Recordando: Noviembre 2005

friends

Miércoles, 2 de noviembre del 2005

Nuevo viaje a Freetown, esta vez para llevar al aeropuerto al P. Regino. En mi primer viaje a Sierra Leona, no conocí la capital y ahora parece que no salgo de ella. Pero la verdad es que no apetece mucho tanto desplazamiento porque terminas con los lumbares molidos. También el sistema de Internet estaba caído. Como la mayoría de los cafés son libaneses, nos comentaron que el día 3 estarían cerrados por celebrar el fin del Ramadán. Decidimos volver a intentarlo la tarde del jueves y dormir ese día en Freetown. Y es que nos urgía conseguir un presupuesto de placas solares que mi cuñado Jesús nos había enviado hacia unos cuantos días.

Por fin encontramos un café Internet “cristiano” y nos llevamos la sorpresa de que era bastante más rápido que el anterior. La dueña tenía puesta la camiseta de la selección nacional de fútbol de Gambia y le pregunté si le gustaba el soccer. Contestó que mucho, que seguía la liga española.

-¿Sabes que mi equipo es líder? ¿Conoces a Osasuna?

– Naturalmente, contestó.

Y me dio un spelling perfecto: O-S-A-S-U-N-A. Para no haceros el cuento largo os diré que comenzó cobrándonos 10.000 leones la hora (3.000/1 dólar), nos lo rebajó a 8.000 y, después de una amena charla futbolística, me escribió una carta firmada y sellada donde pedía a todos sus trabajadores que nos cobrasen únicamente 7.000 leones la hora por la labor social que realizábamos en Sierra Leona.

¡Ja!, más velocidad y mejor precio, ¿qué más puede uno pedir?

mabessenehpeter

De regreso hemos pasado por Mabésseneh a saludar a los hermanos de San Juan de Dios y me he encontrado con la sorpresa de que está trabajando con ellos el hoy Hno. Peter. Fue testigo directo de mi secuestro e incluso se ofreció a ocupar mi lugar. Recordamos emocionados el momento y, cuando Rene le preguntó el por qué no habían aceptado el intercambio, le contestó que todo era “cuestión de color de piel”. El caso es que yo nunca he podido olvidar su lección de cristianismo, y que su gesto tiene en gran parte la culpa de que hoy esté trabajando en su país. Nos sacamos una fotografía para el recuerdo como signo de amistad.

Hemos aprobado en otro maratónico capitulo local el presupuesto para las placas solares y me comisionaron para intentar mover más rápidamente lo del envío por contenedor. Como aquí no hay cobertura, nos fuimos a Makeni, aparcamos el land-rover debajo de la antena de cell-tell y conectamos con Javi Marcilla en Valladolid. Que gusto da el poder platicar de vez en cuando en el propio idioma. Con tanto ingles, creole y limba ya creí que se me estaba olvidando.

También me dio un gustazo enorme hablar, por fin, con Madrid. Me sentía un poco “hijo pródigo”, pero sin dinero para gastar. Logré comunicar con Rafael Mediavilla y Rodrigo poquito antes de su viaje a Taiwán. Y para que la dicha fuese completa, me llamaron también mi cuñado y mi hermana Mari.

¡Menudo empacho afectivo! La verdad es que ya lo necesitaba. Y no os extrañe que os pida que me llaméis vosotros, porque aquí es carísimo.

 

Miércoles 9, jueves 10 y viernes 11 de noviembre del 2005

Salgo con Casimiro a visitar por tres días la zona de los lokos. Edgar nos dejó con el land-rover en Werelada, pueblo musulmán por excelencia y con una mezquita espléndida. De allí nos vamos andando hasta el río Mabolé. Es tiempo de agua y viene cargadísimo. El bote-tronco en el que nos hacen subir no es precisamente un portento de flotación, pero sirve para cruzarlo. Caminamos a Makehé y la gente nos recibe con entusiasmo. Algunos niños se acercan con curiosidad y nos tocan las manos, otros corren despavoridos pues nunca antes han visto un blanco. Los padres los animan y supongo que les dicen en su idioma: “mira, toca, toca que no pasa nada”. Algo parecido a lo que hacen los padres con los niños y los gigantes en Pamplona por San Fermín. ¡Vivir para ver!

Vamos a darnos un baño al río y citamos a la gente a una reunión comunitaria a las 7:30 p.m. Comento con ellos mi primera impresión: “el 95% de los niños que he visto tienen el estomago inflamado por las lombrices y con restos de infección en las axilas”. Pregunto de donde consiguen el agua y si la hierven. Y es entonces cuando la pobreza en primera persona te mira a la cara y se asoma a tus ojos buscando esperanza. Y ya no puedes desviar tu mirada. Y das mil vueltas a la cabeza buscando una (“otra más”) solución.

Se muy bien la teoría: “nada de promesas”, no sois el Mesías. Eso está muy bien, pero a Jesús también le robaban los milagros de las manos. En cuanto lo miraban con fe, perdía la cabeza y actuaba. Y esa era la Buena Noticia: para el ciego, que veía y para el paralítico, que volvía a caminar. Y se me ocurre que una muy Buena Noticia en Makehé es la construcción de un pozo de agua limpia que solucione la enorme cantidad de enfermedades por la que se mueren la mitad de los niños que nacen. Y he escrito bien: la mitad.

Y para que veáis cómo hace el Señor las cosas, pues resulta que desde nuestra Parroquia de Santa Rita de Madrid, Roberto Sayalero, lleva un tiempo suplicando por un proyecto no muy grande. Pues ahí lo tienes, amigo mío. Puedes decir a los niños de la parroquia que gracias a su pequeño sacrificio y generosidad, van a regalar salud a los niños y habitantes de Makehé, aldea loko al otro lado del río Mabolé. A unos niños que viven en chozas como las que ellos pintaron en la Cripta de Santa Rita. Y puedes decirles también, que me di el gustazo de prometérselo construir, con vuestra ayuda, en el menor tiempo posible. Y que me hubiese encantado que oyeseis el aplauso con el que recibieron la noticia.

Antes de dormir quemaron una mamba (serpiente venenosa) que agarraron los chavales rondando la aldea. Eso hizo que Casimiro y yo revisásemos nuestro aposento mil veces antes de cerrar los ojos dominados por el cansancio.

A las 7:30 a.m. celebramos la eucaristía y partimos para Hunduwa.

El guía preguntó si queríamos ir por el camino largo (4 horas) o por el corto (2 horas).

-Y ¿cómo esta el camino corto?, preguntamos.

-Un poquito mal, Padre.

-Pues tira por el corto.

Aldeas1

Y es que uno no puede dejar de ser navarro ni en estas latitudes. Menudas dos horas nos esperaban: puentes caídos por el agua, lodo hasta las rodillas…Ellos pasan como si nada, pero tú te vas dejando a litros todos los pecados de gula. Y los insectos no pican, muerden por todo el cuerpo, y lo harían en el alma si la encontrasen.

Aquí sucede lo mismo que en México. Si un mexicano te dice que “pica un poquito, padrecito”, sabes que te  vas a escaldar la lengua (y si no lo sabías ya te lo digo yo).

Si aquí  te dicen” un poquito malo” significa que casi no hay camino, o que vas a reventar en él. Vamos, que puedes ir tarareando a Serrat y su “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Así que lección aprendida. La próxima vez no queda más remedio que meterse el orgullo regional por la cámara de los comunes y tirar por lo fácil.

En Hunduwa descansamos un rato en casa del líder de la comunidad David Conteh. Tiene una sola esposa, aunque tuvo otras mujeres. Ayudó a engendrar  20 hijos, de los que le sobreviven 10 (otra vez el 50%).  Nos  regaló plátanos y naranjas para calmar la sed y nos presentó a sus dos nuevos retoños, dos gemelillos preciosos. Le di dos sueros para la diarrea de los críos y paracetamol para un familiar. La noticia corrió como la pólvora y al poco rato teníamos una fila pidiendo medicinas para todo tipo de enfermedades. Qué frustración le entra a uno por no saber un poquito más de medicina. ¡Con las horas que yo he tirado a la basura! Como no tenía pastillas “placebo”, eché mano de las aspirinas y repartí tres cajas (gracias Joaquín y Mari Carmen). Mi amigo Roberto Medina (médico en Las Cruces, New Mexico) siempre me recomendaba tomar una diaria, así que supuse que a ellos tampoco les vendría nada de mal.

Piden una solución a su problema, a su enfermedad, y no puedes decir un “no” rotundo. Sería algo así como robarles la esperanza. La palabra mágica es “next time”. Me lo contó Edgar nada más llegar al país. El siempre dice “next time” a los agobiantes vendedores, y le sonríen agradecidos. Hoy no les ha comprado nada, pero se van con la esperanza de que quizás otro día  se vuelvan a encontrar y entonces sí les pueda comprar.

Después de cerrar el improvisado “consultorio médico” y de agotar las existencias de Adiro 300, nos instalaron en una clase de la escuela y nos prestaron dos esterillas para dormir. Prefirieron la reunión y la misa por la noche, para poder ir a trabajar temprano a sus pequeños campos. Entre las mil cosas que nos propusieron, lo que más anhelaban era la construcción de una pequeña iglesita en la que reunirse sin depender del horario escolar. Uno queda impresionado ante la fe de estos hombres. Celebramos la misa con los niños dormidos en los primeros bancos a pesar del estruendo de los tambores y con el pueblo cantando entusiasmado por nuestra visita. Y qué delicia oír rezar el Padrenuestro en Loko, tan diferente del Limba, y tener la seguridad de que Papá Dios los estaba escuchando bien atento.

hunduwadesayuno

Y cuando llega la noche es cuando sale el coreano que Casimiro lleva dentro.

-¿Quieres un huevo?

Y, mientras lo miras con cara de asombro, saca de la mochila dos huevos duros y sal.

-Joderrrrrrrrrrrr, Casimiro, te amo.

-¿Quieres coffe?

-¿Pero es que me vas a decir que también tenemos café?, le digo.

Dicho y hecho: café caliente con tres azucarillos, como a mí me gusta. Y de su mochila siguen saliendo los mosquiteros, las cuerdas para colgarlos, la navaja bien afilada, las pilas de repuesto…, y todo ello perfectamente organizado en sus correspondientes cajitas.

hunduwahabitacion

Apagamos las velas e intentamos agarrar postura tumbados en el suelo bajo lecciones de inglés y de futuro: “my name is Musa Kabba”, “my name is Sally”, “good morning“. Me duermo pensando en cuándo realmente los días serán buenos para estas buenas gentes, y hasta donde llegarán estos críos en su formación académica.

Dicen que es bueno para la columna dormir sobre duro. Si eso es cierto, menudo regalazo que en estos tres días le he hecho yo a la mía: primero la baffa, luego las bancas de la iglesia, y ahora el suelo de la escuela.

Muy temprano nos trajeron naranjas y cocos. Desayunamos su agua y otro huevo duro.

Jugamos al fútbol y nos bañamos en los arrozales ante la mirada sorprendida de los niños del lugar. ¡Menudo contraste de pieles!, ellos tan morenos y nosotros tan desteñidos.

De regreso pasamos de nuevo por Makehé,  pero no queríamos abusar de su hospitalidad y dejarlos sin su comida. Y es que se la quitan de la boca para darte a ti lo mejor, y no es justo. Vi a Casimiro hurgar de nuevo en la mochila: olla pequeña, pedazo de repollo, pedazo de zanahoria, ajos, dos cebollas chiquitas, pastilla de avecrén… Y el resultado, una fabulosa sopa coreana. Todavía les cocinó arroz al líder y a su familia.

Cuando se lo conté a Edgar, me dijo sonriendo que Casimiro prepara siempre en su mochila una segunda opción”.

Yo no tengo muy claro todavía si tengo uno o dos provinciales, pero ante la inminencia de los dos capítulos ahí va una sugerencia importante: “hay que clonar a Casimiro”. Si al dividir las comunidades en Kamabai y Kamalu nos separan, yo voto por la clonación.

Llegamos cansados al rió Mabolé y una culebra de metro y medio salio del agua en frente de nosotros como una centella y se perdió en la espesura. El guía ya tenia un palo en la mano.

-¿Qué es?, pregunté.

Una cobra, dijo tan tranquilo.

-¿Una cobra en el agua?

– Sí, les gusta nadar.

Dios mío, y nosotros bañándonos bucólica y plácidamente exponiendo nuestras vergüenzas en medio de los arrozales. Con el susto en el cuerpo y con Casimiro pidiendo “balance”, “balance” (en cristiano no os mováis, coño), cruzamos el río. Y no era precisamente miedo a mojarse lo que tenía, sino a que la susodicha cobra tuviese compañeras tomando un baño.

¡Y yo que creí que el Hermano Cárdenas fantaseaba cuando me decía que atravesaron ríos llenos de culebras al huir de los rebeldes…!

imanfofana

Sentados con unos musulmanes, esperamos la llegada de Edgar con el land-rover en Weredala. De un carrazo se bajó un musulmán que parecía importante y le pedí a Casimiro que nos tomase una foto juntos. El señor accedió gustoso y entramos en animada conversación. Era el Iman Alhaji Mahmoud Fofana, nativo del lugar y que venía desde Freetown, su actual lugar de residencia, a realizar algo así como una visita pastoral.

Dijo que nos admiraba, y que existía una clara diferencia entre musulmanes y cristianos: los musulmanes tienen un buen pueblo y malos lideres, y los cristianos tienen muy buenos lideres, pero mal pueblo. Me preguntó, tocándome la camiseta y pantalón sudados, cuándo había visto a un musulmán hacer algo parecido. Nosotros éramos capaces de cruzar el río viniendo desde Corea y España, y ellos (y el líder de la zona estaba presente y bien sonrojado) no podían pasar simplemente al otro lado a visitar a sus hermanos lokos. La verdad es que la charla resultaba muy agradable y amena. Se autodefinió como musulmán liberal, contrario a los fundamentalismos y al terrorismo en nombre del Islam.

Tenemos un mismo padre y dos madres, me decía.

-Cierto, respondí, Abrahán.

Sonrió y añadió:

-Ustedes creen en la promesa de Isaac y nosotros de Ismael, pero en definitiva nuestro Dios es el mismo y podemos y debemos vivir en paz.

-Como el presidente de la nación, añadí yo, que siendo musulmán tiene la mujer católica, y supongo que no pasaran la vida peleándose.

 Soltó una carcajada, nos abrazamos y se despidió diciendo:

-Gracias por atender a nuestra gente del otro lado, Padre, y escuche bien lo que le digo, si algún día piensan hacer en este pueblo una iglesia católica yo les daré personalmente el permiso y pediré a mi gente que coopere en ello. Y, ¿quién sabe?, quizás alguno de nuestros jóvenes decida hacerse católico.

Esto que solo son cuatro líneas, es algo histórico e increíble saliendo de los labios de un musulmán, porque la zona es musulmana 100%, y es intocable e inaccesible. Luego me enteré de que el tal Fofana debía salir temprano para Freetown por causa de “presidential  bussines” (negocios presidenciales) y de que era uno de los peces gordos del islamismo en el West Africa. ¡Y yo con su foto, dirección y teléfono en el bolsillo!

Una hora de land-rover y de nuevo al “hogar, dulce hogar”. Dos litros de agua (¡con lo que a mí me gusta!), y a la báscula: 84 kilos. Rene se ríe, “yo te dije que perderías 5 y has perdido solo 4, pero no está mal”. El cerdo va perdiendo la grasa a jirones y se va convirtiendo poco a poco en puro pata negra, amigo Alfredo.

Después de tres días, la habitación con sus arañas ocasionales y los four-oclok de siempre, se convierte en algo así como la suite del Hilton Palace. Y en la sobremesa, compartes las anécdotas con los hermanos intentando sacudirte la tristeza del alma, pero es inútil porque, como os decía anteriormente, cuando la pobreza te mira a la cara, ya no puedes esquivar esa mirada. Y te deja un no se qué dentro.

Sábado, 12 de noviembre del 2005

Hemos reunido a los maestros de las aldeas para ver las necesidades más urgentes. A quien no se le está cayendo el techo, se le hunde el suelo, o se le desmoronan las paredes. Muchas no tienen donde sentarse, ni hay espacio suficiente para tanto niño.

Es curioso, pides voluntarios y todos se ofrecen. Si eliges solo a tres, te dicen que son pocos, que hay que cubrir los cuatro puntos cardinales de nuestra misión. Y hay quien se ha presentado con muletas a la reunión después de caminar 10 millas. Mi amigo Gabriel, “Bless the Lord”, por ejemplo, camina todos los días 3 horas (ida y regreso) desde Bumban a Kathombo para dar clase a los niños de la aldea.

La mitad de ellos reciben un pequeño sueldo del gobierno, y la otra mitad recibe una pequeña ayuda de la comunidad. La ayuda consiste en algo de arroz, o mano de obra para sembrar en su pequeño lote de campo. Tienen familia, no tienen sueldo, y se dejan la piel educando a los niños. Y no hay huelgas, ni organizaciones laborales…, nada. Solo ilusión y esperanza por hacer que las cosas mejoren “small, small” (despacito, despacito).

¡Cuánto podemos aprender de las personas si vamos con los ojos y el corazón abiertos!

Una de las cosas que más me ha sorprendido es lo poco o nada que hablan de la guerra. Me consta que aquí se han cometido auténticas salvajadas y que muchos han perdido familiares directos, pero todo está olvidado, te dicen. No más guerra, no más muertes, hay que vivir en paz. Con qué naturalidad y espontaneidad se han otorgado el perdón. No he oído a nadie hablar con resentimiento.

Domingo, 13 de noviembre del 2005

Me deja Edgar en Kathantha para celebrar la misa de 9:30 de la mañana. Me gusta la idea porque la iglesita tiene de patrón a San Andrés. Como así se llamaba mi padre, celebraré la misa en su memoria. Después de esperar media hora, solo estamos un chaval y yo. Me dice que toda la comunidad está en una celebración especial con el Chief y que no puede asistir. Me parece entender que se trata de una celebración de “iniciación”. Sabiendo lo importante que eso es para ellos, no me queda más remedio que recoger y volverme andando a casa que está a 5 kilómetros. No está mal como paseo mañanero.

 Lunes, 14 de noviembre del 2005

Celebramos la fiesta de los Santos de nuestra Orden y nos hemos propuesto pasar el día en casa juntos, y descansar un poco. Por la noche hemos cocinado algo especial: hígado de vaca, sopa de carne y cassava molida y tostada con leche en polvo y azúcar (dicen que es el último invento del coreano, pero yo se que lo vio comer, aunque sin leche, en las aldeas que visitamos).

Voy a intentar terminar la solicitud de ayuda al Gobierno de Navarra y aprovechar el regreso de un doctor voluntario español para enviarlo el próximo domingo.

Ha sido un día tranquilo, que me viene muy bien antes de la próxima salida de tres días a las aldeas que realizaré con Casimiro el miércoles 16.

Edgar está tomando otra vez medicina para la malaria. Es la segunda que le pega en poco tiempo, aunque gracias a Dios no es cerebral. Yo tendré que esperar entre 8 y 10 días para ver si salí ileso de los poblados.

makehebaffa1

Miércoles 14, jueves 15 y viernes 16 de noviembre del 2005

Segundo viaje apostólico con Casimiro. Hago la mochila muy relajado, con la tranquilidad que da el saber de la existencia de “la segunda opción” del coreano. El siempre lleva pilas de repuesto, pero, además, lleva otras suponiendo que tú te puedes olvidar las tuyas. Así de simple y encantador.

Esta vez Edgar nos deja en Kanikay, a 22 millas de Kamabai. Allí comenzamos nuestra ruta a pie. Nos acompaña Samuel Hassan Kamura, joven que en 1998 ayudó a Santi, Antonio, Manuel y Patrick a llegar a Bumbuna. En el camino me contará un montón de anécdotas del azaroso viaje de mis compañeros huyendo de los rebeldes. Samuel es un buen traductor de limba  y un incondicional amigo de los misioneros.

Nuestra intención es ir conociendo los pequeños poblados y hacer un mapa lo más exacto posible de la región a nuestro cargo. Hay infinidad de pueblos que no conocemos y nos hemos propuesto visitar poquito a poco a todos.

David P. Conteh, catequista de Kanikay I, nos guía hasta Conakery. Llegamos a las 5 de la tarde y compartimos un par de horas con sus habitantes. Es una comunidad cristiana muy unida y muy activa y están felices con nuestra visita. Agradecidos, nos regalan una bolsa de arroz y un gallo.

En Conakery se une a la expedición Alie Sesay, líder de la comunidad. El nos guía hacia Kabake. Es de noche, pero hay una luna espléndida y nos permite caminar con cierta seguridad. Llegamos a Kabake a las 8:30 pm. y nos recibe su líder Impalun.

Celebramos la eucaristía a la luz de la luna y de dos velas. ¡Qué manera de participar cantando y danzando! Después, la reunión comunitaria para escuchar sus necesidades. Es cuando comienza una letanía interminable de miserias y a ti se te encoge el alma: enfermedades sin fin (elefantiasis, hernias, erupciones en la piel, tifoideas, malaria, diarreas…), falta de escuela… Luego callan y te miran. Les dices que los padres no somos ricos, que no podemos solucionar todo, que tienen que hacer planes para conseguir un pequeño ahorro comunitario para emergencias. Sonríen y aplauden. Pregunto a Samuel por qué aplauden tanto si nada les hemos dado y me repite la “palabra mágica”: esperanza. Les escuchaste con atención, viniste a dormir a su aldea y eso les da esperanza. Y nos dejan una baffa para dormir. Una baffa que antes debió desalojar una familia para poder prestárnosla. Nos emocionamos porque allí, en la cama de barro hay una estera, y colgado del techo un mosquitero. Un mosquitero lleno de agujeros y de cariño. Ellos saben que somos débiles y no les gusta que enfermemos. Guardo esa noche el mió porque con el de ellos  me siento como más protegido. Y además, ante su gesto, ¿qué importa una malaria más o menos?

kamabangekroy11

Casimiro nos obsequia con otra de sus genialidades. “¿Os gusta la música africana?”(Es como preguntarle a un niño si le gusta el chocolate). “Pues vamos a organizar un baile con una música que os traje desde Freetown”. Y entonces me viene a la memoria que en uno de nuestros viajes lo vi comprar un CD en el ferry, regateando hasta el infinito con el vendedor. Saca su MP3, le conecta un par de bocinas…, y discoteca montada. La luna pone su embrujo en la noche, y él ayuda moviendo circularmente una linterna de luz mortecina semejando las luces discotequeras. ¡Dios santo! Y si le pides una explicación teológica al evento, te responde inmediatamente que “we need balance: spirituality and dance” (necesitamos equilibrio entre la espiritualidad y el baile). El caso es que bailan durante horas con frenesí al ritmo del “cro cro” (una canción tan pegadiza como la nuestra de Macarena). Y os aseguro que esta gente, a pesar de las penas, sabe “cómo darle a su cuerpo alegría”.

Por la mañana, el pueblo se reúne para rezar un rato antes de despedirnos y volvernos a agradecer la visita. Desayunamos plátanos y naranjas y emprendemos ruta hacia Kasansan.

-No water this time (esta vez no encontraremos agua), me había dicho Casimiro al salir.

Joderrrrrrrr, casi lo mato. Le habría hecho beberse toda la que cruzamos andando. Tuvimos que atravesar cientos de charcos inmensos entre los arrozales, donde los mosquitos se daban un festín con nuestras piernas. Nunca hasta ahora me habían picado en las palmas de las manos, pero esta vez ni eso respetaron.

En Kasansan nos reunimos con su líder Kanthiya Kallah y con la comunidad. Están sorprendidos al vernos y nos ofrecen mampa. Intento tomar unas fotografías espontáneas, pero es imposible. En cuanto me ven con la cámara, corren a posar todos los de alrededor. ¡Les encanta que les tomen fotos! Y se ríen viéndose luego en la pantalla de la cámara digital.

kamabangekroy26

De allí nos encaminamos hacia Kamabangekroy. En el camino, Samuel me explica la diferencia entre un buen y un mal “mampa”. Un mampa bueno es elfrom God to man (el que viene directamente de Dios, que lo puso en la palmera, a tu estómago). El mampa malo es el que tiene agua. Vaya, que parece que aquí hay personas que bautizan el mampa, como en mi tierra bautizan el vino. Y desde entonces, me dejan probar a mi primero para que note la diferencia. Y entre probadita y probadita…, uno siente que la mochila pesa menos. Comida no es que sobre, pero “God to man” hay a chorros.

Kamabangekroy (se las trae el nombrecito) está en lo alto de una colina. Se instalaron allí por causa de la guerra y te quedas sin resuello para llegar. Bockarie Kargbo, líder de la comunidad, no se explica cómo nos pudimos dar tan soberana paliza para ir a compartir unas horas con ellos. Nos ofrecen naranjas y arroz. Se visten de gala para las fotos y corre en abundancia el mampa. Le digo que es bueno, y se ríe. Después de descansar un rato y repartir unas medicinas, emprendemos el regreso a las 2:00 pm. Caminar a esas horas de la tarde es como meterte en un sauna, pero como no me viene mal…, pues aguanto estoicamente. Vamos directamente a Kabake sin pasar por Kasansan.

Nos esperan para dormir en Kamanameh, así que tenemos tiempo suficiente para saludar al líder de Makamayah, una aldea musulmana que nos queda en la ruta. Nos dice que en el poblado también viven algunos cristianos y que seremos bien recibidos cada vez que queramos venir a visitarlos. Curiosamente es una aldea mandingo, dentro de esta zona limba.

Llegamos al atardecer a Kamanameh. La aldea está inundada de gente y parece que fuesen “sanfermines”, pero sin rueda de la fortuna, ni churros, ni bocadillos de jamón, ni autos de choque. Los niños corren, ríen y se divierten…, no se como. Los mayores hablan y hablan sin parar. Al lado de la baffa en la que nos instalan, las mujeres están preparando unas grandes ollas de comida.

El líder, Emmanuel Sanimeh Koromah, baila gesticulando aparatosamente frente a nosotros mientras preparamos la eucaristía. Samuel nos va traduciendo:

Está encantado con nuestra presencia. Es la primera vez que el “Almighty God” viene a visitarlos y a dormir en su baffa, y quiere que nos sintamos cómodos…

Miro a Casimiro y pienso que ni subiéndome encima de sus hombros damos la talla física, moral y espiritual del “Dios Altísimo”, pero al menos intentamos poner un poco de su ternura en el corazón de estas personas. Si supiesen ellos el bien que nos hace compartir su fe, su amor y su esperanza. Si supiesen que sus “Fandantu wo” (padrenuestro) y sus “Yan man yina Mariya” (ave Maria) nos saben a gloria, y que no hay insecto en el mundo capaz de impedir que disfrutemos de su presencia… ¡Que bien se esta aquí! cerca del corazón de los pobres, cerca, por tanto, del corazón de Dios.

¿Cómo pintar este paisaje? ¿Cómo fotografiarlo siquiera? Son las fotografías del alma, esas que se te quedan en el recuerdo y que alimentan tus momentos de soledad. Luna llena, palmeras, silueta de las chozas, hogueras, tambores, danza, mampa…, es la vida latiendo a tu lado con toda su intensidad. Y te sientes vivo, a su lado, compartiendo sus penas y sus alegrías; sus fatigas y su esperanza.

La Sociedad Bondo de mujeres está celebrando la muerte de uno de sus miembros: la madre de nuestro catequista Emmanuel M. Mansareh. Solo ellas participan en la celebración. Beben y danzan al ritmo frenético de los tambores “kunah” durante toda (¡TODA!) la noche. Bailan para espantar la tristeza.

¿Cómo conciliar el sueño? Miro al techo de la baffa y un alacrán negro de casi un palmo se esconde despavorido ante la luz de mi linterna.

Te cambio el sitio, le digo a Casimiro.

-Mejor estiramos las piernas y contemplamos el espectáculo, responde.

Amanece, y nos rodean un momento para la oración del ángelus. Es una gozada ver a Samuel dirigir el rezo. De nuevo el agradecimiento: “somos pobres, pero queremos obsequiaros con un gallo y una bolsa de arroz por el esfuerzo que hicisteis en venir a visitarnos”. Nueva “consulta” médica antes de partir. Casimiro me trae un hombre al que le duele el corazón.

Oye, le digo, está bien que esta gente piense lo que quiera, pero tú sabes bien que no tengo ni idea de medicina y que solo se lo que dicen los prospectos de las cajitas, así que no me traigas clientes.

-Escúchalo y dale una pastilla.

¡Y se queda tan ancho!

Dejamos la aldea con la promesa de un pronto regreso. Las mujeres reinician sus cantos y sus danzas: son siete días de luto.

Nos queda por visitar Kagbukusa. Cruzamos infinidad de charcos con su agua estancada y sus mosquitos. Más “God to man” en recipientes con costra añeja. Tienes dos opciones: o vences el hambre y la sed, o vences los escrúpulos. Si te aguantas el hambre, luego lo pagas en el camino. Y si te aguantas los escrúpulos, estás comprando casi todos los boletos para la rifa de una tifoidea. ¡Que sea lo que Dios quiera!

En Kanikay I saludamos al lider Lansaina Sillah. David Conteh está feliz mostrándonos su aldea. Nos presenta orgulloso a su abuelo. Después atravesamos un puente que nosotros creemos digno de un buen funambulista, y que ellos pasan como si nada, riéndose y con un saco de arroz en la cabeza. Y al decir “ellos” hablo en término genérico: hombres, mujeres y niños. Y a nosotros nos faltan manos para aferrarnos a cualquier rama que nos permita conservar el equilibrio.

En Kanikay esperamos a Edgar en casa del hermano de Samuel. Tiene 28 años y está ciego desde los 10. Un buen día se sintió mal y tomó frenadol. A los pocos días comenzó a dolerle la cabeza y a perder la visión. Ahora sobrevive como puede con la ayuda de Samuel. Otro mordisco al alma, y otra vez a darle vueltas a la cabeza y a dejar volar la imaginación. ¿Y si existiese algún programa del Gobierno para financiar estos casos? ¿Y si lo pudiese ver un buen oftalmólogo en mi tierra? Me cuesta aceptar la idea de que a los 28 años, y en Sierra Leona, se quede ciego para siempre.

Volvemos a casa muy cansados y con la misma sensación de desasosiego en el alma. Es como si sintieses que no has podido hacer lo suficiente, que hay problemas que con un poquito más de ayuda exterior se podrían solucionar.

piesacribillados

El cuerpo agradece una buena ducha, porque no hemos tocado el agua en tres días. No se veían lugares apropiados para darnos un baño y además, después de la experiencia anterior con la cobra, tampoco insistimos demasiado.

Después de la visita hemos tomado la decisión de realizar el Proyecto “Little Flower” (Comunidad de El Paso, Texas, donde serví durante cuatro años antes de mi regreso a Sierra Leona) en el pueblo de Kanikay. Está a 22 millas de Kamabai y el acceso con el material sería relativamente cómodo. No tienen iglesia, y solo un par de cuartuchos para 303 estudiantes de primaria. Aunque creemos firmemente que se necesitan mas escuelas que iglesias, el pueblo pide también donde reunirse para darle gracias a Dios. ¡Y nosotros que nos quejamos por cualquier tontería! Desde aquí, mi agradecimiento sincero a todas las personas que con su generosa ayuda van a hacer posible este proyecto. Nuestra intención es comenzar la escuela y la iglesia al mismo tiempo. Os iré informando de los gastos y enviando fotografías en cuanto demos inicio a las obras. Primero debemos tener una entrevista con el Chief para que nos proporcione el terreno. Es musulmán, pero seguro que nos dará toda clase de facilidades. Y si alguien se anima a venir para la bendición, será muy bien recibido.

Seguramente el próximo lunes, día 21 de Noviembre, iremos a Freetown y os podré enviar estas notas con unas fotografías ilustrativas. Creo que todos necesitamos un pequeño descanso.

Cuando aparezco por Internet sufro algo así como un “acoso cibernético” por el messenger y el skipe. Familia, compañeros, amigos y conocidos, todos quieren que les conteste al mismo tiempo. Tenedme un poquico de paciencia. Es el momento en el que aprovecho para leer los mensajes de nuestra Curia Provincial de Madrid, leer vuestros correos, y echarle una ojeada a nuestra pagina web. Y, si queda algo de tiempo, disfrutar del “vértigo de altura” que los osasunistas estamos sufriendo esta temporada. Y la velocidad de conexión no da para mucho.

****************************

Mis queridos amigos:

Sigo compartiendo con vosotros el pan y la sal de cada día. Quizás a través de estas sencillas experiencias os deis cuentas de que ser misionero no es realizar nada extraordinario, es simplemente poner el corazón y la ternura en lo que uno lleva entre manos. Después de mi ya larga andadura religiosa, os puedo asegurar que no es más difícil, ni más misionero, caminar a Kamabangekroy, que ir con ilusión a dar clase de religión, o de literatura, o filosofía… los lunes por la mañana. O visitar a los enfermos los primeros viernes de mes y oír por enésima vez a la anciana contar la misma historia. Todo exclusivamente depende del corazón y empeño que pongamos en lo que hacemos.

Todos tenemos la necesidad básica de sentirnos valorados y queridos. También nosotros, a pesar de ser religiosos. Por eso cuando nos llamáis (gracias Javi), nos dais un buen empujón y alimentáis nuestro espíritu, que buena falta nos hace.

Sabed que con vuestra generosidad nos ayudáis un montón a aliviar la extrema pobreza en la que vive nuestra y “vuestra gente”, porque también es vuestra. Pero también es cierto que nosotros os ayudamos a ver un poquito más allá, y a saborear “la alegría del dar”, y a experimentar lo bien que uno duerme cuando ha vencido el egoísmo y la insolidaridad.

Nunca se es más feliz que cuando comienza a ser importante para ti la felicidad de los demás. Os invito a que os asoméis a los ojos y a la sonrisa sencilla de nuestra gente. ¿A que enamora esa mirada?

Mi agradecimiento sincero a todos los que compartís lo vuestro con estos hermanos más necesitados. Soy un privilegiado por robarme los aplausos, los abrazos, las sonrisas y la gratitud que os pertenecen. Pero ellos os conocen y os aman, y rezan por vosotros, “sus amigos de lejos”. Saben que tienen amigos en el Colegio Romareda de Zaragoza, y en el San Agustín de Valladolid, y en la Parroquia Santa Rita de Madrid, y en la de Little Flower de El Paso, y en Las Cruces de New Mexico, y en Pamplona… Me encantaría que los muchachos que con tanta ilusión trabajan en recoger donaciones, pudiesen traerlas personalmente para disfrutar del agradecimiento de nuestra gente. Ojala, ¿por qué no?, que alguno se animase a echarnos una mano como voluntario.

Que Dios cumpla su promesa en vosotros, y os pague con el ciento por uno vuestra generosidad y vuestro cariño.

Lunes, 21 al viernes 25 de noviembre del 2005

Viajamos a Freetown con la intención de descansar un par de días, hacer unas compras y  leer nuestros correos. Pero, como casi siempre, “el hombre propone y Dios dispone”. Estábamos en el café Internet cuando llegó Edgar empapado. El land-rover lo había dejado tirado y tuvo que llevarlo como pudo a Motor Care. El diagnóstico no pudo ser peor: rota la caja de cambios. Como no tenemos suficiente dinero, me voy con Edgar a pedir prestado a nuestros hermanos josefinos con la promesa de devolvérselo en cuanto nos sea posible.

Viajar en transporte público no deja de ser una pequeña odisea. Subimos a varias camionetas que nos catequizan con mensajes pintados en sus frentes: “Allah is in control now”, “Allah is great”, “Jesús es nuestro salvador”, “La oración es la llave”, “Quiero a mi papá y a mi mamá”, “Dios es uno”… Vaya, todo un cursillo prebautismal. También te enteras de que el Real Madrid sigue existiendo, aunque solo sea en la chapa de la furgoneta. Me encontré al menos tres de ellas exhibiendo orgullosas “Real Madrid”. Íbamos 17 en una camioneta de 9 pasajeros y el copiloto se desgañitaba en cada esquina buscando nuevos pasajeros. A una de ellas tuvimos que empujarla intentando arrancarla de nuevo.

-No tiene gasolina, nos dijo tan tranquilo.

Le dijimos que nos devolviese al menos la mitad del dinero.

-Si te subes en la camioneta aceptas las condiciones en las que ella se encuentra, nos comentó.

Y como vimos que nadie decía nada, nos largamos a buscar otra.  Creo que el 99% del transporte público en Sierra Leona no pasaría una muy generosa ITV. Los únicos coches presentables son los de las ONG, de las que por cierto hay al menos 133 trabajando en el país. Hay quien dice que las ONG no dejan de ser una solapada intervención extranjera con intenciones no siempre claras.

No deja de ser interesante caminar entre la gente. Te encuentras infinidad de tele-center en los que por el módico precio de 1000 le. puedes ver cualquiera de los partidos de la euro copa, de la liga inglesa, o de la liga española. Pondré atención para ver si televisan al Osasuna de mis amores y hacer afición presumiéndolo en estas tierras.

Al volver a la casa nos encontramos con el obispo. Es bueno que vea en qué situación nos encontramos. Además, Casimiro se ha comenzado a sentir mal y me daba una lástima tremenda verlo temblar como un pajarillo. Como el obispo se volvía el martes a Makeni, lo hemos enviado en su coche al hospital. Más tarde nos llamó diciendo que lo internaban. Parece que en nuestra última visita a las aldeas se sacó el gordo de la lotería: tifoidea y malaria.

Las cosas con el land-rover se complican y no lo van a tener listo hasta el viernes en la tarde. El viaje de reposo se nos ha convertido en una pesadilla. Y además nos da pena dejar a Casimiro solo en el hospital. Hemos llamado a las hermanas de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta para que le lleven comida y para que avisen a Luís y vaya a visitarlo. Cada día nos llama el hermano preguntando cuando volvemos, y nos parte el alma. Vivir en medio de la dificultad facilita “el tener un solo corazón y una sola alma”. ¡Y no es poesía! Es increíble el afecto mutuo que ha nacido en tan poco tiempo.

Por fin, el sábado por la mañana podemos salir para Makeni. Cuando Casimiro nos vio, le cambió el rostro.

Ya tenía ganas de ir a casa, nos dijo.

-¿Me extrañasteis?

– Un poco, ja,ja,ja.

Parece increíble que estemos a las puertas del adviento con el calor que hace. Tengo curiosidad por vivir estas fechas tan especiales de espera y esperanza entre esta gente.

Lunes, 28 de noviembre del 2005

De nuevo a Freetown para pagar religiosamente nuestras deudas. Aprovechamos para darle al land-rover una revisada y una ajustada a las luces. Gracias a Dios nos lo entregan pronto y podemos regresar el martes a Kamabai. Casimiro lo hace el miércoles, conduciendo la Yamaha nueva que hemos comprado, ya que no tenían lista la matrícula.

Me he comenzado a sentir mal, pero quiero aguantar un poco porque es posible que no sea más que el cansancio acumulado de tanto viaje de aquí para allá. Pensad que cada ida a Freetown son 4 horas de ida y otras 4 horas de regreso. Y eso se agradece un par de veces al mes, sin otra obligación que la de comunicarnos con la familia y amigos, y  la de beberse un refresco a la orilla del mar. Pero todos los viajes nos están resultando complicados.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s