que tenía jamón, chorizo, y mujeres españolas, y se ha venido escopeteado a cenar con nosotros.

Kuthaine se ha pasado todo el día en la misión. Parece que también le gusta estar en familia en este día. De nadie acepta la leche si yo no estoy en la casa. Lo han intentado Neneh, Medo… Lo sorprendente es que después de olerlos un buen rato, acepta el biberón de cualquiera de mis sobrinos. Medo me dice que es que huelen como yo porque tenemos la misma sangre. ¡Qué curioso!

Y para que la dicha fuese completa, hemos puesto de nuevo en marcha la energía solar.

Martes, 8 de agosto del 2006

Les he llevado a conocer el hospital Holy Spirit de Makeni. Me pregunta la enfermera si me encuentro mal, pero le digo que por esta vez solo vengo de visita. Han conocido la suite del coreano, adornada para la ocasión con un par de cucarachas de tamaño considerable. De carnicería, que diría Ana.

El doctor Levi nos ha atendido muy amable. Le han preguntado cómo siendo tan joven decidió quedarse a trabajar aquí, y su respuesta para enmarcarla:

He tenido oportunidad de trabajar en otros países europeos ganando mucho más dinero y con mejores medios, pero si todos nos vamos, ¿quién ayuda a nuestra gente? El dinero no lo es todo en la vida.

 Y ha seguido a lo suyo: a ayudar a la pobre gente que se le amontona en las bancas de madera. Y a pedir los análisis de sangre a un laboratorio con menos infraestructura que la de un colegio de bachillerato en España. Lo curioso es que a pesar de lo poco que gana, siempre lo ves sonriente. Y la sonrisa no tiene precio.

De ahí, a la estación de policía. El Jefe, Mustafa Kamara, les ha enseñado los distintos departamentos: violencia domestica, robos, investigación… Les comento que los sueldos de los agentes son tan bajos, que cada uno debe buscarse la vida como puede. Bueno, ya me entendéis. No puedo ser más claro por respeto a las instituciones.

Paramos a poner diesel al Toyota y nos agobian los mendigos. En cuanto ven un blanco se pelean por coger el mejor sitio al lado de la ventanilla. Y se quedan ahí, pegados al cristal como una calcomanía. Veo incómodos a mis sobrinos y les digo que uno termina por acostumbrarse.

Nos vamos a dar un paseo a Magburaka. Está muy cerquita de Makeni y tiene una iglesia muy hermosa en forma de cabeza de elefante. Les impresionan las pinturas del interior y el que María, José y el Niño sean negros. También los santos, y los apóstoles… Incluso los angelitos son negros, como pedía Machín en su canción. Y, por supuesto, estoy totalmente de acuerdo en aquello de que también se van al cielo todos los negritos buenos. Eso, a pesar de que a algún iluminado de los que anda suelto por ahí no le haga demasiada gracia.

San Martin

De regreso a la misión, Laura, Ana y Javier se querían liberar un rato del tío protector y han intentado escaparse a una poza en la que la chiquillería se baña, justito detrás de la casa de Pa Bangura. Los he visto a tiempo, y me he ido con ellos para divertirme un rato. Todos se han lanzado al agua. Laura y Ana sin nada por arriba, y lo justito por debajo. Estas sobrinas mías se han adaptado a Africa maravillosamente bien.

Casimiro se ha esmerado en la cena adornando un arroz con cebolla y chorizo. Muy rico, la verdad sea dicha.

Para postre llega Benedict, el abogado, para comentarme los pasos que se están dando en el juicio contra el seminarista, y de paso endosarme una factura de 350.000 leones como pago por los desplazamientos. Dice que lo demás se lo pagará el obispo. Hombre, algo es algo.

Miércoles, 9 de agosto del 2006

Nos hemos ido a Makeni para recoger a Félix, con bicicleta incluida, y llevarlo hasta Kayonkro. Hoy termina las pruebas prácticas para conseguir el titulo de maestro. Me dice que todos sus amigos se han sorprendido de que unos blancos fuesen a recogerlo. Por lo visto sigue siendo más común que sea el negro el que sirva al blanco.

En el Pastoral Center saludamos brevemente al Obispo Biguzzi. Nos lo encontramos de sorpresa porque creí que andaba por Alemania.

En casa de la tutora de Félix nos invitan a camote frito. Mis sobrinos ni se inmutan: todo se lo echan a la boca. Y eso que del bendito camote escurría un aceite reutilizado hasta la saciedad.

He recogido dos sacos de arroz y los hemos llevado a Kamathoro. Parece que Félix nos ha organizado una fiesta por todo lo alto en nuestro viaje a Kadagbana II. Nos reciben con un galón de mampa. Llegan los Elda (ancianos del poblado) para darnos la bienvenida, y uno de ellos, Joseph Ali, le ofrece matrimonio a Laura. Le decimos que él es musulmán y puede tener otra mujer, pero que Laura es cristiana y solo puede vivir con un hombre. Ali no se arruga, está dispuesto a despedir a la que tiene.

Con los cuerpazos que se ven en Sierra Leona y me tenía que tocar uno de 70 años y medio ciego, comenta Laura.

Se me han escapado otra vez: esta vez al mercado de Kamabai. Javier está empeñadísimo en encontrar un sitio para tomar algo. Hasta risa me da, pero no hay quien los convenza de que aquí es muy difícil gastarse el dinero.

Feren ha venido a saludar a Laura y le ha regalado unos cacahuetes. Es extraña la muchacha, de una timidez infinita.

Jueves, 10 de agosto del 2006

No ha parado de llover en todo el día. Fatu ha venido a despedirse de mis sobrinos. Dicen que les da no se qué decir adiós a alguien que les ha calado hondo y a quien seguramente no volverán a ver.

 Encuentros y desencuentros, es la vida. Hay personas que en solo 10 días te dicen y te llenan el alma más que otras en toda una vida. También Fatu sufrió al despedirse. Lo hizo en silencio, con timidez, como suelen hacerlo las mujeres de esta tierra, pero estoy seguro que viajó a Bo con el corazón lleno de sensaciones nuevas. Un día me dijo que le agradaba la forma en la que mis sobrinos convivían.

Otra escapada. Y van tres. Y eso que me decían que no se iban a separar ni un centímetro de mí. Esta vez, y a pesar de la lluvia, se han largado andando a Kamankay, una aldea a 3 millas de la misión.

Llovía con fuerza y se han tenido que refugiar en la iglesia después de repartir una bolsa de chupa-chups a pequeños y grandes.

Manuel les ha traído de Makeni el vestido típico africano, y se han reído con ganas al probárselo. No se cómo les tomaría el sastre las medidas, pero se me hace que lo van a tener que engrasar para poder entrar en él. Digamos que se ven graciosas. Además piensan estrenarlo el domingo para ir a misa. ¡Señor, Señor!, espero que no se me salte la risa.

Nos hemos dado una vuelta por el vecindario y de paso agradecimos a Bobó, el esposo de Adama, el gallo que nos regaló. Veo que se sorprenden de las condiciones de vida de nuestra gente. También de la sastrería de nuestro Taintin, un monumento a la suciedad y al caos.

Los he presentado al Chief de Masaramankay para que le ofreciesen la kola nut. Le han dado 30.000 leones, que se que contará más tarde con satisfacción.

La Mami Queen ha citado a todas las mujeres para una reunión especial. Supongo que el tema central es la elección a Paramount Chief que tendrá lugar mañana, y el conflicto entre limbas y mandingos por hacerse con el poder. Luego me enteré de que a las 9:00 de la noche, la policía las dispersó con gases lacrimógenos. ¡Y Yenkeni estaba empeñada en que asistiesen mis sobrinas!

Me hace gracia oír cómo los chiquillos gritan Ana, Anaaa, cuando nos ven pasar por la calle. El nombre de Laura les cuesta un poquito más pronunciar, y el de Javier, ni lo intentan. Han elegido el camino fácil y le llaman fada, como a nosotros.

Viernes, 11 de agosto del 2006

 Desayunamos tempranito porque Félix nos espera en Kamathoro a las 8:30 de la mañana. Como el land rover amarillo está con el mecánico en Kabala, es Manuel el que nos lleva.

Se empeñan en que bebamos mampa: es bueno para agarrar fuerzas antes de la caminata. A nuestro lado, una cría se bebe un cuenco ante el asombro de mis sobrinos. Supongo que al no tener ni leche, ni magdalenas, ni mermelada, ni mantequilla…, es lo más nutritivo que tienen a mano.

Todavía tienen tiempo para el rito del chupa-chups. El tiempo nos respeta y milagrosamente no llueve, así que emprendemos la marcha a Kadagbana II agarrando con ganas la primera cuesta. La gente de la parroquia estaba sorprendida cuando les dije que iba a visitar la aldea con mi familia. Incluso me dijeron que estaba demasiado lejos para ellos, pero a mis sobrinos y a mí nos hacía ilusión compartir juntos una de mis habituales correrías.

Uno de los problemas principales en tiempo de agua es la elección del calzado. Con sandalias terminas con los pies crucificados por los insectos, y con botas debes meterte el orgullo hispánico por la cámara de los comunes y aceptar el que te pasen a caballito. Eso, o desesperar al guía calzándote y descalzándote cada 15 minutos. Nos decidimos por las botas.

Félix intenta cruzarlos en su espalda en el primer río.

No, gracias, faltaría más. Nosotros podemos hacerlo.

 Yo sonrío ante tan efusiva demostración de justicia, paz, dignidad, y derechos humanos. Les digo que hace tiempo, en una homilía, me dieron la lección de mi vida: es mucho más fácil lavar los pies a alguien, que dejar que te los laven. Pero no me hacen ni caso.

Nos detenemos. Se quitan las botas, luego los calcetines. Se secan los pies frotándoselos con el pantalón apoyándose en Javier. Vuelta a ponerse los calcetines, las botas, atárselas bien…

A los 10 minutos nos encontramos otro riachuelo y Félix no les deja ni que lo piensen. Es más rápido cruzarnos en la espalda. Lo aceptan bajando la cabeza y dando las gracias una y otra vez. Les comento que yo ya pasé por ese proceso, y que Félix lo hace con gusto. Además, cuando él necesita ayuda no duda en pedirla, y yo se la brindo sin problemas. Sin ir más lejos, el otro día, condujimos de Kamabai a Makeni y de Makeni a Kayonkro para llevar a Félix con la bicicleta y todos los bártulos a su casa. Es mi forma de echármelo en la espalda.

En cada una de las aldeas que pasamos algunos críos corren despavoridos y los mayores nos saludan con curiosidad.

Suelto una carcajada al oír decir a Javier:

-Laura, que amolada debes de ir para no decir ni una palabra.

Kadagbana II está inundada de gente. Han venido de todas las aldeas vecinas a dar la bienvenida a mis sobrinos. Javier me pregunta con qué frecuencia come arroz una familia. Le digo que solo algunos de ellos, los más privilegiados, lo hacen una o dos veces a la semana. Les han sentado como a la familia real y han ido desfilando dándoles la mano todos los líderes.

He intentado que la misa fuese corta porque quedamos con Manuel a las 4:00 de la tarde. Pero es imposible. Están contentos por la visita y quieren bailar y cantar todo el repertorio. ¡Y como a Félix no le gusta…!

A Javier, Dios le está concediendo todos sus deseos. Estaba deseoso de ver una culebra a la distancia justa para tomarle video. Yo le pedía a Dios todo lo contrario, pero pudo más la fe de Javier. Poquito antes de empezar la misa, y justo encima de mi cabeza, comenzó a deslizarle por el techo un culebrón. La gente comenzó a gritar y Félix, que conocía los deseos de mi sobrino, le gritó para que le tomase fotos y la grabase. Continué la misa echándole alguna reojadilla al techo de vez en cuando.

Me reí al decirles a mis sobrinos que tomasen nota de cómo su tío movía a las masas. En la puerta del edificio multiuso que hoy estrenábamos por primera vez se habían instalado todos los vendedores ambulantes de la zona con sus cajas repletas de mercancía.

Tío, ¿pero aquí quien compra? Me preguntan.

Y es que en Sierra Leona en cada esquina te encuentras un mini marquet: pimienta, sal, azúcar, pescado seco, cigarros, paracetamol…

De nuevo me piden que los presente a la comunidad diciendo sus nombres. Ya se van acostumbrando al rito. También Javier se está haciendo todo un experto en la recepción de gallinas. Esta vez han sido dos.

-Sois ya miembros de esta comunidad, parte de su historia y hermanos nuestros.

 Como que suena muy fuerte a los oídos europeos, pero insisto en que es verdad. Así lo sienten, y así lo dicen. Y a mí me agrada escucharlo porque se lo están ganando a pulso.

Han preparado danzas tradicionales, pero comemos deprisa y no podemos disfrutar de la velada el tiempo que hubiésemos deseado: Manuel nos espera con el Toyota en Kayonkro y no queremos llegar muy tarde. El líder de Kamangbangbanranthan ha venido con nosotros para asegurarse de que mañana iremos a visitarlos a su aldea. La gente nos espera y están ilusionados con la visita.

Manuel, Vicente y Medo han salido a encontrarnos en lo alto de la colina. Nos dicen que Casimiro está pachucho: ¡vaya por Dios!, otra vez.

Regresamos a casa. En el camino nos paran para decirnos que un mandingo quemó la casa de una familia limba. El hombre nos enseña el corte que le hicieron en el codo con el machete. Kamabai está literalmente tomada por la policía y en toque de queda. Seguimos con el problema de la elección a Paramount Chief. Supongo que el Gobierno terminará imponiendo democráticamente a su candidato, y habrá problemas.

Sábado, 12 de agosto del 2006

 Nueva salida a las aldeas del interior. Esta vez a Kamangbangbanranthan. Hoy nos acompañan Medo, Elizabeth, Desmond, Edmond, la mujer de Félix…, en fin, que parecemos casi una procesión por las montañas.

Hay que pasar un par de puentes, pero los sobrinos también hacen gala de un buen equilibrio.

De nuevo toca elegir: o ir todo el día con los pies cocidos por la humedad, o aceptar humildemente que te crucen a caballito. Se sorprenden al ver cómo se ayudan entre ellos. Incluso a Medo lo pasaron en la espalda porque no llevaba el calzado apropiado. Supongo que eso les hace sentirse menos inútiles.

El camino a la aldea se les hace menos pesado que el día anterior. Nos reciben a la entrada con un galón de mampa y plátanos.

En la Iglesia he bendecido a Claudia y a Alex, y dado nombre a otro niño. Esta vez he elegido el de mi padre, Andrés. Poquito a poco voy a ir llenando las aldeas con los nombres de todos los familiares y amigos. Os recuerdo que para ellos es un honor que sea el sacerdote el que elija el nombre de la criatura.

Hemos recordado y sellado con un apretón de manos el compromiso adquirido en mi anterior visita: intentar, en tiempo seco, construir un edificio multiuso y un pozo de agua. Les digo que el trabajo será duro por la dificultad de acarrear los materiales, especialmente los moldes para el pozo, pero insisten en que de eso no me apure: los transportarán en la cabeza.

Arroz con pollo amenizado con danzas tribales. Esta vez son las mujeres las que danzan. Laura y Ana se tiran al ruedo sin falta de insistirles demasiado ante el regocijo y sorpresa de los habitantes del poblado. Más tarde se enterarán de que es una danza que solo la realizan la noche anterior a la iniciación, y que hoy la han realizado a plena luz del día para honrar a los visitantes.

Nuevo gallo en manos de Javier que a este paso nos va a obligar a agrandar el gallinero.

Antes, alguien le ha pedido que se limpiase la boca porque la llevaba llena de pimienta. Se sorprende porque la verdad es que a ellos no les cabe más suciedad encima.

Laura y Ana tienen a Claudia y a Alex en los brazos y se preguntan si llevarán pañales.

En un momento lo sabremos, hermana, dice Laura.

Y tenía razón. Al ratito, Claudia se ha hecho un pis morrocotudo en el pantalón de Ana y han descubierto que en Kamangbangbanranthan de pañales, nada de nada.

Al regresar a casa hemos comenzado a copiar en discos las fotos de las cuatro cámaras y algo de música africana. Yo me subo a la habitación para poner al día el blog porque estoy usando de referencia los apuntes de Laura. El día huele ya a despedida.

Domingo, 13 de agosto del 2006

 Habíamos decidido que hoy celebrase yo la misa de Kamabai para que mis sobrinos se pudiesen despedir de la gente y, sobre todo, de los chiquillos. Se han vestido los trajes africanos y la verdad es que nos hemos reído un rato muy a gusto cuando se los estaban poniendo. Son tan estrechos a la altura de las rodillas que hemos tenido que empujar a Laura y a Ana para acomodarlas en el Toyota.

La misa debía de comenzar a las 10:30, pero solo estábamos nosotros con tres o cuatro personas. Me han dicho que la gente tenía miedo de asistir y cruzar por el medio del poblado, porque la policía cargó con gases lacrimógenos la noche anterior. Parece que al final pudo más la fe que el miedo y, aunque 45 minutos más tarde (se que en España a más de uno os habría dado un infarto por la impaciencia), comenzamos la celebración.

Mi primera sorpresa ha sido el encontrarme con Medo, nuestro carpintero musulmán, en la puerta de la Iglesia, para asistir a misa con mis sobrinos. Lo que yo no he logrado en un año, lo han conseguido ellos en solo 14 días. Les ha entregado una carta que Ana no ha podido traducir por la emoción. Tampoco Laura. También Javier y Medo han llorado. Y os puedo asegurar que muy poquitas personas, o ninguna, habrán visto a Medo llorar y emocionarse de esa manera antes. Yo he tenido que correr a revestirme para que no me viesen las lágrimas y empeorar las cosas. Es increíble el cariño que se han tomado, especialmente a Javier, a pesar de las dificultades en la comunicación.

Curiosamente, he observado que algún mandingo estaba presente en la misa y no he querido desaprovechar la ocasión de decir cuatro verdades. Lo hice en la homilía, y sentí tener que hablar en ese tono en presencia de mi familia. No quería asustarlos, pero era mi deber.

Cuando visito las aldeas de los mandingos, llaman a Dios Padre cuando rezan. También ayer, en Kamangbangbanranthan lo hicieron. Y es una aldea total y absolutamente limba. ¿Me podéis decir qué es lo que eso significa?

 Silencio. Insisto.

-¿Nadie sabe lo qué significa tener el mismo Padre?

Miran hacia el suelo, pero por fin alguien se anima.

-Que somos hermanos.

-¿Hermanos? ¿Hermanos que se queman las casas entre si? ¿Hermanos que se cortan los codos, las manos, y las piernas? ¿Hermanos que apedrean los vehículos? ¿Hermanos que necesitan que venga a Kamabai toda la policía del país para evitar que se enfrenten con odio?

Me gustaría que nunca os olvidaseis de esto: Ser cristiano no es acudir todos los días a la oración de la mañana, ni venir a misa los domingos. Uno es cristiano de verdad cuando vive los valores de Jesús después de cruzar la puerta de la Iglesia.

Por amor de Dios, no os peléis. Todos habéis experimentado la amargura de la guerra y lo bonito que es vivir en paz. No destruyáis otra vez este hermoso país. Luchad cada uno por vuestros derechos con la fuerza de la palabra y, sobre todo, no os olvidéis que el tesoro más hermoso que heredamos de Jesús es la capacidad de perdonar. Sus últimas palabras fueron de perdón, y nos las dijo mientras estaba sufriendo injustamente.

 Seguí la Eucaristía, pero el ambiente a pesar de los cantos, del baile de las ofrendas, de las palmas, no era el de otros días. Ofrecí la misa desde lo más profundo de mi corazón por la paz, y así se lo hice saber a ellos.

Toda la chiquillería nos acompañó a la Misión para despedir a Laura, Ana y Javier. También lo hicieron los vecinos, con Neneh a la cabeza. De nuevo el nudo en el estómago y la emoción aflorando a los ojos. Los niños corren detrás del carro y Javier los filma por última vez.

En el viaje a Freetown nos ha acompañado un pasajero muy peculiar. ¿Recordáis la tortuga de la que se encaprichó el coreano? Pues esa. Logramos convencerle de que no hiciese sufrir más al animal y que intentásemos liberarla en el mar a pesar de lo largo del viaje. Nada más llegar a la capital, nos fuimos directamente a la playa. Teníais que haber visto la cara y el braceo del pobre bicho en cuanto olió la sal. Incluso se hizo una pequeña herida en su desesperación por salir de la caja. Creo que todos nos sentimos mejor al dejarla ir libre. La gente nos miraba sorprendida y nos preguntaba el por qué la dejábamos ir. Nos la pedían para venderla en un restaurante y ganar un dinero.

Resumiendo, la tortuga ha estado en Kamabai los mismos días que mis sobrinos. Pagamos 80.000 leones por traérnosla de vacaciones para que ella conociese la montaña, y  nuestros niños pudiesen ver por primera vez en su vida una tortuga. Y de lo que estoy absolutamente seguro es que si algún día se topa la pobre con alguien de ojitos rasgados, va a nadar desesperadamente hasta lo más profundo del océano.

Después de la liberación, fuimos a dejar las maletas a Korea Guest House. Cena en Roy, y de ahí a Paddy’s (amigo en kriol) para que oyesen y viesen bailar música africana. Los tres bailaron y sudaron de lo lindo intentando seguir los movimientos de los profesores, ellos y ellas, espontáneos que se les ofrecían.

Llamamos al Provincial, a Rafael Mediavilla. Tuvo la gentileza de llamar a casa para ver si estábamos todos bien. Le pregunto su opinión acerca de la posibilidad de cancelar y posponer mi viaje a España. No me siento bien yéndome en este momento. Es como si corriese ante el peligro abandonando a mi gente y a mis compañeros. Le digo que las cosas se han puesto realmente mal en nuestra parroquia, pero que es algo local, no nacional e internacional como en el 98. Vinieron de Naciones Unidas a supervisar la elección, pero se tuvieron que marchar sin que las cosas se aclarasen lo más mínimo. Eligieron a un mandingo, bueno, más bien lo impusieron desde Freetown. Los limbas dicen que no lo aceptan y que les han robado la tierra de sus antepasados y su historia.

Cuando termino de hablar, Laura me comenta si el no querer ir en este momento a España es porque considero más oportuno y normal el que en vez de tres, tengan que correr cuatro. He preferido desviar la conversación, porque entiendo lo qué hice sufrir a mi familia durante el secuestro. Aquí no se trata ahora de valentía, sino de coherencia.

De todas formas, he prometido a Rafael llamarle el miércoles, una vez que mi familia abandone el país, para informarle exactamente de la situación y de su real peligrosidad. Pienso hablar con líderes de ambos bandos y con la policía para ver cómo han quedado las cosas, pero prefiero hacerlo sin ellos. Casi sonrió al escribirlo recordando la última lección de Laura acerca de la intangibilidad y de la imposibilidad de medir el peligro y el amor.

De madrugada, nos fuimos a descansar.

Lunes, 14 de agosto del 2006

Después de desayunar decidimos ir un rato al café Internet. Laura tenía ilusión de abrir su correo para conocer a Germán, el hijo de sus amigos Sara y Felipe. Yo quería aprovechar para enviaros el blog y algunas fotografías. Me fue absolutamente imposible. Lo único que logré, y después de una hora, es enviar el texto sin fotos. Tampoco pude abrir y leer mi correo. Supongo que alguno de los amigos se acordaría de mi cumpleaños. Me conformaré con leerlos, aunque con un poquillo de retraso, si las cosas se calman y puedo volar a España. Todavía queda un margen de 10 días para decidir.

Me gustó el que mis sobrinos pudiesen ver y experimentar la calidad de nuestro centro de comunicaciones. Ahora entenderán mejor por qué aparezco y desaparezco del Messenger sin poder chatear con nadie.

Hemos querido cambiar de menú y nos hemos ido a comer al restaurante chino. Les aseguro que es relativamente limpio para lo que se ve por aquí, y espero que al ir al baño no se les ocurra echar un vistazo a la cocina, porque se van.

Si alguno de los lectores del blog creía ser mi mejor amigo, siento decepcionarle: a mi mejor amigo me lo acabo de encontrar en el ferry, camino de Lungi. Mis sobrinos sonríen porque se dan cuenta de que todo lo escrito en el blog es real, como la vida misma.

Un mandao que me ha hecho cuatro señas para que aparcase el Toyota en la parte derecha del ferry, se ha acercado a la ventanilla y me ha pedido una propina.

-¿Por qué?, le pregunto.

-Porque soy tu amigo, me responde tan campante.

-¿Mi amigo? A no sabi your name (yo no se tu nombre)

Pero yo quiero ser tu mejor amigo (salio la palabrita mágica), así que dame algo de regalo.

 Siguió insistiendo hasta que le pregunté qué parte del no le costaba más entender para poder explicársela, la N ó la O.

¿Recordáis?: No money, no friend (sin dinero, no hay amigo). Hasta ahí duro nuestra intensa y profunda amistad.

Despedimos a Laura, Ana y Javier en 5 minutos, porque si no tomábamos de regreso a Freetown el mismo ferry, debíamos esperar a hacerlo a las 11:00 de la noche, con peligro de no conseguir sitio y tener que dormir en Lungi.

Me llamaron para decirme que no me preocupase si no me enviaban un mensaje al embarcar, porque les habían pedido meter todo el equipaje de mano, incluso los celulares, en la bodega del avión. Parece que en Londres también hay mandingos y limbas, o como se llamen las tribus en Europa.

A propósito del conflicto entre mandingos y limbas, me preguntaba un amigo por qué me encantaba vivir siempre entre el peligro y la aventura. La respuesta es obvia. ¿Realmente os creéis que es más seguro tomar el tren en Atocha, en Madrid? ¿O ir adormilado al trabajo en el metro de Londres? ¿O volar en avión a USA? ¿De verdad os creéis lo que decía el Presidente Busch de que ahora vuestro mundo es más seguro? No me hagáis reír, amigos míos. Al menos aquí, el primitivismo en el que vivimos hace que si alguien te quiere dar una cuchillada te tenga que mirar a los ojos. En el mundo civilizado, cualquier loco visionario puede enviar al otro mundo a cientos de personas con solo marcar el número de un teléfono móvil. Y darle gracias a Dios por ello. ¡Ah!, y estaréis de acuerdo conmigo en que hay locos visionarios en los dos bandos. Que la idea de sembrar la paz a bombazo limpio tampoco tiene desperdicio.

Nos fuimos a dormir temprano para madrugar y poder regresar pronto a la misión. Además, el bueno del coreano no se encuentra muy bien.

Martes, 15 de agosto del 2006

 Hemos salido para Kamabai a las 8:00 de la mañana. Mientras Casimiro dormita, yo voy saboreando la experiencia de la visita. La verdad es que nunca antes había convivido tanto tiempo seguido y tan intensamente con ninguno de los tres sobrinos. Siento que los conozco un poquito más y que, por lo tanto y a pesar de la dificultad en conseguir un baremo del amor fiable, los quiero más.

La despedida no ha sido demasiado emotiva puesto que tenemos la confianza de volvernos a ver muy pronto.

Me quedo con las volteretas y la sillita de la reina. Con el porche lleno de críos gritando sus nombres. Con el vamos que ha abierto la Felisa, cada vez que una muchacha venía a pedirles un bra (sujetador). Con sus tragaderas para engullir, con cara de asombro a veces, todo lo que les ponían por delante. Pero, y sobre todo, me quedo con la alegría de saber que ellos conocen ahora la respuesta a la pregunta que me hicieron en España hasta la saciedad:

-¿Por qué quieres regresar a Sierra Leona?

 Que se lo pregunten a Laura, Ana y Javier.

Vinieron llenos de incertidumbre, y de cosas: inversor, chorizo, salchichón, jamón, pacharán, ropa, sartenes, tazas, pinzas para marisco (ante su sorpresa cuando se las pedí, tuve que decirles que eran muy baratos), bolsas de hielo, bolsas para transportar agua (gracias, Paul), chupa-chups… Y se van con las maletas vacías, y el corazón lleno del cariño de mi gente. Dejaron sus camisetas, sus sandalias, sus pasadores… Incluso pudo Javier transmitir su pasión rojilla por Osasuna.  Hoy saben que aquí, en el basurero del mundo, también es posible la alegría. Un beso grande a los tres.

Al pasar por Makeni he llevado a Casimiro al hospital. No se encuentra bien y prefiero que lo vea el doctor. Nos dice que es posible que su organismo sea resistente al Artesunate, y que va a probar con una combinación explosiva. Le avisa que debe descansar 5 días, porque cada vez que tome las pastillas lo van a tumbar.

En el porche me aplauden unos niños gritando Granpa, Granpa. Alguien les había dicho que me había ido con mis sobrinos a España. Lo cierto es que siento el porche como sin vida, vació de risas y volteretas.

Dicho y hecho. Casimiro se ha tomado las pastillas y se ha tenido que ir a acostar. Estoy medio tristón y no se realmente por qué. He hablado con los tres para asegurarme que habían regresado sin novedad: Ana se estaba comiendo una Pizza en Edimburgo, y Laura y Javier viajando en el autobús de Barcelona a Logroño.

Afuera me esperan Kuthaine reclamando el biberón, y mamá gallina con sus tres polluelos. Sonrío al recordar la expresión de Laura cada vez que la veía:

Mirad, José Luis, Laura, Ana y Javier.

Javier el blanco y tú la más oscurita, añadía Ana.

Medo me ha dado una noticia agri-dulce: alguien ha visto a Sénkele en el bush, pero no ha podido acercarse a ella. Vaya, gracias a Dios está viva, aunque haya decidido libremente emanciparse. Insiste en que algún día me dará la sorpresa de venir a presentarme a la familia. ¡Me encantaría!

Miércoles, 16 de agosto del 2006

 Tempranito he subido a Kamabai para informarme de los últimos acontecimientos. He hablado con la policía y con alguno de los mandingos que viven en el poblado, pero que no se han querido inmiscuir en problemas políticos y que entienden el que los limbas defiendan su tierra.

Tanto unos como otros me han dicho que nosotros no tenemos ningún problema y que podemos viajar libremente por las dos áreas: mandingo y limba. Lo que nos recomiendan es no intentar cruzar en nuestro Toyota a un mandingo a la zona limba, y viceversa. Me dicen que lo bajarían del coche en el check point (puesto de control).

Resumen de los últimos acontecimientos y situación actual:

-El viernes, 11 de agosto se intenta de nuevo la elección del Paramount Chief, pero los limbas abandonan la reunión al no aceptar al candidato mandingo. La policía ha tomado literalmente Kamabai e intenta calmar los ánimos. Ante esa situación, se pospone la elección para la próxima semana.

-El Presidente del Gobierno ordena que se realice la elección ya, con limbas o sin ellos (él es mandingo). El sábado 12, se realiza la elección con la presencia de uno solo de los candidatos: el mandingo. Lo nombran Paramount Chief electo y comienzan los problemas.-El que ha sido elegido vive en Manyoro y los limbas han intentado, sin éxito, quemarle la casa. Han puesto un control en el cruce de Karena y no dejan pasar a ningún mandingo a la zona limba. Alguno que lo ha intentado en una u otra dirección ha sido apaleado y cortado con un machete. A un joven limba le cortaron la boca.

-En estos momentos los mandingos están prácticamente encerrados en su zona sin posibilidad de salir al exterior. A su espalda tienen el río Mabolé (sin barca para cruzar) y los Lokos. De frente, les han puesto controles para impedir la salida de sus productos al mercado, sobre todo el palm oil (aceite de palmera). La verdad es que los limbas pueden vivir sin los mandingos, pero éstos no pueden hacerlo sin los limbas.

-La policía ha debido disparar al aire varias veces, los han rodeado y están  asustados por los cantos tribales de los limbas. Las mujeres les ponían el pecho pidiendo que les disparasen a ellas, pero que nunca lograrían arrebatarles su tierra, que si era necesario todos morirían por defender sus derechos.

-El Presidente, aconsejado por United Nations, ha dado marcha atrás y ofrece una solución intermedia. Los mandingos tendrán una especie de gobernador en su zona, pero siempre bajo la autoridad del Paramount Chief limba. La elección se realizará el próximo viernes, 18 de agosto, y asistirán únicamente los tres candidatos de la tribu limba. Parece que ha regresado la calma y que han cesado los actos de violencia ante esa decisión.

Alguno se preguntará el por qué del interés del Presidente en poner un Paramount Chief mandingo. La respuesta es muy sencilla: en el horizonte se vislumbran ya las elecciones presidenciales del 2007, y ésta sería una forma muy fácil de conseguir más votos. Mediante la corrupción, naturalmente.

Nosotros estamos tranquilos, porque es cierto que tanto unos como otros nos respetan y nos tranquilizan. Hemos decidido atender y ayudar a las personas independientemente de la tribu a la que pertenezcan, y así lo hemos hecho saber. De todas formas no sobra el que sigáis pidiendo por este pueblo.

He llamado por teléfono a Rafael Mediavilla para tranquilizarlo y confirmarle mi viaje a España. Me siento mejor viendo que las aguas vuelven a su cauce poco a poco.

También he llamado a Laura y se le oía la voz entrecortada. Y no precisamente por los problemas con Celtel. Más bien, pareciera que le sale todavía la emoción a borbotones. Me dice que se dio un baño con agua tibia nada más llegar, pero que le da pena perder ese olor africano tan peculiar que se te va pegando a la piel, a la ropa, e incluso al corazón. Tenía pensado ir con Javier a las fiestas de Galilea, pero todavía están bajo los efectos que Africa y su gente producen en tu alma cuando te topas de bruces con ellos. Y los entiendo perfectamente. Lo único que se me ocurre es llevarles un jabón de palm oil para que al menos los olores los conserven.

Mañana intentaré enviaros desde Fatima Institut de Makeni las fotografías que no os pude mandar desde Freetown. El próximo envío lo haré ya desde Madrid. Me parece un sueño, y no me veo tomando el avión para España, pero Dios sabe que necesito un buen chequeo médico y desconectar un poco de tanta miseria.

Jueves, 17 de agosto del 2006

Ha amanecido diluviando y yo con fiebre, y así hemos continuado el tiempo y yo durante todo el día. La sensación de vómito comenzó cuando llevé a mis sobrinos a Freetown, así que supongo que me ha rebrotado la virasis, y esta vez ha sido por mi culpa. El Doctor me dio pastillas para 20 días y yo solo las tomé durante una semana. Y es que pienso que tanta medicina nos destruye poco a poco el hígado, el bazo y el riñón. Ahora estoy pagando las consecuencias y me da un poco de apuro volver al hospital. Me voy a dar un margen de un par de días antes de ir a recibir la regañada del doctor.

Casimiro no me perdona ni una, y con un tonito que para qué os cuento me ha ofrecido llevarme él al hospital.

He desistido de intentar enviaros las fotografías porque con tanta lluvia se cae el sistema del satélite de Internet. A este paso lo tendré que hacer desde Madrid.

Me voy a la cama tempranito. Mañana será otro día.

Viernes, 18 de agosto del 2006

Ha venido Mary Conteh vendiendo camisetas con el slogan Parad al Pueblo Mandingo. La he mandado al carajo, supongo porque estoy menos tolerante con esto de la fiebre, y se me ha enfrentado diciéndome a ver por qué le impedía hacer su market (negocio). Es como si me hubiesen prendido fuego en el trasero:

Pues precisamente por eso, porque para ti lo importante es el negocio, no lo que suceda entre los dos pueblos. La tela de la camiseta te ha costado 5.000 leones en Makeni, más 1.000 de la impresión son 6.000 leones. Y tú las estás vendiendo a 7.000 leones cada una. Cuantos más tontos vayan a la manifestación, más ganancia obtienes. Te puedo dar mil ideas de slogan diferentes: Soy sierraleonés; No a la violencia, Si a la paz, pero se que no venden y por eso no te gustan. 

Y como se había hecho un corrillo y yo estaba un poco caliente, seguí en plan predicador del oeste:

Y lo tuyo no es nada comparado con el gran negocio que alguno ya está soñando con hacer. Venderán armas de saldo a mandingos y limbas, y se las cobrarán a peso de diamantes. Detrás de este enfrentamiento, al igual que detrás de tantos otros, no hay más que un cochino negocio sucio. Así que te me largas de mi propiedad, pero que ya.

 Y se fue mascullando que el Fada José Luis apoyaba a los mandingos. ¡Santo cielo qué paciencia hay que tener! Eso si, gritando a los cuatro vientos su mercancía.

Sábado, 19 de agosto del 2006: San Ezequiel Moreno

 Hoy para mí debiera haber sido un día especial, pues celebraba por primera vez a San Ezequiel Moreno perteneciendo, al menos canónicamente (tengo en mi poder el protocolo), a esa Provincia agustino recoleta, pero nunca supuse lo que me tenía reservado mi nuevo Santo Patrón.

Ni misa, ni cerveza, ni chorizo… Tres ataques seguidos de no se qué con escalofríos y con 40 de fiebre que asustaron a Vicente y a Manuel. La verdad es que no es nada agradable verlo por primera vez. Y es que temblaba tanto que no podía ni servirme un baso de agua sin usar las dos manos. Tuve que implorar para que no me llevasen al hospital. Casimiro, que de hospitales sabe un montón, intercedió por mí. Yo sabía que era inútil el ir en fin de semana, y que debía intentar controlar con paracetamol la temperatura hasta el lunes.

Así que, por esta vez, la comunión con el Santo fue en el dolor. Espero poder celebrarlo la próxima vez con más alegría.

Domingo, 20 de agosto del 2006

 Fiebre, fiebre y más fiebre. He empapado todas las camisetas que tengo, incluso el colchón de la cama. Quisiera dormirme y despertar en lunes, pero es imposible dormir.

Yo creo que unos cuantos de los pecadillos de juventud ya los estoy pagando en moneda africana.

Lunes, 21 de agosto del 2006

 Me ha llevado al hospital Casimiro: qué mal conduce el canijo. Nada más llegar le han preguntado las enfermeras a ver cómo se sentía (allí, el coreano es el rey), pero sonriendo me ha señalado a mí.

-El enfermo es Grandpa, les ha dicho con retintín.

Si alguien escribiese un día sobre nosotros debiera titular el libro algo así como Vidas Paralelas. Y es que todo lo que suelta el coreano, lo vengo agarrando yo. También esta vez: malaria y tifoidea. Si no querías caldo, toma dos tazas. Al doctor ya hasta le hace un poco de gracia y juega a adivinar quien de los dos es el enfermo. Me ha pedido que termine el medicamento aunque viaje a España. Y que me quiere ver el mismo jueves, aunque solo sea 5 minutos, cuando pasemos por Makeni rumbo a Freetown. Os voy a enviar una fotografía de la cantidad de pastillas que me debo tomar para que os imaginéis cómo debemos tener nuestro sufrido hígado.

¡Qué curioso!, cuando me vacuné contra la tifoidea me dijeron que el efecto era para un año. Y a fe que así ha sido. Eso sí, a los 15 días de la caducidad la agarré con todas las ganas del mundo. Es como si el virus me hubiese estado esperando pacientemente.

Lo de la malaria es caso aparte: son las que Dios quiera. Y en mi caso, Dios ha querido una cada tres meses.

Hace tiempo uno quería ser siempre el más inteligente, el más fuerte, el más guapo… Eran tiempos de juventud. Me toca vivir ahora el tiempo de la filosofía maratoniana: lo importante es llegar a la meta, aunque sea el 238, aunque de ahí te tengan que sacar en la mesa camilla.

¿Por qué digo esto? Hombre, majos, cuatro malarias, el unknown virus por dos veces, una tifoidea…, no es para estar echando cohetes y presumir de eterna juventud. Y por si esto fuese poco, la humedad y los hongos se comen la piel, también la tuya. Y mi piel tiene hongos hasta en un lugar cuyo nombre no quiero acordarme.

Eso si, tengo también unas ganas enormes de abrazaros a todos y de celebrar, junto a mi familia agustino recoleta, el día de San Agustín. Esto, dicho con todo el respeto y cariño que sabe que le tengo mi familia biológica.

Martes, 22 de agosto del 2006

 Si alguien me preguntase qué día quisiera borrar del calendario de todos los vividos en África, contestaría sin dudarlo que éste. Con eso os he dicho todo.

Sin dormir en toda la noche ni un solo minuto. Intentar cerrar los ojos es peor porque todo te da vueltas. Así que me la he pasado pensando y echándome agua en la cabeza para bajar la temperatura. Y no se si será porque estamos celebrando el Año Misionero Agustiniano, pero le daba vueltas y más vueltas a lo que tuvieron que vivir nuestros primeros misioneros en Filipinas. Con la diferencia de que ellos no tenían encima de la mesita de noche un boleto de avión de Brussels Air Lines para correr a la patria en caso de cansancio u enfermedad. Aquella gente, o estaba tocada especialmente por Dios, o eran de una pasta muy, pero que muy especial.

Manuel quiere llevarme a emergencias.

-¿A qué emergencias?, le pregunto.

Nuestro querido hospital, y lo digo sin ironía porque buen servicio que nos hace, tiene una sala de Cuidados Intensivos que te impacta nada más entrar. Nada hay en ella especial que la diferencie de las demás salas. La intensidad debe referirse a que la enfermera de turno en vez de una, pasará dos o tres veces a ver cómo van las cosas. Nada que ver con los sofisticados equipamientos a los que uno estaba acostumbrado cuando visitaba esas salas en USA.

La sala para niños está decorada con unas caricaturas de Disney que no les dicen absolutamente nada a nuestros pikines. Ellos nunca vieron, ni verán, películas del Pato Donald, ni de Mickey Mouse, ni de Pooh…

Y la bendita sala de emergencias son exactamente las mismas bancas de madera que las de las visitas ordinarias. Y no hay ningún equipo de médicos, con doctora guapa incluida, que corra a atenderte como en las series de televisión americanas. Aquí, para lo ordinario y para las emergencias, contamos con el Dr. Turay. Y es bueno permitirle descansar de vez en cuando.

Para tranquilizarlo, le prometo ir al hospital mañana si la medicina no comienza a hacer efecto. No se por qué, pero se me ha ocurrido pensar en qué es lo que tendríamos que hacer si a uno de nosotros le diese un ataque de apendicitis, por ejemplo.

Miércoles, 23 de agosto del 2006

 Me he levantado con más animo y, lo que es más importante, con el suficiente apetito para comer algo y que las pastillas no me perforen el estómago.

Tempranito ha llegado Samuel Hassan en bicicleta con la noticia del día: la policía había detenido a los que robaron las bombas de los pozos de Kamankay y de Kapete Kabubu. Si me lo dicen la noche anterior hubiese creído que estaba delirando, pero no, nos juraba que era cierto y que un montón de gente estaba rodeando la estación de policía con intención de lincharlos. He salido disparado con Casimiro que me ha gritado:

-Coge la cámara, José.

-¿Para qué carajo quiero la cámara?

-Evidences (evidencias) me responde.

No hace falta que os describa la escena a los que habéis visto alguna película del oeste en la que el populacho enfebrecido intenta linchar al malhechor y el sheriff evitar que nadie se tome la justicia por su mano.

Habían capturado a uno y lo habían llevado desnudo, con un tajo en la cabeza y lleno de moretones. A los 15 minutos llegaban con el segundo, y me prometían el tercero en menos de media hora. La gente tenía piedras en las manos y les pedí que las soltasen. Gracias a Dios llegó un coche de UN (United Nations) con unos policías turcos que ayudaron a apaciguar los ánimos.

Uno de nuestros trabajadores, muy excitado, me contó la historia.

-Padre, no he dormido en toda la noche por culpa de ellos. Vi una moto entrar muy tarde en el bosque de la aldea y se me hizo sospechoso. Seguí al hombre que corrió al notar mi presencia y escondió unos sacos entre la maleza. Sospeché que nos había robado y volví gritando a la aldea. Todos los jóvenes cerramos los caminos y rastreamos el bosque hasta dar con él. Le hicimos hablar golpeándolo un poco (casi lo matan a palos) y nos dijo donde había escondido las cosas. Cuando abrimos los sacos nos dimos cuenta de que eran las bombas de los pozos. Lo atamos y continuamos hasta dar con el segundo. Ahora la policía, después de interrogarlos, está trayendo al tercero.

 La verdad es que este pueblo no deja de sorprenderme y no sé cómo actuar a veces. Si no los paramos, en un santiamén le abren la cabeza de un machetazo. Eso sí, a la mañana siguiente acudirán a la oración de la mañana tan fervorosos. Lo comentaba con el turco de Naciones Unidas.

-Estamos en África, Padre, nunca lo olvide, me dijo sin más.

Voy mejorando aunque muy, pero que muy poquito a poco. Me he animado a preparar para la cena unas alcachofas de las que me envió mi familia. Estaba en la cocina cuando ha entrado Alice, la hija de nuestra cocinera y me ha preguntado:

-Grandpa, it’s true that you are leaving the country tomorrow? (Grandpa, ¿es verdad que te vas de Sierra Leona mañana?

-Sí, corazón, necesito descansar un poquito, pero volveré pronto.

-What it means? (¿Qué significa eso?)

-In a little while I vill come back, I promise you (en poquito tiempo regresaré, te lo prometo).

-You know, Grandpa? I’m going to cry because I love you with all my heart (¿Sabes, Grandpa? voy a llorar porque te amo con todo el corazón), me soltó la chiquilla.

Y yo, con las defensas bajas por las pastillas, me adelanté a ella en las lágrimas. Lo que os dije hace tiempo: me he vuelto muy blando para esto de los lloros. Casi, casi, me atrevería a asegurar que a mí a llorar, muy poquitos me ganan ya.

Jueves, 24 de agosto del 2006

 Viaje con lluvia a Freetown. Viajo relajado porque conduce Manuel, aunque las pastillas me tienen el estomago todo revuelto. Vamos directamente a comer a Roy. La lluvia es cada vez más intensa y dudamos entre el ferry o el helicóptero para pasar a Lungi. Los pilotos del helicóptero son bastante aventados y, si no hace viento, no les importa que llueva a mares: ellos cruzan de todos modos.

Al final, cruzo yo solo en helicóptero, y lo hago temprano antes de que empeore el tiempo y pierda el vuelo.

Y comienza el Vía Crucis que todo pasajero debe superar antes de lograr salir del país. Te pide dinero el que te sella el pasaporte, y el policía que revisa la maleta, y el de aduanas… Y ves con qué descaro se pasan de mano en mano, hasta llegar al Jefe, los 5.000 leones que tú regalaste. Corrupción, pura y dura corrupción, una de las lacras más desagradables de esta hermosa tierra nuestra, Sierra Leona. Gobierno e Instituciones corruptas ponen el freno de mano al desarrollo del país. Y no sabes cómo luchar contra eso.-¿Te sobra algún león por los bolsillos, poto? (así nos llaman a los blancos por influencia portuguesa)

-Next time, ahora me los robaron todos tus compañeros.

 El vuelo sale sin retraso, e intento cenar bien para tomar sin problemas mi colección de pastillas multicolor.

Viernes, 25 de agosto del 2006

Al llegar a Bruselas se nota que los últimos acontecimientos han sensibilizado especialmente a la policía en los controles de seguridad. Debo de pasar tres, antes de sentarme en la puerta A-61 y tomar el vuelo a Madrid.

Aterrizo a las 10:30 de la mañana, hora española. Miro sorprendido a mí alrededor: todos hablan español, y todo está extremadamente limpio. Tampoco hay humedad, ni mosquitos…

En taxi, me presento en el Paseo de la Habana. La casa está prácticamente vacía, pero me reciben con amabilidad. Me doy un buen baño. Hace 10 meses que no me secaba con una toalla en condiciones.

No sé, estoy como ido, no me encuentro y no sé qué es lo que me pasa. Supongo que la malaria y tifoidea tienen mucho de culpa en ello, pero es algo más que no acierto a describir. Es como si estuviese fuera de mi mundo, de mi ambiente natural. Ahora resulta que voy a extrañar a mis arañas, a mis four-oclock, a los niños del porche, a Medo, al gallo y sus pulmones, a Kuthaineh y sus cabezazos… Me siento un poquito perdido.

Tendré que dejaros descansar un tiempo, supongo. El título de estos capítulos: el blog de un misionero en Africa, ya no sería correcto puesto que el misionero ya no está en África, aunque espero regresar pronto. Hasta entonces, un abrazo.

 

 

 

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