Recordando: Abril 2006

ballay mansaray

Sábado, 1 de abril del 2006

Cuando íbamos a comenzar la reunión con los líderes de zona, han llegado a casa pidiéndonos ayuda para una muchachita que iba a tener un niño. Le he dado a elegir a Casimiro y ha preferido ir al hospital.

La niña llevaba tres días en el dispensario de Kamabai sin que nadie hiciese nada por ella y sufriendo increíblemente. Tiene 13 años, y no podía dar a luz porque su pelvis no había madurado y no dilataba lo suficiente.

El padre de la criatura, bien gracias a Dios, participando en los deportes organizados por la Escuela Secundaria. Su edad, 12 años.

Los parientes, llorando alrededor sin hacer nada. Únicamente reaccionaron cuando el “médico” les dijo que se la llevasen a morir a la casa.

Y, como casi siempre, esperaron al último momento para venir a la misión. Casimiro ha volado al hospital Masuba de Makeni con la cabeza del niño asomando ya, y la niña dando gritos de dolor.

-Coming?, coming? (¿viene ya?), preguntaba angustiado el coreano volviendo la cabeza a cada momento.

Inmediatamente han intervenido a la muchacha cortando para que pudiese salir la criatura completamente. Lo han hecho sin anestesia. No tenían o no era conveniente. Me dice que no les entendió muy bien. Se desangraba y tampoco tenían sangre. La de Casimiro y la mía no sirve por los constantes contagios de malaria y tifoidea. El caso es que ha permanecido junto a la muchacha mientras la operaban, y ha vuelto con los ojillos húmedos.

Ella ha logrado sobrevivir, pero el niño ha muerto dejándonos el sabor amargo de la impotencia. Solo se asomó un instante a la vida, a nuestro mundo. Algo no le debió de gustar que eligió irse al cielo. Uno más.

-¿Por qué no vinieron tres días antes? ¿Por qué?, me pregunto una y otra vez.

No se me quita la criatura de la cabeza y le digo a Casimiro que Suma me ha dicho por radio que me necesita esta tarde para confesar. La verdad es que juegan el Barcelona contra el Real Madrid, y pienso que no nos vendrá mal un poco de “opio del pueblo” para distraernos. Le tengo más miedo a enfermarnos psíquicamente por la frustración y la impotencia, que a la malaria.

-No podéis morir en cada niño, nos dice el doctor constantemente.

Lo sabemos, pero no es fácil.

A la vuelta nos hemos tomado un par de cervezas en la casa. Se nos ha soltado la lengua y nos han dado las dos de la madrugada platicando. Casimiro me ha comentado que la enfermera le preguntaba a ver si él era el padre.

-Mira al niño y mírame a mí, le decía el coreano, ¿nos ves algo parecido? ¿El pelo? ¿Los ojos, por ejemplo? ¿La piel?

Luego le ha dado por contarme su noche en Bruselas. Le preguntó al del hotel que a donde podía ir para pasar un rato y tomarse una cerveza, porque no conocía la ciudad. Le dieron una dirección, pero un par de gigantes de seguridad, esos llenos de músculos que te ponen en la entrada para amedrentarte, le pararon sin dejarle entrar.

-¿Vienes a jugar a baloncesto?, le preguntaron.

-¿Lo dices por la estatura o por las zapatillas?, le contestó Casimiro (mide 1,60 mts). ¿Tú sabes que estos Nike son más caros que unos zapatos negros? ¿Donde quieres que vaya a las 12 de la noche a comprarme zapatos, si acabo de llegar de España, y salgo temprano para África?

-Sin zapatos no entra.

Y, aunque me parezca increíble, me dice que no logró convencerlo para que lo dejase entrar.

Nos hemos relajado un poco, pero no paro de darle vueltas a la cabeza. Me río, pero solo por fuera, no es la risa franca de otras veces. Os escribo a la 2:30 de la madrugada. Creo que voy a releer otra vez la carta de las monjitas, me hace falta.

Domingo, 2 de abril del 2006

Casimiro ha querido darse una vuelta por alguna aldea de su zona para ver cómo iban las cosas. Yo me he tenido que quedar en Kamabai para celebrar la misa del Santuario.

Hemos terminado la traducción de la misa al limba. Después de la lección que recibí el viernes pasado acerca del arco iris, les he preguntado con un poco de coña por los colores litúrgicos, y se han soltado una carcajada.

A las 5 de la tarde hemos podido hacer la primera comida, pero mereció la pena esperar. Les he robado un par de huevos a nuestras gallinas, y he preparado un plato combinado que ni en Bávaros me lo hacen mejor: un huevo frito, cuatro lonchas de jamón, y cuatro pedazos de chistorra. Además había conseguido unas barras pequeñas de pan para untar, y hemos abierto una botella de vino. Nos hemos chupado los dedos.

Por la tarde nos hemos reunido con Bunda para comentarle los arreglos que queríamos hacer en la casa para instalar los paneles solares. Después de lo que se preocupó y de las prisas de mi cuñado Jesús para conseguirlos, ya me dan ansias de verlos funcionar. Incluso un video con instrucciones de montaje metió en el contenedor. Espero que para cuando alguien venga a visitarnos, ya puedan dormir en habitación de huéspedes nueva, con luz solar, y disfrutar las delicias del agua fresca. Tenemos previsto terminar la obra este mes.

Martes, 4 de abril del 2006

Nos hemos ido a Kassasi para contratar directamente la madera en el bush (bosque). Casimiro está como loco por poner en funcionamiento su “juguete”, el “brrrmmm, brrrmmm”, aunque ahora resulta que lo compró pequeño. Hemos logrado unos precios muy buenos, lo que nos permitirá ahorrar dinero en los proyectos.

También estamos buscando donde comprar los moldes que usan en los pozos de agua. Pagamos mucho dinero para la simpleza de trabajo que es. Vamos a montar nuestra propia compañía. Y lo hemos pensado bien en serio.

Ha venido una muchacha llorando. Su madre quería que abortara porque no pueden hacerse responsables de los gastos que ocasionaría una criatura más en la familia. La muchacha tiene 18 años, pero todavía está estudiando Primaria. Casimiro y yo nos hemos mirado y creo que nos hemos leído el pensamiento. Hemos ido a hablar con la madre y a proponerle que nosotros nos hacíamos responsables de todos los gastos que ocasionase el niño. A regañadientes, pero han aceptado. Además, Santi me dijo que un niño cordobés le había enviado un dinerillo para ayudar a otro niño de aquí. Así que, mejor empleado el dinero no va a estar: va a ayudar a nacer a una criatura. La fotografía que me piden tendrá que esperar unos meses.

En el  hospital Masuba, el doctor nos ha confirmado el embarazo: dos meses y medio. A este lo salvamos por los pelos, pero nos alegra que la criatura nazca. Estoy seguro que sobrarán personas de buen corazón que nos quieran ayudar con los pañales y el biberón.

La cena deliciosa: gallo tierno y joven. Le he preguntado a Casimiro por qué los había matado tan jóvenes y la respuesta me ha dejado helado.

-Porque no eran comunitarios.

La verdad es que de 11 gallos pequeños que teníamos, ya solo nos quedaban 6, porque se largaban de nuestra propiedad. Así que el coreano prefirió gallo joven para él, que grande para otros. ¿Pero os imagináis al coreano de Provincial? Más de un fraile cerraría la puerta de su habitación antes de dormir por aquello de que “no eran comunitarios”.

Miércoles, 5 de abril del 2006

GBANGBANI SOCIETY

Me han avisado de que en la aldea de Makorigbo, en el cruce de caminos con Mahera, iban a “iniciar” a unos muchachos. He pensado que era una buena oportunidad para conseguir alguna información acerca de la Gbangbani, o Sociedad Secreta de los hombres. Invité a Casimiro y salimos, provistos de cámara de fotos, hacia la aldea a las 9 de la noche. La verdad es que las fotos, debido al fuego, al movimiento, y a los empujones, no son de muy buena calidad, pero sirven para que os hagáis una idea del ambiente que rodea el acontecimiento.

Me llamó la atención la cantidad de gente que iba caminando hacia la aldea para participar de la Mayokon, o danza de la Vigilia. Los Nalahie, muchachos que van a ser iniciados, danzan rodeados de familiares y amigos en la puerta de sus casas. Danzan toda la noche, y solo descansan una hora, a las 12, para comer algo. Danzan enfebrecidos al ritmo de los tambores y de las sonajas.

Pregunté el por qué la diferencia de edades. Vi a un niño de unos 8 años llorando porque no podía más intentando abrazarse a las rodillas de su padre. Me enterneció su cara infantil y su camiseta de dibujos animados. Los parientes lo zarandeaban y le daban a beber mampa para que no parase. Me dicen que los Jefes reciben al menos 50.000 leones en agradecimiento por permitir la iniciación, y que esa es la razón de que no les preocupe demasiado la edad.

A las 8 de la mañana se los llevarán durante un mes al Katharumba, o Bosque Sagrado. Allí les espera el Bakure, Iniciador, para realizarles la Buray, o circuncisión. Lo hacen sin ningún tipo de anestesia y, según me dijo alguien, es painfull (dolorosísima).

Durante un mes permanecerán en el Bosque sin asistir a la escuela regular. Es el momento en el que deben aprender en la Escuela de la Vida a desenvolverse como hombres, a conocer y a respetar sus tradiciones… De allí saldrán listos y maduros para asumir las responsabilidades y los derechos de un hombre adulto.

Cuando el Bakure cree que los muchachos están perfectamente instruidos, y sus heridas han sanado, vuelven a la aldea para realizar la Kuthamba, o última danza. El pueblo les recibe con otra gran fiesta. Ahora todos les llamarán Gbakuni, porque ya no son niños, son adultos.

No deja de sorprenderme la seriedad con la que se toman sus tradiciones, y cada vez tengo más claro que no se puede arrancar tan fácilmente algo tan arraigado en su vida. La persona, la cultura, las tradiciones de un pueblo, son terreno sagrado, y uno tiene que descalzarse para acercarse a ellas con respeto. Ni podemos, ni debemos juzgar su realidad sin adentrarnos en ella, y sin tratar de entender su mundo mágico y diferente.

Simplemente me pregunto cómo un niño de 8 años puede estar listo para la edad adulta después de un mes de iniciación en el Bosque. Cierto que he visto a niños llevar pesos increíbles sobre sus cabezas: leña, agua…, pesos desproporcionados para su tamaño. Pero ¿cómo se puede llevar sobre los hombros, a edad tan temprana, la carga de la vida?

Me decía una joven mamá que ella fue iniciada muy joven, sin entender realmente qué es lo que hacían con ella. Recuerda la mutilación como algo terrible, y asegura que ninguno de sus hijos pasará por esa misma experiencia. Me pide que sea prudente y tenga cuidado al elegir a las personas a las que pregunto por las Sociedades Secretas, porque me puedo meter en serios problemas. No solo hay interés por salvaguardar las tradiciones, también se mueve suficiente dinero como para que a los Chief  (Jefes) no les apetezca nada perder sus privilegios.

Viernes, 7 de abril del 2006

Ha venido bien temprano Samai, en cristiano Simón, para que llevase a su hija al hospital. Fatu nació cerquita de la misión hace solo tres días, y es el tercer hijo de su segunda esposa. Si dicen que es complicado vivir con una mujer, me imagino lo qué será con dos. Me dice Samai que todavía son jóvenes y que espera que cada una de ellas le de al menos 10 hijos. Y que nunca planeó el vivir con dos esposas, pero que una le vino a pedir ayuda muy enferma, y se compadeció de ella. Es musulmán, pero hace poco tiempo se convirtió al catolicismo y se bautizó. Le gusta comulgar, y me dice que no duerme con las dos al mismo tiempo, que lo hace con una diferente cada semana. Ja, aquí quisiera ver yo a algún moralista.

Como veis, este deja en pañales a nuestro gallo Kamanameh.

Dudé entre ir directamente a Makeni o probar primero en el hospital (por llamarlo de alguna forma) de Kamabai. Me decidí por lo segundo al ver el estado de la criatura, y gracias a Dios y a Susan, la enfermera, la niña salió de ésta. Claro que primero tuvimos que abrir de una patada la puerta del consultorio, porque se había bloqueado la cerradura.

Menuda reprimenda que se llevó la madre por no limpiar y cuidar debidamente a la pequeña.

-Padre, me dijo la enfermera, como es niña la tiene que bautizar con el nombre de Susan. Si hubiese sido niño le hubiésemos llamado José Luis.

-Prometido, le dije yo.

Samai quiere que el próximo domingo bendiga a Fatu en la misa y la presente a la comunidad. Se siente contento porque Pa Dios le ha dado otra criatura, aunque esto suponga una boca más que alimentar, y el tener que trabajar más duro en su pequeño terreno.

Me gustaría ver la cara de Dios cuando se me presente Samai en la misa con sus dos mujeres y sus cinco pikines. Seguro que hasta sonríe de contento.

Ha venido a visitarnos Jorge Jiménez, Padre Javeriano mexicano de San Juan Del Río, que trabaja en Bíncolo. Le hemos sacado un plato de jamón y hemos disfrutado de lo lindo. Lleva el mismo tiempo que yo en Sierra Leona y no ha padecido ni una sola malaria. Sigue tomando Lariam por recomendación de un médico en Inglaterra. Le digo que a mí me recomendaron todo lo contrario, pero vistos los resultados… De todas formas, sí es cierto que el Lariam te mata el hígado y la vista poco a poco. Nos aconseja tener mucho más cuidado. Dice que él siempre lleva su baso y su cuchara a las aldeas. Nosotros lo comenzamos haciendo, pero es lo mismo, porque la tifoidea te la puede pegar un niño con solo darte la mano y tú arrascarte la nariz.

Yo he terminado por dormir sin mosquitero. No puedo estar 24 horas al día dentro de él, y me parece un poco absurdo hacerlo unas horas durante la noche. Además me entra claustrofobia. No nos queda más remedio que pedirle a Diosito que el falciparum no se nos suba a la cabeza, porque entonces, aunque superásemos la malaria cerebral, tendríamos que decir adiós definitivamente a la misión.

Cuando llegué, recién ordenado sacerdote, a la misión de Ciudad Madera, Chihuahua, no había visto los caballos más que en las películas del oeste. Subirte en una mula camino del Mineral de Dolores, aparte de no haber suficiente talco en el mundo para calmar el escozor, ponía los pelos de punta al más pintado. Y más si la bendita mula insistía en ir por la orillita de afuera del boladero. Te asomabas y no veías fondo, así que yo tiraba con toda mi alma de las riendas hacia la pared. Pero la mula erre que erre: por donde le daba la real gana. El guía me dijo que la dejase, que ella sabía lo que hacía y que conocía bien el camino. Así que si fui capaz de soltar la rienda y fiarme de la tozudez de una mula, ¿cómo no dejar ahora las riendas de mi vida a Dios? No podemos estar todo el día pensando en lo peor.

Dos de las gallinas se han levantado del nido con tres pollicos, pero dejando en él dos huevos. Abusando de la amistad que me une con la gallinica blanca, y de que estaba incubando 10 huevos, le metí debajo los otros dos para ver qué pasaba. Han salido otros dos pollitos ante la sorpresa de mamá gallina. Los mira como diciendo, ¿y vosotros cómo salisteis tan temprano? Y ellos no paran de picotearla para que se levante del nido. Me estoy haciendo todo un experto en avicultura con solo observarlas un rato todos los días.

Hemos preparado una zona especial para criar ovejas y cabritos. Se acabó el que nuestro chivo enriquezca al vecindario. De ahora en adelante “será feliz” con las cuatro cabras que le hemos comprado, pero en casita, como Dios manda. Este año no llegamos a tiempo, pero el próximo, el cordero pascual será cosecha de la casa.

Estaba hablando con Medo cuando se han oído cercanos los tan-tan de los Kontoh (especie de tambores que usan para avisar de su paso en las aldeas). La Sociedad Secreta de Mujeres, Bondo, usa unos llamados Sambore. Los Kellen los usan tanto hombres como mujeres. Así que por el sonido sabes si vienen hombres o mujeres. Todos se han recogido en sus casas y me han pedido que no mirase hacia el bosque. Únicamente tienen derecho a mirar los que ya han sido iniciados en la Gbangbani. Eran los Nalahie de Kassasi que caminaban por la zona. Medo me ha dicho que la mejor manera de conocer y entender el sentido de la Sociedad Secreta es solicitando el ingreso en ella, y realizando en el Bosque el rito de la Iniciación. Me lo pensaré. Después de todo, ya sufrí una totemización para pertenecer a la tribu india de mi grupo scout. Y los scouts saben de qué hablo. Aunque comparado con la Iniciación Gbangbani, aquello debe ser agua de borrajas.

Me han pedido que por un tiempo deje de preguntar cosas relacionadas con las sociedades secretas Bondo y Gbangbani. No quieren que el Paramount Chief o la Mammy King (especie de Jefa de las mujeres), me llamen la atención. Les digo que lo único que me interesa es meterme en el alma y en las tradiciones de este pueblo para conocerlo, amarlo, y servirlo mejor. Y que tengo derecho a quejarme si veo que ellos mismos quebrantan sus propias reglas de Iniciación.

-Solo puedes ayudar desde dentro, si te haces miembro, nunca lo lograrás desde fuera, me dicen.

Lo dicho, me lo pensaré.

Sábado, 8 de abril del 2006

He ido a visitar a la niña Fatu, y se encontraba bastante mejor. Parece que la madre está siguiendo las recomendaciones de la enfermera Susan, y mantiene a la criatura bien limpia. Samai tenía una cortada impresionante en una pierna y se curó poniéndose en la herida un pañuelo lleno de mugre y unas yerbas. No se me puede olvidar el pedir antibióticos en el próximo contenedor.

Hemos comenzado a construir las dos habitaciones nuevas y una caseta de control para los paneles solares. Estamos impacientes por disfrutar de luz sin el ruidazo del motor del generador.

Casimiro se podrá olvidar la Biblia, pero no la calculadora. Anda como loco intentando conseguir los mejores precios. Ahora se ha empeñado en traer el cemento desde Freetown en un viaje contratado. Dice que ahorramos mucho dinero, y le creo.

Guardo vuestros correos electrónicos como un tesoro, y de vez en cuando los releo para levantar el ánimo. Sonrío cuando en alguno de ellos me dicen que exagero un poco con lo de los alacranes negros de un palmo. Es cierto que los navarricos tenemos fama de exagerados, y es posible que alguno de los que haya visto sea un poco más pequeño, pero también los hay más grandes. Y cuando apoyas la mano, sin darte cuenta, al lado de uno de ellos, te pegas un susto de muerte. Os mando el último que andaba rondando la casa para que le calculéis vosotros el tamaño. No le tengáis miedo, que lo maté primero. Lo podéis medir con toda tranquilidad, ja,ja,ja.

Otros me dicen que soy una especie de “loco soñador”. No, no soy ningún loco soñador, simplemente disfruto haciendo lo que hago y siendo lo que soy: sacerdote Agustino Recoleto. Nada hay nada más importante en mi vida que mi familia y mis amigos: todo lo que soy se lo debo a ellos. Su cariño ha sido mi pan cotidiano, que diría Caffarel. La vida es inmensamente hermosa a pesar de sus noches, de sus heridas… Vivir, simplemente vivir, es una aventura apasionante. Y, como toda aventura, entraña sus riesgos. Y es precisamente por el riesgo por lo que Africa se ha convertido en mi aventura más apasionante. Y así será hasta que, como dice mi compañero de fatigas Casimiro, mis pies no puedan caminar a la par de mi corazón y de mis ideas.

Entonces habrá llegado el momento de retirarse de la primera línea y “re-cordar”, que no es darle vueltas a las cosas en la cabeza, sino en el corazón (cor,cordis = corazón). Y creedme, allí donde el viento me lleve, en la retaguardia, seguiré amando y ayudando a este pueblo.

Domingo, 9 de abril del 2006

Hemos concelebrado juntos en el Santuario, y la verdad es que ninguno de los dos somos un portento en liturgia. Pero en fin, incienso y palmas de las de verdad hemos tenido de sobra. Y no creo que en Jerusalén cantasen con más ganas y más pasión que nuestro pueblo.

Esta Cuaresma ha sido un poco atípica para mí, porque prácticamente la he pasado solo. Me ha costado más sufrimiento el ayuno y la abstinencia de compañía que de alimento. Pero la Pascua pinta todo de diferente color. Incluso las primeras lluvias van eliminando del paisaje los manchones negros de los incendios. Todo comienza a reverdecer de nuevo.

Pregunto cómo una palmera aparentemente calcinada puede dar nuevos brotes.

-Porque aunque su piel está quemada, tiene vivo el corazón, me responden.

Hermosa respuesta, sí Señor. Me recuerda los versos de Jorge Debravo, poeta costarricense:

-“En el punto más negro de la noche, comienza a amanecer”.

Incluso los más grandes místicos sufrieron lo que ellos llamaban “la noche oscura”. Tenían la piel quemada y arrugada el alma, pero supieron mantener el corazón vivo, como la palmera calcinada.

Que Jesús, que muere y resucita cada día en nuestro pueblo, ponga claridad en nuestra noche y mantenga siempre vivo nuestro corazón. Amen.

Después de cenar hemos disfrutado de una larga sobremesa. Hemos comentado que hace ya mes y medio que terminó el Capitulo Provincial y no tenemos ninguna comunicación oficial. “Se dice” que en las ordenaciones decidieron tomar en serio las misiones, también la de Sierra Leona. Supongo que estarán arreglando todo como suele ser común entre nosotros: sin consultar para nada a los que están tirando del carro en primera línea. Supongo, también, que tendremos que esperar, como Agustín a Fausto, a que venga “alguien” para que nos lo explique todo. Ni correos, ni llamadas…, nada de nada. Casimiro me dice que es así. ¡Pues que bien! Tampoco le llamaron a él a España para saber cómo se encontraba. En fin, puestos a tomarnos las cosas en serio, sería bueno que comenzásemos por establecer una comunicación más fluida y cercana. Al fin de cuentas somos hermanos, ¿no?

Después de arreglar la Provincia, la Orden, y la economía mundial, me dice Casimiro que life is life (la vida es la vida).

-Y lo demás chingaderas, añado yo.

-Correct, dice él, the others things chingaderas.

Lunes, 10 de abril del 2006: Maulude, cumpleaños del Profeta Mahamah (Mahoma)

Nadie trabaja, así que ¿por qué vamos a hacerlo Casimiro y yo? Esto de la convivencia pacífica entre musulmanes y cristianos tiene sus pequeñas o grandes ventajas: ambos bandos celebramos indistintamente el santoral de las dos religiones. ¿Que es el cumpleaños de Jesús de Nazareth?, fiesta. ¿Que hoy cumple años Mahamah?, fiesta también. Así da gusto, y más si son pagadas.

Día tranquilo y hogareño para los dos. Qué bien sienta de vez en cuando un día así.

Martes, 11 de abril del 2006

He quedado en recoger a Félix temprano en Kayonkro para caminar desde allí a Kadagbana II. ¡Virgen de Guadalupe que caminata! Tres puertos de primera especial, hablando en términos ciclistas, y el primero nada más salir de Kayonkro. No hay galgo que le siga al bueno de Félix, así que le tuve que gritar en todos los idiomas que, o le aflojaba, o le soltaba una pedrada en el trasero.

He aprovechado para saludar a la gente de las aldeas de Sakuyan, Kawonoh, Kateneh II y Kakutuhu, que nos pillaban de camino.

En una de esas subidas en las que se te funden los lomos y te tiemblan las piernas, no puedo menos de preguntarle a Félix el por qué hace esto.

-Por la misma razón que tú, Padre, me contesta. Soy catequista y ayudo a mi pueblo, pero tengo aquí mi familia. Tú dejaste tu tierra por venir a ayudarnos y eso tiene más mérito.

Félix está realizando sus últimos exámenes para R.C. Teacher (maestro nacional) en Makeni. Cuando se gradúe en Julio, podrá recibir un salario seguro del Gobierno y ayudar más a su familia y a sus hijos. Lleva tres años preparándose y acudiendo en bicicleta a las clases de Makeni una vez a la semana. Me dice que el transporte público le saldría  por 40.000 leones cada viaje de ida y vuelta, y que no puede permitírselo. Por eso debe pedalear de Kayonkro a Kamabai y de allí a Makeni. Son 48 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. Algunas veces me lo he topado y lo he subido con todo y bicicleta al land rover.

Los fines de semana comparte un rato de oración y da catequesis en la zona de Kadagbana, lo que le supone caminar 4 horas. Al regresar, estudia un rato, hace las tareas, y ayuda a sus hijos con las suyas. Cada tercer sábado de mes se reúne durante todo el día con los líderes de su zona para ver cómo van las cosas e informar al Padre.  ¡Ah!, y trabaja en su pequeña granja para pagarse sus estudios. Me dice también, que está ahorrando para una nueva bicicleta porque en tres años ha deshecho la que tiene. Hace unos días vino todo avergonzado a suplicarme un poquito de ayuda porque si no pagaba la mensualidad lo iban a echar de la escuela, y no tenía dinero.

¿Qué os parece, se lo doy?

Y, lo que es más grande, siempre, absolutamente siempre, lo he visto sonriendo.

Como veis, tenemos auténticos tesoros. Siempre me viene a la cabeza las dificultades que encontraban mis catequistas de la Iglesia de Little Flower para reunirse una hora a la semana. Y es que tenían tantas cosas que hacer…

En Kadagbana II, hemos reunido al poblado para tener juntos un rato de oración. Después, me han enseñado el edificio multiuso que están construyendo y que quieren terminar antes de las lluvias. He observado el agua que bebían y les he pedido enseñarme el lugar donde la conseguían. No me explico cómo no se nos mueren más niños. Les he comentado lo bueno que sería un pozo de agua, pero que me parece imposible construirlo por las dificultades que entrañaría el transportar el material a la aldea.

Ni me han dejado continuar.

-Padre, usted ponga los moldes y el cemento en Kayonkro, que nosotros lo transportamos en la cabeza.

Ni me lo puedo imaginar después de la paliza que me he pegado subiendo lomas para llegar hasta allí. Pero insisten en que les permita intentarlo. Ni modo, me robaron otra promesa: cuando acaben las lluvias comenzamos el pozo. Y no me pienso perder el transporte. Os enviare fotografías.

Me han pedido bendecir un niño recién nacido. Lo bautizaré en mi próxima visita. Los padres quieren que elija yo el nombre. Félix me dice que le ponga el nombre de José Luis, pero vistas las dificultades que tienen los limbas para pronunciar la “J”, he preferido llamarle Andrés, como mi padre.

Les he dejado una de las piedras negras explicándoles 20 veces el modo de usarla. Una picadura de cobra o mamba por estos lugares significa la muerte segura por la imposibilidad de traslado rápido al hospital. Me han preguntado si la leche de mujer sirve para limpiar la piedra, porque no tenían otra. Les he dicho que sí, y espero en Dios que sea cierto, porque nunca antes se me había ocurrido pensar en ello.

Después de compartir arroz con pollo y plasas, nos hemos regresado poquito a poco. Me da envidia Félix bebiendo agua. Si yo bebo lo mismo que él, mañana acabo en el hospital. Debo conformarme con el litro de agua que llevé de Kamabai. Hay que saber administrarla y beber despacio, y siempre después de que el cuerpo deja de sudar. Si te dejas llevar por el primer impulso, te tragas el litro en el primer cerro.

Me ha sorprendido que Félix se parara de vez en cuando. Me he reído preguntándole si es que ya no podía más.

-Padre, calzo el 42 y estos  zapatos son del 40. Llevo los cordones sueltos, pero me aplastan los dedos.

-Hagamos un trato, amigo mío. Te vienes a la misión y yo te regalo dos pares de zapatos de tu número de los que me enviaron de España. Eso si, te los pones solo para examinarte en Makeni, y para las fiestas. Siempre que camines conmigo quiero que lleves los del 40.

Ya me imagino a este tipo caminando con zapatos de su número.

He llegado a casa literalmente reventado. Esta gente no tiene sentido del espacio y el tiempo, así que no te puedes fiar demasiado de las distancias que te dicen que hay entre las aldeas. Supongo que por las horas que hemos caminado, 5 en total, habrán sido unos 20 kilómetros. Eso si, de infarto.

Yo era de los que aceptaba como norma de vida aquello del agua para bañarse y pa las ranas que nadan bien. Hoy quebré la norma, y he bebido más agua esta noche que en todos mis 53 años anteriores. Me doy cuenta que la zona que me corresponde en más apropiada para un chaval de 35, que para un chaval de 53. Y tengo la osadía de llamarme chaval a mi mismo, porque ya os dije en otra ocasión que la misión rejuvenece. El que no se lo crea que se anime a darse una vuelta.

Desde aquí oigo el sonido de la película que Casimiro está poniendo. Todo Massaramanke está aquí. Es una buena idea hacerlo al menos una vez a la semana.

Os dejo. Una hora y media en land rover, 5 horas caminando, y 3 horas hablando, es suficiente por hoy.

senkele

Miércoles, 12 de abril del 2006: La comunidad crece.

Casimiro me ha traído un regalo de Kanikay, una cría hembra de Fritambo recién nacida. Le pedían 30.000 leones por ella, y ha pagado 12.000. Le he dicho que eso era como tener un niño en casa, pero ha insistido en quedárnosla y turnarnos las noches con ella hasta que crezca un poco. Supongo que se acabó la paz en esta casa.

Por la tarde hemos ido a Makeni para concelebrar la Misa Crismal con el Obispo y comprar de paso leche en polvo y un biberón para Sénkele (luna, en limba).

Me ha encantado concelebrar la eucaristía con mis hermanos sacerdotes. Es mi primera Semana Santa en Sierra Leona, y las sensaciones son difíciles de describir. En el Paso, la Misa Crismal era como más solemne, más “litúrgica”, con unos coros y una música exquisita,  con mejor ágape final para los sacerdotes…, pero más fría. Aquí todo es más natural, más cercano: El Obispo se volvía loco con el ceremonial, el sonido no funcionaba, los tarros de los aceites, unas latas pintadas con spray, y los coros, para qué os cuento…, pero te sentías como en casa.

Al final de la Misa, las diferentes comunidades han ido pasando al frente del altar para entregar un regalo al Obispo en señal de agradecimiento por sus desvelos como Pastor. Ha sido un momento especialmente emotivo para mí al ver la cantidad de gallos, gallinas, aceite de palma, cabritos, verduras, cassava…, con los que han inundado el presbiterio. Se ve que lo quieren a rabiar. Y se lo merece. Nadie como él ha amado y servido a este pueblo.

Luego, arroz con pollo en abundancia para todos. Alguno de Kamabai, se quitó el hambre atrasada, y la que le puede venir al menos en tres días.

Me toca la primera guardia. He metido a Senkele en una caja de cartón y he puesto el biberón en la mesilla de noche por si lloraba. Esto es de película.

Jueves, 13 de abril del 2006: Jueves Santo

Lo que sospechaba, me he tenido que levantar a las 4:30 de la madrugada para darle al animalillo la leche, porque gemía de hambre. En fin, qué os voy a contar a las que habéis criado hijos.

Me la ha vuelto a hacer el coreano: dos gallinas en la misma caja. Y esta vez sin distinción de raza, ni color: la negra y la blanca.

No sé por qué, será por el día tan especial que celebramos, pero los dos estamos de excelente  buen humor. Incluso le he dicho a Casimiro que lo quiero casi tanto como a Senkele.

Nos hemos repartido las ceremonias de estos días. Hoy presidía Casimiro. En el lavatorio de los pies, Kelleh, haciendo las veces de Pedro, le ha gritado:

-Maestro, ¿cómo vas a lavarme tú los pies?

Esto, sin más, no demostraría más que un aceptable conocimiento escriturístico del bueno de Kelleh, pero es que se habían pasado media tarde discutiendo cuestiones laborales. No habíamos preparado la escena, y le ha pillado a Casimiro de sorpresa. Me ha mirado, y le ha respondido:

-Kelleh, déjate de tonterías y mete los pies para que te los lave, porque tú sabes muy bien lo que estoy haciendo esta noche.

-Entonces me lavas también el cuerpo y la cabeza, añadió Kelleh.

Todavía, al escribir, me estoy riendo recordando la escena y la cara de Casimiro refunfuñando bajito que eso te lo lavas tú mañana.

Viernes, 14 de abril del 2006: Viernes Santo

“Muere un amor en mitad de la esperanza

y un silencio sepulta su cadáver de pájaro.

Degüellan a un muchacho en una patria

y un silencio se esconde en los zapatos.

Cogen la libertad, la escupen, la desangran

y un silencio terrible cierra los campanarios.

Alguien pone candado a los libros

y un silencio se oculta en los armarios.

Un millón de niñitos se nos mueren de hambre

y un silencio se duerme contemplándolos.”

Jorge Debravo

Si algo conoce este pueblo nuestro es de sufrimientos y desventuras. Nadie entiende mejor que ellos el camino de Jesús hacia el Calvario. La muerte y la esperanza de la resurrección la viven en carne propia día a día. La asistencia al Vía Crucis y a la lectura de la Pasión de Jesús ha sido mucho más numerosa. Y es que les resulta más fácil identificarse con alguien que sufre como ellos.

Les decimos que el compartir los sufrimientos de Jesús, les da derecho a la esperanza, a la Resurrección y a la Vida.

Compartir, un verbo que los pobres saben conjugar mejor que los que con frecuencia vivimos con demasiadas cosas y comodidades. Su “Baffa” tiene las puertas abiertas, el fuego a punto, y nunca se niega el techo al visitante. Arroz, o cassava…, pero para todos.

Sábado, 15 de abril del 2006: sábado Santo

¿Recordáis aquella canción infantil?

“Ahora que vamos despacio, ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras, trialara, vamos a contar mentiras trialara, vamos a contar mentiras”.

Viene esto al caso de que en este tranquilo día, mientras esperamos la Vigilia Pascual, me ha dado por leer dos fabulosas novelas de ciencia ficción: La Declaración Universal de los Derechos Humanos, y la Declaración, solemne naturalmente, de los Derechos del Niño.

“Por el mar corren las liebres…”

Artículo 1

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos…

Artículo 4

Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 5

Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Artículo 22

Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional…, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

Artículo 23

  1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.

Artículo 24

Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.

De vez en cuando harían bien los firmantes del documento en darse una vuelta por este país para explicar a nuestra gente lo qué son unas vacaciones pagadas y a donde se pueden ir a pasear. Al menos, me consta con total seguridad que conseguir un visado en nuestra Embajada de Dakar para viajar a España está color de hormiga para el 99.99% de los africanos. Deben demostrar por activa, pasiva y perifrástica unos ingresos económicos tales, que les quite de la cabeza la tentación de quedarse a vivir por allí. Y que yo sepa, de mi parroquia, nadie podría ir a visitarme.

Y podríamos seguir hablando de la explotación a la que son sometidos muchos de nuestros hermanos por causa de su situación migratoria. De las fotos degradantes de la guerra de Irak. De los niños que se mueren sin saber siquiera que existe la Seguridad Social… En fin, ¿para qué seguir?

“Por el monte las sardinas, trialara…”

Principio 2

El niño gozará de una protección especial… para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad.

Principio 4

El niño debe gozar de los beneficios de la seguridad social. Tendrá derecho a crecer y desarrollarse en buena salud; con este fin deberán proporcionarse, tanto a él como a su madre, cuidados especiales, incluso atención prenatal y postnatal. El niño tendrá derecho a disfrutar de alimentación, vivienda, recreo y servicios médicos adecuados.

(¿Aquí también?)

Principio 7

El niño tiene derecho a recibir educación, que será gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales. Se le dará una educación que favorezca su cultura general y le permita, en condiciones de igualdad de oportunidades, desarrollar sus aptitudes y su juicio individual, su sentido de responsabilidad moral y social, y llegar a ser un miembro útil de la sociedad.

Leedlo despacico, por favor, y decidme si esto es ciencia ficción o no. Y si no lo es, simplemente os puedo decir que vivo en un país donde nada de eso se cumple en su más mínima expresión.

Recuerdo la paciencia con la que el Director del Colegio San Agustín de Valladolid escuchaba las quejas de una mamá porque el autobús de su niño tenía la parada a una cuadra de su casa. Aquí, muchos de ellos deben caminar para asistir a la escuela 20 kilómetros cada día entre ida y vuelta, sin bocata de tortilla de patata que echarse a la boca, ni comedor escolar donde quitar el hambre. Perdón, el buen apetito, porque hambre, lo que se dice hambre no la han pasado en su vida.

Domingo, 16 de abril del 2006: Domingo de Resurrección.

Después de la Eucaristía, hemos invitado a toda la comunidad a comer. Le había pedido a Medo que intentase cazar una bataha, pero se me ha presentado con dos Cutting Grass tremendos (aquellos bichos que parecían ratas gigantes). Les he pedido que al menos les quitasen los dientes y las patas para disimular un poco. ¡Qué manera de comer! Si a la multiplicación de los panes hubiesen asistido los de Kamabai, no recogen los discípulos ni un cesto con las sobras.

La tarde ha resultado simpática: juegos para los pequeños, mampa para los grandes… Hemos aprovechado para repartir ropa y material escolar a todos los participantes en los juegos.

Sénkele (luna), nuestra mascota, crece y corretea al lado de los niños. Le digo a Casimiro que es hora de que vayamos pensando en otra criatura, un Kan (sol, en limba), para que le haga compañía. El coreano esta un poquillo celoso porque Senkele me sigue a mi, pero es porque le doy el biberón todas las noches.

Gracias a Dios gozamos de buena salud, aunque esperamos con ansias algún compañero más para que nos ayude a tirar del carro. Esperemos que sea el fruto de la Pascua.

He tenido que salir volando a Makeni para llevar a la esposa de Pa Bangura al hospital. La llevé por la mañanita al de Kamabai, pero empeoraba por momentos y decidimos trasladarla. La he dejado mejor. Son las 10 de la noche y me vuelvo a casa con toda la intención de invitar al coreano a trincarnos una de las bolsas de jamón. Al fin de cuentas, es Pascua, y no nos hemos visto el pelo en todo el día. Él tuvo que asistir a la fiesta de Bumban.

El martes 18, nos iremos un par de días a Freetown porque tenemos la despensa completamente vacía. Aprovecharé para mandaros estas notas.

¡Ah!, no sé si os comenté que al coreano hace ya muchos días que se le pasó la obsesión escrupulosa por la limpieza.

Desde lo más profundo de mi corazón, felices fiestas de Resurrección a todos.

***********************************

 Mis queridos amigos:

Si os voy a ser sincero, creo que el blog se me ha ido un poco de las manos. Me siento sorprendido al recibir correos de personas a las que no conozco y que, por el contrario, me dicen que rezan por nosotros y que nos leen con gusto. A la hora de hablar, o de escribir, siempre dejé que fuese el corazón quien expresase sus sentimientos. Algunas veces con ternura y otras con dureza, pero siempre dije o escribí lo que en ese momento sentía. Y no quiero que eso cambie por el hecho de que ahora debo de pensar en los lectores. Estoy seguro de que yo mismo, si releyese lo que escribo antes de enviarlo, suavizaría o cambiaría ciertas cosas o palabras, pero no lo voy a hacer porque perderían autenticidad. Lo escrito, escrito está. Para “suavizar”, tengo mis editores que pueden ejercer su legítimo derecho de censura. Además, yo no sé escribir de otra forma.

Me decía mi amigo Fernando, de Pamplona, que está seguro de que no me cambiaría por nada, ni por nadie. Y es verdad. A pesar de tifoideas, de malarias, y de luchas sin fin…, me siento vivo y con el alma llena. Y eso, en los tiempos que corren, no es poco. Y de los caprichos de la mesa, ya me desquitaré algún día con creces en Pamplona con mis amigos de Letyana: le voy a pedir a Ramón que me ponga todos los pinchos especiales de la casa, aunque me hagan daño.

Recibo cartas que me conmueven y me animan a seguir. Algunas, de compañeros de curso a los que la vida llevó por otros derroteros, y que realizan un trabajo tan admirable o más que el mío, a pesar de no escribir un blog personal. Gracias por vuestras palabras de aliento, Lope y Pablo. No importa las millas que haya de por medio, la amistad nos mantiene cercanos.

Los que me conocen saben muy bien que estoy más cerca de la tierra que del cielo. Y no necesitan mi presentación. Pero permitidme que lo haga para los que no me conocen, con unos versos de Jorge de Bravo, poeta costarricense, que ha llenado con sus poemas muchas tardes de quietud y soledad.

Soy hombre, he nacido,

tengo piel y esperanza.

Yo exijo, por lo tanto,

que me dejen usarlas.

No soy Dios: soy un hombre

-como decir un alga-

Pero exijo calor en mis raíces,

almuerzo en mis entrañas.

No pido eternidades

llenas de estrellas blancas.

Pido silencio, ternura,

pan, y casa…

Soy hombre, es decir,

animal con palabras.

Y exijo, por lo tanto,

que me dejen gritarlas.

Esa fue precisamente la primera intención de mis escritos: gritar mis palabras para que los amigos supiesen en donde gastaba mi vida ahora. Ellos son los que decidieron más tarde publicarlas.

Paso, sin más, a seguir compartiendo con vosotros las mil peripecias de la vida diaria. Y, como os dije antes, permitid que vayan saliendo como las siento en el momento en que suceden. Serán agradables, o desagradables; tiernas, o duras…, pero siempre verdad.

Martes 18, miércoles 19, jueves 20, de abril del 2006

Pasamos esos tres días en Freetown, y la verdad es que han resultado bien productivos. El coreano sigue analizando minuciosamente los precios de los productos y ha descubierto algo que, de ser verdad, nos va a demostrar una vez más que, a la hora de los negocios, son pocos los amigos que andan sueltos por la vida.

Cuando hicimos el contrato de los pozos de agua, lo cerramos en 7 millones de leones, más el costo de la bomba de agua. El gerente de la empresa nos comentó que las bombas eran muy caras, pero que tenía un “amigo” que las había conseguido por 3 millones, 700 mil leones. Cada vez que pagábamos una bomba, nos daba un recibo personal, nunca de la empresa donde las compraba. Pues ahora resulta que hemos descubierto las mismas bombas, made in India, por 2 millones de leones. Lo que significa que nos espera una conversación muy animada con el tal Dainkeh, gerente de la empresa de pozos.

Lo bueno es que todavía no le he pagado más que la mitad del dinero, y que si no nos demuestra el costo real de las bombas, se las pagaremos al precio que nosotros descubrimos en Freetown. Esto nos permitirá poder excavar un pozo más el próximo año. Ya os lo comenté hace tiempo: si alguien en Africa te dice, así de primeras, que te quiere ayudar porque es tu amigo…, cuida la cartera. También en el aeropuerto. Lo digo para los que piensan en venir a visitarme.

Nos llamaron de Filipinas diciendo que Manuel Lipardo llegaría a finales de Mayo, pero que por ahora no había más voluntarios. Ellos se lo pierden.

Sábado, 22 de abril del 2006

Ayer por la noche vino una muchacha, Marion, a la misión pidiendo ayuda. Contaba una historia tremenda. Como estábamos cansados, le dimos de cenar y le permitimos que durmiese en la baffa filipina, para hablar al día siguiente con más calma.

Le dije a Casimiro que la muchacha no tenía solo neumonía, que estaba seguro que padecía sida, y que nos estaba mintiendo con su historia. De todas formas quedamos en decidir qué hacer al día siguiente.

Hoy sábado, mis sospechas se confirmaron. No era de ninguna de nuestras aldeas, sino de Bo. Alguien en Kamabai le dijo que se acercase a la misión a pedir ayuda, porque hacía días que no se cambiaba de ropa, ni comía.

Le di ropa de la que enviasteis de España, desayunó y me fui con ella al hospital de Makeni para realizarle unos análisis de sangre. ¿Resultado?: tuberculosis y sida. Y delante del doctor Turay terminó de contar su historia verdadera. El caso es que se escapó del hospital de Freetown porque no tenía los 150 mil leones que le pedían para pagar su tratamiento de tuberculosis. El tratamiento del sida es gratis, y os recuerdo que Sierra Leona es el país con mayor índice de sida proporcional de todo Africa.

Pagaba con su “cuerpo” la comida que alguna persona “caritativa” le proporcionaba. Le dije que no lo hiciese, que estaba sembrando y extendiendo la enfermedad. No tenía a nadie: ni padres, ni marido, ni hijos…, nadie. Su plática era amarga. Solo quería un lugar para morir en paz. ¿Morir en paz a los 21 años?

He llamado al Hospital General de Freetown diciéndoles que en mi próximo viaje pagaría los gastos que Marion Ganda ocasionase. La he acompañado al transporte público, le he pagado el viaje al hospital, y le he dado un poco de dinero para comer ese día. No ha sonreído ni una sola vez. Algún día no muy lejano se le acabaron a Marion las sonrisas. Ya solo le quedan lágrimas, dice.

Hoy es el día de la Peace March 2006. Todo Makeni, musulmanes y cristianos, encabezados por el obispo Biguzzi y el Imán, se ha lanzado a la calle para caminar por la paz. Me uno a la manifestación y veo en ella a la mayoría de mis hermanos sacerdotes. El ejército marcha cantando peace in our heart (paz en nuestro corazón). Cuando lo hacen delante del obispo cantan peace of God in our heart. Es un momento muy emotivo.

Mi amigo Suma me explica el por qué la gente quiere y admira tanto a su obispo. Alguien le dijo llorando después de la guerra que los rebeldes habían quemado y destruido todo Makeni.

-¿Pero dejaron la tierra?, preguntó el obispo. Si la tierra todavía está allí, reconstruiremos todo.

Y así ha sido.

Después de la marcha he vuelto por el hospital para visitar a la esposa de Pa Bangura y hablar un ratico con el doctor Turay. Me dice que le debo el análisis de sangre posterior a mi segunda malaria. Le prometo ir el lunes. Aprovecho también para preguntarle quién es el famoso “unknown virus” (virus desconocido). Me dice que le llaman así porque no tienen medios para saber exactamente cual es. Y que lo que hacen es bombardear con antibióticos el organismo para matarlo.

Le comento la decisión de nuestros superiores de pedirnos un chequeo médico anual en Europa, y le parece la idea genial. Me recomienda que lo haga inmediatamente después de sufrir la tercera malaria para estar seguro de que el virus no afectó al cerebro. Me dice que el bazo y el hígado se nos inflaman mucho por el tratamiento, y debemos desintoxicarnos y descansar un tiempo en un sitio sin riesgo de contagio, hasta que adquieran el volumen normal. Curiosamente es lo mismo que le dijeron los doctores al coreano en España. Lo que pasa es que hoy por hoy, mientras no vengan refuerzos, pique las veces que pique el mosquito, no queda más remedio que aguantar. Después de mi experiencia personal, no tendría corazón para dejar al coreano solo ni una semana.

Al volver a casa no puedo menos de recordar a Marion y su “increíble” historia. Siempre te queda la duda de si fuiste lo suficiente generoso, o si te ganó la desconfianza. Me imagino a mi mismo en una ciudad grande, enfermo, sin ropa de repuesto, con 9 dólares en el bolsillo… Y de nuevo el desasosiego se apodera de tu alma. Le pido a Dios que le eche una mano.

Domingo, 23 de abril del 2006

Día relativamente tranquilo: sin carreras al hospital, ni emergencias de ningún tipo.

He pasado la tarde jugueteando con Sénkele. Ahora sé por qué es tan guapa: le fascina comernos las flores. Se come todas las que ve. Desgraciadamente, al descomer, no es a flores a lo que huele precisamente. Y, a pesar de abultar menos que el gallo Kamanameh, “hace” como una persona mayor.

He solicitado formalmente mi ingreso en la Sociedad Secreta Gbangbani. Me han comentado que deben estudiarlo los Jefes responsables, y que, en caso de aceptarme, me comunicarían el tiempo de la Iniciación. Me han preguntado también el por qué quería formar parte de la Sociedad, y les he contestado que para conocer mejor la cultura y tradiciones de la gente a la que sirvo. Creo que la respuesta no les ha desagradado. Naturalmente que, en caso de aceptarme, habrá cosas que podré contar y otras que me tendré que reservar por respeto a la palabra dada, pero espero poder entender más la realidad que me toca vivir.

Y no os preocupéis, que no estoy loco. No sería el primer sacerdote miembro de la Sociedad: dos javerianos ya se iniciaron antes. ¿Por qué no habría de hacerlo un Agustino Recoleto?

Después de la cena hemos tenido una larga sobremesa. Siento que Casimiro y yo cada vez nos tenemos más confianza, y que nuestra amistad crece. Me dice que somos distintos, que él es un hombre frío porque creció siempre sin afecto. Y que yo soy mucho más afectivo porque siempre fui querido. Me duele oírlo, y lo sabe. Dice que ahora está bien, pero que tuvo que aprender a valerse por si mismo. Me dice también que está contento trabajando conmigo, aunque no manifieste con frecuencia sus emociones.

-Si sigues, nos vamos a tener que dar un abrazo y llorar, Casimiro, así que mejor cuéntame tus últimos ahorros, le digo.

Tengo a Sénkele acurrucada en mis pies mientras os escribo. A las 6 en punto de la mañana me saltará encima de la cama reclamando su biberón. Buenas noches.

Lunes, 24 de abril del 2006

Hace ya bastantes años hice un cursillo que tenia como objetivo el aprender a decir “no”. Partían del axioma de que saber decir que “no”, es un arte que no está al alcance de todos. Lo que pasa es que aquí es muy difícil ser artista: cuesta decir que no.

A propósito del curso de marras, estaba releyendo lo que una persona escribió después de vivir un tiempo con los tarahumaras de la Sierra Madre de Chihuahua:

Olvidarás que tus labios pueden decir que no

.Los coserás con hierro cuando quieran negarse

a dar casa de amor, cama de cielo.

En la entrada de tu alma escribirás:

Hay lecho, vino y pan de balde para ti.

No es necesario que alargues la voz:

basta con que te acerques a la puerta.

No me negaréis que es hermoso. Los tarahumaras pedían con frecuencia kórima maíz, kórima fríjol… Para ellos, pedir kórima no es pedir limosna. Cuando a ti te sobra y a otros les ha ido mal, el kórima es la parte que a ellos les corresponde por derecho, independientemente de tu generosidad. Es más, después de recibir su kórima, no tendrían ni por qué darte las gracias, aunque lo hagan habitualmente. Los bienes son de todos y no es lícito acumular maíz en el granero cuando otra familia pasa hambre.

¿Os imagináis que una persona llegase descalza a la puerta de vuestra casa y os dijese que los zapatos que os sobran en el armario le pertenecen? Pues esa es ni más ni menos la filosofía tarahumara. Se parece un poco al Evangelio, ¿no?

He recordado todo esto porque hoy alguien tocó nuestra puerta por enésima vez en el día pidiendo ayuda, y a mí me agarró en mal momento. Siento que debo ser más paciente y recordar los versos del poema, que no solo son hermosos, sino todo un posible proyecto de vida. Incluso, a pesar del cursillo de aprender a decir “no”.

Martes, 25 de abril del 2006

No me lo podía creer. Neneh nos estaba preparando un pescado seco que había comprado el coreano, y del pescado salían cientos de gusanitos blancos. Le he preguntado a ver si nos quería matar, y me ha contestado que era así, que al poner el pescado en las brasas se tostaban y no pasaba nada.

Vaya, algo es algo, al menos me los voy a comer tostaditos, como las pipas.

Ya me hicieron una vez el honor, en México, de reservarme la última copa, la del gusano del maguey. Y no tuve más remedio que decirle bajito al animalillo: arrejunta las patas que te vas de viaje. Y hasta dentro que se fue sin tocar pared. Nunca lo quise repetir.

Aunque si los hay que aceptan gustosos los gusanos en el queso roquefort, ¿por qué no habría de aceptarlos yo en el pescado seco?

Mientras os escribo tengo un dolor de tripas tremendo: será que alguno no se tostó bien. Y lo que está claro es que, a veces, es mejor no saber lo que uno se mete, o le meten al cuerpo.

Miércoles, 26 de abril del 2006

Seguimos trabajando en la reforma de la casa. Ya están casi terminadas las dos habitaciones, y han comenzado las tres bodegas y la nueva caseta para el generador. Lo vamos a retirar más de la casa, pensando en que lo tendremos que utilizar mucho menos, con el consiguiente ahorro de dinero que eso supone.

Yo he ido a Makeni a comprar materiales para terminar la escuela de Kamasuyufu, y el edificio multiuso de Kadagbana II. Vamos a utilizar para ello un dinero que Santi ingresó en la cuenta. He ido con el libanés amigo de Edgar, y me ha dicho que también es amigo mío. Faltaría más. Eso si, las láminas de zinc me las ha dado 25.000 mil leones más caras que hace dos semanas. Le he preguntado el por qué, si tenía el almacén lleno. Y me ha respondido que el precio lo ponen en Freetown. ¡Pues qué bien!

Me ha llamado la enfermera del hospital de Freetown preguntando si era cierto que íbamos a correr con los gastos del tratamiento de Marion. Qué bueno que la muchacha sí que fue al hospital. Quedé en pagar en nuestro próximo viaje.

Jorge Jiménez, el Padre Javeriano mexicano, nos ha invitado a cenar y a ver el partido Barcelona – Milán, en la casa de los Padres Javerianos de Makeni. Le pregunté a Casimiro si llevábamos un poquito de jamón para invitarlos, y me dijo que si, pero que solo una bolsa. El coreano no se si vendería la primogenitura por un plato de lentejas, pero lo que estoy seguro es de que cambiaría a cualquiera de nosotros por una pierna de cerdo.

¿Os imagináis?: 5 italianos, contra un coreano, un mexicano y un español a favor del Barcelona. Antes nos dieron de cenar, ¡y qué cena! Y nos dicen que lo hacen así habitualmente: tortilla de patata, foie gras, alubia verde (no la había visto desde septiembre), spaghetti delicioso, queso parmesano, salchichón… Y yo con mi bolsita de jamón para el segundo tiempo. Todo lo reciben en los contenedores que les mandan en el transcurso del año. Espero que alguno tome nota, porque todos los ordenadores que repartimos nos los han devuelto por inservibles, y eso no se come. Y os prometo que los ha revisado un buen técnico, que, aunque os parezca increíble, en África también los hay.

Hemos visto el partido como lo ven en el palco los presidentes de los clubes contendientes: sin mover un solo músculo de la cara. Ya sabéis cómo son los italianos para esto del fútbol. La próxima vez, a pesar de que la atención fue exquisita, preferimos ver el partido en casa del Padre Suma. Allí si que gritamos a gusto.

A la vuelta, Jorge nos ha preguntado si nos va mucha gente a la casa pidiendo dinero.

-Casi, casi como a la Basílica de Guadalupe, le he dicho.

Parece que no gozamos de ningún privilegio, y que a ellos en Binkolo también les piden dinero constantemente. Algo es algo.

Sénkele no me ha perdonado el biberón de la noche por mucho que intenté engañarla diciéndole que se lo daba temprano. No paró de darme cabezazos hasta que me bajé a la cocina a preparárselo. Esta no entiende de Champions, solo quiere lo suyo: leche.

Jueves, 27 de abril del 2006: Día de la Independencia.

No me resisto las ganas de compartir con vosotros en un día tan especial unos versos, cómo no, de Jorge Debravo. Supongo que ya os habréis dado cuenta de lo mucho que me gusta el poeta costarricense.

Cualquiera diría que miento:

que la sangre ya no se usa

para amasar monumentos.

Pero yo sé que hay rellanos

hechos con manos de niños

y soledades de ancianos.

Pero yo sé que hay navíos

hechos con pieles de negros

y corazones vacíos.

—————————————–

Me gustaría tener manos enormes,

violentas y salvajes,

para arrancar las fronteras una a una

y dejar de frontera solo el aire.

Que nadie tenga tierra

como se tiene traje:

que todos tengan tierra

como tienen el aire.

Cogería las guerras de la punta

y no dejaría una en el paisaje

y abriría la tierra para todos

como si fuera el aire…

Que el aire no es de nadie, nadie…

Y todos tienen su parcela de aire.

¿De verdad os creéis que este país es independiente? Independiente política y económicamente, me refiero. En fin, no seré yo quien amargue hoy la fiesta: ¡Feliz día de la Independencia a todos!

Viernes, 28 de abril del 2006

Me llegan noticias de USA. Dicen que “la migra” está haciendo redadas tratando de deportar al mayor número de indocumentados. Que el primero de Mayo se preparan manifestaciones en todo el país pidiendo una amnistía general, y que el senado está estudiando seriamente el asunto. Desde aquí me uno a la manifestación. ¿Qué sería de Estados Unidos sin el trabajo de los latinos? Creedme, la mitad de lo que es ahora.

Me he ido con el land rover amarillo a llevar el cinc y la madera a Kayonkro. Desde allí acarrearán todo en la cabeza hasta Kadagbana II. Nada más de recordar las cuestas que hay que subir me tiemblan las piernas. Me imagino con cinc y tablones en la cabeza.

¡Ah!, cada tablón son 25 kilos.

El bueno de Félix cada día me sorprende más. Hemos disfrutado de una amena conversación y compartido un galón de mampa. Y está feliz con sus zapatos nuevos, aunque le recordé que para caminar conmigo debe usar los viejos. Sigue pedaleando a Makeni para presentar sus exámenes de maestro, y no deja de visitar las aldeas animando a la gente a vivir con ilusión el mensaje de Jesús. Todo un tío.

Menudo tormenta nos está cayendo. Las lluvias poco a poco van haciendo acto de presencia y, según me dicen, es más difícil visitar los poblados porque los caminos se vuelven impracticables. Vamos a llegar justito a tiempo para techar la escuela Little Flower de Kanikay, la de Kamasuyufu, y el multiuso de Kadagbana II. A los pozos ya les están poniendo las bombas.

Fui a ver el de BumbamKakendehka y me impresionó ver una fila de al menos 30 mujeres acarreando arena sobre su cabeza para los trabajadores. Se lo he comentado a Medo y me ha dicho que la última vez que estuvo cazando por allí, le extrañó oír voces a la una y media de la mañana. Se acercó, y vio una fila de gente esperando turno para ir cogiendo agua de un campo de arroz. Cada cierto tiempo debían esperar un rato para que se aclarase un poco el agua.

-¿Cómo crees que se sienten de felices ahora, Padre,  sabiendo que en 15 días van a disfrutar de agua limpia en la propia aldea?, me dice.

Oír esto y ver la alegría de la gente le carga a uno las pilas para toda la semana, y hace que te  olvides del continuo ir y venir de aquí para allá con el pobre land rover amarillo acarreando materiales.

Ha llegado el coreano con otra cría hembra de fritambo. Así que ya tenemos la parejita, aunque seguimos buscando el niño. Se llama Kutháhineh, cielo en limba.

Sábado, 29 de abril del 2006

He ido temprano al hospital para recoger a la esposa de Pa Bangura. Después, la reunión trimestral de todos los líderes de la parroquia. Han venido 62 y en la reunión hemos revisado las necesidades de cada una de las zonas. Están, y estamos contentos con lo que poquito a poco vamos logrando.

Uno de los problemas que hemos enfrentado es el que algunos de nuestros líderes son analfabetos, y tienen auténticos problemas a la hora de reunirse con la gente y presentar proyectos. Les hemos propuesto una campaña de alfabetización tipo de la que se realizó en Nicaragua después de la Revolución de 1979. Tuve la ocasión de ver con mis propios ojos los logros de aquella cruzada, y creo que aquí podríamos hacer algo parecido. Naturalmente limpiándola de toda la carga política que en su tiempo impusieron en Nicaragua a los maestros. Se trata de enseñar a leer y a escribir, no de enseñar a votarme a mí.

La razón por la que la reunión comienza a las 11 de la mañana es porque muchos de nuestros líderes deben caminar más de 20 kilómetros para asistir a ella (y otros 20 de vuelta, claro). El de Makehe, por ejemplo, viene con muletas por causa de una deficiencia física en las piernas. Y es uno de los que no falta nunca a las reuniones.

Al despedirnos, les hemos dado bolsas con la ropa que nos enviasteis de España y se han ido tan contentos. Pero insisto, la próxima vez, que la ropa sea nueva, por favor.

Alguien entró en nuestra bodega y se robó 15 pares de zapatos nuevos, ropa de deporte y material escolar. Como ya estaba cansado, y les había advertido anteriormente, me he ido directamente a la policía. Han venido de Makeni, y me han prometido investigar a fondo. Lo que tengo claro es que el ladrón es alguien muy cercano a nosotros, y que más de uno de la comunidad conoce su nombre. Les he comentado que esta vez no iba a parar hasta descubrir a los culpables.

Domingo, 30 de abril del 2006

He ido a celebrar la Misa a Kamankay, con intención de hablar con Simón acerca de su posible trabajo como instructor de carpintería en RENACER. Me ha enseñado todo orgulloso su nueva casa.

Félix ha venido a informarme que los de Kadagbana II ya se han llevado las láminas de cinc y los tablones de madera que les dejé en Kayonkro el Viernes. Os aseguro que es más dura la subida a Kadagbana II que la del Vía Crucis en Jerusalén, y las dos las he caminado.

Por la tarde me he ido con Casimiro a ver el partido de Osasuna-Madrid. En el camino hemos recogido al nuevo “confesor”, Jorge Jiménez. El P. Suma tenía la televisión estropeada, y como el obispo estaba en Italia,  pues nos hemos largado a ver el partido a su casa. Espero que no sea un gran pecado eso de invadir la casa episcopal sin permiso, aunque la penitencia ya me la pusieron: Osasuna 0- Real Madrid 1.

Como veis, también los misioneros somos humanos, tenemos ombligo, y nos gusta el fútbol. ¡Ah!, y mejor que no nos oyeseis durante el partido.

 

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