Recordando: Marzo 2006

kuthodo

Miércoles, 1 de marzo del 2006: miércoles de ceniza

 He bendecido la ceniza en la misa de las 6:30 de la mañana. Los lideres y catequistas se encargarán de llevarla a las diferentes aldeas.

Hemos comentado las recomendaciones del obispo para vivir intensamente la preparación a la Pascua. Una de las recomendaciones me llama la atención: puedo cumplir la abstinencia no comiendo arroz los viernes.

Si algo conoce este pueblo es cómo cumplir con el ayuno y la abstinencia juntos sin falta de recomendaciones episcopales o eclesiales. Lo tienen muy fácil. Al comer arroz únicamente tres o cuatro veces a la semana, lo que deben hacer es correr el día para que no toque en viernes.

¡Qué curioso!, creo recordar que en el primer mundo se nos recomienda no comer carne. Todavía recuerdo el plato de patatas hasta el borde, y los dos huevos fritos con salsa de tomate, donde untabas media barra de pan, que me despachaba los viernes de cuaresma en el teologado. Panza llena y abstinencia cumplida. Hasta las leyes eclesiásticas parecen distintas para los pobres.

Me ha enviado un mensaje de texto Casimiro diciéndome que ha pasado dos días realmente enfermo, ingresado en el hospital, pero que todavía no saben los resultados de los análisis. Estoy realmente preocupado por su salud.

Por la noche les he dado el arroz y la carne que quedaban del día anterior a los críos y no han dejado ni un solo grano. Me encanta compartir el alimento con la gente y verles sonreír con la tripa llena.

bathaha

Jueves, 2 de marzo del 2006

Medo me ha enviado un texto desde la montaña diciendo que está cazando, que rece para que agarre algo. Me río. Y es que el miércoles de ceniza fue a cazar y no logró ni una pieza. Le dije que cómo se le ocurría buscar carne en día de ayuno y abstinencia, y le prometí rezar, pero otro día. Sea por lo que sea, pero a las 10 de la mañana ha aparecido con otra bathaha bastante crecidita. Está contento porque la puede vender por 70.000 leones (unos 23 dólares). A mi me ha regalado el hígado y me lo pienso hacer encebollado como para chuparme los dedos.

He ido a Makeni para llevar unos papeles a la diócesis y de paso informarme sobre Casimiro. Me dice Mediavilla que no me preocupe, que está ingresado en el hospital y que en un par de días le darán el alta. Me dice también que, según los resultados del análisis de sangre, tiene malaria. Dios santo, otra vez. Lo que está claro es que viajó con ella.

Me ha llamado mi sobrina Laura y me ha informado de la entrada triunfal de Casimiro en España. Su avión se retrasó tres horas, y no había nadie esperándolo en el aeropuerto. Así que el coreano, abordó a una monja, le dijo una de las dos palabras que se sabe en español: Agustino Recoleto, y le dio la lista de teléfonos que yo le había metido en el bolsillo. Gracias a Dios que no le dijo la otra palabra que se sabía, o sea, “chingaderas”. Ya me imagino la cara de la monjita.

Laura contestó la llamada desde el trabajo:

-Mira, hija, soy la Hermana Concepción, y estoy en la Terminal número 4 del aeropuerto de Barajas con un chino, japonés, o “qué se yo”, que tiene tu numero móvil en su cartera y no sabe ni una palabra en español, bueno, si, Agustino Recoleto. ¿Sabes tú algo de él?

Y mi sobrina, que es bien lista y que sabía del viaje del coreano, se dijo:

-Casimiro, en Madrid y sin nadie a recogerlo.

Buscó en Internet el número de nuestra casa del Paseo de la Habana y les dijo a los frailes que tenían a Casimiro en Barajas.

-No, no vino, le contestaron.

-Vaya que si vino, lo tenéis desayunando con la Hermana Concepción en la cafetería del aeropuerto.

La buena de la Hermana, como si no nos ayudamos nosotros que somos iglesia ¿quién lo va a hacer?, le cambió unos euros, y lo mandó a casa en taxi.

Desde que me lo contó Laura por teléfono, no para de darme la risa imaginándomelo abordando a la religiosa.

Ha venido el líder de Kabake para pedirme ayuda para un muchacho al que se le ha quemado la casa. Le he preguntado cómo había respondido la comunidad para solucionar el problema, y se ha encogido de hombros.

-Tú eres el líder, ¿y lo único que se te ha ocurrido es venir a pedir dinero a la misión?

Le he dado ropa de la que recibimos en el contenedor y les he dicho que primero se reúnan y decidan ellos cómo ayudarle, y luego vuelvan y me lo cuenten. Y si me convencen de que realmente funcionan como una comunidad cristiana solidaria con el necesitado, entonces yo también arrimaré el hombro. Y que vayan pensando en hacer un fondo de emergencias (idea del coreano) para estas ocasiones.

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Me ha entrado un texto de Little Flower con una noticia agri-dulce: el día 25 de febrero murió mi buen amigo Glenn. Y digo que la noticia es agri-dulce porque ha sufrido tanto en su vida, que es bueno que descanse. Creo que el cielo se lo tiene suficientemente ganado, y que Dios se lo ha llevado a su presencia con todo y andadera. Ya no había vena en su cuerpo capaz de soportar la diálisis a la que cada tres días debía someterse.

Me dijo que pensaba nombrarme depositario de un pequeño seguro de vida, pero que debía rezar para que viviese dos años. Antes de partir para Sierra Leona, me regaló un reloj con la Virgen de Guadalupe en su esfera. El próximo domingo me lo pondré en su memoria y ofreceré la misa para que disfrute en paz con Diosito. Se que allí, en el cielo, tengo ahora un amigo más, y que puedo contar con su apoyo. Y ese es el mejor seguro de vida que me ha podido regalar. Descansa en paz, amigo mío.

Viernes, 3 de marzo del 2006

 Tenía ganas de experimentar lo que se siente al cazar una bathaha, pero con Medo es imposible ir de cacería por las condiciones que te pone. No puedes hablar, ni pisar fuerte, ni respirar profundo…, porque todo lo oyen los animalicos. Le he dicho que mejor se vaya con el ángel de la guarda, que, aunque es musulmán, también lo tiene. El se puede estar sentado sin pestañear durante horas, cuando a mí a los cinco minutos ya me pica todo. Así que le dije que cuando le pegase a una, que yo iba a por ella. Y vaya si le pegó. Es la tercera que caza en esta semana, y se ha propuesto estropearme el ayuno y la abstinencia. Casi, casi caigo en la tentación. Excusa no me faltaba: Monseñor Biguzzi habla de privarse del arroz, no de la carne. Por ahora preferí cumplir con el espíritu de la ley y sacrificarme un poquillo. Así que el hígado encebollado tendrá que esperar a mañana.

He subido loma arriba hasta conseguir cobertura para ver cómo se encuentra Casimiro. Rafael Mediavilla estaba en una reunión y no hemos podido hablar mucho. El caso es que los doctores le recomiendan que permanezca en España al menos un mes para seguir el tratamiento completo. El no quiere ni oír hablar del tema, pero Rafael me dice que es mejor que se quede al menos un par de semanas más.

Le he dicho que prefiero que regrese totalmente recuperado, porque desde hace mucho tiempo yo sabía que el coreano no estaba bien. De todas formas, la noticia me ha pegado duro. No es fácil vivir solo en la misión, y ya contaba los días que faltaban para ir a recogerlo al aeropuerto. Pero en fin, ¿qué le vamos a hacer?, no hay más remedio que tirar p’a lante e intentar cuidarse un poco en las salidas para no agarrar tifoidea o malaria.

He ido a Kanikay a recoger a los trabajadores con el depósito lleno de diesel y la cartera con dinero. Ya os dije que no me volvía a pasar lo de quedarme tirado a la vera del camino por causa de mi estupidez. La escuelita va tomando forma poco a poco, y el Chief sigue más contento que unas castañuelas. Se empeña en que beba mampa. Si vierais en qué condiciones está el recipiente y la taza en la que me lo ofrece… Pero ¿cómo le explico yo que no quiero beber ni comer porquería hasta que alguno de los compañeros vuelva?

Hoy no tengo demasiadas ganas de escribir, me siento solo y tristón. Pedid un poquico por mí en vuestra oración.

Sábado, 4 de marzo del 2006

He tenido reunión con nuestros catequistas: Aloysius, Osman, Albert, Jonathan y Simon. Me atrevería a decir que son algo así como nuestra mano derecha. Reciben mensualmente una pequeña ayuda económica: 30.000 leones (10 dólares). Con eso se las arreglan para comprar pilas para las linternas, arreglar la bicicleta… Siempre dispuestos a servir, a dar, a caminar millas visitando poblados. No se quejan de nada. Y todos los sábados vienen a la misión a compartir su experiencia “misionera”, y a traer el poquito dinero que recogen en los poblados para emplearlo en emergencias. No tienen proyector, ni libros de colores, ni audio montajes…, solo a Dios en su corazón. Y eso les basta.

Me encantaría llevarlos allí donde sobran los medios y falta compromiso para dar un “taller” (¿así se llaman ahora, no?) acerca de cómo anunciar a Dios desde la propia vida. Quiero que os cuenten las horas que dedican a ser “profeta”, debiendo cuidar, al mismo tiempo, a su familia, y atender su pequeño sembradío. Y si les miras a los ojos, te da escalofríos ver la determinación y alegría con la que se toman su ministerio. Nos dan a vosotros y a mí cien vueltas en este difícil arte de “ser cristianos”. Y solo por 10 dólares al mes en la tierra, y un tesoro absolutamente seguro y ganado en el cielo.

Por fin me he podido comer un hígado encebollado como Dios manda. Todavía me estoy relamiendo de gusto. Sigo el ejemplo del evangelio: salgo al camino y a todo el que me encuentro, calzado o descalzo, le invito a cenar. No soporto hacerlo solo, y tampoco se hacer una sopa para una persona. Así que durante estos días más de uno se va con  el estómago caliente a la cama gracias a mi fobia por la soledad.

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Domingo, 5 de marzo del 2006

He pedido a la comunidad celebrar la misa por mi buen amigo Glenn. Me he emocionado un poco contándoles quién era, y lo mucho que sufrió ofreciendo su dolor por los demás. Y cómo, sin conocerlos, cada mes me daba un poquito de dinero para “mis pobres de Sierra Leona”. Le han dado un aplauso que seguro que lo ha podido oír desde el cielo, y he enseñado la fotografía que nos sacamos juntos en mi despedida. En el pecho de Glenn se puede leer: “África en el corazón”. Fue uno de los primeros en ponerse la camiseta que había diseñado Claudia, en Las Cruces, New Mexico, para sacar fondos para mi gente africana.

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Les he comentado que estaba un poquillo triste, y un chaval me ha traído una pareja de Koleteh (en inglés les llaman Stone-goat, y no se cómo llamarlos en el idioma de Cervantes) que había conseguido en el monte para que me hiciesen compañía. Total, solo les tenía que dar un poco de leche y agua, y cuando creciesen me seguirían como dos mascotas fieles. Les ha soplado “debajo” y me ha dicho:

-Mira Padre, macho y hembra. Podrás tener crías.

Yo, por mucho que soplaba, todo lo veía igual, pero en fin, tampoco podía despreciar semejante detalle. Y la verdad es que los Koleteh eran simpáticos.

Los he subido a mi habitación, y les ha bastado media hora para cargarse mi espíritu franciscano. ¡Virgen Santa!, todo se lo querían echar a la boca y roer: la mesa, las sandalias, los cables…  Así que les he buscado mejor acomodo a pesar de la carilla con la que me miraban. En el fondo sospechaban que aquí comida si iban a tener en abundancia.

He vuelto a Makeni para hablar con el Provincial y conocer el estado del coreano. El “pájaro” se había ido a comer con Antonio y Silvia, mis amigos de Arnedo. He llamado a Silvia, y me crujían las tripas oyendo el menú: mariscada, jamón de jabugo, buen vino tinto… Y dicen que le gustaba todo. ¡Toma, no!, me vais a contar a mí el morro que tiene Casimiro. Más largo que el de un oso hormiguero.

Al ver sus análisis, se ha convencido de que necesita al menos 3 semanas de recuperación. Le he dicho que cambie la fecha del vuelo y que me avise con tiempo para ir a recogerlo, que no se preocupe que todo va bien por aquí. Naturalmente no le he comentado nada de lo solo y cansado que me siento a veces, y que lo hecho de menos un montón. Pero, como me decía Antonio, un navarro nunca se hecha para atrás. Yo tampoco.

A la vuelta he ido con Osman a Masomgbo a recoger un equipo de sonido y llevarlo a Kapeteh. Han organizado una fiesta por todo lo alto con baile incluido. Como veis, nos emplean para todo, también para acarrear los bártulos de los bailes. ¿Y sabéis qué?, me he dicho, que se vaya al carajo la tifoidea y los remilgos. Y me he metido tres jarras de mampa entre pecho y espalda. Mañana, Dios dirá.

Martes, 7 de marzo del 2006

Hoy estoy lo que se dice realmente agotado, pero tenía ganas de charlar un poquico. Además mañana me iré a Freetown a buscar la última bomba que nos falta para completar los 6 pozos de agua, y aprovecharé a enviaros estas notas con las últimas fotografías ilustrativas.

Me he ido a Werelada a recoger a los técnicos que terminaron el pozo de Makehe. Les he pedido que pasasen los materiales por el rió Mabole para evitarme dar una vuelta tremenda. Ya solo falta instalarle la bomba para comenzar a disfrutar de agua limpia. De ahí me he ido con ellos a Bandankoro para que vayan terminando el de esa aldea.

Más tarde he tenido que ir a un poblado para celebrar un oficio de difuntos. Que si está bautizado, que si no. Que si lo metemos a la iglesia, que si no… Me han vuelto loco, así que he decidido darle cristiana sepultura, y  si algo le faltaba que lo supliese nuestro buen Papá Dios con su infinita misericordia.

Ni gota de diesel en la bodega, y sin aceite para el generador. Carrera a Makeni. Allí me entra llamada del Provincial Mediavilla. Me ha pillado peleándome en la fila para ver si me tocaba algo de diesel o debía buscar otro sitio. He disfrutado un rato con su llamada. Me dice que Casimiro cada vez que baja a la cocina le pone una mano en el hombro al Hermano Alfredo y le hace:

-Brrrrrrrrrrrrmmmmmmmmmmmm, brrrrrrrrrrrmm, brrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrmmmm, brrrrrrrrrrrrrrrrrrmmmm.

Y me diréis… ¿y qué carajo es eso? Os lo explico. Resulta que se fue con la idea en la cabeza de comprar una sierra eléctrica fuerte y grande para talar árboles. Y si al coreano se le mete algo entre ceja y ceja…, date por jodido, que terminaba el chiste. Más le vale al bueno de Alfredo ir pronto a comprarla porque terminará soñando con el brrrrrmmmm.

También me dice Rafael que presentó a Casimiro en misa de 1:00 p.m., y que la buena de Dña. Mercedes, una asidua feligresa del Paseo de la Habana, se quedó prendada de él y nos dio un donativo de 6.000 euros. Voy a tener que dejaros al coreano para que lo paseéis por nuestras iglesias un par de meses más.

Una vez más, gracias por vuestra generosidad y vuestra solidaridad con este pueblo. Tenga la seguridad, Señora Mercedes, que pediremos de corazón para que Dios la bendiga junto con los que ama. Ya es tarde para comenzar un nuevo pozo de agua, porque las lluvias se nos echan encima. Su dinero lo usaremos el próximo año en proporcionar agua limpia a un poblado. Yo personalmente me encargaré de decirle el nombre de la aldea, y de ofrecer la misa de inauguración por su familia. Que Dios la bendiga, amiga mía (permítame llamarla así).

Parece  que le han cambiado a Casimiro el billete de avión para el día 23 de Marzo. Los doctores recomiendan que siga el tratamiento completo y, aunque no es fácil para mi, creo que es lo mejor. Esto hace que tenga que cambiar todos los planes. Necesito dinero para pagar pozos y escuela, y voy a intentar conseguir mejor cambio con Pa Manso.

Por lo demás, estoy bien y con buena salud, que es lo importante. También el viejo land rover amarillo parece gozar de una segunda juventud. Le puse claxon, luces y cuatro amortiguadores nuevos, y no me ha dejado tirado ni una sola vez. Bueno, si, una, pero la culpa fue mía.

¿Os he dicho que el nuevo carro del obispo is coming? Ya os contaré cuando llegue.

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Miércoles, 8 de marzo del 2006

Medo se ha empeñado en venir conmigo a Freetown. Me dice que, en caso de emergencia, estoy mejor acompañado, y que él se quedará con unos amigos a los que hace tiempo que no visita. Le digo que si porque además pienso cambiar 20.000 dólares y es mucho dinero para llevarlo yo solo al hombro.

Me he instalado en Korean Guest House y me he puesto un poquillo nostálgico recordando el karaoke y la despedida de Edgar.

Sophian  ha devuelto el millón que dejamos de depósito cuando contratamos el transporte del contenedor, lo que me permite hacerme una idea real de lo que nos ha costado traer el contenedor a Kamabai. Y digo nos ha costado, porque el envío se pago con dinero de la cuenta de Sierra Leona. Y está bien, pero me encantaría que se buscase financiación para el envío de próximos contenedores. O sea, que los útiles escolares nos los pongan en Kamabai, no en Barcelona. Eso si que sería una buena ayuda.

Para que me entendáis. Es como si yo llamo al Paseo de la Habana y os digo que he agarrado 10.000 dólares de vuestra cuenta (ese fue el costo total del contenedor) para enviaros de regalo un contenedor con planchas típicas de esas que funcionan con carbón, cocos y plátanos. Ya me imagino la cara del Procurador.

Jueves, 9 de marzo del 2006

He ido con Pa Manso a reunirme con Bassan, el libanés. Me ha demostrado con documentos que él siempre ha intentado ayudar de diferentes formas a la misión, pero que si lo que quiero es un cambio preferencial, que me lo da sin problemas. Me ha dado 5.000 dólares en moneda americana, y me ha cambiado los otros 15.000 a 2.950 leones por dólar. Joderrrrrrrrrrrr, y yo criticándolo y poniéndole como el palo de un gallinero.

Desde aquí mi sincero arrepentimiento, y me como entre pan y pan todo lo escrito sobre su persona hasta ahora.

Gracias a Dios que vino Medo conmigo porque casi no podía con la mochila llena de leones. De ahí me he ido a conocer al cónsul español Daher D. Yazbeck. Es un encanto, dueño de la Agencia de Viajes IPC, y libanés (faltaría más). Nos hemos tomado unos cafés juntos, y me ha pedido que le explicase qué es lo que podía y no podía hacer un cónsul honorario. Se lo he traducido del Manual que les entrega el Gobierno español. Resultaba curioso ver la bandera de mi tierra, el mapa, posters de turismo…, y nosotros hablando en inglés.

Una de las cosas que he descubierto hoy con nuestro cónsul honorario ha sido que eso de la Comunidad Económica Europea y sus estrellitas sobre azul intenso queda muy bien en las pegatinas de nuestros coches, pero que en la práctica, a un ciudadano europeo perdido por Sierra Leona, o sea yo, no le sirve para nada (casi se me escapa la expresión típica que un mexicano usaría en estos casos). Ni el cónsul alemán, ni el francés quisieron echar una mano en asuntos legales. Y el inglés me dijo que tenían un sistema jurídico muy diferente al nuestro. Ya querrían ellos tener solo diferente el sistema jurídico. Además, que eran diferentes me lo enseñaron desde crío con ese famoso slogan “España es diferente”. Faltaría más.

Me llamó siempre la atención la facilidad con que en Sierra Leona la gente hace “del uno” donde le pega la gana. Incluso las mujeres no pierden demasiado el tiempo en buscar un lugar discreto. Pues bien, hoy vi lo único que me faltaba por ver en la vida, creo yo: un tío echándose un pis en el Cotton Tree, el árbol de la libertad.

Hombre, lo cierto es que si los más insignes Presidentes se han limpiado habitualmente el trasero con la libertad y los derechos humanos, un pis más o menos en el arbolito-símbolo no creo que tenga demasiada importancia. Lástima de cámara a mano, porque la foto no tenía desperdicio y era de concurso.

He hablado con Casimiro y se le ve contento. Incluso ya sabe alguna palabra más de español: si, si, si…, no, no, no…, muchassss graciassss, chorizo, moto sierra, pacharán, adiós, y jamón. Ya me imagino nuestras conversaciones en el idioma de la madre patria. Me dice Rafael que no sabe si le han hecho más efecto las medicinas, o el jamón y las alubias que se mete entre pecho y espalda. Yo me inclino por lo segundo.

Por la noche, y por recomendación de familia y amigos, una buena cena en Roy: barracuda (clase de pescado) con patatas fritas y una tónica. Y en cuanto aparezco por la puerta, lo comienza a preparar el cocinero. Siempre como lo mismo.

Viernes, 10 de marzo del 2006

 He pasado el día haciendo unas compras por Freetown, y en el café Internet enviándoos las ultimas fotos y anécdotas. La velocidad era desesperante, así que se me han ido un montón de horas haciéndolo.

En Caritas Makeni de Freetown me he quedado sin frenos y le he pegado un buen meneo a uno de los carros aparcados. Era nuevo, pero no el del obispo, cosa que me hubiese encantado. Y no le hice gran cosa, a pesar de que “mi” land rover amarillo es fuerte como un tractor. Ha salido Henry, el chofer del obispo, gritándome que en qué estaba pensando. Le he dicho que mejor no le decía todo lo que pensaba porque iba a haber más que palabras. Y que le cambiaba su coche por los dos míos para que pasease al obispo un día en cada color.

El segundo lo he envestido enfrente de Comium. Iba yo despacito, en primera, cuando un atarantado, desesperado por mi velocidad, me ha adelantado y ha frenado en mis mismas narices. Yo lo intenté evitar pisando varias veces el freno, pero que si quieres arroz Catalina: ¡cataplummm!, en todo el trasero. Se ha bajado diciéndome de todo en kriol. Y esta vez si que solté toda la adrenalina acumulada durante un mes. Me he despachado en español y no me he olvidado ni uno solo de los tacos del diccionario del bueno de Cela. Lo único que le dije en inglés fue que no tenía frenos y que él se me plantó delante sin luces de frenada.

Gracias a Dios pude llegar al taller sin embestir a nadie más. Dicen que me lo entregan mañana temprano. Esperemos en Dios que sea cierto.

Y no critico a mi pobre land rover amarillo porque me está dando un servicio increíble para la edad que tiene. ¿Recordáis aquella canción de tengo un tractor amarillo que es lo que se lleva ahora? Pues esa es la que le tarareo yo a mi viejo land rover.

Me he ido pronto a descansar porque tenía un dolorón de cabeza y me sentía realmente cansado. Conducir en Freetown agota a cualquiera. Y más si vas en un auto de choque.

He agarrado un taxi y me he reído con ganas: primero ha bajado de él una persona con una cabra. Tuve la tentación de preguntarle al tipo si la cabra viajó gratis o pagó los 700 leones de rigor. ¡Vivir para ver!

Sábado, 11 de marzo del 2006

Se me han ido un montón de leones comprando en Freetown Supermarket, pero es que tenía la despensa bajo mínimos. Y he comprado un par de botellas de vino y una de sangría, sin mirar el precio, para cuando venga el coreano.

Cuando estaba cargando el carrito, me ha entrado una llamada de Raúl y Rene desde Filipinas. Ni se imaginan el gustazo que me ha dado hablar con ellos. Lo mejor de todo es que me dice Rene que vuelve. Me pregunta si creo conveniente que se quede haciendo ejercicios una semana más, y le digo que aproveche todo lo que pueda, que con saber que lo tenemos por aquí a finales de Abril me basta y me sobra. Esto ya va tomando color otra vez. ¡Biennnnnnnnnnnnnnn!

En el mero centro de la ciudad me ha parado un policía, me ha hecho aparcar a un lado y me ha pedido la licencia de manejar. Hasta ahí todo bien. Se la he dado, y me ha solicitado que le acompañase al puesto de policía que estaba cerquita. En el camino me ha pedido 50. 000 leones para dejarme ir. Quien me conoce bien, se puede imaginar la que monté en plena vía pública. Medo vino rápido al oírme gritar para echarme una mano en caso necesario, pero lo tranquilicé diciéndole que le tradujese al kriol todo lo que saliese de mi boca. El policía me dijo en kriol:

A sabi English (yo se inglés)

You sabi English? Then listen to me fine, fine (¿Sabes inglés? entonces escúchame bien)

-¿Ves esa bolsa? Son 44 millones de leones para ayudar a la gente pobre de tu pueblo. ¿Y tú les quieres robar 50.000? Mira, estoy cansado, tengo prisa, y no estoy de muy buen humor, así que dame tu licencia de policía con nombre y número. Después, me firmas un recibo por los 50.000 leones que te voy a dar, porque quiero llamar a un amigo de la casa presidencial y que me consiga una cita con tu jefe. Yo conozco mis derechos constitucionales.

Why are you asking me for the police license? You can see my uniform. (¿Por qué me pides la licencia de policía? Puedes ver el uniforme), me dice.

Porque yo me puedo comprar una camisa como la tuya en el sastre de Kamabai, le respondo.

Se quedó pálido, me devolvió la licencia de manejar, y me dijo que todo estaba bien. ¡Ah!, y siguió robando a toda esa pobre gente que viaja de cualquier manera en las camionetas de deshecho, y que no se atreve a hablar por miedo al uniforme.

Medo se quedó mirándome alucinado mientras nos subíamos al land rover y reanudábamos la marcha.

Lo go (vamos), le dije en kriol.

Tenemos que aprender a defendernos así, comentó él.

Cuando llegamos nos dieron malas noticias. El velador vio salir a alguien de nuestra casa por la noche, pero no lo puedo reconocer. La gente está investigando. Yo hacía tiempo que notaba algo extraño en la casa. Me daba la sensación de que alguien entraba a mi habitación en mi ausencia. Antes de salir para Freetown quise recoger las llaves de la habitación de Edgar, pero no estaban en la puerta. Cuando regresamos me las encontré colgando de la cerradura. Lo que está claro es que el ladronzuelo es alguien que conoce muy bien nuestra casa y nuestras costumbres. Al hacer las cuentas he descubierto que se ha llevado alrededor de 2 millones de leones, ropa de deporte, y útiles escolares. Por lo pronto ya he cambiado la cerradura. Menudo sermón les espera el domingo.

Miércoles, 15 de marzo del 2006

Llevo unos días a tope, y soñando ya con la venida del coreano. Dudo que el “Resto de Israel” esperase con más ansias al Mesías. Estoy realmente cansado y me digo: una semana más, solo una semana más, ánimo, José Luis.

 Tengo un gallo que vale un Potosí. Me tiene a todas las gallinas sentaditas incubando. Ya las voy conociendo y cuando me cacarean de forma especial es que necesitan nido para poner los huevos. También me he vuelto menos egoísta y reparto los huevos con ellas. Uno me lo como yo, y el siguiente se lo dejo para que lo incuben ellas. Para seguir el orden, los numero con un rotulador negro. Me como los números pares y les dejo a ellas los impares. Claro que si Casimiro no vuelve pronto se me va a poner el colesterol por las nubes, aunque a decir verdad, con el tamaño de los huevos, necesitaría desayunarme tres docenas para comenzar a preocuparme. A todas les he puesto sus cajas de cartón para que se sientan cómodas. Hay que estar bien atento porque dejan los huevos tirados en los sitios más inverosímiles. El otro día, al ir a encender el generador, me encontré dos en el hueco del motor, los lavé, y me los hice para cenar. ¡Deliciosos!

Es increíble el instinto que tienen. Hoy se estaban peleando dos por los huevos, porque las dos los querían incubar. Menudos picotazos se soltaban. He tenido que poner dos cajas y dividirles los huevos a partes iguales: cinco para cada una. Ahora están las dos incubando en paz y armonía.

Le he traducido a Feren el correo electrónico de mi sobrina Laura y le he pedido que le escriba y mantenga relación con ella. Laura se ha ofrecido a ayudarle con sus estudios. Y hace bien. Sigo creyendo que una de las asignaturas pendientes de este continente es el desarrollo de la mujer.

Me encanta ver como los árboles se van poblando de mangos. Uhmmmmm, con lo que a mi me gustan, creo que cambiaré durante un buen tiempo el plátano por los mangos.

 Jueves, 16 de marzo del 2006

Recuerdo que de críos cantábamos eso de “Desde Córdoba a Sevilla han montado, han montado una estación, pom, pom”. Así me la he pasado yo el día, pero de Kapethe Bubu a Kamankay y viceversa, trasladando materiales y técnicos para el pozo de agua. Poquito a poco van terminando el proyecto. Ni os imagináis las ganas que tengo de tomar fotos con los críos chorreando agua limpia.

La casa sigue siendo el puerto de todas las desdichas imaginables. Reconozco que yo no valgo para que me pidan. Suelto rápido la mano porque me traiciona el corazón. Necesito el equilibrio que da el contar con alguien con quien consultar las decisiones.

He estado entregando el arroz a los profesores de las escuelas. Ya lo hice con los catequistas, y después lo haré con los líderes. Es una forma de agradecerles el inmenso trabajo que realizan desinteresadamente por la misión. Aquí un saco de arroz es un tesoro, y ya ha comenzado la procesión pidiéndome arroz porque “son muy amigos de la misión y del Señor Obispo”.

Toma, yo también soy muy amigo de Bush y no me da nada, les digo.

Hasta el súper conocido “Taylor” (sastre que está mal del coco) de la misión me exige que le de un saco, porque gracias a él los rebeldes no quemaron los edificios del OKP. Creo que, si la guerra no hubiese terminado, todavía estaría el corriendo por el bosque, pero, en fin, hay que tener paciencia y oír a todos. Debes oírlos, aunque luego hagas lo que te parezca más conveniente.

Viernes, 17 de marzo del 2006

La gente esta un poco revuelta porque no hay forma de conseguir gasolina más que en el mercado negro. Gracias a Dios no tenemos problemas con el diesel todavía. He ido a comprar a Makeni y había unas filas inmensas tratando de conseguir gasolina.

He hablado con Neneh sobre su contrato de trabajo. No estaba nada de contento, porque nuestra casa parece una pocilga de sucia, y ella se sienta tan tranquila después de ponerte el arroz encima de la mesa. Le he dicho que no necesitamos una cocinera, sino una madre. Y que si ella quería trabajar con nosotros, debía hacerse cargo de la casa y no solo de la comida. Lo ha entendido perfectamente, aunque me ha pedido consultar el contrato con su esposo.

Os dije anteriormente que en cuanto dejas de ser humilde y presumes de tu salud, el mosquito se encarga de recordarte quien manda en el lugar. Segundo revolcón en 6 meses. He ido a recoger a los trabajadores de Kanikay y he vuelto hecho unos zorros, con dolor de cabeza y escalofríos. Prefiero no ir al hospital porque se de antemano lo que el doctor me va a pedir: reposo absoluto. Y prefiero pasarla en casa como la primera, e intentar descansar en la medida de lo posible.

Por lo demás, sin novedad en el frente, amigos míos. Son las 8 p.m., y me voy a acurrucar en la cama con un par de paracetamoles para la fiebre. Hasta mañana.

Sábado, 18 de marzo del 2006

No he dormido nada. Uno cierra los ojos y es peor, porque sientes como fogonazos de luz intensa en el cerebro. Tenía unas ganas locas de que amaneciese y ver gente.

Hemos tenido reunión de la Comisión para traducir la misa al limba. Gracias a Dios vinieron Monseñor Daniel Kamara, Vicario General, y el Padre Paul Kabba Mansaray, de la Iglesia San Francisco Javier de Makeni, que se encargaron de todo. Monseñor nos enseñó la misa traducida al Temne. Poco a poco quieren traducirla a todos los dialectos del país y que Roma apruebe las traducciones.

Sigue la procesión pidiendo su saco de arroz. En tiempo ordinario, a la hora de trabajar quiero decir, cada aldea tiene un líder. Cuando llega el arroz, aparecen cuatro o cinco que dicen serlo. Si no espabilas lo tienes crudo. Aquí el más tonto hace relojes de madera.

Me he ido a la habitación porque no podía más. Es imposible luchar contra el puñetero mosquito. Te quita el hambre, la ilusión, las fuerzas…, todo. No puedes ni levantar la cuchara a la boca. En fin, no quiero aturdiros contándoos los síntomas que habéis leído mil veces en el diario. Simplemente deciros que el que invente una vacuna contra la malaria, ni se imagina el bien que le estará haciendo a la humanidad.

Han venido Medo y Fatu a ver como seguía y si necesitaba algo. Les agradezco con un par de lagrimillas el detalle.

Me siento cansado, triste por los robos, y solo, les digo.

No estás solo, estamos nosotros contigo, contestan.

Viene el ayudante de Medo, Foday Koroma, a traerme unos mangos.

Medo me dijo que le gustaban mucho y que no podía comer arroz porque estaba enfermo.

Lo que me faltaba para terminar de emocionarme. Está claro que estoy envejeciendo porque últimamente lloro con una facilidad pasmosa.

Domingo, 19 de marzo del 2006

He dicho la misa prácticamente sentado todo el tiempo. En vez de homilía he pedido a una persona que les leyese un pedazo del mensaje del obispo para la cuaresma. Después les he manifestado cómo me sentía:

Me pedís que cierre las puertas de mi casa y que mire las manos de todo el que entra. Que no preste las llaves, que no me fíe de nadie… ¿Qué comunidad estamos construyendo? ¿Cómo puedo trabajar codo con codo con alguien en quien no confío? Alguien se ha robado vuestro dinero, no el mío. Y es responsabilidad de todos el cuidar la misión cuando nosotros faltamos. No me fui a Freetown de vacaciones. Fui a cambiar dinero para seguir con el proyecto de la escuela y de los pozos, y para conseguir más ayuda.

Al final de la misa se han quedado reunidos intentando juntar pistas para descubrir al culpable. Están realmente apenados y avergonzados de lo sucedido.

No voy a tener más remedio que ir al hospital el lunes a que me analicen la sangre y me den medicinas, porque los escalofríos y la fiebre no bajan. Supongo que me acribillarán de nuevo el brazo para encontrarme la vena, pero lo que tengo claro es que a mi no me internan. Ya sabéis que no dan ni comida, y me imagino cómo me sentiría solo en el hospital. Al menos en la casa siempre viene alguien a dar una vuelta a ver que tal estoy.

Ha venido Sento a traerle la comida a su padre, nuestro velador. Hoy tenían arroz, cosa rara, porque en esa casa lo más común es la cassava. Otra historia más para enmarcar, y a mi me agarra con las defensas bajas. Pero, visto el éxito conseguido con la historia de Feren, ahí os va ésta por si alguno pica con el padrinazgo de sus estudios. Os recuerdo que son 50 dólares al año.

Me dice Sento que es la mayor de 6 hermanos. Que tiene 20 años y que su madre se fue a Freetown con otro, dejándoles con su padre, un hombre analfabeto y muy anciano. Ella se encarga de limpiar la casa, vestir a sus hermanos y cocinar antes de ir a la Secundaria. Cuando vuelve de la escuela les da de comer, baña a los más pequeños y estudia un poco antes de las clases de la tarde. Viven con los 80.000 leones mensuales (25 dólares) que le damos a su padre en la misión. Con eso deben comer y vestir los 7 miembros de la familia. Hay días, me dice, en que no tienen ni cassava para comer, pero que ya están acostumbrados a que se les acabe el dinero. Ella quiere estudiar, a pesar de que le faltan todavía dos años para terminar la secundaria, para ayudar mejor a su familia. Os aseguro que son historias reales. Había pensado en cambiar de veladores después del robo, pero ¿quien se atreve a hacerlo después de hablar con la muchacha? ¿Alguien se anima a echarle una mano a Sento en sus estudios? Cuando hagáis algún depósito para becas de estudio escribir en el depósito para beca-Sento, por favor. ¡Ah!, y no os apuréis que tengo “historias” para todo el que quiera apadrinar.

A las 6 de la tarde me ha venido a buscar la comunidad en pleno con los “Elda” (más ancianos) a la cabeza. Querían una reunión con los veladores y trabajadores para aclarar el robo. Como he visto que las cosas se ponían mal, les he pedido que olviden lo que pasó y que a partir de ahora cuiden más de la misión en nuestra ausencia. Y es que ya comenzaban a acusarse unos a otros sin motivo. La verdad es que tenemos dos veladores que entre los dos no hacen uno, pero en fin, su único ingreso para mantener la familia es lo que reciben de nosotros.

Les he comentado también que en 6 meses podía contar con los dedos de una mano las personas que se han acercado a preguntar sin más, ¿cómo está, Padre? O a decirme, ¿puedo ayudarle en algo? La mayoría de las veces vienen a pedir: viaje a Makeni, transporte al hospital, ayuda para entierros, comida, préstamos…

 Lunes, 20 de marzo del 2006

 Estaba llenando el land rover de diesel cuando Neneh y el velador han comenzado a gritar:

-La cobra, la cobra.

Menudo culebrón: al menos un par de metros y del ancho de mi brazo. Medo me ha dicho que hemos cometido el error de asustarla y no dejarla acercarse a los huevos. Es más fácil matarla en el cemento que en la hierba. Una mujer que pasaba por el camino, se ha metido descalza y con un machete a ver si daba con ella y la partía en dos. Yo, ni con botas me meto a buscarla.

He ido a Kanikay a llevar a los trabajadores y les he tomado un poco el pelo acerca del diferente ánimo que tienen los viernes cuando vienen a descansar, y los lunes cuando comienzan la semana. Os mando unas cuantas fotografías de la escuelita Little Flower para que veáis el progreso de la obra. He vuelto rendido y no me queda más remedio que ir al hospital.

El doctor, tan amable como siempre, me ha pasado inmediatamente a consulta. Le he dicho que me daba un poco de vergüenza no esperar mi turno, pero me ha respondido que todos ellos aceptan con gusto que me atiendan primero, porque saben que nos sacrificamos por ellos. Además iba en unas condiciones lamentables.

Esta vez me atinaron en la vena a la primera sin ningún problema. El resultado, el que sospechaba: malaria tipo falsiparum en etapa ring forms. Le he preguntado qué significaba la palabreja, y me ha respondido que la fase era un poco más agresiva que la primera que padecí. Y que la agresividad se va incrementando con nuevos contagios. Y que debo hacerme otro análisis al finalizar el tratamiento para ver si estoy limpio. ¡Ah!, y que también aparecía en la sangre el ya famoso “unknown virus” (virus desconocido). Aunque a ese animalejo el que lo conoce bien es Casimiro.

El doctor estaba empeñado en internarme 5 días y quería llamar al obispo para obligarme a hacerlo. Le he explicado mi situación y le he prometido intentar cuidarme. Cuando le dije que venía de Kanikay y que manejaba yo, no se lo podía creer.

Padre, usted es muy fuerte, no es débil, pero no abuse, me dijo.

Ya necesito al coreano en Kamabai con urgencia. Su sangre es plato exquisito para los mosquitos, y cuando él está por aquí, a mi me dejan en paz. Parece que a falta de la jalea real que corre por sus venas, los mosquitos se conforman con cualquier cosa.

Bromas aparte, solo el que la ha padecido en propia carne, sabe el varapalo que te pega una malaria. Por lo visto, yo no gozaba de ningún privilegio especial, y el mosquito anopheles se ha encargado de poner las cosas en su sitio: 6 meses, dos malarias y el susodicho “virus desconocido”, como Dios manda. Es el precio que hay que pagar por vivir en zona de alto riesgo.

Además, todos sabemos que la malaria imprime carácter, y que ya no te libras de ella en toda tu vida. Cíclicamente te recuerda tu pasado con los benditos rebrotes. Lo primero que hacen es prohibirte donar sangre.

No se que le diría Bunda a Neneh, pero el cambio ha sido radical. Ahora de gusto verla trabajar y tomar interés por las cosas. Espero que dure y puedan sorprenderse mis compañeros de la conversión.

Martes, 21 de marzo del 2006

He pasado el día con temblores y devolviendo. Intento no deshidratarme tomando suero casero, del que uno aprende a hacer en los scouts. Espero que para mañana las pastillas comiencen a hacerme efecto. De todas formas he decidido ir a recoger a Casimiro en transporte público. En estas condiciones no me atrevo a conducir.

Y, oídlo todos bien, el obispo me ha dicho que puedo pasar a Caritas Makeni de Freetown a recoger el coche nuevo. Todavía no se si es cierto, o la malaria me está haciendo delirar por la fiebre. Me viene de maravilla, porque así puede conducir el coreano a la vuelta.

Tengo unas ganas de que llegue tremendas. Si me dice que debo esperar dos semanas más, me lo traigo arrastrando de los pelos.

He ido a arreglar lo de mi viaje con el encargado de la camioneta. Le he dicho que le pago doble, o sea 12 dólares, por los dos asientos de adelante. Le explico que estoy enfermo y así aguanto mejor el trayecto. Dice que si, y quedamos de vernos a las 9 de la mañana.

Voy a hacer la mochila y a intentar descansar prontito para ver si amanezco mejor mañana.

Miércoles, 22 de marzo del 2006: Casimiro is coming

Lo que me temía: las 9 de la mañana se convirtieron en las 12 del mediodía. Cuando llegaron a por mi, me encontré con una persona sentada al lado del conductor. Le recordé que le había pagado con antelación los dos asientos.

Como era el Pastor, y solo va hasta Makeni…, me dijo.

Vaya, lo que me quieres decir es que el Pastor viaja gratis a mi costa.

Todo sea por el ecumenismo, Dios mío.

El viaje, eterno. En cada aldea paran y discuten hasta la extenuación el precio de cada pasajero, dependiendo del equipaje que lleve. Y el equipaje suele ser un par de galones de mampa, un gallo, cassava, un atillo de ropa, carbón porque por aquí es más barato, aceite de palma… Todo cabe. Vamos 22 y os juro que es una de esas camionetas para 9 pasajeros. Y os recuerdo que adelante solo vamos el chofer y un servidor.

En Masiaka hay un control de tráfico y se han bajado 6 para pasarlo a pie y subirse al otro lado del pueblo. Parece que 16 si es un número aceptable. Perdón, que me olvido de los gallos: somos en esos momentos 16 personas y 7 gallos.

cabras

Voy medio dormitando por el efecto de las pastillas. En una de esas miradillas entre sol y sombra que echa uno a la carretera, me parece alucinar. Pero no, me restriego bien los ojos y veo inmediatamente delante de nosotros otra camioneta con 6 cabras en el techo. Esto no se lo pueden perder mis amigos, pienso, y les saco una fotografía. Lástima que, por el movimiento, la calidad no puede ser muy buena, pero de todas formas os la mando.

He llegado a Korean Guest House a las 7 de la tarde. He hablado con Casimiro. Le cuento que estoy entregando los sacos de arroz.

-¿Les pides los 15.000 leones del transporte?, me pregunta.

¡Carajo con el coreano!, veo que sigue “normal”, que los médicos no me le han dañado el cerebro.

Me dice Rafael que cada pedazo de jamón que envuelve y esconde en la maleta, sonríe y dice:

José Luis, happy (feliz), José Luis, happy.

Como podéis comprobar, el cariño es mutuo, ja,ja,ja. Y no me preocupo, porque se que pasará con todo. Antes le arrancan una mano que quitarle nada de lo que trae. ¡Si lo conoceré yo!

compartehabitacion

Mañana temprano os mandaré estas notas y algunas fotografías. Creo que poquito a poco vais conociendo todas las pequeñas y sencillas cosas que forman parte de nuestro diario vivir: las gallinas, el gallo Kamanameh, la malaria falciparum, el four-oclok, las arañas, Fatu y Medo, nuestro “Taylor” (sastre) Taintain Kargbo, las bathahas, Bobo y Adama, la cobra, nuestros proyectos, el “virus desconocido”, los pikines…

Pero, como casi siempre, las mejores instantáneas se quedan en el alma sin poder materializarse. Es allí donde van dejando huellas, cicatrices de alegría o de dolor. Es allí donde van construyendo, en silencio, ese álbum interior, imposible de mostrar, transformándose en sangre de tu sangre, en tu propia vida…

¿Cómo fotografiar los sueños, las luchas, la alegría, la ilusión quebrada a veces de un pueblo que ansía la paz?

“Lo esencial es invisible a los ojos, solo se ve con el corazón”,
decía Antoine de Saint-Exupéry en El Principito.

Y sigo pensando que el vivir entre este pueblo, el tener el privilegio de ser testigos directos de sus luchas y esperanzas, de su dolor y de su alegría, bien merece el precio que debemos pagar.

Os dejo, voy a intentar descansar porque quiero estar mejor mañana. En nuestro próximo viaje os contaré el reencuentro con el coreano. Como dicen en las novelas, no os perdáis los siguientes capítulos, que prometen ser sonados. Nunca podrá imaginarse nadie las ansias con las que espero el poder volver la cabeza y ver a un hermano Agustino Recoleto a mi lado. Y desde la experiencia lo digo: uno solo en la misión durante un mes, nunca más, por favor, aunque sea navarro, chulo y cabezón.

Jueves, 23 de marzo del 2006

 He recibido un texto del coreano.

I’m in the airport now, and everything is ok. See you later. (Estoy en el aeropuerto y todo va bien, nos vemos luego).

Estoy impaciente y me voy al café internet para matar el tiempo y de paso enviaros las últimas notas con las fotografías. Físicamente no me siento muy bien que digamos, pero estoy un poquito más animado y me voy a comer al restaurante chino de costumbre.

Allí recibo una nueva llamada de Casimiro desde Bruselas. Su avión se retrasó, y no pudo hacer la conexión para volar a Freetown. Menudo jarro de agua fría. El está desesperado e intento calmarle. Me cuenta las alternativas que Iberia le presenta, y le aconsejo la segunda, o sea, que se vuelva a Madrid y que lo intente en el próximo vuelo. Llamo a Rafael Mediavilla, y le doy la buena nueva pidiéndole que recojan a Casimiro en Barajas.

No me queda más remedio que hacer de tripas corazón y ver la mejor manera de solucionar el embrollo. Por lo pronto, llamo a Sophian para que se apure con el coche nuevo. Lo necesito para volverme a Kamabai. Había pensado quedarme en Freetown descansando, pero el sábado es  la fiesta de Magbonso, y prometimos bautizar ese día a los 22 catecúmenos que llevan todo el año preparándose, caminando varias millas para asistir a las pláticas. Se la ilusión que ha puesto el catequista Albert, y los sacrificios y desplazamientos nocturnos en bicicleta que ha debido hacer para prepararlos. ¿Cómo le digo que me siento un poco enfermo y que no puedo ir, si él ha pedaleado con fiebre bajo la lluvia?

A las 5 de la tarde me llama Sophian diciéndome que tiene el coche listo, que vaya antes de que cierren. No me lo puedo creer. Vuelo hacia Caritas Makeni y, por fin, tengo en mis manos las llaves de un Toyota HiLux 2.8 D, doble cabina, precioso. Hasta el dolor de cabeza se me ha quitado y decido irme a cenar a Roy.

Es increíble: luces, aire acondicionado, música… Además funcionan las agujas que marcan el diesel y la velocidad. Esperad que no he terminado: dirección asistida, marcha reforzada para escalar montañas, no lloran las marchas cuando cambias de velocidad… Joderrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr (aunque lo censures, Rodri). Por un momento, casi me olvido de las desventuras del coreano.

Me llaman del Paseo de la Habana diciéndome que ya tienen en las manos a Casimiro. Hablo un ratico con él y veo que tiene un rebote encima contra Iberia, Bruselas…, y el mundo entero, de aquí te espero. Me decía Rafael que volvía con el hígado un poquito inflamado todavía, pero creo que se le ha terminado de reventar en Bruselas. Tan cabreado estaba que me pide que me cuide en Korea Guest House.

Casimiro, que me estás pidiendo que no me fíe ni de tu gente, le digo.

Take care, take care of everybody, no chingaderas (que no me fíe ni de mi sombra, vamos, me está diciendo)

Me comenta que vuela el domingo, y que pase a recogerlo a las 5:30 p.m. Me parece excelente, porque así me da tiempo a decir la misa en el santuario.

Viernes, 24 de marzo del 2006

He ido al café Internet porque ayer no logré enviaros las fotografías. He chateado un poco con Rodrigo y me ha pasado los nombres de los delegados al Capitulo Provincial. Está visto que el Espíritu Santo sigue soplando por donde le da su real gana.

También me comenta que me envían 9 kilos más de coreano. O sea, que me han revalorizado a Casimiro, y si lo vendo a peso saco más dinero. Come como una lima, dice, y ha dejado Madrid sin existencias de pulpo. No os preocupéis, que en el mismo tiempo se queda aquí como un pincel de fino.

 Los coreanos de la Guest House me han regalado unos pescados, han estado admirando un rato mi coche nuevo, y me lo han lavado. A mi me cuesta respirar de chulo, y hasta me he puesto pantalones nuevos para no manchar los asientos.

Yo se que siempre se puede tener un accidente, es decir, algo fuera de lo común. Pero es que para nosotros lo accidental se había convertido en parte sustancial de nuestros viajes a Freetown. Ahora es una delicia conducir relajado y seguro. Vaya, os lo voy a decir, que me he presentado en Kamabai en 3 horas y 14 minutos, parando a comprar tarjetas y pan en Makeni. ¡Guauuuuuu! Y bien fresquito con el aire acondicionado.

Cuando he entrado en la misión me ha mirado el land rover amarillo como diciendo, ¿y ese quien es? Hasta celoso creo que se va a poner.

Me he pegado una ducha y me he ido a recoger a los trabajadores de la escuela de Kanikay. Los de los pozos de agua querían que volviese hasta Bandankoro para trasladarlos a otro poblado. Con la mirada que les he pegado me han entendido perfectamente.

Si supieseis español os contaría el chiste de “la escoba”, que a mi amigo José Felix le gusta mucho, les he dicho.

Tengo todavía un poquico de fiebre, así que os dejo porque mañana me espera un día movido.

Sábado, 25 de marzo del 2006: La Anunciación.

 Tengo que confesaros que le había preparado una buena movida a Casimiro en la fiesta de Magbosono: 22 bautizos, danzas, comida popular, y partido de fútbol. Y en todo tienes que estar en primera fila. Me dije, a este lo aterrizo yo en África sin frenos. Pues mira por donde, me lo he tenido que tragar todo yo solito por mala gente. De todas formas, aunque he salido realmente agotado físicamente, en la eucaristía me han dado un buen subidón al espíritu. Intenté hacer una misa corta, pero con esta gente es imposible. Al final, misa, procesión y bautismos: dos horas y media, que no está nada de mal.

Para este pueblo, que vive y siente la música y la danza en la sangre, hay tres momentos o “danzas” clave en la celebración. La primera la realizan acompañando a la Palabra de Dios antes de proclamarla en el evangelio. Una persona toma el libro de lecturas en las manos y entra danzando al compás de una especie de negro espiritual precioso. Otras cuatro personas van haciendo reverencia agitando pañuelos blancos ante “La Palabra”.

La segunda danza la realizan al presentar las ofrendas. Primero van pasando ofreciendo lo que buenamente pueden. Luego se toman los dones, junto con el vino y el pan, y toda la comunidad puesta en pie canta y danza mientras los acercan al altar. Hoy la ofrenda fue de arroz, cassava, plátanos, cocos, lentejas…

La tercera y última, como Acción de Gracias. Gracias por la vida y la salud, gracias por la paz y el perdón, gracias porque Massala (Dios) vive en medio de su pueblo.

Y si os cuento que la danza es un pasito p’a lante, y dos laterales, os explicareis la duración de la misa.

En la homilía he llamado al frente a Verónica (Sama es su nombre nativo), y le he preguntado cuantos hermanos y hermanas tenía. Me ha respondido que 7 hermanas y 5 hermanos.

-¿Estás segura?, le pregunto.

-Si Padre, me responde.

-Pues mira, Sama, a partir de ahora cuantos hermanos y hermanas tienes, cuéntalos si quieres. Son hermanos y hermanas tuyos toda la comunidad.

Intento hacerles entender lo qué significa ser cristiano y a qué nos compromete, pero me sorprenden y emocionan sus respuestas. Tanto que no puedo menos de felicitar a su catequista, Albert, por la formación que les ha dado.

-¿Por qué encendemos la vela, qué significa?, les pregunto.

-Ya no vivimos en tinieblas, me dicen.

-Eso ya lo se, es de día y hay luz.

Esta luz es para disipar las tinieblas de nuestro corazón, no las tinieblas de la habitación.

¿Y la camiseta blanca?

-Estamos limpios del pecado original.

-¿Qué pecado es ese, que no me acuerdo?

Un pecado de egoísmo y de orgullo.

Todos levantan la mano para responder, todos quieren participar. Os aseguro que la formación de estos nuevos cristianos es envidiable, y para si la querrían en muchas parroquias. Y lo que más me gusta es el cariño, la confianza y la ternura con la que hablan de Massala (Dios). Os dejo la última intervención de uno de los muchachos como punto de meditación.

Pecado es tenerle miedo a Pa Dios, porque si le tienes miedo es porque no le amas.

Sin comentarios.

Al bautizarlos me estaba preguntando el por qué la costumbre de cambiarles el nombre y proporcionarles un nombre “cristiano”. Recuerdo que siempre oí que había que bautizar con nombres de santos que existiesen en el santoral, o fuesen bíblicos. Nunca entendí la razón, es más, incluso me parece absurdo. ¿No es mejor enriquecer el santoral con posibles nuevos santos como Sama, Sento, Isatu, Jeneba, Yaba, Yeabu, Saidu, Abu, Kanu, Mohamed, Yaraba…? ¿Por qué convertirlos en tres Marías, un par de José, algún Santiago, una Verónica y una Teresa? Lo dicho, me quedo con los nombres africanos.

La comida, arroz con buthonbun. Hacen el buthonbun con hojas de cassava, aceite de palmera, cacahuete y pimienta. Tiene un color verdoso y te coloreas las manos al comerlo que da gusto. Para molerlo usan un palo largo, el husuli. El recipiente donde lo trituran lo llaman kuthodo.

Les he pedido disculpas por tener que retirarme temprano y por no brindar con ellos con mampa. Nex time.

Al llegar a casa me esperaba John Bangura con un grupo de estudiantes de Primaria que debían asistir a las competiciones de atletismo en la aldea de Kagbaneh. Querían uniformes y que los llevase en el land rover. Les he dado camisetas del Colegio Reinado de Valladolid y estaban felices.

Es curiosa esta gente. Te pueden ver enfermo y cansado, que te dirán “ossia” (lo siento), pero te pedirán que les sigas haciendo mil favores. Me pedía John Bangura que volviese a las 6 de la tarde por si habían terminado, y no me he podido morder la lengua:

Mira majo, estoy reventado, y tú lo sientes, pero me sigues pidiendo que haga de taxista. ¿Cómo se van a volver todos los otros muchachos? ¿Andando? Pues vosotros, también, y que os sirva de calentamiento para la próxima competición.

Después de tomarles una fotografía con los uniformes nuevos se me ocurrió una idea genial. Ahí va. ¿Por qué no hacer propaganda de nuestro Colegio San Agustín y no del Colegio Reinado, El Pilar, etc, etc.? Solo tendríais que enviarnos en el próximo contenedor uniformes deportivos con el nombre del colegio y el nombre de Kamabai. ¿Os imagináis que foto más chula?

He platicado un ratico con los dos watchman (veladores), pidiéndoles que cuidasen la casa especialmente en nuestra ausencia. Ellos deben de repartirse las horas en dos turnos, para que todo el día esté uno pendiente. Le tocaba guardia a Pa Sorie Kargbo, el papá de Sento, y le he tomado una foto para que lo conozcáis y veáis qué bien entienden mi ingles.

Domingo, 26 de marzo del 2006

Me he levantado francamente mejor. Aunque debo hacerme un análisis de sangre el próximo martes, parece que el chaparrón ya ha pasado. Es curioso lo bien que va uno entendiendo su propio organismo, y sabe perfectamente cuando el mosquito le ha picado, y cuando el artesunate vence al falciparum.

He celebrado la misa bien animado y les he comentado que me iba a por Casimiro, y que no me volvía si él.

Ha venido Bobo a pedirme que llevase a su esposa, Adama, a Freetown y la dejase en el Cotton Tree. No les sobra el dinero y querían aprovechar el viaje. Y como siempre, no ha faltado el gallo en el equipaje, ni la cassava, ni la bolsa de harina… He discutido con el taxista porque le quería cobrar doble, y le he preguntado si el gallo también pagaba, o lo podía llevar gratis en los brazos. Creo que más de uno se preguntará qué carajo hace este “piel blanca” metiéndose en estos berenjenales.

Me he ido directamente a Korean Guest House y he llamado al Paseo de la Habana para asegurarme que Casimiro estaba volando. Me han comentado sus últimas andanzas. La señorita de Iberia le intentaba cobrar sobrepeso, pero naranjas de la China.

Soy misionero. ¿Sabes que trabajo hacen los misioneros? ¿Eh? Hard work (trabajo duro). Muchas cosas para la misión. No tengo dinero… (Parece que lo estoy oyendo)

Me dice Rodrigo que él estaba escondido detrás de una columna con otro bolsazo, y que lo último que oyó a la de Iberia es decirle al coreano que su obligación era cobrarle, pero que prefería dejarlo ir antes de tener todo el día dolor de cabeza.

Ese es mi Casimiro, si Señor. De la tribu de Isacar. Es más fácil que le hagáis poner un huevo a un gallo que sacarle a él 1 dólar.

Me ha llamado del aeropuerto.

José Luis, tengo problemas con migración, me tienen retenido porque no tengo visado de entrada. Me piden 120.000 leones.-Dáselos, no pierdas el helicóptero.

-Pero es que me piden dinero todos.

-Espera, te llamo en 5 minutos.

Por esas curiosas circunstancias de la vida, solo hacía un par de semanas había conocido yo a un tal Salifu Conteh, oficial de migración y nativo de nuestra aldea de Kayondro. Me dio gentilmente su teléfono móvil, y se ofreció a ayudarme si en algún momento tenía problemas migratorios. Así que esta vez al coreano se le apareció la Virgen.

Llamé a Salifu e inmediatamente se puso en contacto con Casimiro y lo llevó hasta el mismísimo helicóptero sin que nadie tocase sus maletas. Lo que significa que el jamón, el vino, el pacharán, el coñac, el brrrrrrrmmmmmmmm (moto sierra)…, estaban a salvo.

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Lo demás, os lo podéis imaginar. Un abrazote, y pero mira que gordo estás, te veo mejor… Y él, volveré contigo de vacaciones, bueno el Hermano Alfredo, ¿eh? (un santo diría yo si fue capaz de aguantar un mes al coreano).

Hemos decidido dormir domingo y lunes en Freetown y salir el martes temprano para la misión. Los dos estamos cansados y nos apetece hablar tranquilos sin el agobio del trabajo. Yo estoy feliz, con la misma felicidad que sentirían al reencontrarse Zipi con Zape, Asterix con Obelix, Mortadelo con Filemón…, e incluso San Cosme con San Damián. Nosotros no somos tan famosos, esa es la verdad, pero ya estamos listos para continuar las aventuras de Cas & Joe en estas ardientes tierras africanas de Sierra Leona.

Cerramos el día con dos noticias, una buena y otra mala. Va primero la mala: Rene tiene tres arterias bloqueadas y posiblemente necesite un bypass en el corazón. Debe olvidarse de Sierra Leona por el momento. La buena: Manuel Lipardo se incardinará a la misión en cuanto arregle los papeles y visados. Me alegra profundamente la noticia, porque trabajamos juntos en 1998, habla español, y lo aprecio como persona. Hablando en términos futbolísticos, creo sinceramente que es un gran fichaje.

 Jueves, 30 de marzo del 2006

Hemos estado disfrutando abriendo maletas, y le he pedido que me enseñase todas las carajadillas que se había comprado para sus ya famosas “segundas opciones”. Ha pensado en todo, incluso en unos abrelatas de los clásicos.

Resulta curioso cómo la vida pone en tu camino personas a las que sientes bien adentro y bien cercanas, aun sin conocerlas. Eso me ha pasado a mí con Antonio y Silvia. Hablar con ellos por teléfono, alimenta y levanta el animo. Es cierto que ayudaron a nuestra gente con un hermoso proyecto de pozos de agua, cinco en total, pero lo que me han dado a mi, no tiene precio. Hoy me emocionaron con esos detalles especiales que solo tienen los buenos amigos: botella de coñac, pacharán, vino rioja, jamón, chorizo, txistorra… ¡Ah!, y unas sandalias apropiadas para andar entre los arrozales. ¿Qué decir? Ojala la vida me de la oportunidad de demostraros mi aprecio y mi cariño profundo. Gracias, de corazón.

Otra persona que tiene corazón de madre es el Hermano Alfredo. Conviví con él en Valladolid, antes de que se lo robasen (porque fue un robo, aunque yo también lo hubiese cometido) para la casa Provincial. Siempre admiré su alegría y su disponibilidad para servir a los hermanos. Y todavía me río recordando las castañas asadas. El decía que si me querían cazar, solo había que esperarme con una escopeta al lado de la cesta de las castañas, que seguro que caía. También ha cooperado en poner un poquito de alegría en nuestra mesa, y me ha mandado unos CD con lo mejor de Mocedades, algo que añoraba, Serrat, José Alfredo Jiménez, Villancicos, media docena de calzoncillos Giulio de mi talla, y una pomada para ver si una chiquilla tiene hongos o lepra. Lo que os decía: como una madre.

El Padre Javier Pipaón consiguió lo que nos parecía imposible: 30 piedras negras, compradas directamente en la casa Provincial de los Padres Blancos, en Bélgica. Hemos decidido distribuirlas dando prioridad a las aldeas más lejanas y de más difícil acceso a un dispensario médico. Lo que hacemos es reunir a toda la gente, explicarles su uso, y dejar una en la casa del líder de la comunidad. Y os puedo garantizar que funcionan a pesar del escepticismo con el que uno las comienza usando.

Os cuento todo esto porque gracias a esos detalles, a vuestro interés, nos sentimos cercanos a vosotros y, sobre todo, queridos.

La verdad es que la llegada de Casimiro ha supuesto una inyección de moral fuerte, más para el alma que para el cuerpo. Trabajo todavía sobra para dar y vender, pero en fin, en el horizonte se vislumbra la llegada de Manuel Lipardo, y eso nos da ánimos.

Hemos estado intentando organizar el trabajo según prioridades. Y creo que la luna de miel se nos va a terminar en cuatro días: ¡Dios santo!, no le habéis ablandado la cabeza en España ni un pelín. Sigue tan terco como siempre, o sea, como una mula. Ya he tenido varias veces ganas de tirarlo de cabeza por el balcón.

Ha llegado con una obsesión escrupulosa por la limpieza. Lleva dos días quitando las telarañas y el polvo de los muebles. Dice que el no quiere comer ni beber porquería. No se que le habrán dicho los doctores, yo solo lo miro, me río, y pienso: ya se le pasará pronto.

Me decía esta tarde:

Me han pedido que traslade las formas para el cemento de los pozos a otra aldea, luego ha venido Bunda para que recoja a los trabajadores de Kanikay porque se les acabaron los blocks. Y afuera me están esperando para que los lleve a sabe Dios donde. What happens here? ¿(Qué pasa aquí?)

Bienvenido a Africa, tu casa, amigo mío. Se te acabó el comer, dormir, y “descomer”.

Si en Madrid perseguía al hermano Alfredo con el brrrrrrmmmmm, brrrrmmm, a mi me persigue a todas horas con el manual en español para que se lo traduzca. Parece que quiere comenzar pronto a usar la moto sierra.

Cuando estaba escribiendo estas líneas ha entrado en mi habitación Casimiro empapado.

No risa, no risa, today, me dice. Moto no fire (que no le arrancaba la moto, vamos).

Y a mi, al verlo tan cabreado, todavía me da más fuerte el ataque.

Se le ha parado la moto nueva por culpa de la suciedad de la gasolina que tuvimos que comprar en el mercado negro, y se ha tenido que venir andando empujándola 8 kilómetros. Le digo que el ejercicio le viene de maravilla para purgar sus pecados de gula en tierras españolas, y se ha largado enrabietado a la cama.

Viernes, 31 de marzo del 2006

Hoy y mañana celebran “sports” (deportes), que dicen ellos. La comunidad se divide en cuatro casas y cada casa tiene el nombre de un antiguo Paramount Chief (Jefe), y un color: azul (Pompoh), rojo (Suluku), verde (Shekun) y amarillo (Kalawa).

Toda la comunidad participa en los juegos y se visten con camisetas del color de la casa a la que pertenecen. Me he hinchado de regalar camisetas de los Colegios Reinado y El Pilar de Valladolid.

Les he preguntado el nombre de los colores en Limba y me he llevado una sorpresa. Nuestros amigos limbas solo tienen tres colores: blanco (Wufufe), negro (Wuboloy) y rojo (Wupothe). ¿Y los demás colores como el verde, amarillo, naranja, marrón, azul…? me preguntareis. Pues la verdad es que es un poquillo complicado de explicar. Os cuento lo que me dijeron.

El color gris, por ejemplo, es Wufufute, que significa, que no es blanco, pero casi.

Usan la misma palabra, Mawodoing, para el color amarillo y para la malaria. Y es que cuando padecen la enfermedad, los ojos y la orina se les ponen de ese color.

El verde lo relacionan con el negro. Verde es Wubolitue, algo que no es negro. Aunque para este color usan con frecuencia una fácil asociación de ideas: verde = color de las hojas. Por eso, también llaman al color verde Bompa, hoja en limba.

El azul lo relacionan con el agua, Bilo.

El naranja es Wupothite, algo que no es rojo del todo, pero se parece bastante. Y así sucesivamente.

Joseph Kamara y Luis Lebo, se pegaron 1 hora intentándome explicar el arco iris. Y la verdad es que me volvieron un poco loco.

Me ha entregado el coreano una carta de las Hermanas Agustinas Recoletas de Guaraciaba do Norte, Brasil. Se la dieron a Rodrigo para que me la hiciese llegar. Me dicen que leen el blog en las comidas, y a mi, solo de pensarlo, se me ha puesto la cara colorada. Santo cielo, sabéis que no son precisamente jaculatorias lo que sale por mi boca, pero en fin, ¿qué puedo hacer ya?: genio y figura hasta la sepultura.

Permitidme que la comparta con vosotros.

Querido Padre José Luis Garayoa:

Tal vez le resulte extraño que nosotras le escribamos, tal vez no, pues somos miembros de la misma familia, y nosotras las monjas de clausura, tenemos el deber de ser el corazón de la Iglesia, de estar por dentro de todos los apostolados de nuestra Orden. Las misiones siempre han hecho arder nuestros corazones. Nuestro mayor deseo es estar lo más cerca posible de nuestros misioneros con nuestras constantes preces, la preocupación por ellos y las personas con las que conviven, y si es posible con nuestra presencia física.

 Hace algunos días llegó el Padre Rodrigo Diez a nuestra comunidad. Estuvo una semana en Guaraciaga, y entre todo lo bueno que nos dejó estaba una parte del “blog” que usted escribe desde su llegada a Sierra Leona. Lo estamos leyendo en el refectorio a la hora de la comida. Es escuchado con gran interés, y no queremos ni coger la cuchara para no hacer ruido. Y para qué negarlo, muchas veces se nos han hecho unos nudos enormes en la garganta. Nosotras no podemos hacerle llegar grandes ayudas económicas, como lo hacen las ONG, pero nos decidimos a escribirle para hacerle saber que nuestra misión de Sierra Leona está entre las más directamente beneficiadas por nuestras oraciones. Queremos de alguna manera ayudarlo y hacerle saber que no está solo, que todos lo acompañamos con nuestro recuerdo ante el Señor. Rezamos también por “nuestra” gente de Kamabai, por sus necesidades. El fruto de ello Dios lo sabrá, nosotras nos conformamos con saber que ellos continúan soñando, sonriendo, y teniendo esperanza.

Pedimos por la salud de nuestros frailes que han tenido que dejar la misión. Y como sabemos que es devoto de la Morenita, a ella lo encomendamos todos los días. Que ella lo cuide como cuidaba al pequeño Jesús, lo proteja de las malarias y de cualquier peligro que pueda encontrar. Nosotras los acompañamos en la “retaguardia”.

 Unidos en el corazón de Cristo, con mucho cariño.

 Sus hermanas monjas Agustinas Recoletas.

 Y firman la carta las nueve hermanas.

Leí la carta tumbado en la cama, a la luz de la linterna, y me puse a llorar como un crío. Y es que me pillaron en uno de esos días tontos en los que no sabes si merece la pena tanto esfuerzo. Y ahora, me siento tan bien al saber que alguien reza y se preocupa por mí… He querido copiar literalmente la carta para responder a la pregunta que tanta gente me hace: ¿de donde sacas las fuerzas? Ahora lo sabéis, de la “retaguardia”.

No veo la forma de agradecerles su cariño, y lo único que se me ocurre es que, si leen el “blog”, puedan leer mi respuesta. El correo ordinario prácticamente no existe en nuestro país.

Mis queridas hermanicas:

Después de mi secuestro por los rebeldes en 1998, lo único que tengo claro es que si sigo vivo, es gracias a la oración de tanta gente que, sin conocernos, pidió por nosotros. Dios no tuvo más remedio que hacer el milagro, porque le debieron poner la cabeza como un bombo.

Ni os imagináis las veces que me he sentido solo, literalmente solo, reventado de cansancio, enfermo…, con ganas de agarrar la maleta y subirme en el primer avión. ¿Y sabéis por qué no lo he hecho? Por vuestra culpa, porque estabais ahí detrás, empujando, aun sin darme yo cuenta.

Ahora que se que estáis ahí, como tantos otros, todo será más fácil, o al menos más llevadero. Si es cierto que nosotros somos el motor de la Iglesia, también lo es que vosotras sois la gasolina. Y no hay motor, por muy bueno que éste sea, capaz de funcionar sin combustible.

 Sabéis que no hay crisis peor que la crisis de combustible, porque pone la economía mundial patas arriba. Lo mismo pasaría con nuestra vida sin la valiosa ayuda del combustible de vuestra oración: todo iría de cabeza.

Le diré a “vuestra” gente de Kamabai que los queréis y que pedís por ellos. Me encantó que hablaseis de Sierra Leona como de “nuestra misión”.

Gracias por el tesoro de vuestro cariño y oración. Ninguna ONG sería capaz de enriquecerme una mínima parte de lo que lo habéis hecho vosotras. Sin dinero se puede vivir. Me lo demuestran día a día estas buenas gentes. Y son felices. Lo que no se puede vivir es sin el afecto de los hermanos. Sin  ese afecto, uno se queda como mustio.

Mando a la página web una fotografía dedicada a vosotras: la fotografía de la niña Ballay Mansaray. En sus ojos podéis leer los sueños, la alegría y la esperanza de las que hablabais en vuestra carta.

Hoy me disteis un buen empujón. Seguid haciéndolo.

Con cariño sincero, vuestro hermano Agustino Recoleto, misionero en Sierra Leona.

 

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